{"id":30784,"date":"2016-06-11T01:41:03","date_gmt":"2016-06-11T06:41:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ley-del-amor\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:03","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:03","slug":"la-ley-del-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ley-del-amor\/","title":{"rendered":"La ley del&nbsp;amor"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hoy escuchamos hablar de la sabidur&iacute;a humana y de la sabidur&iacute;a de Dios. Es una sabidur&iacute;a que tiene que ver son los mandatos de Dios: &laquo;<em>Si quieres, guardar&aacute;s los mandatos del Se&ntilde;or, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti est&aacute;n puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; delante del hombre est&aacute;n muerte y vida: le dar&aacute;n lo que &eacute;l escoja. Es inmensa la sabidur&iacute;a del Se&ntilde;or, es grande su poder y lo ve todo<\/em>&raquo;. Eclesi&aacute;stico 15, 16-2.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDios nos lo da todo y s&oacute;lo espera nuestro s&iacute; confiado. Dios nos explica la ley como un camino de vida. Jes&uacute;s no ha venido a abolir la ley, sino a darle plenitud. <strong>Su ley es la ley del amor y ese amor nos libera de los &laquo;noes&raquo; y de los m&iacute;nimos.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>La ley de Jes&uacute;s es un s&iacute; al amor, a la vida m&aacute;s plena<\/strong>. Consiste en amar sin medida. O mejor a&uacute;n, amar seg&uacute;n su medida. Amar seg&uacute;n la medida de su coraz&oacute;n, grande, misericordioso, que siempre da m&aacute;s. No seg&uacute;n la ley, no seg&uacute;n el m&iacute;nimo, no seg&uacute;n lo que el otro me d&eacute;. Sino seg&uacute;n su coraz&oacute;n, hasta el extremo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; es su forma de amar. <strong>As&iacute; am&oacute; Jes&uacute;s<\/strong>, pas&oacute; haciendo el bien, sin pensar qui&eacute;nes le iban a seguir, qui&eacute;nes le iban a agradecer, qui&eacute;nes le iban a corresponder. Am&oacute; <strong>en saco roto<\/strong>. Sin contar, porque Jes&uacute;s no sabe contar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iexcl;Nosotros contamos tanto! Contamos el bien que hago, el mal que hace el otro. <strong>Calculamos, llevamos cuenta del mal y del bien.<\/strong> Las palabras de Jes&uacute;s hoy son motivadoras. Nos hablan de la ley del amor.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSiempre nos parece que la ley limita, pone barreras, corta las alas, restringe la vida, la coarta y reduce. <strong>La ley no ilusiona<\/strong> ni da plenitud, parece no dar vida. M&aacute;s bien es un mal menor necesario para la convivencia. No deja de sorprender lo que puede llegar a permitir o no permitir una ley. El papel lo aguanta todo, como se suele decir.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero la ley de Dios, <strong>la ley de su amor, es diferente.<\/strong> El seguimiento a Cristo pasa por una ley que nos llena y nos da la gracia, abre horizontes, es para la vida, es eterna. Esta ley del amor nos confronta con nuestra vida, con nuestra debilidad, con nuestros sue&ntilde;os y anhelos, con lo que hacemos y sufrimos, con lo que nos alegra y nos exige un esfuerzo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; pues <strong>no es el cumplimiento externo de la ley, hasta sus &uacute;ltimas consecuencias, lo que nos salva, sino m&aacute;s bien una actitud interior que nos lleva a unirnos con Cristo en lo profundo<\/strong> del alma.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs la magnanimidad la que nos lleva seguir a Cristo. As&iacute; lo explica San Pablo: &laquo;<em>Hablamos una sabidur&iacute;a que no es de este mundo (&middot;&middot;&middot;), sino que ense&ntilde;amos una sabidur&iacute;a divina, misteriosa, escondida<\/em>&raquo;. 1 Corintios 2, 6-10. Una sabidur&iacute;a que viene de Dios y da sentido a nuestra vida. Una forma de vivir, de decidir, que no es de este mundo y nos invita al amor eterno.