{"id":30789,"date":"2016-06-11T01:41:18","date_gmt":"2016-06-11T06:41:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-luz-irradiamos\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:18","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:18","slug":"que-luz-irradiamos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/que-luz-irradiamos\/","title":{"rendered":"\u00bfQu\u00e9 luz irradiamos?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El ideal brilla ante nuestros ojos. Nos sentimos peque&ntilde;os, queremos crecer. Nuestra vida a veces es opaca. Sabemos los desaf&iacute;os que tenemos en el camino. La enfermedad, las dificultades familiares, la tristeza, el dolor, la soledad. Hay mucha oscuridad a nuestro alrededor, en nuestro interior. Mucha oscuridad en la vida de los que nos rodean. La oscuridad es ausencia de Dios, de esperanza, de eternidad. Esa falta de luz nos hace m&aacute;s conscientes de lo que nos queda por crecer.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi permanecemos unidos a Cristo seremos capaces de todo. <strong>Es importante que el ideal brille, que Cristo brille<\/strong> y nos muestre el camino. No vamos a desfallecer, no estamos dispuestos a dejar de luchar. No, <strong>queremos ser luz<\/strong> que ilumine a otros en su oscuridad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;D&oacute;nde podemos renovar la luz del alma? <strong>&iquest;D&oacute;nde se encuentra esa luz que no muere nunca?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa luz de nuestra l&aacute;mpara se apaga. El aceite que la mantiene encendida se consume. S&oacute;lo Cristo es la luz que no pasa, pero no siempre vivimos en su luz. A veces el pecado y el ego&iacute;smo nos hacen vivir hacia dentro, en la oscuridad del alma. Perdidos y tristes en medio de la noche.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQuisi&eacute;ramos tener luz siempre. Quisi&eacute;ramos, cuando la perdamos, volver el rostro hacia Cristo para tener luz. Sabemos <strong>que la luz se alimenta en el amor a Dios, en el encuentro silencioso en oraci&oacute;n, en la profundidad del alma<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Mar&iacute;a va a nuestro lado y se encarga de mantener encendida la llama del amor<\/strong>, la llama de Dios en nosotros. Camina a nuestro paso. Queremos pedirle que se quede y mantenga encendido el fuego del amor.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Somos luz cuando somos justos y manifestamos la verdad de la vida de Dios en el mundo<\/strong>. Somos luz cuando irradiamos un amor que no es el nuestro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUna vida entregada en la renuncia por amor a otros da mucha luz. Una vida gastada hasta la extenuaci&oacute;n. Una luz que ilumina hasta el &uacute;ltimo rayo de vida. Por ah&iacute; pasa nuestra vocaci&oacute;n, nuestro camino. Por ser luz que venza en medio de las sombras.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nuestra luz brilla m&aacute;s desde la humildad<\/strong>. Desde Dios alumbramos, porque &Eacute;l nos da su luz. Hay que ser humildes para poder reconocer que <strong>no es nuestra luz la que ilumina, sino la de Dios en nuestro coraz&oacute;n<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSan Pablo lo ten&iacute;a claro: &laquo;<em>Cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabidur&iacute;a, pues nunca entre vosotros me preci&eacute; de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y &eacute;ste crucificado. Me present&eacute; a vosotros d&eacute;bil y temblando de miedo; mi palabra y mi predicaci&oacute;n no fue con persuasiva sabidur&iacute;a humana, sino en la manifestaci&oacute;n y el poder del Esp&iacute;ritu, para que vuestra fe no se apoye en la sabidur&iacute;a de los hombres, sino en el poder de Dios<\/em>&raquo;. 1 Corintios 2, 1-5.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la honestidad de nuestra vida, en la humildad y sencillez. No es nuestra sabidur&iacute;a humana, es la de Dios. <strong>As&iacute;, temblando, con miedo, en nuestra pobreza, sin excusarnos, damos luz<\/strong>. Muchas personas se acercan de nuevo a la Iglesia al ver la humildad en nosotros, al descubrir gestos de misericordia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo dec&iacute;a el Papa Francisco, nuestra actitud es la de la <strong>espera atenta y humilde<\/strong>: &laquo;<em>Salir hacia los dem&aacute;s para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Es m&aacute;s bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencias para acompa&ntilde;ar al que se queda al costado del camino. A veces es como el padre del hijo pr&oacute;digo, que se queda con las puertas abiertas para que, cuando regrese, pueda entrar sin dificultad<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSucede cuando, desde la humildad, nos acercamos al que viene, o al que est&aacute; lejos, sin exigencias, sin pretensiones, sin imposiciones. Simplemente brillando porque es Cristo el que habita en nosotros. As&iacute;, <strong>con su luz, en nuestra pobreza<\/strong>. As&iacute; muchos podr&aacute;n acercarse al no sentirse juzgados, al no pensar que nuestra luz condena y expulsa. Al ver que <strong>nuestra vida s&oacute;lo quiere iluminar el camino y dar paz al que est&aacute; perdido. Acogiendo, perdonando<\/strong>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El ideal brilla ante nuestros ojos. Nos sentimos peque&ntilde;os, queremos crecer. Nuestra vida a veces es opaca. Sabemos los desaf&iacute;os que tenemos en el camino. La enfermedad, las dificultades familiares, la tristeza, el dolor, la soledad. Hay mucha oscuridad a nuestro alrededor, en nuestro interior. 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