{"id":30759,"date":"2016-06-11T01:40:08","date_gmt":"2016-06-11T06:40:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-cuaresma-en-la-que-me-desintoxique-de-twitter-entre-los-monjes\/"},"modified":"2016-06-11T01:40:08","modified_gmt":"2016-06-11T06:40:08","slug":"la-cuaresma-en-la-que-me-desintoxique-de-twitter-entre-los-monjes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-cuaresma-en-la-que-me-desintoxique-de-twitter-entre-los-monjes\/","title":{"rendered":"La Cuaresma en la que me desintoxiqu\u00e9 de Twitter entre los&nbsp;monjes"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Aleteia Team<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> &laquo;Coge un hombre ultraconectado (ese soy yo), en la plenitud de la vida (41 a&ntilde;os), qu&iacute;tale sus juguetes (iPhone, iPad, iPod, iMac), descon&eacute;ctalo (Facebook, Twitter, blogs) y col&oacute;calo durante siete d&iacute;as en el silencio absoluto de una abad&iacute;a cisterciense.&nbsp;Precisa que este hombre no cree en Dios desde que ten&iacute;a 18 a&ntilde;os. Obtienes angustias, sudores fr&iacute;os, grandes cuestionamientos, y reflexiones sobre el sentido de la vida, la muerte y el paso del tiempo.<br \/> &nbsp;<br \/> Empresario, ten&iacute;a la cabeza llena, el disco duro sobrecargado, era como un h&aacute;mster corriendo a pleno pulm&oacute;n en su rueda. En la organizaci&oacute;n de mi tiempo, internet hab&iacute;a superado a la televisi&oacute;n, la lectura, el cine y todas mis aficiones.<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Necesitaba alimentarme de informaciones hasta el exceso? &iquest;Intercambiar con el otro? &iquest;Distraerme? Estaba conectado a las redes sociales m&aacute;s de cuatro horas al d&iacute;a. Cuando le dec&iacute;a a mi mujer que me gustar&iacute;a \u201cparar el reloj\u201d, no se sorprend&iacute;a; sonre&iacute;a y me dec&iacute;a que lo intentara. Intentarlo para dejar de correr. &iquest;Pero correr hacia d&oacute;nde?<br \/> &nbsp;<br \/> Quer&iacute;a el silencio y la paz del esp&iacute;ritu, tecle&eacute; \u201cabad&iacute;a+trapense\u201d en Google -que nunca falla-, visit&eacute; unos quince sitios en internet y eleg&iacute; la que me parec&iacute;a m&aacute;s bella: la abad&iacute;a de Sept-Fons, en la frontera entre el Allier, la Sa&ocirc;ne-et-Loire y la Ni&egrave;vre. Google Maps me indic&oacute; 315 kil&oacute;metros. Bastante lejos para tomar distancia, bastante cerca para volver en caso de urgencia (precisar&eacute; que el miedo a la muerte me persigue como mi sombra y que paso m&aacute;s tiempo imaginando lo peor que disfrutando de lo mejor).<br \/> &nbsp;<br \/> Al cabo de unos d&iacute;as, maleta en mano, llevado por el ritmo de los ra&iacute;les, pensaba en mi padre fallecido repentinamente en agosto de 2008, a los 64 a&ntilde;os. 64 a&ntilde;os es joven para una persona mayor. Me pregunto qu&eacute; dir&iacute;a si me viera ah&iacute;, de camino a un viaje interior un poco extra&ntilde;o, anacr&oacute;nico y quiz&aacute;s superfluo.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;Qu&eacute; hago aqu&iacute;? <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El hermano hotelero es un hombre alto de mirada benevolente. Me ense&ntilde;a mi habitaci&oacute;n, la n&uacute;mero 20. Una cama sencilla, un lavabo con el grifo goteando, un armario y una mesa peque&ntilde;a con una Biblia encima, esa es toda la comodidad que voy a disfrutar. La ducha est&aacute; en el mismo piso, en alg&uacute;n lugar al fondo del pasillo, los servicios tambi&eacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Ya estoy aqu&iacute; finalmente. En circunstancias normales, habr&iacute;a twiteado algo tipo \u201cImpresi&oacute;n de volver a la mili, sin nadie en mi habitaci&oacute;n y con el Esp&iacute;ritu Santo como cabo\u201d. 91 caracteres para dar al mundo un camino intentando ser espiritual.