{"id":30740,"date":"2016-06-11T01:39:31","date_gmt":"2016-06-11T06:39:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/perdonate-y-quierete-sin-miedo\/"},"modified":"2016-06-11T01:39:31","modified_gmt":"2016-06-11T06:39:31","slug":"perdonate-y-quierete-sin-miedo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/perdonate-y-quierete-sin-miedo\/","title":{"rendered":"Perd\u00f3nate y qui\u00e9rete sin&nbsp;miedo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hay personas que s&oacute;lo ven el mal que los dem&aacute;s cometen. Lo juzgan y lo condenan. Se sienten por encima de los dem&aacute;s, porque ellos cumplen. No ven la pureza de las intenciones, no distinguen el amor. Ven los actos fr&iacute;os y condenan. No se conmueven ante la debilidad, ante el error, s&oacute;lo condenan. Se quedan en los errores manifiestos, en las ca&iacute;das, en la impureza y no tienen misericordia.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta aceptar nuestra limitaci&oacute;n. Nos cuesta mucho perdonar nuestros errores. Tenemos buena memoria para aquellas cosas que hacemos mal. Y <strong>nos cuesta mucho perdonarnos.<\/strong> Descubrimos con facilidad las cosas que no est&aacute;n bien en nosotros. Ah&iacute; no somos ciegos. M&aacute;s bien somos exigentes.<br \/> &nbsp;<br \/> Como la sociedad en la que vivimos, que no acepta los fallos. R&aacute;pidamente te da una fama inmerecida y r&aacute;pidamente, por un peque&ntilde;o error, te la quita. Y entonces uno pasa al olvido. <strong>Los hombres no perdonan los errores. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros no perdonamos nuestros propios errores y fallos. No aceptamos no estar a la altura. No perdonamos haber fallado.<br \/> &nbsp;<br \/> Ojal&aacute; pudi&eacute;ramos decir: &laquo;<strong>Gracias por darme la libertad de poder caer para que luego T&uacute; me ayudes a levantarme y pueda ver tu misericordia. Gracias por dejar que me confunda y tenga errores en mi vida, y poder aprender a ser humilde.<\/strong> Gracias porque cuando estoy triste conviertes la tristeza en tierra f&eacute;rtil para encontrar alegr&iacute;a. Gracias porque cuando lloro, siento que est&aacute;s dentro de mi coraz&oacute;n&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin embargo, no lo logramos y <strong>ser tan exigentes no nos hace bien<\/strong>. Nos tensiona, nos quita la paz. Vivimos tratando de ser perfectos y no lo logramos. Juzgamos a otros y, sobre todo, nos juzgamos a nosotros.<br \/> &nbsp;<br \/> &iexcl;Cu&aacute;nto cuesta el propio perd&oacute;n! Es el m&aacute;s dif&iacute;cil. <strong>Nos absuelven de nuestros pecados, pero nosotros seguimos rumiando nuestras ca&iacute;das. Incapaces de perdonarnos.<\/strong> Somos m&aacute;s duros que Dios, m&aacute;s inmisericordes.<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona comentaba: &laquo;<em>Mi verdad es que estoy esperando a que Dios me mire, que me transforme una vez m&aacute;s. Mi verdad es que <strong>por mucho que me esfuerce en querer buscar desesperadamente algo que me transforme, eso no depende de mi voluntad<\/strong>. T&uacute; no eliges lo que te va a cambiar. Te transforma lo que te transforma y en el momento en que te transforma. No quiero vivir en la oscuridad, quedarme estancada, recre&aacute;ndome en el temor, sin avanzar, retrocediendo, con temor al futuro y sinti&eacute;ndome mal por mi pasado<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La incapacidad para aceptarnos en nuestra verdad, en la luz de nuestra vida, es lo que nos retiene estancados<\/strong>, nos paraliza, nos sume en la oscuridad de nuestra vida. Quisi&eacute;ramos salir de ah&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Quisi&eacute;ramos tener m&aacute;s luz. <strong>Luz para ver la verdad de nuestro coraz&oacute;n y querernos sin miedo<\/strong>. Luz para descubrir el pecado de nuestra vida y perdonarnos con un coraz&oacute;n d&oacute;cil, inocente, filial. Luz para <strong>descubrir que no somos lo que espera el mundo de nosotros y vivir felices as&iacute;<\/strong>, alegr&aacute;ndonos de nuestras flaquezas.<br \/> &nbsp;<br \/> Luz para entender que el futuro no lo controlamos, que no est&aacute; en nuestras manos y se nos escapa. Luz suficiente para dar s&oacute;lo el siguiente paso sin miedo, con paz en el alma, tranquilos. Luz para descubrir nuestra propia belleza y nuestra inocencia.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>En ocasiones no somos capaces de alegrarnos con nuestra vida<\/strong>. No vemos lo bello. No nos reconocemos inocentes y puros. Contradecimos incluso a aquellos que aseguran cosas bonitas de nosotros. Somos los peores jueces con nosotros mismos, implacables.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos hace falta luz para percibir nuestra realidad con algo m&aacute;s de objetividad, de distancia, de perspectiva. Somos jueces sin misericordia y no dejamos pasar ni un error. Nos creemos peores de lo que somos. Aquellos que nos aman nos ven de otra forma. Pero nosotros pensamos que su amor deforma su mirada y ven lo que no hay.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Tal vez su amor les da una luz que les permite ver lo que para nosotros est&aacute; oculto. <strong>El amor abre espacios desconocidos, ilumina cuartos oscuros, descubre bellezas perdidas.<\/strong> El amor no es ciego. M&aacute;s bien suele ser luz que ilumina y devuelve la vista. El amor es capaz de hacernos mejores. El amor recibido nos transforma.<br \/> &nbsp;<br \/> Decimos en ocasiones que es ciego porque no ve la realidad como es, porque no reconoce la fealdad, porque no se escandaliza ante el pecado. <strong>Pero es que el amor es inocente, es puro, es fuego. El amor desvela los misterios del alma. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>El amor convierte la fealdad en belleza y la pobreza en el tesoro m&aacute;s valioso.<\/strong> No, el amor no es ciego. Tiene una mirada pura que hace todo nuevo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El amor de Jes&uacute;s cargando con un madero hasta el Calvario es capaz de hacer las cosas nuevas.<\/strong> Hace nuevo el polvo del camino, transforma el monte en un lugar de luz. Rompe la roca para que entre la vida. Cambia el coraz&oacute;n del centuri&oacute;n. Transforma el alma de un ladr&oacute;n arrepentido. El amor hace las cosas diferentes y la vida se llena de esperanza.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hay personas que s&oacute;lo ven el mal que los dem&aacute;s cometen. Lo juzgan y lo condenan. Se sienten por encima de los dem&aacute;s, porque ellos cumplen. No ven la pureza de las intenciones, no distinguen el amor. Ven los actos fr&iacute;os y condenan. 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