{"id":30773,"date":"2016-06-11T01:40:40","date_gmt":"2016-06-11T06:40:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-amar-cuando-siento-odio-como-perdonar-cuando-no-olvido\/"},"modified":"2016-06-11T01:40:40","modified_gmt":"2016-06-11T06:40:40","slug":"%e2%80%8bcomo-amar-cuando-siento-odio-como-perdonar-cuando-no-olvido","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-amar-cuando-siento-odio-como-perdonar-cuando-no-olvido\/","title":{"rendered":"\u200b\u00bfC\u00f3mo amar cuando siento odio? \u00bfC\u00f3mo perdonar cuando no&nbsp;olvido?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Hoy pedimos <strong>que ni siquiera las exigencias de los dem&aacute;s ahoguen nunca nuestra capacidad de amar. <\/strong>Estamos ante una imagen muy positiva de Dios. Dios no nos pide lo m&aacute;s f&aacute;cil: &laquo;Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo, aborrecer&aacute;s a tu enemigo&raquo;. Ese amor es evidente. Todos podemos dar al que nos da, ayudar al que nos ayuda, hablar bien del que habla bien de nosotros. Amar as&iacute; lo pueden hacer todos. Porque nadie ofende al que le halaga. Nadie golpea ante una caricia. Nadie se cierra a un don entregado con amor.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero ir m&aacute;s all&aacute; es una gracia de Dios, implica vivir convertidos. <strong>El amor a nuestros enemigos es una gracia de Dios<\/strong>. Amar al enemigo significa querer su bien, rezar por &eacute;l, desear su felicidad.<br \/> &nbsp;<br \/> No nos exige Dios que seamos &iacute;ntimos amigos del que nos odia. Eso es imposible, pero s&iacute; nos pide <strong>que no guardemos rabia, que no deseemos su mal, que no hablemos mal de &eacute;l. Ese cambio de actitud implica una verdadera conversi&oacute;n<\/strong> del coraz&oacute;n. <strong>Es algo liberador<\/strong>. Dar sin contar. Sin medir. Porque nuestra medida es el coraz&oacute;n de Jes&uacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> El otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;<em>Hay algunos cat&oacute;licos que a pesar de ser honrados, de ser gente buena, viven la mayor parte de su vida &#8211; incluso sin cometer quiz&aacute;s muchos pecados &#8211; de forma terrenal, puramente humana, sin esp&iacute;ritu de fe, fr&iacute;amente, sin mucho valor para la eternidad. M&aacute;s a&uacute;n, hay algunos que han emprendido el camino de la perfecci&oacute;n y se hallan en &eacute;l desde hace a&ntilde;os. El esp&iacute;ritu de fe no cala en todos los &aacute;mbitos de sus vidas. Esta luz superior alumbra s&oacute;lo d&eacute;bilmente sus sendas<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Tal vez <strong>no basta con ser buenos para ser capaces de este amor del que hablamos, de un amor que da plenitud y acerca a Dios. El amor asemeja<\/strong>. El amor a Dios y a los hombres nos hace m&aacute;s de Dios y m&aacute;s humanos.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>El que ama adquiere en su aspecto, sin quererlo, una notoria semejanza con la persona amada. Eso es trasmisi&oacute;n de vida<\/em>&raquo;[1]. <strong>El amor nos capacita para amar m&aacute;s. Sin Dios todo esto es imposible.<\/strong> Y con &Eacute;l dif&iacute;cil, pero es una aventura que merece la pena. <strong>Aunque nos parezca humanamente imposible amar al que no nos ama y querer al que nos ha ofendido, le pedimos a Dios que lo haga posible<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Perdonar, olvidar, no guardar rencor, no quedarnos en la ofensa, nos parece imposible. El coraz&oacute;n tiene una capacidad aparentemente infinita para conservar las ofensas y no olvidar. <strong>Guardamos las ofensas en el coraz&oacute;n y no hay forma de olvidarlas<\/strong>. Se clavan en lo m&aacute;s profundo y no logramos sacarlas sin que sangre la herida. Nos irritamos con las personas con facilidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona comentaba: &laquo; <em>&iquest;Por qu&eacute; me fijo tanto en la paja ajena? &iexcl;Deseo ver mi viga! Lo deseo de todo coraz&oacute;n para poderme librar de ella, para saber que estoy hecha de barro, para ofrecerla al Se&ntilde;or, para saberme peque&ntilde;a y necesitada<\/em>&raquo;. Nos irritan sus defectos, sus debilidades, especialmente aquellas que nos hacen la vida un poco m&aacute;s dif&iacute;cil. La memoria del coraz&oacute;n parece infinita. El verbo &laquo;recordar&raquo; tiene que ver con pasar todo de nuevo por el coraz&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a Ortega y Gasset: &laquo;<em>Basta con que nos desentendamos de la urgente actualidad para que ascienda a flor de alma todo ese pasado nuestro y se ponga de nuevo a resonar. Decimos que lo recordamos, lo volvemos a pasar por el estuario de nuestro coraz&oacute;n<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tanto lo bueno como lo malo es revivido por el coraz&oacute;n<\/strong> y el coraz&oacute;n se recrea en lo recordado. Por eso <strong>no olvidamos las ofensas. Al pensar en ellas volvemos a revivirlas<\/strong>. &iexcl;Nos cuesta tanto perdonarlas! Nos vuelve a doler la mejilla golpeada, sangra la misma herida.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&iquest;C&oacute;mo es posible ofrecer la mejilla sana? Dios quiere que aprendamos a amar con su amor. A perdonar con su perd&oacute;n.<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta perdonar! Dec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;<em>El perd&oacute;n de Dios es m&aacute;s fuerte que cualquier pecado<\/em>&raquo;. <strong>El perd&oacute;n recibido nos hace m&aacute;s capaces de perdonar.<\/strong> &iquest;Hemos sido perdonados? <strong>&iquest;Nos sabemos profundamente perdonados por Dios? &iquest;Hemos experimentado nuestra debilidad y, por lo tanto, la necesidad del perd&oacute;n?<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;<em>Si cada uno de nosotros no se siente necesitado de la misericordia de Dios, no se siente pecador, es mejor que no vaya a misa. Nosotros vamos a misa porque somos pecadores y queremos recibir el perd&oacute;n de Dios, participar en la redenci&oacute;n de Jes&uacute;s, en su perd&oacute;n<\/em>&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La necesidad de perd&oacute;n es lo primero. S&oacute;lo as&iacute; aprenderemos a perdonar, a tener misericordia, a ser m&aacute;s pacientes y comprensivos<\/strong>. S&oacute;lo cuando nos sabemos perdonados por Dios podemos llegar a perdonar al que nos ofende. Si nuestro pecado es perdonado siempre, &iquest;qui&eacute;nes somos nosotros para no perdonar al que nos ofende con sus palabras y con sus obras?<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> [1] J. Kentenich, <em>Kentenich Reader<\/em>, Tomo III<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy pedimos que ni siquiera las exigencias de los dem&aacute;s ahoguen nunca nuestra capacidad de amar. Estamos ante una imagen muy positiva de Dios. Dios no nos pide lo m&aacute;s f&aacute;cil: &laquo;Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo, aborrecer&aacute;s a tu enemigo&raquo;. Ese amor es evidente. Todos podemos dar al que nos da, ayudar &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bcomo-amar-cuando-siento-odio-como-perdonar-cuando-no-olvido\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u200b\u00bfC\u00f3mo amar cuando siento odio? \u00bfC\u00f3mo perdonar cuando no&nbsp;olvido?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30773","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30773","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30773"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30773\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30773"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30773"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30773"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}