{"id":30779,"date":"2016-06-11T01:40:56","date_gmt":"2016-06-11T06:40:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-escuchar-a-dios\/"},"modified":"2016-06-11T01:40:56","modified_gmt":"2016-06-11T06:40:56","slug":"es-posible-escuchar-a-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-escuchar-a-dios\/","title":{"rendered":"\u00bfEs posible escuchar a&nbsp;Dios?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El otro d&iacute;a una ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os me preguntaba: &laquo; &iquest;C&oacute;mo hago para que Jes&uacute;s me hable?&raquo;. Me sorprendi&oacute; su pregunta. Al mismo tiempo me pareci&oacute; elemental. Es cierto, &iquest;c&oacute;mo hacemos para que Dios nos hable? &iquest;Podemos hacer que Jes&uacute;s nos hable?<br \/> &nbsp;<br \/> No parece tan f&aacute;cil. Sus silencios nos desconciertan y sus palabras nos resultan muchas veces incomprensibles. <strong>Parece que no habla nuestro idioma<\/strong>. Por lo menos no lo entendemos. <strong>Su voz parece un susurro, una cadencia en el alma<\/strong>, una melod&iacute;a que casi no escuchamos.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pero ah&iacute; est&aacute;, a nuestro lado, todos los d&iacute;as<\/strong>, acompa&ntilde;&aacute;ndonos en el camino. Nos abraza sin que sintamos sus brazos, por la espalda. Nos sostiene cuando nos sentimos cansados y agobiados. Tira de nosotros para vencer nuestra pereza cuando no somos capaces de seguirle.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Habla y calla, y siempre nos mira<\/strong>. S&iacute;, su mirada es la mirada de un padre que ama, una ventana abierta al cielo, un abismo de misericordia, un brote de esperanza en medio de la noche. No deja de contemplar nuestros pasos, de prever nuestras ca&iacute;das, de esperarnos cuando desfallecemos.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero eso s&iacute;, &iexcl;respeta tanto nuestra libertad! Nunca la violenta, <strong>no nos fuerza. S&oacute;lo quiere seducirnos con su amor. Atraernos con su voz<\/strong>. S&uacute;bitamente, al descansar en sus brazos, tenemos una paz desconocida. Y en nuestro coraz&oacute;n descubrimos nuevas respuestas, como si &Eacute;l las hubiese sembrado en el alma cuando dorm&iacute;amos.<br \/> &nbsp;<br \/> Necesita, es cierto, un jard&iacute;n cuidado, mejor, una tierra trabajada, profunda y f&eacute;rtil. <strong>Necesita un oc&eacute;ano hondo, porque entre los ruidos de la vida diaria su voz se pierde. Necesita que perdamos el tiempo a su lado, que lo busquemos<\/strong>, que nos gastemos en una espera tantas veces aparentemente infecunda.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos invita a buscarlo en las personas, en los lugares, en el vac&iacute;o. No quiere que lo busquemos s&oacute;lo en aquellos que nos encantan y fascinan. Quiere que lo encontremos tambi&eacute;n en los que nos desagradan, en rostros que no son amigos.<br \/> &nbsp;<br \/> Quiere que aprendamos a <strong>leer el libro de nuestra propia vida<\/strong>, llena de errores y tachones. Con paciencia, descifrando signos, levantando piedras, aireando de vez en cuando el cuarto del alma por el que Dios se pasea. S&iacute;, <strong>claro que Dios nos habla<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> No podemos hacer nada para que nos hable m&aacute;s, ni m&aacute;s claro. Pero s&iacute; <strong>podemos hacer mucho por aprender a escuchar su voz<\/strong> en medio de tantas voces que nos confunden. Dios nos habla en lo humano y <strong>de lo humano nos conduce hacia lo m&aacute;s alto, hacia su coraz&oacute;n<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<em>Todo lo creado puede encender mi coraz&oacute;n. Una figura femenina, un bien terreno, una idea, etc. Todo ello puede encenderme, pero en mi actuar todo debo hacerlo, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, ordenado a lo divino<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/> &nbsp;<br \/> Siempre quiere que subamos m&aacute;s alto, que trepemos a las alturas. Que llevemos a su coraz&oacute;n de Padre todo lo humano que tenemos, nuestra debilidad y nuestra fortaleza, las penas y las alegr&iacute;as, las l&aacute;grimas y las risas. Porque todo le agrada a Dios. <strong>Todo le importa<\/strong>.<\/p>\n<div>\n &nbsp; <\/p>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n <a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich,<br \/>\n <em>Dios presente<\/em>, Texto 204\n <\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El otro d&iacute;a una ni&ntilde;a de ocho a&ntilde;os me preguntaba: &laquo; &iquest;C&oacute;mo hago para que Jes&uacute;s me hable?&raquo;. Me sorprendi&oacute; su pregunta. Al mismo tiempo me pareci&oacute; elemental. Es cierto, &iquest;c&oacute;mo hacemos para que Dios nos hable? &iquest;Podemos hacer que Jes&uacute;s nos hable? &nbsp; No parece tan f&aacute;cil. Sus silencios nos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-escuchar-a-dios\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfEs posible escuchar a&nbsp;Dios?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30779","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30779","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30779"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30779\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30779"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30779"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30779"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}