{"id":30793,"date":"2016-06-11T01:41:26","date_gmt":"2016-06-11T06:41:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ofrecerlo-todo-entregarlo-todo\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:26","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:26","slug":"ofrecerlo-todo-entregarlo-todo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ofrecerlo-todo-entregarlo-todo\/","title":{"rendered":"Ofrecerlo todo, entregarlo&nbsp;todo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La luz de la que hoy hablamos es la luz que ilumina nuestra vida. <strong>A los ojos de Dios nada permanece oculto. La luz da vida y alegra el alma. <\/strong>En la luz no podemos ocultarnos, no hay escondite seguro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la luz de Dios somos como somos, sin tapujos, sin miedo. Su luz no nos intimida ni violenta. Su luz revela la verdad m&aacute;s honda de nuestra vida. <strong>La luz muestra la verdad y la verdad puede ser muy dolorosa. Nos cuesta ver nuestra propia verdad. A veces preferimos vivir en un claroscuro<\/strong>, en una mezcla de virtud y de pecado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Cristo, con su venida, ilumina el pecado y nos hace ver nuestra pobreza. En su luz nos invita a entregarlo todo<\/strong> sin reservas, a buscar siempre y s&oacute;lo su luz.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fiesta de hoy es una fiesta que nos abre a la esperanza y a la alegr&iacute;a. Cristo, que va a pasar por el sufrimiento, nos ense&ntilde;a que, <strong>a trav&eacute;s del dolor, se llega a la luz de la vida<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Muchos hoy no ven la luz<\/strong>, no creen, no esperan. Han ca&iacute;do en esa actitud negativa del que ya no espera nada de la vida. Hay muchas personas que necesitan nuestra luz, esa luz que brilla en nuestro coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el Templo entra la luz en los brazos de Jos&eacute; y de Mar&iacute;a. El templo de nuestra vida ha de tener las puertas abiertas, para que muchos puedan ver a Dios. Nuestra puerta santa tiene que estar siempre abierta. La puerta santa de nuestra Iglesia ha de estar abierta para que su luz ilumine el mundo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;<em>A menudo nos comportamos como controladores de fe y no como facilitadores. <strong>Pidamos al Se&ntilde;or que todos aquellos que se acerquen a la Iglesia encuentren las puertas abiertas<\/strong><\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nOjal&aacute; seguir a Jes&uacute;s nos ayude a que nuestra fe se haga vida, nuestras palabras se concreten en hechos. <strong>Que quien nos mire vea en nosotros a un Dios cercano, personal, incondicional. Que quien vea nuestros actos vea en ellos la luz de Dios<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fiesta de la Candelaria es una fiesta de alegr&iacute;a. Mar&iacute;a es el reflejo de esa luz, es el rostro que nos da la verdadera alegr&iacute;a. Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: &laquo;<strong><em>La alegr&iacute;a es uno de los afectos fundamentales de la vida humana<\/em><\/strong><em>. Quien no cultiva la alegr&iacute;a, arruina su car&aacute;cter hasta la m&eacute;dula. Una persona sin alegr&iacute;a es una persona enferma. Las falencias en el cultivo de la alegr&iacute;a son uno de los defectos m&aacute;s graves de la educaci&oacute;n<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTenemos que <strong>aprender a vivir nuestra vida con alegr&iacute;a, a disfrutar los peque&ntilde;os momentos. A valorarlos y agradecer<\/strong> a Dios por ellos. Contin&uacute;a el Padre Kentenich: &laquo;<em>Si siempre tomamos a Dios como la medida, si descansamos en Dios, <strong>si todo lo relacionamos a Dios, mantendremos una cierta serenidad<\/strong> aunque nuestro coraz&oacute;n se est&eacute; desangrando. Pero si no descansamos en