{"id":30764,"date":"2016-06-11T01:40:18","date_gmt":"2016-06-11T06:40:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-desierto-la-seduccion-de-dios-y-la-tentacion-del-demonio\/"},"modified":"2016-06-11T01:40:18","modified_gmt":"2016-06-11T06:40:18","slug":"el-desierto-la-seduccion-de-dios-y-la-tentacion-del-demonio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-desierto-la-seduccion-de-dios-y-la-tentacion-del-demonio\/","title":{"rendered":"El desierto, la seducci\u00f3n de Dios y la tentaci\u00f3n del&nbsp;demonio"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> El tiempo de Cuaresma comienza por esa raz&oacute;n con una invitaci&oacute;n a adentrarnos en el desierto. Lo que impresiona siempre del desierto es su inmensidad. All&iacute; no hay fronteras, ni l&iacute;mites. La vista se pierde en el horizonte queriendo detenerse en alg&uacute;n lugar. Silencio. Fr&iacute;o. Calor. Soledad. Infinitud. Miedo. En el desierto se encuentra Dios con el hombre. All&iacute; se adentra el hombre que no encuentra a Dios. All&iacute; nos lleva Dios para enamorarnos, para rescatarnos, para mostrarnos su rostro.<br \/> &nbsp;<br \/> Este domingo recordamos las palabras de Dios dirigidas a su pueblo Israel por boca del profeta Oseas: &laquo;<em>Yo voy a seducirla; la llevar&eacute; al Desierto y le hablar&eacute; al coraz&oacute;n. Y ella me responder&aacute; all&iacute; como en los d&iacute;as de su juventud<\/em>&raquo;. Oseas 2, 14.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El desierto y la seducci&oacute;n de Dios<\/strong>. El hombre que se ha alejado de Dios, porque ha pecado y olvidado; y Dios que no se olvida nunca del hombre, de su hijo, aunque se haya alejado y huido de su presencia.<br \/> &nbsp;<br \/> En el desierto Dios habla al coraz&oacute;n de su amada, de Israel. All&iacute; nos habla a nosotros. <strong>El desierto es esa soledad en la que el hombre busca encontrarse consigo mismo y con Dios.<\/strong> Es la historia de Dios con el hombre que comienza una y otra vez.<br \/> &nbsp;<br \/> El desierto siempre ha sido un lugar propicio para tener una experiencia de encuentro con el Se&ntilde;or. Es un lugar para escuchar a Dios, que nos dice al o&iacute;do palabras de amor, seduciendo dulcemente nuestro coraz&oacute;n. Es un lugar para darle a Dios la oportunidad de seducirnos y enamorarnos. <strong>En el desierto el hombre vuelve a recordar su primer amor<\/strong>, el de la juventud. La fascinaci&oacute;n por la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero es verdad que tambi&eacute;n es el lugar de las tentaciones. <strong>Somos seducidos y tentados<\/strong>. Los Padres del desierto dec&iacute;an que uno va al desierto buscando a Dios y se acaba encontrando con el diablo.<br \/> &nbsp;<br \/> En el desierto, desprovistos de seguros, somos tentados. Porque all&iacute;, <strong>en la soledad y en el silencio, es imposible permanecer en la superficie, pasando por encima de la realidad.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> All&iacute; nos adentramos en lo m&aacute;s hondo de nuestra historia, de nosotros mismos. All&iacute; est&aacute; Dios. All&iacute; tambi&eacute;n somos tentados. El desierto es una invitaci&oacute;n a despojarnos de todo lo que nos pesa y ata.<br \/> &nbsp;<br \/> El silencio es propio del desierto. Pero <strong>no siempre, al callarnos, logramos vivir el silencio<\/strong>. Dec&iacute;a una persona: &laquo;<em>Me gustar&iacute;a hacer un camino de silencio real, pero cuanto m&aacute;s silencio hago, m&aacute;s hierven las cosas en mi cabeza. Me pregunto entonces si ese silencio es de Dios o no<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos cuesta mucho hacer silencio, volcarnos en nuestro interior. Todo bulle y mil preguntas y temas distintos se agolpan. Nos parece imposible hacer silencio. Todo aflora en esos momentos en los que callamos.<br \/> &nbsp;<br \/> Como dec&iacute;a una persona: &laquo;<em>Uno de los problemas que tenemos en este tiempo es precisamente el de la <strong>falta de quietud<\/strong>. Tanto bombardeo de informaci&oacute;n, un ritmo de vida atropellado con coches, m&oacute;viles, whatsapps, y mil planes, lleva a la dispersi&oacute;n. Y a no hacer nada bien. A no dedicar un tiempo en exclusiva para hacer una cosa centrando toda la atenci&oacute;n en ello<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Ir al desierto supone buscar, callar y caminar, mirar, contemplar y escuchar<\/strong>. Supone recorrer un camino de la mano de Dios. <strong>Hacer silencio, tratando de cuidar la intimidad con el Se&ntilde;or, es el camino hacia el desierto.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Por eso hoy queremos aprender a <strong>desprendernos de tantas interferencias<\/strong>. <strong>No es f&aacute;cil cuidar los momentos de intimidad con el Se&ntilde;or, aguardar<\/strong>, esperar. Como dice un poema de Antonio Machado: &laquo;<em>Sabe esperar, aguarda\/ que la marea fluya\/ sin que el partir te inquiete\/, todo el que aguarda sabe\/ que la victoria es suya<\/em>&raquo;. El desierto es tiempo de paciencia, de saber estar, de aguardar con calma. Tiempo de intimidad.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El tiempo de Cuaresma comienza por esa raz&oacute;n con una invitaci&oacute;n a adentrarnos en el desierto. Lo que impresiona siempre del desierto es su inmensidad. All&iacute; no hay fronteras, ni l&iacute;mites. 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