<br \/> &nbsp;<br \/> Twitter es un diario <em>extime<\/em> [&iacute;ntimo, n.d.t.], introduce en la web el trayecto de tu existencia. Salir de Twitter es desaparecer de la memoria de los dem&aacute;s, un riesgo enorme cuando se teme la muerte&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Un acuerdo entre mi conciencia y yo<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> He tra&iacute;do mi iPhone. Lo s&eacute;, est&aacute; mal. Si quiero, me puedo conectar. Pero no. Es el acuerdo entre mi conciencia y yo: no conectarme, no leer las noticias, no hacer trampa. Me autorizo el tel&eacute;fono porque tengo hijos.<br \/> &nbsp;<br \/> En el refectorio, tres mesas gigantescas en torno a las que podr&iacute;an sentarse unos cincuenta. S&oacute;lo somos seis. Nadie habla, \u201ces la regla\u201d. La media de edad roza los 70 a&ntilde;os. S&oacute;lo hay hombres, que imagino viudos y tristes. Me pregunto qu&eacute; pensar&aacute;n de mi presencia, si se interrogan sobre m&iacute; como yo me interrogo sobre ellos. Uno de ellos, sin duda m&aacute;s religioso, balbucea la bendici&oacute;n. Nos podemos sentar.<br \/> &nbsp;<br \/> Como m&uacute;sica de fondo, para la comida, los monjes nos ofrecen el <em>Requiem<\/em> de Mozart. La m&uacute;sica cl&aacute;sica me hace llorar, es radical; me recuerda a mi abuelo, fallecido; a mi padre, fallecido, este linaje de mel&oacute;manos sentados en su sill&oacute;n, pensando en sus vidas con la mirada nost&aacute;lgica.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><em>Confutatis. Maledictis.<\/em><br \/> &nbsp;<br \/> Desconectado. Estoy aislado en mis recuerdos, controlando mis emociones al mordisquear una manzana verde y su base de queso blanco. A mi lado, estos dos hombres son \u201csin techo\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Me gustar&iacute;a hablar con ellos, saber qui&eacute;nes son. &iquest;Qu&eacute; es esta regla? &iquest;Este silencio? Viviendo en el coraz&oacute;n de las redes sociales, desde hace a&ntilde;os estoy ligado a los dem&aacute;s por el hilo del discurso y las palabras: el mutismo que se me impone es contra natura.<br \/> &nbsp;<br \/> Durante los almuerzos, un monje asegura la lectura desde otra ala de la abad&iacute;a. Su voz sale de cuatro altavoces, una voz venida de lo alto que nos muestra a \u201clos jesuitas franceses en la Gran Guerra\u201d. Lectura de la vida de las trincheras, &iquest;qu&eacute; es esta tortura?<br \/> &nbsp;<br \/> Entiendo, comida tras comida, la profundidad de esta conducta. Me dejo llevar por una filosof&iacute;a elemental: pensar en lo que se come, agradecer por estar vivo&#8230; Mi cinismo habitual rega&ntilde;a por verme invadido de tanta simplicidad. El angelito contra el diablillo. \u201c&iquest;Vas a dejarte ablandar por estas santurroner&iacute;as?\u201d S&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Esto me recuerda el D&iacute;a de acci&oacute;n de gracias, esa tradici&oacute;n de agradecimiento un poco forzado contra la que siempre he luchado. \u201c&iexcl;Da tu brazo a torcer! Ya ver&aacute;s, &iexcl;est&aacute; bien agradecer, no es rid&iacute;culo!\u201d, me dice mi angelito.