{"id":30716,"date":"2016-06-11T01:38:37","date_gmt":"2016-06-11T06:38:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/encontrarse-a-jesus-en-el-camino-de-la-decepcion-al-ardor\/"},"modified":"2016-06-11T01:38:37","modified_gmt":"2016-06-11T06:38:37","slug":"encontrarse-a-jesus-en-el-camino-de-la-decepcion-al-ardor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/encontrarse-a-jesus-en-el-camino-de-la-decepcion-al-ardor\/","title":{"rendered":"Encontrarse a Jes\u00fas en el camino: de la decepci\u00f3n al&nbsp;ardor"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El Evangelio de hoy nos habla de actos, de gestos, de palabras, de un camino, de esperanza, de algo de tristeza, de unos peregrinos. Todo comienza en el camino y todo est&aacute; te&ntilde;ido de tristeza en un inicio.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En el camino de la vida hay muchos hombres que andan perdidos, sin rumbo. Como los dos peregrinos de Ema&uacute;s<\/strong>: &laquo;<em>Dos disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s iban andando aquel mismo d&iacute;a, el primero de la semana, a una aldea llamada Ema&uacute;s, distante unas dos leguas de Jerusal&eacute;n; iban comentando todo lo que hab&iacute;a sucedido<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a Juan Pablo II, recientemente canonizado por el Papa Francisco: &laquo;<em>La mayor&iacute;a de los hombres no saben a d&oacute;nde van, no saben cu&aacute;l es su destino, no encuentran el porqu&eacute; est&aacute;n aqu&iacute; o el para qu&eacute; est&aacute;n aqu&iacute;, son como los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, dos caminantes desesperanzados<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s se acerca a los disc&iacute;pulos para acompa&ntilde;arlos<\/strong> en su camino. &laquo;<em>Mientras conversaban y discut&iacute;an, Jes&uacute;s en persona se acerc&oacute; y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. &Eacute;l les dijo: &#8211; &iquest;Qu&eacute; conversaci&oacute;n es esa que tra&eacute;is mientras vais de camino?<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s deb&iacute;a querer mucho a estos dos disc&iacute;pulos. Por eso corre a buscarlos cuando regresan a su aldea, a Ema&uacute;s. No los olvida. Eso siempre me impresiona. <strong>Va a buscarlos, no deja que se alejen.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Sus nombres no nos importan mucho. Jes&uacute;s los tendr&iacute;a inscritos en su coraz&oacute;n. Cleof&aacute;s se llamaba uno de ellos. El otro no lo sabemos. Una teor&iacute;a afirma que se trata de Lucas, el mismo que escribe el Evangelio. Habla de s&iacute; mismo en tercera persona.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero los nombres no importan. Lo que importa es el camino, el amor que les ten&iacute;a, su preocupaci&oacute;n de pastor que busca a la oveja que se aleja. Jes&uacute;s temer&iacute;a perderlos.<br \/> &nbsp;<br \/> Ellos regresan a su aldea. Han perdido la esperanza y <strong>ya no creen en aquel que les dio motivos para so&ntilde;ar.<\/strong> Son peregrinos de nombre, pero, en realidad, ya no peregrinan. <strong>Peregrino es el que tiene una meta por la que luchar, un sue&ntilde;o que alcanzar, un ideal que hacer vida. Ellos no lo tienen,<\/strong> no son peregrinos.<br \/> &nbsp;<br \/> Son s&oacute;lo caminantes cansados y tristes que vuelven a su hogar. Que regresan fracasados y no desean ya volar. Es verdad que hab&iacute;an so&ntilde;ado y hubo un tiempo en que fueron peregrinos al lado de Jes&uacute;s. Porque por &Eacute;l lo dejaron todo.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero ahora <strong>vuelven descorazonados, Jes&uacute;s ha muerto<\/strong>. Ellos lo amaron mucho. Eso siempre me conmueve. Hablan de &Eacute;l con un respeto sagrado, infinito. No ocultan su amargura ni su tristeza. Hab&iacute;an confiado, hab&iacute;an so&ntilde;ado, hab&iacute;an amado, hab&iacute;an deseado.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero ahora vuelven a su hogar. Regresan a casa vencidos. <strong>No van a Galilea<\/strong>. Es verdad que Galilea era el lugar de nacimiento de muchos de los disc&iacute;pulos, pero tambi&eacute;n era el lugar del primer amor. All&iacute; conocieron a Jes&uacute;s y hab&iacute;an vivido con &Eacute;l. Hab&iacute;an compartido la vida en ese lago. All&iacute; hab&iacute;an so&ntilde;ado y hab&iacute;an pescado juntos. Tantos amaneceres, tantos atardeceres.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso, cuando Jes&uacute;s les pide a los disc&iacute;pulos, cuando aparece resucitado, que vuelvan a Galilea, <strong>les pide que vuelvan al lugar sagrado, al lago de los sue&ntilde;os, al momento del primer amor cuando el cielo se abri&oacute; ante sus ojos. Les pide que vuelvan al origen<\/strong>, a rencontrase con el amor primero y a so&ntilde;ar.