{"id":30727,"date":"2016-06-11T01:39:02","date_gmt":"2016-06-11T06:39:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-calcules-el-amor-verdadero-es-gratis\/"},"modified":"2016-06-11T01:39:02","modified_gmt":"2016-06-11T06:39:02","slug":"no-calcules-el-amor-verdadero-es-gratis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/no-calcules-el-amor-verdadero-es-gratis\/","title":{"rendered":"No calcules: el amor verdadero es&nbsp;gratis"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Una de las cosas que m&aacute;s nos cuesta aceptar de coraz&oacute;n es la gratuidad. Nos cuesta entender que alguien pueda recibir algo por lo que no ha luchado, por lo que no se ha esforzado en absoluto. Recibir un don como un regalo, sin m&eacute;rito alguno, no como pago al bien realizado, parece injusto.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta entender que alguien nos d&eacute; lo que no merecemos, lo que no nos corresponde y que no espere nada a cambio como retribuci&oacute;n. En nuestras relaciones humanas no reina la gratuidad. Damos amor y esperamos recibir el amor correspondiente, servimos y buscamos que nos sirvan, damos la vida y esperamos el agradecimiento.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta dar sin esperar nada. Nos molesta dar y no recibir nada. <strong>Muchas veces, en nuestras relaciones de amistad y familiares, falta la gratuidad. Hacemos mucho, amamos mucho, pero tambi&eacute;n les exigimos mucho <\/strong>a las personas amadas. Damos y pedimos. Llamamos y esperamos que nos abran. Cuidamos una relaci&oacute;n y esperamos que el otro aporte. No entendemos bien del todo la gratuidad en la vida y la gratuidad de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;<em>La gratuidad te desguaza el yo, sede de toda soberbia, autonom&iacute;a y riqueza. El amor de Dios, al amarte gratuitamente, sin pedir nada a cambio, sin necesitar m&eacute;ritos precedentes, sin que ni siquiera tu buen comportamiento sirva de aval, llega a la ra&iacute;z de tu propio yo. En ese terreno <strong>el yo humano pierde protagonismo<\/strong>, se le regala todo<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> El don que recibimos sin dar nada a cambio nos cuesta aceptarlo, porque <strong>nos sentimos en deuda<\/strong>. Por eso <strong>nos cuesta tanto aceptar la gratuidad de Dios<\/strong>. Ante &Eacute;l, que nos perdona y abraza, que nos lo da todo cada d&iacute;a, que nos ama sin condiciones, nos sentimos siempre pobres, en deuda.<br \/> &nbsp;<br \/> Pensamos que tenemos que hacer muchas cosas para pagar todo el bien que nos hace. No entendemos que su amor nos desborde sin esperar nada de nosotros. Que Dios pueda amarnos en nuestra debilidad, en nuestro pecado, en nuestras heridas y fealdad. Por eso <strong>nos apartamos de Dios cuando pecamos, cuando experimentamos la debilidad<\/strong> y sentimos que nuestra vida no es digna de ser amada y aceptada. No creemos en su divina misericordia y pensamos que ya no merecemos su amor. Porque nuestra vida no es inmaculada.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal vez lo que nos falta es creer y confiar realmente en Dios. En su misericordia, en su amor, en su bondad. Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>La naturaleza comienza justamente a mostrar una cierta rigidez porque <strong>no sabemos arrojarnos con entrega filial en los brazos del Padre.<\/strong> La mayor enfermedad de nuestros educadores actuales es la <strong>falta de infancia espiritual<\/strong>. &iexcl;C&oacute;mo sufre el hombre actual bajo el peso de sus debilidades, no s&oacute;lo de sus pecados!<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Los brazos del Padre son expresi&oacute;n de un amor gratuito. Pero hablar de esos brazos puede resultar algo vac&iacute;o de sentido <strong>cuando el coraz&oacute;n no ha vivido la gratuidad del amor<\/strong>, cuando en su vida no ha sido acogido y aceptado por brazos humanos, cuando todo lo que ha logrado ha sido fruto de su esfuerzo y todos los rechazos que ha vivido han sido consecuencia de su pecado.<br \/> &nbsp;<br \/> Confiar en Dios y creer que es amor no es f&aacute;cil cuando en la vida personal no lo hemos tocado. Nos parecer&aacute; una teor&iacute;a y desconfiaremos de ese Dios al que no conocemos y por el que no nos sentimos amados. <strong>Creer en un Dios que me quiere por lo que soy y no por lo que hago es una gracia<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Un Dios que se alegra en m&iacute; porque soy d&eacute;bil y no a pesar de mis ca&iacute;das. Una mirada as&iacute; sobre nuestra vida nos sana, nos eleva, nos purifica. Un amor que no est&aacute; pidiendo correspondencia, pago por el bien dado. Un amor que nos lava, que nos eleva y nos sana. Un amor as&iacute; es el de Dios. Es el amor que toma la iniciativa y sale a nuestro encuentro.<br \/> &nbsp;<br \/> Necesitamos rostros concretos, amores humanos, que reflejen ese amor divino. Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;Nosotros, educadores, debemos reflejar de modo especial la faz de Dios&raquo;<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\" title=\"\">[3]<\/a>. Reflejar la gratuidad en nuestra forma de amar. As&iacute; podr&aacute;n conocer c&oacute;mo ama Dios, cuando lo vean de forma limitada en nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> Para eso, debemos tener el coraz&oacute;n arraigado en el coraz&oacute;n de Dios. Dios me quiere como soy. Ca&iacute;do o en pie de guerra. Herido o sin mancha. D&eacute;bil o fuerte. Me quiere igual. As&iacute; es el amor gratuito de Dios.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Chus Villarroel, O.P.,<br \/>\n <em>Predicador de la gracia<\/em>, Pedro Reyero, 73\n <\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n <a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Jornada pedag&oacute;gica<\/em>, 1950\n <\/div>\n<div id=\"ftn3\">\n <a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\" title=\"\">[3]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Kentenich Reader<\/em>, Tomo III\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Una de las cosas que m&aacute;s nos cuesta aceptar de coraz&oacute;n es la gratuidad. Nos cuesta entender que alguien pueda recibir algo por lo que no ha luchado, por lo que no se ha esforzado en absoluto. 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