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, se puede experimentar todo eso sin creer en Dios. Se puede imaginar una Belleza incorp&oacute;rea que sacraliza los gestos anodinos. Durante estas lecturas, nos sumergimos en el sacrificio, la abnegaci&oacute;n, el hero&iacute;smo ordinario,&#8230; como boyas de salvaci&oacute;n en medio del desorden y del ego&iacute;smo. &iquest;Evidente? Quiz&aacute;s. &iquest;No est&aacute; hecho este viaje para situarme ante estas evidencias olvidadas?<br \/> &nbsp;<br \/><strong>3:20h, tejanos, camiseta y salterio<\/strong><br \/> Las maitines suenan en medio de la noche. A las 3:20h, congelado, me pongo mis tejanos y una camiseta gruesa y atravieso los silenciosos pasillos. Empujo la puerta de la iglesia. All&iacute; est&aacute;n los monjes, unos sesenta, arrodillados en la oscuridad como fantasmas.<br \/> &nbsp;<br \/> Apenas se oye el ruido de su presencia. Me pongo junto a una pared, discretamente, salterio en mano. Una se&ntilde;ora extra&ntilde;amente piadosa que parece estar en todos los oficios me pide si le puedo dar el salterio porque es el suyo. Hab&iacute;a m&aacute;s de cien, sobre los bancos, iguales. Ella me indica que ha marcado las p&aacute;ginas. No me voy a pelear por un salterio, a las 3:30h, mientras los monjes rezan. Normalmente, una situaci&oacute;n as&iacute; la twiteo.<br \/> &nbsp;<br \/> Surgen entonces los cantos, esos cantos gregorianos que resuenan en el alma como una endecha divina. Estoy invadido por la pureza del momento, la regularidad de la emoci&oacute;n que se apodera de las paredes oscuras, como si algo impalpable nos uniera en una onda perfecta.<br \/> &nbsp;<br \/> La jornada de los monjes est&aacute; ordenada en siete oficios que se intercalan entre comidas y trabajo, es la base de la regla. Al cabo de unos d&iacute;as, tengo mis oficios favoritos: maitines y v&iacute;speras.<br \/> &nbsp;<br \/> En v&iacute;speras, los salmos cantados desaf&iacute;an todas las leyes de la armon&iacute;a. Ahora los necesito, como a una droga. Querr&iacute;a escuchar este salmo 39 una y otra vez, cantado y tocado con este mismo cambio de tono, no con otro. Est&aacute; decidido, voy a grabar a los monjes cantando v&iacute;speras. No est&aacute; bien, sin duda, pero es s&oacute;lo para m&iacute;; lo prometo, no publicar&eacute; nada en mi blog.<br \/> &nbsp;<br \/> Al d&iacute;a siguiente de esta decisi&oacute;n censurable, voy al oficio con mi iPhone. Me siento en primera fila, el aparato escondido en el salterio abierto. Cuando todo est&aacute; preparado, se planta un grupo de turistas japoneses. Es la primera vez en cuatro d&iacute;as que hay visitantes en la abad&iacute;a; ahora toca.<br \/> &nbsp;<br \/> La m&uacute;sica sacra debe seguir si&eacute;ndolo. No estoy autorizado a digitalizar la belleza. Veo la mano del dios en el que ya no creo. &iquest;Quiz&aacute;s podr&iacute;a yo ahora disfrutar del momento, escuchar mejor, o&iacute;r verdaderamente? Pongo en su sitio mi iPhone.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> No me gusta caminar. Pero aqu&iacute; estoy, en Sept-Fons, la naturaleza es tan bella que te hace avanzar a pesar de ti. Camino solo entre quince hect&aacute;reas floridas. No hab&iacute;a estado solo desde hac&iacute;a muchos a&ntilde;os&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/> Camino sin contar, en fin, sin pensar en ello. Embriag&aacute;ndome de la inmensidad de esta naturaleza reservada para m&iacute;, caen todos mis miedos y sonr&iacute;o al cielo, a las amapolas y a las abejas.