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTodo lo que Jes&uacute;s nos dice hoy lo hace con la autoridad de aquel que ha venido a traernos la paz. Es el hijo de Dios y sus palabras tienen en Mateo la fuerza de un profeta. <strong>Jes&uacute;s es el nuevo Mois&eacute;s sentado en su c&aacute;tedra, en el monte.<\/strong> El horizonte que contempla es el cielo y el mar. No hay l&iacute;mites.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSu voz resuena por encima del lago, de la actividad cotidiana de los hombres, de la rutina, de sus agobios y problemas. Muchos escuchar&iacute;an sus palabras, muchos otros permanecer&iacute;an sordos a su sabidur&iacute;a. All&iacute;, en el monte, &Eacute;l cura y les habla al coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSeguramente da respuesta a preguntas concretas de muchas personas. Es una hoja de ruta, son peque&ntilde;as claves de la vida, de una vida diferente, de una vida verdadera. <strong>Jes&uacute;s siempre habla de lo cotidiano, respondiendo a dificultades sencillas<\/strong> de los hombres. <strong>Comprende, acoge, escucha y despu&eacute;s muestra su forma<\/strong> de vivir y de amar. Sus palabras tienen una fuerza especial porque <strong>ellos le ven compartir la vida<\/strong>, le ven curar, ven que come con todos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Despierta interrogantes<\/strong>. &iquest;C&oacute;mo hay que actuar? <strong>&iquest;Qu&eacute; le preguntar&iacute;amos nosotros?<\/strong> Si &Eacute;l estuviese delante, &iquest;qu&eacute; preocupaciones le comentar&iacute;a, qu&eacute; dudas?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s muestra un camino de vida: &laquo;Yo os digo&raquo;. Sus palabras vienen avaladas por la autoridad de Dios, por ese amor que nos sostiene. Porque &Eacute;l nos ha amado primero y est&aacute; con nosotros en el camino, nunca nos deja solos. Ese &laquo;Yo os digo&raquo; se corresponde con la promesa que nos hace: &laquo;Yo estoy con vosotros&raquo;. S&iacute;, todos los d&iacute;as, hasta el fin del mundo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo se desentiende de nuestra suerte, <strong>nos acompa&ntilde;a, nos levanta<\/strong> cuando caemos, nos alienta. <strong>Sus palabras nos dan la vida y esperanza<\/strong>. Su voz repite nuestro nombre y la promesa a la que somos llamados.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la pel&iacute;cula <em>La ladrona de libros<\/em>, la protagonista acompa&ntilde;a a un hombre en la agon&iacute;a de su enfermedad ley&eacute;ndole libros. Fueron esas palabras, que aparentemente nadie escuchaba, las que lo mantuvieron con vida en esos momentos de oscuridad. Cuando el hombre ya sanado se despide de la protagonista, le dice: &laquo;Durante todo este tiempo has sido con tus palabras la luz que me dio vida, ahora debes llenar tus p&aacute;ginas vac&iacute;as, siempre podr&aacute;s encontrarme en tus palabras&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Dios nos habla en sus palabras, con su voz pronuncia nuestra vida<\/strong>. Su palabra crea, engendra, sana. Tenemos vida en &Eacute;l y vivimos de su voz, de sus palabras que marcan nuestro camino, nos dan vida y alegr&iacute;a. Nuestras palabras pueden sanar y dar vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNosotros escribimos nuestra historia y en nuestros gestos se refleja la fuerza de Dios que nos construye. Somos sus hijos. &Eacute;l est&aacute; con nosotros y da fuerza a nuestras palabras. Llena las p&aacute;ginas en blanco de nuestra vida con su presencia sanadora. Las palabras de Jes&uacute;s nos alientan, nos llenan, nos gu&iacute;an.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s nos muestra hoy el ideal y nos ayuda a caminar con una medida generosa. Es verdad que quedarse en m&iacute;nimos hace el coraz&oacute;n m&aacute;s mezquino. <strong>Cumplo o no cumplo. Hay detr&aacute;s una imagen de Dios que fiscaliza<\/strong>, que est&aacute; contento conmigo si consigo cumplir y descontento si no lo hago.