<br \/> &nbsp;<br \/> Volver a Ema&uacute;s, por su parte, tiene otro sentido. <strong>Los disc&iacute;pulos regresan a Ema&uacute;s para olvidar, porque ya no tienen nada que hacer en Jerusal&eacute;n<\/strong>. El resto de los disc&iacute;pulos los despedir&iacute;an con tristeza. Mar&iacute;a rezar&iacute;a por ellos y su nuevo camino.<br \/> &nbsp;<br \/> Ema&uacute;s tiene algo de olvido, de abandono, de nostalgia, de derrota, de soledad, de decepci&oacute;n. No han cre&iacute;do el anuncio de la resurrecci&oacute;n. No se f&iacute;an, no conf&iacute;an, no esperan.<br \/> &nbsp;<br \/> Ema&uacute;s es una aldea que evoca la ausencia de Cristo. S&iacute;, porque &Eacute;l all&iacute; no hab&iacute;a estado. All&iacute; no lo hab&iacute;an conocido. Cleof&aacute;s y su compa&ntilde;ero ya no creen, no sue&ntilde;an, no buscan. Han perdido la esperanza. Han dejado de desear. Han abandonado el amor primero.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Tal vez pensaban volver a sus antiguos oficios. <strong>&iexcl;Qu&eacute; duro resulta volver a lo de siempre despu&eacute;s del fracaso de una aventura!<\/strong> &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil iniciar un recorrido que no tiene vuelta atr&aacute;s! &iexcl;Qu&eacute; duro reducir su vida a Ema&uacute;s cuando hab&iacute;an so&ntilde;ado con el mundo como horizonte de todos sus proyectos! &iexcl;Qu&eacute; pensar&iacute;an aquellos que un d&iacute;a los vieron partir llenos de alegr&iacute;a e iniciar un camino fascinante y ahora los ven volver llenos de tristeza!<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, los disc&iacute;pulos regresaban a Ema&uacute;s. Y en ese camino iban hablando de sus cosas, compartiendo los &uacute;ltimos recuerdos, lamentando lo que pudo haber sido y no fue.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s amaba mucho a sus disc&iacute;pulos. Jes&uacute;s tambi&eacute;n amaba mucho a Tom&aacute;s, y por eso volvi&oacute; por &eacute;l y le dej&oacute; tocar sus heridas. Jes&uacute;s amaba a estos dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre me impresiona. Los amaba tanto que inicia un camino s&oacute;lo por ellos. Se pone a su lado. Camina al ritmo de sus pasos. Los acompa&ntilde;a. Los busca. No quiere perderlos. Pero no fuerza la vida, los respeta.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iexcl;Cu&aacute;nto respeto hay en sus pasos! No irrumpe y se manifiesta ante ellos como el resucitado<\/strong>. No les deja tocar sus heridas. No pronuncia sus nombres esperando que al o&iacute;rlo lo reconozcan. No hace nada milagroso en ese camino. No, Jes&uacute;s no presiona, no insiste.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos recuerdan las palabras del libro de la Apocalipsis: &laquo;<em>He aqu&iacute;, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrar&eacute; a &eacute;l, y cenar&eacute; con &eacute;l, y &eacute;l conmigo<\/em>&raquo;. Apocalipsis 3,20.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s est&aacute; a la puerta de sus vidas llamando. No presiona. Simplemente los cuida y acompa&ntilde;a.&nbsp;Es verdad. <strong>A Jes&uacute;s le interesa nuestra vida. Jes&uacute;s se pone a nuestra altura y escucha nuestras preocupaciones. Camina a nuestro lado porque nos quiere.<\/strong> Quiere estar con nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> Es lo que hizo con los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s. Es lo mismo que hace cada d&iacute;a en nuestro camino. Hace suyas nuestras palabras y desahogos: &laquo;<em>Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleof&aacute;s, le replic&oacute;: &#8211; &iquest;Eres T&uacute; el &uacute;nico forastero en Jerusal&eacute;n, que no sabes lo que ha pasado all&iacute; estos d&iacute;as? El les pregunt&oacute;:- &iquest;Qu&eacute;? Ellos le contestaron: &#8211; Lo de Jes&uacute;s, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; c&oacute;mo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esper&aacute;bamos que &Eacute;l fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos d&iacute;as que sucedi&oacute; esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de ma&ntilde;ana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que hab&iacute;an visto una aparici&oacute;n de &aacute;ngeles, que les hab&iacute;an dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron tambi&eacute;n al sepulcro y lo encontraron como hab&iacute;an dicho las mujeres; pero a &Eacute;l no lo vieron<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Le cuentan su historia llena de detalles y tristeza. Hab&iacute;an so&ntilde;ado mucho. Hab&iacute;an esperado tanto. Ahora nada es real. No creen en las mujeres. Porque nadie ha visto a Cristo todav&iacute;a. <strong>No creen en la resurrecci&oacute;n<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> A Cleof&aacute;s y al otro disc&iacute;pulo no le interesaba el nombre de su acompa&ntilde;ante, tampoco su procedencia ni su destino, no tienen curiosidad por saber qui&eacute;n era. <strong>S&oacute;lo quieren hablar de su preocupaci&oacute;n, de su tristeza, de sus miedos. <\/strong><strong>Jes&uacute;s abre sus corazones<\/strong> y ellos cuentan.