Dios, si no somos hombres sobrenaturales, no esperemos tener siempre alegr&iacute;a. <strong>Para hallar lo eterno hay que saber gozar del sol en todas partes<\/strong> y cortar las flores que encontremos en el camino<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>En la medida en la que vivamos con alegr&iacute;a todo lo que nos ocurre, daremos luz a muchos<\/em>. Que puedan decirnos con frecuencia lo que le dec&iacute;an el otro d&iacute;a a una persona al llegar al trabajo: &laquo;<em>Hoy llegas llena de luz<\/em>&raquo;. As&iacute; deber&iacute;amos ser siempre los cristianos. Que no vivamos nunca apagados. Que la luz de nuestro amor brille en nuestros ojos y palabras. Que puedan ver a Dios en nosotros. Que el amor que recibimos se convierta en amor a muchos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy celebramos la fiesta de la luz, la fiesta de las candelas. Velas encendidas que anuncian a Cristo, su presencia, su fuego, su vida. Jos&eacute; y Mar&iacute;a llevan a Jes&uacute;s al Templo. Presentan la luz, la esperanza del pueblo que espera.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDice el profeta: &laquo;<em>Yo env&iacute;o a mi mensajero, para que prepare el camino delante de m&iacute;. Y en seguida entrar&aacute; en su Templo el Se&ntilde;or que vosotros busc&aacute;is<\/em>&raquo;. Malaqu&iacute;as 3, 1-4. Lo presentan cumpliendo lo que manda la ley: &laquo;<em>Cuando se cumplieron los d&iacute;as de la purificaci&oacute;n prescrita por la ley de Mois&eacute;s, llevaron al ni&ntilde;o a Jerusal&eacute;n para presentarlo al Se&ntilde;or, como prescribe la ley del Se&ntilde;or: Todo primog&eacute;nito var&oacute;n ser&aacute; consagrado al Se&ntilde;or. Ofrecieron tambi&eacute;n en sacrificio, como dice la ley del Se&ntilde;or, un par de t&oacute;rtolas o dos pichones<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Jes&uacute;s es presentado ante su Padre en obediencia a la ley<\/strong>. Antes, en Bel&eacute;n, los Reyes de Oriente hab&iacute;an venido a adorar al Ni&ntilde;o Dios nacido en lo oculto. Ahora, en el Templo, la luz llega al pueblo de Israel, al pueblo que esperaba al Mes&iacute;as. Llega a su Templo, a su casa. Llega a la casa de su Padre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEse mismo Templo en el que Jes&uacute;s ir&iacute;a en tantas ocasiones a orar, a alabar a Dios, a agradecer. Ese Templo en el que discuti&oacute; con los escribas de ni&ntilde;o. Ese Templo del que ech&oacute; a los mercaderes porque la casa de su Padre no era una cueva de ladrones. Ese Templo en el que repiti&oacute; las alabanzas del Se&ntilde;or y predic&oacute; el amor de su Padre. Ese Templo a trav&eacute;s del cual sus pasos recorrieron el camino hasta el Calvario. Fue la tierra de Dios, de su vida entre los hombres. Fue la presencia viva del Esp&iacute;ritu, all&iacute; donde descansaba y pod&iacute;a estar en paz. All&iacute; vivi&oacute; cada vez que caminaba hasta Jerusal&eacute;n. All&iacute; or&oacute; y descans&oacute;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy no va &Eacute;l, hoy es llevado. Fue su primera visita. <strong>Pasivamente llega hasta su Padre. Es ofrecido, entregado.<\/strong> Ser&aacute; el s&iacute;mbolo de su &uacute;ltima peregrinaci&oacute;n hasta la cruz. La antesala, el preludio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Hoy surge la luz en las tinieblas y pocos la ven<\/strong>. Es el comienzo de una nueva &eacute;poca y no lo saben. Comienza la esperanza verdadera pero reina todav&iacute;a la desesperanza. La luz de Dios llega al Templo, a los hombres, y lo ilumina todo con su presencia, pero los hombres no la reconocieron.