{"id":30796,"date":"2016-06-11T01:41:33","date_gmt":"2016-06-11T06:41:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-inicio-del-camino-vienes-conmigo\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:33","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:33","slug":"el-inicio-del-camino-vienes-conmigo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/el-inicio-del-camino-vienes-conmigo\/","title":{"rendered":"El inicio del camino: \u00bfVienes&nbsp;conmigo?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El camino de Jes&uacute;s comienza con la invitaci&oacute;n a la conversi&oacute;n y con la sanaci&oacute;n de enfermedades y dolencias: &laquo;<em>Entonces comenz&oacute; Jes&uacute;s a predicar diciendo: &#8211; Convert&iacute;os, porque est&aacute; cerca el reino de los cielos. Recorr&iacute;a toda Galilea, ense&ntilde;ando en las sinagogas y proclamando el Evangelio del Reino, curando las enfermedades y dolencias del pueblo<\/em>&raquo;. Mateo 4, 12-23.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuenta c&oacute;mo empez&oacute; Jes&uacute;s su vida p&uacute;blica. 30 a&ntilde;os sin saber nada, oculto en Nazaret. <strong>Siempre es una aventura comenzar a caminar. Sacar por fin todo lo que est&aacute; en el alma. Uno intuye cu&aacute;l es su misi&oacute;n, su sue&ntilde;o, su estilo de darse y, de repente, comienza el camino<\/strong>. Comienza a desplegar hacia fuera lo que hasta ahora s&oacute;lo estaba en su coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s tendr&iacute;a, como todos cuando empezamos algo, mucha <strong>ilusi&oacute;n<\/strong> de darse, de realizar la misi&oacute;n para la que hab&iacute;a venido al mundo. Tambi&eacute;n tendr&iacute;a la <strong>incertidumbre<\/strong>. No sab&iacute;a c&oacute;mo iba a ser, qu&eacute; pasar&iacute;a. Comenz&oacute; profundamente atado al Padre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn pocas l&iacute;neas, sin muchos detalles, el Evangelio nos cuenta d&oacute;nde viv&iacute;a Jes&uacute;s, lo que hac&iacute;a durante el d&iacute;a y c&oacute;mo llam&oacute; a algunos a seguirle. Son sus comienzos. Lo cuenta muy sencillamente, como para situarnos. Recorr&iacute;a Galilea. Dej&oacute; Nazaret y se fue a la ciudad m&aacute;s cercana, a la orilla del lago Tiber&iacute;ades.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPara &Eacute;l ser&iacute;a muy familiar el paisaje de las barcas y la pesca, el lago y los pescadores. Era lo m&aacute;s cotidiano. Se trataba de su lugar para rezar, la monta&ntilde;a, el lago. Es bonito saber d&oacute;nde viv&iacute;a y d&oacute;nde comenz&oacute; a dar sus primeros pasos. Jes&uacute;s quer&iacute;a estar en la vida, en medio de los hombres. Dej&oacute; su lugar de infancia y comenz&oacute; en un nuevo lugar. Mar&iacute;a lo seguir&iacute;a de cerca.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s pasa en medio de los hombres, en medio de la cotidianeidad de su vida, en el trabajo, en sus problemas. Pasa predicando, curando, haciendo el bien. Con &Eacute;l comienza el Reino de Dios entre los hombres. Y el signo visible para reconocer su presencia es la curaci&oacute;n de enfermedades y dolencias.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo;Un coraz&oacute;n misionero sabe de esos l&iacute;mites y se hace &lsquo;d&eacute;bil con los d&eacute;biles, todo para todos&rsquo; (1 Co 9,22). Nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva. No renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&iacute;, <strong>Jes&uacute;s viene a calmar el sufrimiento del alma<\/strong>. El sufrimiento m&aacute;s oculto y el reconocido. Se involucra con los hombres. Le importan sus vidas, su dolor, sus sufrimientos. Corre el riesgo de mancharse con el barro del camino. No se queda escondido, protegido, seguro. No, se expone. <strong>Es la misi&oacute;n de Jes&uacute;s, es nuestra misma misi&oacute;n<\/strong>, seguir sus pasos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa vocaci&oacute;n de los primeros ap&oacute;stoles siempre nos conmueve. &laquo;<em>Pasando junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Sim&oacute;n, al que llaman Pedro, y a Andr&eacute;s, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo: -Venid y seguidme, y os har&eacute; pescadores de hombres. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jes&uacute;s los llam&oacute; tambi&eacute;n. