{"id":30729,"date":"2016-06-11T01:39:08","date_gmt":"2016-06-11T06:39:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-se-logra-perdonar\/"},"modified":"2016-06-11T01:39:08","modified_gmt":"2016-06-11T06:39:08","slug":"%e2%80%8bcomo-se-logra-perdonar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-se-logra-perdonar\/","title":{"rendered":"\u200b\u00bfC\u00f3mo se logra&nbsp;perdonar?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">&iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta pedir perd&oacute;n! Sentimos que perdemos algo, que dejamos de tener influencia. Nos resulta duro reconocer nuestra responsabilidad y nuestra parte de culpa. Sentimos miedo al rechazo al mostrarnos fr&aacute;giles.<br \/> &nbsp;<br \/> Es todo lo contario. Pedir perd&oacute;n nos hace crecer como personas, nos hace m&aacute;s grandes, m&aacute;s valiosos.<br \/> &nbsp;<br \/> Tendr&iacute;amos que pensar: &iquest;A qui&eacute;n y por qu&eacute; cosas tendr&iacute;a que pedirle perd&oacute;n? Seguro que s&eacute; de algunos a los que no les caigo bien, aquellos que evitan mi compa&ntilde;&iacute;a, que se alejan cuando llego.<br \/> &nbsp;<br \/> A lo mejor vivimos con personas a las que no les pedimos perd&oacute;n y est&aacute;n heridos. Nos cuesta pedirle perd&oacute;n a nuestro c&oacute;nyuge. A veces lo hacemos s&oacute;lo para salir del paso.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Qu&eacute; sano aprender a pedir perd&oacute;n! Aunque nos resulte humillante. En ese acto de generosidad y bondad estaremos siendo grandes, estaremos sembrando semillas de eternidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Al pedir perd&oacute;n podemos adem&aacute;s tener la gracia de ser perdonados. El perd&oacute;n nos hace mucho bien, nos purifica, nos dignifica. Somos perdonados y podemos volver a comenzar.<br \/> &nbsp;<br \/> Recibimos el perd&oacute;n y Dios en el cielo hace una fiesta. Escuchamos de lo m&aacute;s alto: &laquo;T&uacute; eres mi hijo amado, mi predilecto&raquo;. Cuando aprendemos a pedir perd&oacute;n a los hombres nos ser&aacute; m&aacute;s f&aacute;cil pedirle perd&oacute;n a Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy cuesta la confesi&oacute;n porque el hombre se ha acostumbrado en sus relaciones a no pedir perd&oacute;n, a no reconocer el error y la culpa. Por eso es tan sano pedirle perd&oacute;n a Dios por nuestras actitudes, actos y omisiones. Porque nos hace bien pedir perd&oacute;n y recibir ese abrazo de Dios en el alma.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero es necesario al mismo tiempo purificar nuestra memoria, los recuerdos del alma. En ocasiones miramos nuestra historia y pensamos que no tenemos nada contra nadie, que estamos en paz con todos.<br \/> &nbsp;<br \/> Lo cierto es que, a lo largo de nuestra vida, hemos sido ofendidos y heridos. Nuestra memoria est&aacute; da&ntilde;ada. Basta con escarbar un poco en el pasado, y salen a la luz muchas heridas y rencores.<br \/> &nbsp;<br \/> Hacemos silencio y nos preguntamos: &iquest;Qui&eacute;n me ha ofendido alguna vez? &iquest;Qui&eacute;n ha hablado mal de m&iacute;? &iquest;Qui&eacute;n me ha ninguneado y ha evitado estar conmigo? &iquest;A qui&eacute;n guardamos rencor en el alma? &iquest;Qui&eacute;n nos ofendi&oacute; con palabras y gestos? &iquest;Qui&eacute;n no nos agradeci&oacute; lo que hicimos?<br \/> &nbsp;<br \/> Nuestra memoria guarda en el coraz&oacute;n todo lo sucedido. Lo guarda grabado a sangre y fuego. Por eso, cuando s&uacute;bitamente dejamos aflorar lo que hay en lo m&aacute;s hondo, volvemos a sentir la frustraci&oacute;n, el dolor, la ofensa, como si acabara de ocurrir hace tan s&oacute;lo unos momentos.