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn realidad <strong>me paraliza porque me hace sentirme perfecto, puro, si cumplo con la ley y sin querer, juzgo al que no cumple<\/strong>. Los que cumplimos estamos dentro, los que no cumplimos no somos dignos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDios mira el coraz&oacute;n, la intenci&oacute;n, la forma de ser de cada uno. Sabe todo lo que puedo dar. Nos pide que vivamos la aventura de pisar sus huellas. Nos llama a tener sus mismos sentimientos, a mirar y pensar como &Eacute;l.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy Jes&uacute;s comienza poniendo un ejemplo: &laquo;<em>Hab&eacute;is o&iacute;do que se dijo a los antiguos: &#8211; No matar&aacute;s, y el que mate ser&aacute; procesado.&nbsp;Pero yo os digo: &#8211; Todo el que est&eacute; peleado con su hermano ser&aacute; procesado. Y si uno llama a su hermano &lsquo;imb&eacute;cil&rsquo;, tendr&aacute; que comparecer ante el Sanedr&iacute;n, y si lo llama &lsquo;renegado&rsquo;, merece la condena del fuego<\/em>&raquo;.&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi no mato, cumplo. No peco. Pero Jes&uacute;s nos llama a tener esa delicadeza de sentimientos m&aacute;s all&aacute; del m&iacute;nimo, a mirar a las estrellas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA veces interpretamos el verbo matar de forma reductiva, literal. Pero es m&aacute;s amplio. <strong>Matamos con palabras, con ofensas, con desprecio, con falta de amor. Matamos con nuestras ausencias y nuestros silencios. Matamos con palabras que hieren y matan la honra y la fama<\/strong>. Matamos con nuestra falta de amor que es indiferencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy nos invita Jes&uacute;s a no conformarnos con los m&iacute;nimos, a aspirar a lo m&aacute;s alto, a tener un alma grande y magn&aacute;nima. Hoy quiere <strong>que aprendamos a pedir perd&oacute;n, a reconciliarnos, a no ofender con palabras<\/strong>, aunque nos parezca insignificante nuestra ofensa.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s va m&aacute;s all&aacute;, m&aacute;s adentro todav&iacute;a y <strong>nos pide perdonar<\/strong>: &laquo;<em>Por tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas all&iacute; mismo de que tu hermano tiene quejas contra ti, deja all&iacute; tu ofrenda ante el altar y <strong>vete primero a reconciliarte<\/strong> con tu hermano, y entonces vuelve a presentar tu ofrenda<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi he hecho sufrir a otro, si he pensado mal de otro, si guardo rencor, si he sido desconsiderado, duro, injusto. O si hay alguien que sufre por mi culpa. Habla de una delicadeza de sentimientos muy grande. La ofrenda a Dios en ese momento no est&aacute; en el altar, lejos de mi hermano, <strong>la ofrenda a Dios es en el coraz&oacute;n de mi hermano<\/strong>. Ah&iacute; me espera Dios. El otro es el camino para llegar a Dios y yo soy el camino del otro para encontrarse con &Eacute;l.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iexcl;Cu&aacute;ntas veces le pedimos a Dios que se ponga de nuestra parte en divisiones que tenemos con otros! Justificamos nuestro desamor frente a Dios, quej&aacute;ndonos y criticando en nuestra oraci&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDios nos llama en el otro, nos llama a perdonar, a salir de nosotros hacia el coraz&oacute;n del otro. La rabia, la ira, el desprecio, la cr&iacute;tica, los juicios, las ofensas, transforman nuestro coraz&oacute;n y hacen peores a las personas que viven a nuestro lado porque tenemos violencia en nuestro interior. Un tigre escondido que salta cuando menos lo esperamos. <strong>Nuestro rencor saca lo peor de aquellos a los que m&aacute;s amamos. