{"id":30718,"date":"2016-06-11T01:38:43","date_gmt":"2016-06-11T06:38:43","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-esta-pendiente-de-ti\/"},"modified":"2016-06-11T01:38:43","modified_gmt":"2016-06-11T06:38:43","slug":"dios-esta-pendiente-de-ti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-esta-pendiente-de-ti\/","title":{"rendered":"Dios est\u00e1 pendiente de&nbsp;ti"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Nosotros vamos por la vida queriendo ser perfectos, queriendo cumplir expectativas de los dem&aacute;s. El Evangelio nos habla de un amor imposible, del amor hasta el extremo de la cruz, de unos brazos clavados abiertos, del amor ya sin l&iacute;mites de Jes&uacute;s resucitado, del amor que sana la herida honda e inconfesable del coraz&oacute;n, que levanta, que hace volver a empezar.<br \/> &nbsp;<br \/> La experiencia de la predilecci&oacute;n de Jes&uacute;s por Tom&aacute;s seguramente fue la roca de su vida. A la que volv&iacute;a cada vez que se sent&iacute;a perdido, fracasado. <strong>Jes&uacute;s lo amaba a &eacute;l, tal como era. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Hab&iacute;a estado con Jes&uacute;s, habr&iacute;a recorrido con &eacute;l los caminos, hab&iacute;an comido, re&iacute;do y so&ntilde;ado juntos. Hab&iacute;an pescado y hab&iacute;an contemplado muchos atardeceres y amaneceres en Galilea. <strong>Muchas noches al raso mirando las estrellas. Muchas charlas<\/strong> de amigos. En la &uacute;ltima cena Jes&uacute;s les mostr&oacute; su amor.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero Tom&aacute;s, que amaba tanto a Jes&uacute;s, <strong>todav&iacute;a no lo conoc&iacute;a del todo<\/strong>. Tom&aacute;s no conoc&iacute;a c&oacute;mo era el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s. Ese coraz&oacute;n que se rompi&oacute; en la cruz y del que man&oacute; la fuente que sacia la sed del mundo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No sab&iacute;a que no ten&iacute;a que gan&aacute;rselo, ni demostrar nada, que su amor era gratuidad<\/strong>, que lo recib&iacute;a simplemente por ser quien era. Nunca se iba a alejar de &eacute;l a causa de su pecado.<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s volvi&oacute; por &eacute;l, s&oacute;lo por &eacute;l. Para que Tom&aacute;s sintiese que lo quer&iacute;a, que lo prefer&iacute;a, que se somet&iacute;a a su petici&oacute;n. Crey&oacute; en &eacute;l, no lo dio por perdido a la primera ca&iacute;da. <strong>Jes&uacute;s crey&oacute; en Tom&aacute;s m&aacute;s de lo que Tom&aacute;s crey&oacute; en Jes&uacute;s y en &eacute;l mismo. As&iacute; es tantas veces Dios<\/strong>. Nos cuesta creerlo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando vemos a los dem&aacute;s, y nos parecen mejores, siempre pensamos que Dios los querr&aacute; m&aacute;s. Pero &Eacute;l me mira a m&iacute;. Est&aacute; pendiente de m&iacute;.<\/strong> Est&aacute; deseando poderme decir cu&aacute;nto me quiere, que vuelve por m&iacute;, que le encanta c&oacute;mo soy. Aunque ahora dude y tenga envidia y no sea capaz de alegrarme por el bien de los dem&aacute;s, <strong>aunque mi herida de amor sangre, &Eacute;l me quiere<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;Cu&aacute;l es mi herida de amor? En mi herida es donde Jes&uacute;s me ama. En esa herida Jes&uacute;s me reconoce.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Cuando tocamos la herida de los otros. Cuando alguien se abre a nosotros es un milagro. Y al tocar su herida, su dolor, el dolor de un desamor, de un fracaso, de una p&eacute;rdida, de una enfermedad. <strong>Al tocar la herida de otro, siempre tocamos a Dios<\/strong>. Porque la herida es sagrada. Y tenemos que acercarnos de rodillas. Ah&iacute; podemos decir: &laquo;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> El <strong>sentirnos amados en lo que somos es la experiencia m&aacute;s grande<\/strong> del hombre. Sabernos amados por los que nos conocen de verdad, con nuestros fallos, nuestras heridas, nuestras cruces. &iquest;Acaso eso no nos sana? Cuando alguien conoce nuestra debilidad y nos ama, incluso m&aacute;s, &iquest;no se libera algo en el alma? As&iacute; es como nos ama Dios. Y as&iacute; estamos llamados a amar nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy Jes&uacute;s nos muestra ese amor. Nos dice que nos prefiere y nos elige. Se muestra humillado, herido, sin reservarse nada. En la <strong>Eucarist&iacute;a<\/strong>, cuando el Cuerpo de Cristo es partido y alzado, podemos decir que es &eacute;se el momento de Tom&aacute;s. <strong>Ah&iacute; est&aacute;, delante de m&iacute;, ante mi propia herida, Cristo roto.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Lo miro. Cristo herido por m&iacute;. Por su amor a m&iacute;. Ante &Eacute;l, nos arrodillamos. Lo reconocemos. Es Jes&uacute;s, el que me ha amado siempre, el que camina conmigo. El que puede cambiarme. El que <strong>viene a m&iacute;, para que lo reciba<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Estamos llamados a adentrarnos en el coraz&oacute;n herido de Cristo. Queremos hacerlo entreg&aacute;ndole nuestra propia herida. <\/strong>Aunque al hacerlo nos duela. El coraz&oacute;n clama, busca, espera.<br \/> &nbsp;<br \/> El amor de Dios se desborda desde su herida y nos llama a habitar en lo m&aacute;s hondo, en lo m&aacute;s profundo de su ser. All&iacute; podremos descansar. All&iacute; podremos recobrar la vida. All&iacute;, como dijo don C&eacute;sar Franco, podemos escuchar el latido de Dios, la fuerza de Dios, el amor infinito de Dios por nosotros.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Nosotros vamos por la vida queriendo ser perfectos, queriendo cumplir expectativas de los dem&aacute;s. El Evangelio nos habla de un amor imposible, del amor hasta el extremo de la cruz, de unos brazos clavados abiertos, del amor ya sin l&iacute;mites de Jes&uacute;s resucitado, del amor que sana la herida honda e &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-esta-pendiente-de-ti\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abDios est\u00e1 pendiente de&nbsp;ti\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30718","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30718","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30718"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30718\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30718"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30718"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30718"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}