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, tenemos enemigos y tienen un rostro concreto. A lo mejor ellos ignoran su condici&oacute;n. Tal vez ni saben que nos han hecho da&ntilde;o o piensan que ya lo hemos olvidado y perdonado. Pero la verdad es que nos duele el alma al sentirnos heridos y al saber que otros han sido heridos por nuestras palabras y obras.<br \/> &nbsp;<br \/> Queremos pedirles a Dios y a Mar&iacute;a que entreguemos nuestra historia, nuestros dolores, nuestras peque&ntilde;as amarguras, nuestras heridas, y les pidamos que nos purifiquen el coraz&oacute;n. S&oacute;lo Ellos pueden sanar nuestras heridas y darnos paz. Nosotros no somos capaces.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios nos ense&ntilde;a a perdonar, pero no es tan f&aacute;cil. Porque el coraz&oacute;n graba con fuego en la piel del alma. Parecen no borrarse las heridas, no desaparecer la sangre. El dolor contin&uacute;a. No es tan sencillo.<br \/> &nbsp;<br \/> El alma est&eacute; herida por ofensas y desprecios. &iexcl;C&oacute;mo se graba la herida en lo m&aacute;s profundo del alma! &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil perdonar y olvidar! &iexcl;C&oacute;mo es ese coraz&oacute;n nuestro que ama tanto y sufre tanto!<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Es el orgullo el que nos impide pasar p&aacute;gina? &iquest;Es el miedo a volver a ser heridos el que no nos deja olvidar del todo para protegernos y estar alertas? Necesitamos perdonar para volver a recorrer los caminos ya pisados. Es el desaf&iacute;o de aprender a dar perd&oacute;n y ser misericordiosos. Es un misterio.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Un gesto de perd&oacute;n por nuestra parte nos abre el coraz&oacute;n del que ha sido perdonado. Pero muchas veces no somos capaces de perdonar y olvidar. Si no lo hacemos, no podremos nunca llegar a movernos con libertad.<br \/> &nbsp;<br \/> Tendremos miedo al dolor. Pensaremos en la herida y nos asustar&aacute; que vuelva a abrirse. Pero, &iquest;c&oacute;mo se perdona? Es una gracia que tenemos que pedir, porque no sabemos c&oacute;mo hacerlo.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;<em>En cada ambiente el cristiano est&aacute; llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perd&oacute;n del mal cometido, que Dios es m&aacute;s grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comuni&oacute;n y para la vida eterna. &iexcl;El Se&ntilde;or nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegr&iacute;a de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vac&iacute;o<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Perdonar para volver a confiar, como dice el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>Mantener la fe en lo bueno que hay en el ser humano. A pesar de las decepciones sufridas, a pesar de los errores, a pesar de las duras luchas. Que no haya nada que socave la fe en lo bueno del ser humano. Por experiencia sabemos que cuando alguien dice o da a entender: -No creo m&aacute;s en ti. Todo en &eacute;l se bloquea<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Es verdad que el perd&oacute;n de Dios nos sana, nos libera, nos levanta. Dios perdona siempre y olvida, cree en nosotros, en la bondad de nuestro coraz&oacute;n y no se deja confundir por nuestro pecado. Es un misterio, un don, una gracia que recibimos de rodillas. Su misericordia tiene que ayudarnos a ser misericordiosos con los que nos ofenden.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero, &iexcl;cu&aacute;nto nos cuesta perdonar! Guardamos las ofensas. Decimos que perdonamos y en seguida lo echamos en cara y no olvidamos. La herida sigue sangrando y no somos capaces de perdonar y olvidar como hace Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> &Eacute;l s&iacute; que nos perdona y no lleva cuenta del mal, no guarda el rencor, no lo alimenta, simplemente lo olvida. Sabe que somos mucho m&aacute;s valiosos que la ofensa que cometimos. Somos sus hijos. Hechos a su imagen y semejanza. Dios nos perdona para que nosotros aprendamos a perdonar con un coraz&oacute;n alegre.