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Jes&uacute;s entonces toma la palabra y les abre nuevos caminos de vida: &laquo;<em>Entonces Jes&uacute;s les dijo: &#8211; &iexcl;Qu&eacute; necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! &iquest;No era necesario que el Mes&iacute;as padeciera esto para entrar en su gloria? Y, comenzando por Mois&eacute;s y siguiendo por los profetas, les explic&oacute; lo que se refer&iacute;a a &Eacute;l en toda la Escritura<\/em><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&raquo;.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s, <strong>con su presencia, con sus palabras, remueve el coraz&oacute;n<\/strong> de los disc&iacute;pulos.<br \/> Y se queda a cenar con ellos: &laquo;<em>Ya cerca de la aldea donde iban, &Eacute;l hizo adem&aacute;n de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: &#8211; Qu&eacute;date con nosotros, porque atardece y el d&iacute;a va de ca&iacute;da. Y entr&oacute; para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tom&oacute; el pan, pronunci&oacute; la bendici&oacute;n, lo parti&oacute; y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero &Eacute;l desapareci&oacute;. Ellos comentaron: &#8211; &iquest;No ard&iacute;a nuestro coraz&oacute;n mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> En el camino de Ema&uacute;s son dos los que van caminando, hablando, <strong>son dos los que tienen ardor en el coraz&oacute;n<\/strong>, los dos los que ven a Jes&uacute;s y lo reconocen, los dos le dicen que se quede con ellos. Se ayudan. Cuando uno dudaba, el otro daba un paso.<br \/> &nbsp;<br \/> Se apoyaron en el miedo, en el fracaso, en el dolor, en la decepci&oacute;n. Se desahogaron, se animaron, <strong>compartieron la ausencia, compartieron luego la alegr&iacute;a de la presencia<\/strong> y el camino de vuelta felices. Podr&iacute;an recordar juntos todo lo vivido junto a Jes&uacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Creo que <strong>el camino de Ema&uacute;s es posible porque van juntos. Quiz&aacute;s uno solo no hubiese preguntado, no hubiese dicho qu&eacute;date<\/strong>, no hubiese pasado nada. El uno al otro se ayudaron. <strong>&iquest;Con qui&eacute;n vamos nosotros, con qui&eacute;n caminamos en la Iglesia?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s parte su pan con ellos, parte su vida en Ema&uacute;s. La &uacute;ltima cena. <strong>La cena de Jes&uacute;s vivo en su hogar. El momento de luz en sus corazones. Comprenden<\/strong>. Se abren sus ojos. Se rasga el velo. Se saben amados profundamente.<br \/> &nbsp;<br \/> Al descubrir qui&eacute;n es Jes&uacute;s, comienzan un nuevo camino: &laquo;<em>Y, levant&aacute;ndose al momento, se volvieron a Jerusal&eacute;n, donde encontraron reunidos a los Once con sus compa&ntilde;eros, que estaban diciendo: &#8211; Era verdad, ha resucitado el Se&ntilde;or y se ha aparecido a Sim&oacute;n. Y ellos contaron lo que les hab&iacute;a pasado por el camino y c&oacute;mo lo hab&iacute;an reconocido al partir el pan<\/em>&raquo;. Lucas 24, 13-35.<br \/> &nbsp;<br \/> Al partir el pan comprenden que Jes&uacute;s est&aacute; vivo. Se unen al Se&ntilde;or para siempre. Y entonces salen a anunciar. La tarde ya ha ca&iacute;do, no importa. Han recibido todo el amor de Dios en un momento. <strong>Jes&uacute;s desaparece, ellos se convierten en peregrinos. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ahora s&iacute; les mueve el deseo, el amor, el fuego. Ahora empiezan a so&ntilde;ar<\/strong> porque el amor de Jes&uacute;s se ha quedado en sus corazones y arden. Se miran conmovidos, llenos de luz.<br \/> &nbsp;<br \/> Se ha roto el velo. Jes&uacute;s est&aacute; vivo. No pueden permanecer en Ema&uacute;s, ya no tiene sentido su vida en esa peque&ntilde;a aldea. Ten&iacute;an raz&oacute;n las mujeres. Su ausencia aparente era presencia real.<br \/> &nbsp;<br \/> Lo bonito es que Jes&uacute;s va con nosotros, lo veamos o no. Los disc&iacute;pulos s&oacute;lo lo reconocen al final, pero Jes&uacute;s est&aacute; siempre con ellos. Por eso pueden caminar. Por eso podemos caminar, Jes&uacute;s va con nosotros, se acerca, se adapta a nuestro ritmo, escucha, acoge. As&iacute; es siempre.<br \/> &nbsp;<br \/> Cada d&iacute;a volvemos a Ema&uacute;s, para que all&iacute; arda nuestro coraz&oacute;n. All&iacute; nos hacemos peregrinos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El Evangelio de hoy nos habla de actos, de gestos, de palabras, de un camino, de esperanza, de algo de tristeza, de unos peregrinos. 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