{"id":30750,"date":"2016-06-11T01:39:49","date_gmt":"2016-06-11T06:39:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ya-ni-sientes-sed\/"},"modified":"2016-06-11T01:39:49","modified_gmt":"2016-06-11T06:39:49","slug":"ya-ni-sientes-sed","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ya-ni-sientes-sed\/","title":{"rendered":"\u00bfYa ni sientes&nbsp;sed?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando ignoramos lo que es necesario cambiar, no avanzamos. Pensamos que todo est&aacute; bien tal y como est&aacute;. Pero en realidad no sabemos hacia d&oacute;nde caminamos. Nos cansamos, tenemos sed, buscamos, so&ntilde;amos.<br \/> &nbsp;<br \/> Puede ser que veamos que hay tantas cosas por cambiar que no sepamos por d&oacute;nde empezar. Y nunca empezamos. So&ntilde;amos el cielo sin levantar el vuelo. Nos cuesta el esfuerzo. Como dec&iacute;a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez: &laquo;<em>He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la monta&ntilde;a, sin saber que la verdadera felicidad est&aacute; en la forma de subir la escarpada<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Queremos vivir ya en la cima, sin lucha, sin tener que sufrir la dureza y la sed del camino. No es as&iacute;. <strong>Hay que aprender a disfrutar tambi&eacute;n del camino y de la sed<\/strong>. <strong>Pero nos asusta el esfuerzo y tener que cambiar. Por eso nos acostumbramos a la vida y cambiar nos parece una quimera<\/strong>, un esfuerzo &iacute;mprobo. La esclavitud nos resulta m&aacute;s c&oacute;moda que la libertad.<br \/> &nbsp;<br \/> La mujer samaritana que sacaba agua del pozo era una mujer herida y esclava: &laquo;<em>&Eacute;l le dice: &#8211; Anda, llama a tu marido y vuelve. La mujer le contesta: &#8211; No tengo marido. Jes&uacute;s le dice: &#8211; Tienes raz&oacute;n, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad<\/em>&raquo;. <strong>Herida en el amor, en lo m&aacute;s profundo. Buscaba agua que calmara su sed<\/strong>. Viv&iacute;a <strong>esclava de s&iacute; misma<\/strong>. Cinco maridos y un amante.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal vez viv&iacute;a la vida que no hab&iacute;a so&ntilde;ado, la que no hab&iacute;a querido. Sobreviv&iacute;a. Demasiados fracasos y sinsabores. Tal vez su dolor era hondo y ninguna agua pod&iacute;a calmarlo. Una mujer despreciada, rechazada, al borde del camino.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s la mira con ojos nuevos, la reconoce sin haberla visto nunca antes. Ve su belleza interior, su alma pura, ve su verdad.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El pueblo de Israel tambi&eacute;n hab&iacute;a sido un pueblo esclavo. Dios lo liber&oacute;, crey&oacute; en &eacute;l, vio su verdad. Caminando por el desierto, sufre la sed y grita: &laquo; <em>&iquest;Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados<\/em>?&raquo;. <strong>En la esclavitud no ten&iacute;an libertad, pero no padec&iacute;an necesidades, no ten&iacute;an sed ni hambre. En la libertad del desierto padecen<\/strong>, sufren.<br \/> &nbsp;<br \/> La mujer samaritana en su herida de amor tiene una sed eterna. Es esclava y tiene su pozo que calma la sed temporalmente. Pero la sed m&aacute;s honda contin&uacute;a. <strong>A veces es m&aacute;s c&oacute;moda la esclavitud sin amor, que amar en la libertad.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Ser esclavos limita las posibilidades de optar en la vida pero da tranquilidad, quita la sed por un tiempo. No queremos ser esclavos, pero muchas veces lo somos, porque la libertad tiene sus riesgos y duele. No nos atrevemos a sufrir la sed del desierto.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Cuando ignoramos lo que es necesario cambiar, no avanzamos. Pensamos que todo est&aacute; bien tal y como est&aacute;. Pero en realidad no sabemos hacia d&oacute;nde caminamos. Nos cansamos, tenemos sed, buscamos, so&ntilde;amos. &nbsp; Puede ser que veamos que hay tantas cosas por cambiar que no sepamos por d&oacute;nde empezar. 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