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a una persona rezaba: &laquo;<em>Quiz&aacute;s exijo demasiado y pretendo encontrar en los dem&aacute;s la perfecci&oacute;n que deseo. &iquest;Qu&eacute; es la perfecci&oacute;n? Al igual que nos has dado talentos, tenemos innumerables debilidades y somos heridos constantemente. En las debilidades nos esperas, quieres que las aceptemos y te las entreguemos. Son nuestro contrapeso para no caer en la soberbia por los dones recibidos, el sello de nuestra peque&ntilde;ez, el recuerdo permanente de nuestra dependencia filial&raquo;.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Aceptar nuestra peque&ntilde;ez, nuestras debilidades, es el paso previo para aceptar las torpezas de los que nos rodean y perdonar<\/strong> sus deficiencias. Nuestra mirada se torna ben&eacute;vola, justa, misericordiosa, cuando parte de la aceptaci&oacute;n de la propia vida. Nuestros defectos nos hacen m&aacute;s comprensivos con los defectos ajenos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;Felices quienes intentan descubrir en los dem&aacute;s lo positivo que tienen y disculpan sus errores&raquo;. Nuestras miserias nos vuelven m&aacute;s misericordiosos y m&aacute;s felices. Porque el hecho de <strong>no aceptar la imperfecci&oacute;n ajena nos llena de amargura y resentimiento<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;C&oacute;mo podemos ir al altar con nuestra ofrenda cuando hay hermanos con los que no estamos en paz? Es muy frecuente. <strong>Tapamos en lo profundo del coraz&oacute;n esos sentimientos da&ntilde;inos, pero no desaparecen<\/strong>. Acudimos a la eucarist&iacute;a, signo de unidad y de amor fraterno, sin estar totalmente reconciliados con algunas personas. <strong>Guardamos rencor, desprecio, incluso odio<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;C&oacute;mo borrar del alma todo lo que nos hace da&ntilde;o? Una persona rezaba: &laquo;<em>He deseado desahogarme contra mis enemigos irrit&aacute;ndome con ellos, contestando sus ataques, enfad&aacute;ndome, queriendo evidenciar las acciones que a mis ojos parecen viles. Lo &uacute;nico que consigo es envenenar mi coraz&oacute;n recre&aacute;ndome en ello y cuanto m&aacute;s me regodeo pensando, m&aacute;s aumenta mi aversi&oacute;n y se hincha mi orgullo pero, &iquest;con qu&eacute; fin?&raquo;.<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl odio, la aversi&oacute;n, el rencor acumulado en el alma no nos libera, todo lo contrario. El otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;<em>El mal no libera. <strong>El mal ata<\/strong> a&uacute;n cuando se hace deliberadamente e incluso cuando se disfruta<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>. El mal nos esclaviza, nos hace m&aacute;s peque&ntilde;os. Endurece el coraz&oacute;n y lo hace incapaz para el amor.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMar&iacute;a nos ense&ntilde;a a amar. En Mar&iacute;a podemos recobrar esa belleza perdida por el pecado. Ella nos devuelve una mirada llena de paz. <strong>Le pedimos que nos ense&ntilde;e a perdonar, a reconciliarnos, a vivir con un coraz&oacute;n agradecido.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor otro lado, el Se&ntilde;or hoy nos invita a crecer en la <strong>fidelidad<\/strong> de nuestro amor: &laquo;<em>Hab&eacute;is o&iacute;do el mandamiento &lsquo;no cometer&aacute;s adulterio &rsquo;. Pues Yo os digo: &#8211; El que mira a una mujer casada dese&aacute;ndola, ya ha sido ad&uacute;ltero con ella en su interior.&nbsp;Si tu ojo derecho te hace caer, s&aacute;catelo y t&iacute;ralo. M&aacute;s te vale perder un miembro que ser echado entero en el infierno.&nbsp;Si tu mano derecha te hace caer, c&oacute;rtatela y t&iacute;rala, porque m&aacute;s te vale perder un miembro que ir a parar entero al infierno<\/em>&raquo;.&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s nos habla tambi&eacute;n del <strong>pensamiento<\/strong>. Nos pide no cometer adulterio. Pero pide m&aacute;s, no s&oacute;lo no pecar, no s&oacute;lo el m&iacute;nimo. &Eacute;l mira el interior, <strong>la intenci&oacute;n, el juicio, el deseo, el sentimiento<\/strong>. Conf&iacute;a en que podemos aspirar al m&aacute;ximo, aunque fallemos tantas veces.