<br \/> &nbsp;<br \/> Me viene incluso el deseo de tumbarme desnudo, boca arriba, para ver las nubes en comuni&oacute;n con el universo, con las palmas de las manos sobre la hierba h&uacute;meda. Pero pienso en mis monjes, la polic&iacute;a y la verg&uuml;enza. Me quedo vestido y cojo una cereza como compensaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> A medida que pasan los d&iacute;as, camino m&aacute;s deprisa. Ya no pienso en internet, ha pasado como se pasa una gastroenteritis. A veces, es verdad, estoy tan impresionado por la belleza de lo que veo, que me gustar&iacute;a compartirlo, \u201c<em>to share it on Facebook<\/em>\u201d. Estos s&iacute;ndromes de abstinencia son cada vez m&aacute;s escasos a medida que se llena el recipiente de mis sentidos.<br \/> &nbsp;<br \/> Reflexiono sobre esta frase que me coment&oacute; un amigo: \u201cT&uacute; eres el fruto de un &aacute;rbol vivo&#8230;\u201d. No negar el pasado, perdonar a los propios muertos, admitir la fragilidad de lo que uno es, observar humildemente que no soy m&aacute;s que \u201cel fruto de un &aacute;rbol vivo\u201d. Y no la rama alta de un &aacute;rbol muerto.<br \/> &nbsp;<br \/> No s&eacute; por qu&eacute;, pero ya no tengo miedo a la muerte. Me siento bien, como un fuerte eslab&oacute;n de una cadena infinita. No, no he visto a la Virgen. S&oacute;lo he detenido el tiempo y, lejos de mis pantallas, he escuchado mi Ser.<br \/> &nbsp;<br \/> Camino cada d&iacute;a un poco m&aacute;s y, para asegurarme, descargo la aplicaci&oacute;n pod&oacute;metro. Dudo que, en sus sue&ntilde;os de paseante solitario, Jean-Jacques Rousseau hubiera considerado necesario medir cu&aacute;nto caminaba, pero yo no soy Jean-Jacques Rousseau y a m&iacute; me gustan las estad&iacute;sticas. Seis kil&oacute;metros el &uacute;ltimo d&iacute;a, &eacute;ste es el fruto de mis paseos campestres.<br \/> &nbsp;<br \/> A mi llegada, el hermano hotelero me hab&iacute;a comentado: \u201cSi quiere hablar con un monje, es posible\u201d. He tardado cinco d&iacute;as en decidirme. Miedo a que me pida que me confiese, a decir que no creo verdaderamente en Dios, a reconocer mi solicitud de registro,&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/> Finalmente me encuentro con el Hermano H. Misma edad que yo, una sonrisa radiante, ojos que brillan, la felicidad surgiendo de todos los rasgos de su rostro.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ruido y ego\/ belleza y eternidad<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Me dice que me ha visto comulgar. &iexcl;S&iacute;, he comulgado! En un momento de gracia que me record&oacute; a mi padre: era mi profesi&oacute;n de fe [ceremonia en la que los ni&ntilde;os \u201cprofesan\u201d su fe unos a&ntilde;os despu&eacute;s de su Primera Comuni&oacute;n, n.d.t], ten&iacute;a siete u ocho a&ntilde;os, mi padre no hab&iacute;a comulgado desde hac&iacute;a a&ntilde;os, no se atrev&iacute;a a levantarse para recibir el cuerpo de Cristo, yo le dije: \u201cpuedes ir, es mi profesi&oacute;n de fe&#8230;\u201d. Yo le hab&iacute;a \u201cperdonado\u201d, siendo un retaco. &Eacute;l se levant&oacute;, a menudo me hablaba de ello m&aacute;s tarde.<br \/> &nbsp;<br \/> He comulgado sin confesarme, tambi&eacute;n hay mucho que decir. El Hermano H. hace un gesto de enfado con amabilidad. Le digo que s&eacute; que \u201cest&aacute; mal\u201d, pero que \u201csi Dios existe, lo comprender&aacute;\u201d. Intento comprometerle. &iquest;Lo duda? No. &iquest;Es feliz? S&iacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Le pregunto si sabe el resultado de la final de la copa de Francia, PSG-Lille. Se r&iacute;e, pero dice que no. Ni tele ni radio ni distracciones. La distracci&oacute;n le aleja de la meditaci&oacute;n, de la oraci&oacute;n y del recogimiento. Entiendo que la distracci&oacute;n le aparta de la belleza de las cosas.