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Son pocos los que comprenden<\/strong>, los que ven, los que entienden y alaban. Un anciano espera al Se&ntilde;or y da fe de su presencia: &laquo;<em>Hab&iacute;a en Jerusal&eacute;n un hombre llamado Sime&oacute;n, var&oacute;n justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel. El Esp&iacute;ritu Santo estaba en &eacute;l y le hab&iacute;a revelado que no morir&iacute;a antes de ver al Mes&iacute;as enviado por el Se&ntilde;or. Vino, pues, al Templo, movido por el Esp&iacute;ritu y, cuando sus padres entraban con el ni&ntilde;o Jes&uacute;s para cumplir lo que mandaba la ley, Sime&oacute;n lo tom&oacute; en sus brazos y bendijo a Dios diciendo: &#8211; Ahora, Se&ntilde;or, seg&uacute;n tu promesa, puedes dejar que tu siervo muera en paz. Mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, como luz para iluminar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Cristo es la luz<\/strong>. S&oacute;lo <strong>Sime&oacute;n<\/strong> anuncia y habla de Aquel que trae la esperanza. Toda una vida esperando ha merecido la pena. Ahora puede descansar en paz. Ha podido ver con sus ojos lo que tantos han esperado y no han visto. &Eacute;l s&iacute; lo ha visto. Ha cre&iacute;do. Ha esperado. No tiene la mirada de una persona gastada por la edad. Es joven, tiene la mirada de un ni&ntilde;o. <strong>Cree en la presencia del Mes&iacute;as oculta en la piel de un ni&ntilde;o<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMe impresiona la fe de este anciano. Movido por el Esp&iacute;ritu Santo fue al Templo a orar. Justo en ese momento. <strong>Toda la vida esperando y todo cobra sentido en un solo instante<\/strong>. Pod&iacute;a no haber escuchado la voz del Esp&iacute;ritu. Pod&iacute;a haber puesto objeciones y haber rehusado ir al Templo ese d&iacute;a. Sime&oacute;n aguardaba el consuelo de Israel.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iexcl;Cu&aacute;ntas veces queremos las cosas r&aacute;pidas! Nos cuesta aguardar<\/strong>, como Sime&oacute;n. Muchas veces en nuestra oraci&oacute;n le pedimos a Dios, no s&oacute;lo que se cumplan nuestros planes, sino que se cumplan en el plazo que nosotros queremos. En la medida y en el momento que nosotros queremos. No dejamos a Dios que tome posesi&oacute;n de nuestra historia, de nuestra vida. No dejamos que nos sorprenda, que se derrame su gratuidad sobre nosotros. Que desborde nuestro cauce.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSime&oacute;n dedic&oacute; toda su vida a algo que a nuestros ojos parece improductivo. Esperar. Aguardar. Sin ver nada durante tantos a&ntilde;os. No aguarda s&oacute;lo para &eacute;l. Eso es lo que le hace grande. Aguarda el consuelo de Israel. &Eacute;l, d&iacute;a y noche, implora en el Templo por su pueblo, para que por fin llegue el Mes&iacute;as que les salve y les acerque a Dios. Sin saber c&oacute;mo ser&iacute;a, ni cu&aacute;ndo. Es un don.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&Eacute;l recibi&oacute; <strong>el don de darse cuenta de la necesidad de su pueblo<\/strong>, &eacute;l vivi&oacute; con esperanza todos los d&iacute;as. Sent&iacute;a en su coraz&oacute;n que, tarde o temprano, se iba a cumplir esa promesa. Dios siempre cumple las promesas. Sobrepasa cualquier expectativa humana. Dios nunca nos deja solos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAh&iacute; se une a Mar&iacute;a en esa alabanza que le hizo su prima Isabel: &laquo;<em>Feliz t&uacute; que has cre&iacute;do porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;<\/em>&raquo;. <strong>Felices los que creen<\/strong> como los ni&ntilde;os. Felices los que aguardan, los que conf&iacute;an, los que se f&iacute;an de Dios. Los que esperan en &Eacute;l. Los que, como Sime&oacute;n, no desfallecen. Los que se mantienen fieles a esa intuici&oacute;n del coraz&oacute;n que un d&iacute;a vieron, a ese susurro de Dios en su alma, sin dudar. Hasta el final de su vida. Los que aguardan para otros. Los que piden para otros. <strong>Los que imploran por otros. Los que tienen paciencia y se adaptan a los ritmos de Dios. Los que mantienen los ojos