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA veces nos dejamos llevar por pensamientos de envidia, de celos, de victimismo, de juicio, de cr&iacute;tica, de queja. Nos cuesta pensar bien, no sospechar de los otros, ponernos en su lugar, comprenderles. Juzgamos y somos duros. &iquest;C&oacute;mo son mis pensamientos? &iquest;Los cuido?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQueremos pedirle a Mar&iacute;a, en el Santuario, que nos eduque a imagen de Jes&uacute;s, <strong>que nuestra forma de hablar, nuestro pensamiento, nuestros sentimientos, nuestros actos, nuestras decisiones, est&eacute;n llenos de Dios<\/strong>. Dios tiene que penetrar hasta lo m&aacute;s hondo de nuestro interior. &Eacute;l quiere llenarlo todo, todas las parcelas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPuedo elegir. Vivir con Dios o sin Dios. Vivir una vida plena o una vida incompleta, muchas veces vac&iacute;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl pecado nos aleja de Dios y nos hace ser infieles a sus deseos. Lo somos cuando dejamos de amar, cuando nuestra vida ya no es plena, cuando es carente e incompleta. Nos alejamos del camino marcado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s nos invita a despojarnos de lo que nos aleja de Dios, a cortar por lo sano. &iquest;Alg&uacute;n miembro est&aacute; enfermo? &iquest;Estamos enfermos? A veces nos dejamos llevar por nuestra enfermedad, por lo que es d&eacute;bil en nosotros y nos alejamos de Dios. Nos sentimos indignos y dejamos de luchar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTal vez tenemos que mirar el coraz&oacute;n y <strong>preguntarnos cu&aacute;l es nuestra parte enferma<\/strong>. A lo mejor el pensamiento, que juzga y condena, que critica y piensa de forma enredada. A lo mejor nuestros ojos que no ven la bondad en las personas. A lo mejor nuestras manos cargadas de violencia en lugar de caricias. A lo mejor nuestra lengua que no sabe contener los sentimientos y habla de forma inapropiada. A lo mejor nuestro coraz&oacute;n en el que no reina Dios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor &uacute;ltimo, el Se&ntilde;or hoy nos invita a vivir en la verdad: &laquo;<em>Hab&eacute;is o&iacute;do que se dijo a los antiguos: &#8211; No jurar&aacute;s en falso y cumplir&aacute;s tus votos al Se&ntilde;or. Pues yo os digo que no jur&eacute;is en absoluto. A vosotros os basta decir &lsquo;s&iacute;&rsquo; o &lsquo;no&rsquo;. Lo que pasa de ah&iacute; viene del Maligno<\/em>&raquo;. Mateo 5, 17-37.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s simplemente nos pide que no juremos y cumplamos los votos. Nos pide que digamos s&iacute; o no. Es lo que realmente importa en realidad. Nos pide que vivamos en la verdad, aceptando nuestra vida tal y como es, sin depender tanto de lo que los dem&aacute;s piensan de nosotros.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Alberto Reyes P&iacute;as, <em>Historia de una resistencia<\/em>, 117<\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy escuchamos hablar de la sabidur&iacute;a humana y de la sabidur&iacute;a de Dios. Es una sabidur&iacute;a que tiene que ver son los mandatos de Dios: &laquo;Si quieres, guardar&aacute;s los mandatos del Se&ntilde;or, porque es prudencia cumplir su voluntad; ante ti est&aacute;n puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-ley-del-amor\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa ley del&nbsp;amor\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30784","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30784","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30784"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30784\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30784"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30784"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30784"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}