<br \/> &nbsp;<br \/> Con este ritmo preciso de oficios y de trabajo, la menor distracci&oacute;n es un riesgo, una tentaci&oacute;n in&uacute;til. Me doy cuenta de que yo vivo EN la distracci&oacute;n. Estoy en el ruido, el ego, el tiempo real. &Eacute;l est&aacute; en la concentraci&oacute;n, la belleza, la generosidad, la eternidad. Vivimos en dos planetas opuestos&#8230;<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Me pregunta si he ido a la misa de la ma&ntilde;ana, le digo que no. Se siente aliviado: \u201c&iexcl;Tuve problemas para abrir el tabern&aacute;culo, fue horrible!\u201d. Le aseguro que no es grave. No est&aacute; de acuerdo. \u201cNo, cuando uno consagra su vida a Cristo, debe hacer las cosas con cuidado, respeto, precisi&oacute;n. La misa es un momento sagrado, los gestos tienen un sentido&#8230;\u201d. La oraci&oacute;n es un trabajo de orfebre. Admiro esta exigencia de seriedad y compromiso. Estoy impresionado.<br \/> &nbsp;<br \/> Mi visi&oacute;n cinematogr&aacute;fica de la vida me hace ver el mundo bajo el signo del accidente; &eacute;l lo ve bajo el de la perfecci&oacute;n. Me paso la vida alimentando al mundo con mis imperfecciones.<br \/> &nbsp;<br \/> Los s&aacute;bados por la ma&ntilde;ana, a menudo grabo peque&ntilde;os v&iacute;deos con mi webcam, ideas sin pies ni cabeza que grabo al saltar de la cama, despeinado y con la camiseta mal ajustada. Las publico en internet y eso distrae a miles de personas, despu&eacute;s cada uno sigue su camino.<br \/> &nbsp;<br \/> Igualmente, cuando me apetece escribir textos largos y jugar con las palabras, me contento con tweets y estados Facebook. Elogio de lo aproximado, lo r&aacute;pido, lo que se pasa r&aacute;pidamente. Ciento cuarenta caracteres que no lo consiguen, o apenas. Ning&uacute;n esfuerzo aqu&iacute; dentro, nada sagrado.<br \/> &nbsp;<br \/> Por supuesto en mi vida profesional es distinto. Impulsado por el grupo y los retos y por las responsabilidades, apunto hacia esta b&uacute;squeda de calidad casi sin pensar. Pero cuando se trata de m&iacute;, a solas con mi miedo&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/> El Hermano H. ha aclarado mi tendencia a huir de la belleza. &Eacute;l invierte en el esfuerzo con la misma energ&iacute;a con la que yo invierto en el descuido.<br \/> &nbsp;<br \/> Todav&iacute;a hablamos de nuestras vidas y me atrevo a remarcar: \u201cAl final, tu vida de monje no es m&aacute;s sencilla que otra. &iexcl;Tienes una PYME, duermes en ella y aprovechas las pausas del caf&eacute; para rezar! R&iacute;e de buena gana. \u201cS&iacute;, aunque es un poco m&aacute;s que eso&#8230;\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Me vuelvo a querer<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Podr&iacute;a hablaros de mis reflexiones sobre la felicidad, de mis decisiones existenciales, de mis amigos sdf con los que he intercambiado algunas palabras en secreto, descubriendo que llegaban de Anvers y se dirig&iacute;an a Compostela a pie, de esos dos estudiantes que han venido a pasar el fin de semana para participar en los trabajos del campo, de mis lecturas -cuatro libros en siete d&iacute;as-, de mi &uacute;ltimo cigarrillo al ponerse el sol, de los cerezos, de esta biblioteca llena de obras religiosas.