{"id":30747,"date":"2016-06-11T01:39:42","date_gmt":"2016-06-11T06:39:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bla-ciudad-de-los-pozos-sacar-agua-exige-profundizar\/"},"modified":"2016-06-11T01:39:42","modified_gmt":"2016-06-11T06:39:42","slug":"%e2%80%8bla-ciudad-de-los-pozos-sacar-agua-exige-profundizar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bla-ciudad-de-los-pozos-sacar-agua-exige-profundizar\/","title":{"rendered":"\u200bLa ciudad de los pozos: sacar agua exige&nbsp;profundizar"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hab&iacute;a una vez una ciudad con&nbsp;pozos comunicados entre s&iacute; en la profundidad. Se trataba de <strong>una ciudad de pozos<\/strong>. Todos eran diferentes entre s&iacute;. Se acostumbraron a llenarse de cosas, bienes, ganancias. Se relacionaban con los dem&aacute;s de brocal a brocal, pero no profundizaban. As&iacute; se fueron secando en su interior, mientras en el exterior brillaban.<br \/> &nbsp;<br \/> Un d&iacute;a, a uno se le ocurri&oacute; que una manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho, sino hacia lo profundo. Hacerse m&aacute;s hondo en lugar de m&aacute;s ancho.<br \/> &nbsp;<br \/> Pronto se dio cuenta que todo lo que ten&iacute;a dentro de &eacute;l le imposibilitaba la tarea de profundizar. <strong>Si quer&iacute;a ser m&aacute;s profundo deb&iacute;a primero vaciarse de todo lo que ten&iacute;a dentro.<\/strong> Al principio tuvo miedo al vac&iacute;o, pero luego, cuando vio que no hab&iacute;a otra posibilidad, as&iacute; lo hizo.<br \/> &nbsp;<br \/> Vac&iacute;o de posesiones, el pozo empez&oacute; a volverse profundo, mientras los dem&aacute;s se apoderaban de las cosas de las que &eacute;l se hab&iacute;a desprendido. Un d&iacute;a, sorpresivamente, el pozo que crec&iacute;a hacia dentro tuvo una sorpresa: muy adentro, muy en el fondo, encontr&oacute; agua.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Nunca antes otro pozo hab&iacute;a encontrado agua. La vida explot&oacute; en colores alrededor del pozo. El agua que sacaba hizo brotar las semillas<\/strong>. Crecieron las flores y el c&eacute;sped a su alrededor.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Todos le preguntaban c&oacute;mo hab&iacute;a conseguido el milagro. &Eacute;l les dijo: &laquo;No es un milagro, hay que buscar en el interior, en lo m&aacute;s hondo<\/strong>&raquo;. Algunos no quisieron imitarlo al saber que hab&iacute;a que vaciarse.<br \/> &nbsp;<br \/> Alguno preguntaba: &laquo; &iquest;Qu&eacute; har&aacute;s cuando se termine el agua?&raquo;. Contest&oacute;: &laquo;No s&eacute; lo que pasar&aacute;. Pero, por ahora, <strong>cu&aacute;nto m&aacute;s agua saco, m&aacute;s agua hay<\/strong>&raquo;. El pozo decidi&oacute; vivir el presente y no temer el futuro con sus incertidumbres.<br \/> &nbsp;<br \/> Pronto otro pozo, muy distante, hizo lo mismo. Y un d&iacute;a, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que <strong>el agua que hab&iacute;an encontrado en el fondo de s&iacute; mismos era la misma. <\/strong>Que el mismo r&iacute;o subterr&aacute;neo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro. <strong>El agua los comunicaba por dentro, en lo m&aacute;s profundo<\/strong>. As&iacute; aprendieron una nueva forma de relacionarse.<br \/> &nbsp;<br \/> Nosotros somos esos pozos. Muchas veces estamos llenos de cosas, tal vez demasiadas cosas, tal vez pocas pero suficientes para llenarnos hasta el brocal. <strong>No hay profundidad, ni tampoco hay agua.<\/strong> Tenemos sed y queremos que las cosas y los de afuera calmen la sed del alma.<br \/> &nbsp;<br \/> No comprendemos que <strong>el agua verdadera, la que no se acaba nunca, se encuentra en lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n<\/strong>. Vivimos hacia fuera, volcados sobre el mundo, movi&eacute;ndonos en la superficie. Nos asusta el vac&iacute;o de la soledad. <strong>Nos da miedo ahondar. <\/strong>&iquest;Y si no hay nada? &iquest;Y si no encontramos a Dios? &iquest;Y si el esfuerzo no merece la pena? Y evitamos mirar m&aacute;s hondo.<br \/> &nbsp;<br \/> El riesgo parece excesivo. &iquest;Y si el agua se acaba? &iquest;Y si no nos gusta lo que encontramos? No queremos vaciarnos de tantas cosas que aparentemente nos llenan.<br \/> &nbsp;<br \/> No podemos vivir sin el m&oacute;vil, sin las redes sociales, sin las cosas tal como las hemos planificado. Nos parece impensable vivir en soledad, en ese silencio que pesa tanto.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hab&iacute;a una vez una ciudad con&nbsp;pozos comunicados entre s&iacute; en la profundidad. Se trataba de una ciudad de pozos. Todos eran diferentes entre s&iacute;. Se acostumbraron a llenarse de cosas, bienes, ganancias. Se relacionaban con los dem&aacute;s de brocal a brocal, pero no profundizaban. 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