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces, al perdonar, queremos que el que nos ofendi&oacute; haga algo m&aacute;s, restituya, sane, cure la herida causada. Queremos actos que restablezcan la justicia y la paz. Queremos que nos d&eacute; algo a cambio de nuestro perd&oacute;n y nuestro olvido.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso, cuando esos actos no se dan, no perdonamos, porque nos parece injusto, porque nos sentimos de nuevo ofendidos. Otras veces simplemente queremos que el que nos ha ofendido cambie, mejore, no vuelva a cometer nunca el mismo pecado.<br \/> &nbsp;<br \/> Queremos que no lo vuelva a hacer nunca m&aacute;s, que cambie de actitud para siempre. Queremos la conversi&oacute;n inmediata, sin dilaci&oacute;n. La ofensa ha minado nuestra confianza y queremos que sus actos sanen la confianza perdida.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero el perd&oacute;n nunca se puede dar de forma condicionada. Ayuda a sanar las heridas el hecho de pedir por el que nos ha ofendido e intentar ponernos en su lugar. O perdonamos o no perdonamos, pero no podemos perdonar con condiciones.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando nos piden perd&oacute;n, tenemos que ser generosos y ayudar a que el otro no se sienta mal. Se lo podemos poner f&aacute;cil. No cebarnos, ser acogedores. En ese momento el que pide perd&oacute;n est&aacute; en inferioridad.<br \/> &nbsp;<br \/> Por otro lado, esa cicatriz que ha dejado la ofensa en el coraz&oacute;n, cuando nos piden perd&oacute;n, a veces se borra, pero a veces no. Permanece y forma parte de nuestra vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Nuestro coraz&oacute;n ser&aacute; un coraz&oacute;n con cicatrices, un coraz&oacute;n que ha amado y ha sufrido. Queremos acostumbrarnos a mostr&aacute;rsela a Dios como expresi&oacute;n de nuestra fragilidad. En definitiva, queremos aprender a perdonar como perdona Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> Y es que Jes&uacute;s no le pidi&oacute; al buen ladr&oacute;n el arrepentimiento por sus malas obras. Al mismo tiempo el Padre de la par&aacute;bola del hijo pr&oacute;digo no le pide a &eacute;ste que se arrepienta y cambie de actitud antes de hacerle una fiesta por su regreso.<br \/> &nbsp;<br \/> As&iacute; es Dios. As&iacute; estamos llamados a ser nosotros. Aunque nos parezca imposible. Incluso injusto.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero, &iquest;c&oacute;mo perdonaba Mar&iacute;a las ofensas? &iquest;C&oacute;mo perdon&oacute; Cristo a los que le mataban y lo miraban al pie de la cruz? El perd&oacute;n es generoso, libera, engrandece al que lo da y sana al que lo recibe.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta pedir perd&oacute;n! Sentimos que perdemos algo, que dejamos de tener influencia. Nos resulta duro reconocer nuestra responsabilidad y nuestra parte de culpa. Sentimos miedo al rechazo al mostrarnos fr&aacute;giles. &nbsp; Es todo lo contario. Pedir perd&oacute;n nos hace crecer como personas, nos hace m&aacute;s grandes, m&aacute;s valiosos. &nbsp; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-se-logra-perdonar\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u200b\u00bfC\u00f3mo se logra&nbsp;perdonar?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30729","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30729","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30729"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30729\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30729"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30729"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30729"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}