<br \/> &nbsp;<br \/> Podr&iacute;a hablaros tambi&eacute;n de ese cuadro empezado en el 2000 que finalmente he acabado de pintar entre los paseos y los cantos, de esa comida en la que se habla por signos para pasarse la sal, el vino o el queso. Podr&iacute;a describir cada minuto de esta semana pasada en Sept-Fons. Quiz&aacute;s deber&iacute;a continuar esta historia en un libro&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/> El martes de mi salida vuelvo a encender mi iPhone. Me conecto a internet y me entero de que el Lille le ha dado una paliza al PSG, y DSK [ Dominique Strauss-Kahn, ex-director del FMI, n.d.t.] a una camarera.<br \/> &nbsp;<br \/> Vuelta a los negocios. Pero en mi maleta, la muerte se ha encogido, lo sagrado ha tomado su lugar y yo me vuelvo a querer. Algunos ver&aacute;n en ello el signo de Dios, les dejo de buena gana esta interpretaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Unos d&iacute;as m&aacute;s tarde, el cartero me deja un paquete. El Hermano H. me env&iacute;a dos libros y unas palabras. Piensa en m&iacute;, reza por m&iacute;, no quiere que olvide esos momentos de gracia vividos entre ellos. Estoy emocionado como un ni&ntilde;o. Algo me dice que volver&eacute; a caminar por los pasillos de Nuestra Se&ntilde;ora de Sept-Fons. Sin tel&eacute;fono.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Oraci&oacute;n y tienda en l&iacute;nea<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Fundada en 1132, la abad&iacute;a trapense de Sept-Fons, en el Allier, en Auvergne, acoge a unos sesenta monjes, algunos de ellos j&oacute;venes novicios. Siguen la regla de san Benito: <em>ora et labora<\/em>, oraci&oacute;n y trabajo.<br \/> &nbsp;<br \/> Viven de los productos de la granja, del jard&iacute;n y del huerto, pero sobre todo de la elaboraci&oacute;n de toda una gama de productos naturales, entre ellos el <em>Moulin de la Trappe<\/em>. Para hacer pedidos en l&iacute;nea:&nbsp;<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.dietetiques-confitures-septfons.com.\">www.dietetiques-confitures-septfons.com.<\/a><br \/> &nbsp;<br \/> Por Cyrille de Lasteyrie, director de StoryCircus, empresa especializada en la creaci&oacute;n de programas digitales y miembro de la conferencia TEDx Par&iacute;s, conocido en internet con el pseud&oacute;nimo de Vinvin, por su blog 20 sur 20, y en Twitter le siguen m&aacute;s de 34.600 personas. Presenta junto al humorista Fran&ccedil;ois Rollin el programa <em>Le Grand Webze <\/em>de France 5. Esta experiencia la vivi&oacute; y narr&oacute; hace dos a&ntilde;os, y esta es la primera vez que se publica en espa&ntilde;ol.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Aleteia Team &laquo;Coge un hombre ultraconectado (ese soy yo), en la plenitud de la vida (41 a&ntilde;os), qu&iacute;tale sus juguetes (iPhone, iPad, iPod, iMac), descon&eacute;ctalo (Facebook, Twitter, blogs) y col&oacute;calo durante siete d&iacute;as en el silencio absoluto de una abad&iacute;a cisterciense.&nbsp;Precisa que este hombre no cree en Dios desde que ten&iacute;a 18 a&ntilde;os. Obtienes &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-cuaresma-en-la-que-me-desintoxique-de-twitter-entre-los-monjes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa Cuaresma en la que me desintoxiqu\u00e9 de Twitter entre los&nbsp;monjes\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30759","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30759","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30759"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30759\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30759"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30759"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30759"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}