{"id":30795,"date":"2016-06-11T01:41:31","date_gmt":"2016-06-11T06:41:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-vida-te-parece-una-guerra\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:31","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:31","slug":"la-vida-te-parece-una-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-vida-te-parece-una-guerra\/","title":{"rendered":"\u00bfLa vida te parece una&nbsp;guerra?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Le exigimos a la vida ser felices, tener una vida plena y llena. Queremos que las bienaventuranzas que un d&iacute;a el Se&ntilde;or nos dej&oacute; como camino de vida sean una constante en nuestro coraz&oacute;n. S&iacute;, queremos ser plenamente hombres, plenamente de Dios, plenamente libres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMamerto Menapace, un monje benedictino, dec&iacute;a: &laquo;<em>Ser felices no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la &uacute;nica diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tenga sino que con la actitud con la que enfrente los que le tocan. <strong>Las alegr&iacute;as, cuando se comparten, se agrandan. Con las penas pasa al rev&eacute;s, se achican. Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el coraz&oacute;n.<\/strong> Y un coraz&oacute;n dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegr&iacute;as y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero muchas veces tenemos la sensaci&oacute;n de no ser felices, de no ser plenos ni bienaventurados. Tal vez es que nuestro coraz&oacute;n no se ha dilatado lo suficiente. <strong>La felicidad es una gracia que se recibe cuando no se espera y se encuentra cuando no se busca.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;<em>Esta vida es una guerra<\/em>&raquo;. No me gusta mucho esta afirmaci&oacute;n. La vida es lucha, es cierto. A veces una lucha exigente y dura. En muchos casos puede ser injusta. En ocasiones la cruz pesa demasiado. Hay vidas que no encuentran un sentido y sufrimientos que desbordan las capacidades humanas. <strong>Abismarse en el coraz&oacute;n humano es toda una aventura y muchas veces uno encuentra sombras<\/strong>, dolores, amargura, oscuridad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero no creo que la vida se pueda definir como una guerra. En la guerra uno mata y ve enfrente enemigos contra los que luchar. En la guerra se pierde mucho m&aacute;s de lo que se gana. Una guerra despierta el odio y la rabia, la ira y la violencia. <strong>No creo que la vida sea una guerra<\/strong>. Hay sufrimiento y dolor, es verdad. Hay amargura y sinsentido. Exige renuncias y sacrificio. Pero <strong>en medio de tanta oscuridad, en medio de las injusticias y los dramas, est&aacute; Cristo resucitado<\/strong>, vivo, lleno de amor y esperanza.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCristo no se baja de nuestra vida, no permanece indiferente ni olvida nuestro dolor. Este domingo escucharemos: &laquo;<em>Por haber experimentado personalmente la prueba y el sufrimiento, &Eacute;l puede ayudar a aquellos que est&aacute;n sometidos a la prueba<\/em>&raquo;. Hebreos 2, 14-18.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&iacute;, en medio de la oscuridad est&aacute; Cristo. <strong>En medio del dolor &Eacute;l es el que sana, &Eacute;l ya ha sufrido y nos levanta<\/strong>. &Eacute;l es la causa de la verdadera alegr&iacute;a y de la paz definitiva. La esperanza no muere a su lado, todo lo contrario, la esperanza renace.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;<em>El Magn&iacute;ficat es el c&aacute;ntico de la esperanza. Es el c&aacute;ntico de tantos santos y santas, algunos conocidos, otros desconocidos, pero que Dios conoce bien, que han afrontado la lucha por la vida llevando en el coraz&oacute;n la esperanza de los peque&ntilde;os y humildes. Mar&iacute;a est&aacute; all&iacute;, cercana a esos hermanos nuestros, camina con ellos, sufre con ellos, y canta con ellos el Magn&iacute;ficat de la esperanza<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>En Mar&iacute;a renace la esperanza. Ella, que alumbra el sol sin ocaso, nos da luz en medio de las tinieblas. Ella, la Virgen de las candelas<\/strong>, es la llena de luz, la que trasparenta con su vida el amor de Dios. La que, entonando el canto de los peque&ntilde;os, se hace peque&ntilde;a para que Cristo brille.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMe gustar&iacute;a pensar que <strong>mi b&uacute;squeda apresurada de la felicidad me conduce siempre a Mar&iacute;a y descansa en Ella. Muchas veces me contagio de las prisas, me agobio e inquieto y me dejo llevar por los dolores. No contemplo a Mar&iacute;a que camina despacio, llena de paz<\/strong>, llena de sol, llena de vida. <strong>Se me nubla la vista y la felicidad se esfuma, y la risa, y la vida misma se vuelve guerra.<\/strong> Y veo enemigos en las sombras, por todas partes, dentro de m&iacute; mismo. Y me creo que tengo que atacar y defenderme. Y me olvido de sembrar paz con mis palabras y mis gestos. Y desaparece la luz de mi vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEntonces deja de tener sentido tanto amor que he recibido y <strong>se me olvida que mi nombre est&aacute; escrito en el cielo para siempre. Y miro entonces a Mar&iacute;a<\/strong>, portadora de Dios, custodia viva. La miro a Ella para <strong>descansar en su coraz&oacute;n<\/strong>: &laquo;<em>Felices quienes saben experimentar gratitud por todo lo que la vida les ha regalado<strong>. Felices quienes se reservan cada d&iacute;a unos momentos de silencio para entrar gozosos en su coraz&oacute;n<\/strong>. Felices quienes no se dejan abatir por los problemas, ni se complacen excesivamente en sus &eacute;xitos. Felices quienes se conmueven y luchan por eliminar la miseria, el odio y la injusticia. Felices quienes viven en la esperanza y la confianza<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&iacute;, feliz cuando agradezco sin quejarme, cuando camino sin reproch&aacute;rmelo todo, cuando conf&iacute;o sin temer los imprevistos, cuando espero sin echar en cara infidelidades. S&iacute;, <strong>feliz t&uacute;, Mar&iacute;a, que me consuelas y levantas y me ense&ntilde;as que el &uacute;nico camino es el de ser d&oacute;ciles y libres, peque&ntilde;os y confiados<\/strong>. S&iacute;, s&oacute;lo as&iacute; renace la esperanza. En el brillo de esos ojos de Madre que nos esperan siempre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs verdad que <strong>a veces me olvido y vivo sin vivir en m&iacute;, descentrado, perdido. Buscando desesperado razones para esperar. Apresado en los miedos que no entiendo. En esos momentos la vida no tiene sentido. <\/strong>Con nuestra mirada, con esa percepci&oacute;n confusa. Lo sabemos, &iexcl;cu&aacute;ntas personas viven as&iacute; a diario! Aisladas en sus problemas, abrumadas por sus miedos, ofuscadas en caminos sin salida. No encuentran ayuda, a veces ya no la buscan.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nos olvidamos de lo esencial: nos necesitamos los unos a los otros. Dios nos quiere atraer a su coraz&oacute;n y nos regala lazos humanos que nos lleven al cielo<\/strong>.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Le exigimos a la vida ser felices, tener una vida plena y llena. Queremos que las bienaventuranzas que un d&iacute;a el Se&ntilde;or nos dej&oacute; como camino de vida sean una constante en nuestro coraz&oacute;n. 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