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Jes&uacute;s no quiere estar solo<\/strong>. Quiere compartir su misi&oacute;n, formar una comunidad, caminar con ellos. Los necesita y llama a algunos. Son los que van a acompa&ntilde;arle toda la vida. &iquest;Por qu&eacute; los elige a ellos? Son dos parejas de hermanos. Los cuatro primeros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn Lucas dice que se pas&oacute; toda la noche orando antes de elegirlos. Era un momento importante en su vida y necesitaba hablarlo con su Padre. De la monta&ntilde;a al lago, as&iacute; era su vida en su comienzo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMateo nos dice que Jes&uacute;s los vio. <strong>Siempre es Dios quien nos ve primero<\/strong>. Pasamos la vida queriendo encontrarnos con el Se&ntilde;or en nuestra vida. Nos gustar&iacute;a verle acercarse a nuestra vida, tocar nuestra barca, invitarnos a seguir sus pasos. Jes&uacute;s s&oacute;lo pide lo que podemos dar. A los ap&oacute;stoles les pide seguir pescando. Les invita a seguir haciendo lo que ya hacen.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Jes&uacute;s viene a los disc&iacute;pulos, a su vida, a su mundo. Va hasta nuestro rinc&oacute;n<\/strong>, a nuestra vida cotidiana, a nuestro trabajo. Se acerca y nos mira. &iquest;Qu&eacute; ver&iacute;a en ellos? Es un misterio. &iquest;Qu&eacute; ve en nosotros? Seguramente vio su sencillez, su verdad. Eran s&oacute;lo pescadores que no sab&iacute;an nada de leyes. No hablar&iacute;an especialmente bien, ni ser&iacute;an quiz&aacute;s tan religiosos. Pero Dios se fija en su coraz&oacute;n sencillo y pobre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMira a aquel que cumple su trabajo fielmente. Ese trabajo peque&ntilde;o y necesario. Mira al que no se cree nadie especial y est&aacute; abierto, porque no cree que lo sepa todo. Se acerc&oacute; y los mir&oacute;. Estaban pescando. En su barca. Estaban en medio de su vida, de lo que hac&iacute;an todos los d&iacute;as.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Jes&uacute;s llega as&iacute; en lo cotidiano<\/strong>, en la normalidad del d&iacute;a a d&iacute;a. No lo esperaban, no lo buscaban en ese momento. No es lo mismo que el relato de Juan en el que Andr&eacute;s y Juan buscaban al Maestro para saber d&oacute;nde viv&iacute;a. Aqu&iacute; es diferente. Estaban pescando y Cristo irrumpe. Se hace parte de sus vidas. Y les abre horizontes nuevos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s les llama a un mar m&aacute;s grande, a una pesca m&aacute;s profunda. Les llama a seguirle y dejar atr&aacute;s sus miedos. Les pide que vayan tras sus pasos, con &Eacute;l, sin explicarles hacia d&oacute;nde. Les cambia el fin de su pesca, les ampl&iacute;a los horizontes. Les muestra que su vida y su misi&oacute;n pueden ser mucho m&aacute;s grandes.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Qu&eacute; entendieron los disc&iacute;pulos aquella tarde? &iquest;Qu&eacute; vislumbraron en medio de la oscuridad de la llamada? &iquest;C&oacute;mo llegaron a fiarse? No les da un programa de lo que van a hacer, de qu&eacute; van a vivir. No les cuenta en qu&eacute; va a consistir su vida a partir de ahora. S&oacute;lo les dice que le sigan. Que est&eacute;n con &Eacute;l.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs la llamada que nos hace Jes&uacute;s a cada uno de nosotros. Nos mira en nuestra vida, se acerca a lo m&aacute;s cotidiano y rutinario, a lo diario, a nuestro lago.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY ah&iacute; nos pregunta si queremos estar con &Eacute;l. Nos promete que le dar&aacute; sentido a todo, que nuestra vida tendr&aacute; m&aacute;s profundidad. Sencillamente pregunta: &laquo;&iquest;Me sigues?&raquo; Quiere que vayamos con &Eacute;l, y nos har&aacute; pescadores de hombres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEse &laquo;venid conmigo&raquo; es la clave. Ellos se fiaron. Se lanzaron sin mucha l&oacute;gica, porque confiaban en &Eacute;l.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Hay personas que nos dan confianza<\/strong>, que tienen algo que cuando nos piden cualquier cosa nos fiamos a ciegas, sin preguntar. Sin hacer c&aacute;lculos. La confianza y el fiarse es la mejor manera de empezar a recorrer cualquier camino.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iexcl;Cu&aacute;nto desconfiamos de los otros<\/strong>, de las propuestas de los dem&aacute;s! Sospechamos de sus intenciones y del inter&eacute;s que persiguen. Nos cuesta pensar que alguien nos pueda mirar con un coraz&oacute;n limpio, nos cuesta creer en la inocencia. Nos cuesta confiar. Nos reservamos algo, por si acaso.