abiertos<\/strong> como Sime&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSu misi&oacute;n, como la de la profetisa Ana, fue <strong>preparar con oraci&oacute;n, de la misma forma que Juan prepar&oacute; con su predicaci&oacute;n, el camino al Se&ntilde;or<\/strong>: &laquo;<em>Hab&iacute;a estado casada siete a&ntilde;os, siendo a&uacute;n muy joven, y despu&eacute;s hab&iacute;a permanecido viuda hasta los ochenta y cuatro a&ntilde;os. No se apartaba del Templo dando culto al Se&ntilde;or d&iacute;a y noche con ayunos y oraciones. Se present&oacute; en aquel momento y se puso a dar gracias a Dios y a hablar del ni&ntilde;o a todos los que esperaban la liberaci&oacute;n de Israel<\/em>&raquo;. Lucas 2, 22-40.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs el camino oculto, enterrado en el coraz&oacute;n. <strong>La oraci&oacute;n nadie la ve, pero mueve el mundo. Por la oraci&oacute;n de los que nos aman nuestra vida se sostiene. <\/strong>La misi&oacute;n de Sime&oacute;n y de Ana fue aguardar, orar. Orar d&iacute;a tras d&iacute;a, sin desfallecer, por el Mes&iacute;as. Nadie los sigui&oacute;. <strong>Dios le regala a cada hombre una misi&oacute;n y pone en su alma anhelos y dones para cumplirla<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Ana<\/strong> era una mujer que hab&iacute;a sufrido mucho. Toda una vida en soledad alabando y dando gracias en el Templo. Una mujer paciente y buscadora. Una mujer llena de Dios que espera al Mes&iacute;as pacientemente. Pas&oacute; toda su vida en el Templo, d&iacute;a y noche esperando, so&ntilde;ando, confiando. Igual que Sime&oacute;n. &iexcl;Qu&eacute; fe m&aacute;s grande!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJos&eacute; y Mar&iacute;a aprendieron a guardarlo todo en su coraz&oacute;n, a&uacute;n sin comprender: &laquo;<em>Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se dec&iacute;an de &Eacute;l. Sime&oacute;n los bendijo y dijo a Mar&iacute;a, su madre: &#8211; Mira, este ni&ntilde;o har&aacute; que muchos caigan o se levanten en Israel. Ser&aacute; signo de contradicci&oacute;n, y a ti misma una espada te atravesar&aacute; el coraz&oacute;n; as&iacute; quedar&aacute;n al descubierto las intenciones de muchos<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs un mensaje de esperanza pero tambi&eacute;n se anuncia el dolor de la cruz. Una espada que atravesar&aacute; su coraz&oacute;n. <strong>Mar&iacute;a y Jos&eacute; no comprenden todo. Tal vez el coraz&oacute;n no puede entenderlo todo de golpe<\/strong>. S&oacute;lo puede asumir una parte.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComprendieron la bendici&oacute;n de Sime&oacute;n y supieron que era una se&ntilde;al que confirmaba esa misi&oacute;n tan impresionante que Dios les hab&iacute;a confiado. Ser padres del Mes&iacute;as, cuidar al Salvador. &iexcl;Cu&aacute;ntos peligros se cern&iacute;an sobre sus vidas!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMar&iacute;a y Jos&eacute; inician una peregrinaci&oacute;n sagrada. Regresan a Nazaret cuando todo ha concluido. All&iacute;, en lo oculto, contin&uacute;a la vida ordinaria de Jes&uacute;s: &laquo;<em>Regresaron a su ciudad de Nazaret. El ni&ntilde;o crec&iacute;a y se fortalec&iacute;a llen&aacute;ndose de sabidur&iacute;a, y contaba con la gracia de Dios<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNada extraordinario volvi&oacute; a ocurrir. Ning&uacute;n otro mensaje venido por boca de Sime&oacute;n y de Ana. &iquest;Y si estaban equivocados? &iquest;Y si todo hab&iacute;a sido producto de su imaginaci&oacute;n?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>A veces en la vida dudamos de nuestras grandes certezas. El silencio de Dios. El fracaso. La p&eacute;rdida<\/strong>. Todo ello nos hace dudar. <strong>A lo mejor no ten&iacute;amos una misi&oacute;n tan grande. Mar&iacute;a y Jos&eacute; en Nazaret hablan de espera paciente.<\/strong> Hablan de esa capacidad de escuchar a Dios y guardar como un tesoro en el alma todo lo que nos dice. Ellos guardan las promesas de Dios y no desconf&iacute;an.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNosotros <strong>a veces olvidamos nuestras certezas, olvidamos las palabras que Dios nos dijo, que otros nos dijeron. Vivimos superficialmente y la voz de Dios la apagan los ruidos. Queremos aprender a guardar todo en el coraz&oacute;n.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fiesta de hoy es la presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s a su Padre. Jos&eacute; y Mar&iacute;a lo presentan, lo ofrecen. Ofrecen aquello que m&aacute;s aman. <strong>La fiesta de la Candelaria nos invita a ofrecer aquello que m&aacute;s queremos. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Padre Kentenich dice en el libro <em>Hacia el Padre<\/em>: &laquo;<em>Al Hijo, que concebiste por obra del Esp&iacute;ritu Santo, ahora en el Templo, llena de anhelos de redenci&oacute;n y con tu mirada maternal fija en nosotros, lo devuelves al Padre regal&aacute;ndolo sin reservas. Al igual que t&uacute; entrego por los hombres aquello que m&aacute;s amo<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>La vida de Jes&uacute;s es ofrenda. Es ofrecido desde su nacimiento a su Padre. Y a trav&eacute;s de su Padre a los hombres. No se guarda nada Mar&iacute;a<\/strong>. Lo entrega ahora en el Templo de la misma forma que lo entregar&aacute; m&aacute;s tarde al pie de la cruz. Dios se lo pide todo y Ella lo entrega todo. Mar&iacute;a no quiere que nos guardemos nada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iquest;Qu&eacute; es aquello que nos cuesta m&aacute;s entregar?<\/strong> Muchas cosas est&aacute;n atadas en nuestra vida. No queremos soltarlas, no queremos perderlas. Dios nos invita hoy a entregarlas. Las ofrecemos en el fuego del amor de Cristo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMar&iacute;a nos invita a ser m&aacute;s generosos. &iquest;Qu&eacute; guardamos con miedo a perder? <strong>Que Dios pueda tomar todo lo que hay en nosotros.<\/strong> Le decimos que s&iacute; a Dios muchas veces, que se lo damos todo. Pero luego, cuando ese todo se concreta, echamos con miedo marcha atr&aacute;s. Nos asusta no poder resistir la p&eacute;rdida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Hoy, en la fiesta de la luz, le entregamos todo lo que hay en nuestra vida. Nuestros apegos, aquello que m&aacute;s amamos. Lo hacemos porque es suyo, porque a Dios le pertenece todo lo que somos y tenemos<\/strong>.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich<em>, <\/em><em>Familia, Reino de Mar&iacute;a<\/em>, Retiro de Federaci&oacute;n de Matrimonios, 31. 05 &ndash; 04. 06. 1950<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> J. Kentenich, <em>Familia, Reino de Mar&iacute;a<\/em><em>,<\/em> Retiro de Federaci&oacute;n de Matrimonios, 31. 05 &ndash; 04. 06. 1950<\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban La luz de la que hoy hablamos es la luz que ilumina nuestra vida. A los ojos de Dios nada permanece oculto. La luz da vida y alegra el alma. En la luz no podemos ocultarnos, no hay escondite seguro. &nbsp; En la luz de Dios somos como somos, sin tapujos, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/ofrecerlo-todo-entregarlo-todo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abOfrecerlo todo, entregarlo&nbsp;todo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30793","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30793","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30793"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30793\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30793"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30793"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30793"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}