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nImpresiona que estos cuatro hermanos dejaran sus redes inmediatamente y le siguieran. Es la verdadera vocaci&oacute;n. Jes&uacute;s, el Mes&iacute;as, quer&iacute;a que ellos, que no sab&iacute;an nada, estuvieran con &Eacute;l. <strong>Jes&uacute;s cre&iacute;a en ellos, en sus capacidades, en sus fuerzas, m&aacute;s que ellos mismos. <\/strong>Se fiaba de su fidelidad, de su inocencia. &iquest;Hay alguien en mi vida que me mire de esta forma? &iquest;Alguien que conf&iacute;e tanto en m&iacute;?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Yo estar&iacute;a dispuesto a hacer cualquier cosa que esa persona me pidiera? &iquest;Miro yo a alguien con esa misma confianza? &iquest;En qui&eacute;n pongo mi confianza? <strong>Los disc&iacute;pulos vieron en Jes&uacute;s esa autoridad y se fiaron y su vida cambi&oacute; para siempre.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando escuchamos que los disc&iacute;pulos lo dejaron todo inmediatamente nos conmovemos. Nos sorprende la prontitud, la inmediatez de la respuesta. &iquest;Ser&iacute;amos nosotros capaces de dejarlo todo? <strong>&iquest;Estar&iacute;amos dispuestos a renunciar a nuestros h&aacute;bitos, a nuestros gustos, para seguir sus pasos? Surgen las dudas. Nos hemos acomodado.<\/strong> Nos da miedo arriesgar y perder. No estamos tan convencidos de la victoria final.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Papa Francisco en la Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica: &laquo;<em>Es la conciencia de derrota la que nos convierte en pesimistas quejosos y desencantados con cara de vinagre. Nadie puede emprender una lucha si de antemano no conf&iacute;a plenamente en el triunfo<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl fundamento de nuestra misi&oacute;n es la uni&oacute;n con Cristo. Eso es lo que nos hace confiar en la victoria final. Jes&uacute;s nos recuerda que cada d&iacute;a se acerca a nosotros, a ese lugar donde estamos, nos ve, nos llama, nos pide que vivamos con &Eacute;l. Su llamada siempre implica dejar nuestras redes cuando le seguimos. Cada uno sabe qu&eacute; redes. No quiere decir que nuestra vida, la de todos, tenga que cambiar hacia fuera. Quiz&aacute;s en algo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA lo mejor ese &laquo;ven conmigo&raquo; para m&iacute; es vivir internamente pegado a &Eacute;l y despegado de otras redes que me atan. Miedos, complejos, ego&iacute;smos, quejas, mediocridad, falta de amor, de alegr&iacute;a. Redes cargadas de indiferencia, de bienes materiales, de seguridades. <strong>&iquest;Qu&eacute; red es la que tengo que dejar para seguir a Jes&uacute;s?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s nos invita a vivir con &Eacute;l, a caminar a su lado. Eso es lo que Jes&uacute;s les pide a los disc&iacute;pulos. Les pide que den el primer paso. El resto no lo sab&iacute;an. Jesus est&aacute; con nosotros, y por eso es posible anunciar, salir,&nbsp;ponernos&nbsp;en camino y llegar&nbsp;al lugar&nbsp;al que nos invita a ir.&nbsp;Con &Eacute;l ard&iacute;an sus corazones, con &Eacute;l nuestro coraz&oacute;n cambia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Padre Jos&eacute; Kentenich nos dec&iacute;a: &laquo;<em>Que cada d&iacute;a sea para ustedes una brasa ardiente que queme todo lo mundano y mediocre que hay en el alma y desarrolle todo lo eterno y divino para ser de este modo una llama ardiente<\/em>&raquo;[1].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQuisi&eacute;ramos vivir nuestra relaci&oacute;n con el Se&ntilde;or como expresa la oraci&oacute;n de esta persona: &laquo;<em>Se&ntilde;or de mis miedos y mis sue&ntilde;os. El due&ntilde;o de mi camino. El hacedor de mis pasos. Se&ntilde;or, a veces esquivo, a veces paciente. A mi puerta. Esperando. Dame la luz de tus ojos, la paz de tu risa f&aacute;cil. El fuego que arde en tu alma. Dame ser manso y humilde. Dame ser capaz del cielo. Trepador de las alturas. D&eacute;jame acariciar tus vientos. Entonar tus melod&iacute;as. D&eacute;jame ser el agua que calme tantos incendios. La sombra que d&eacute; paz a los sedientos. D&eacute;jame andar descalzo. Desnudo de tantos derechos. Vac&iacute;o de mis prejuicios. Libre de mis pretensiones. D&eacute;jame ser tuyo siempre, mi Se&ntilde;or<\/em>&raquo;. El camino lo recorremos a su lado, confiando.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s les dice a los disc&iacute;pulos que su vida ser&aacute; m&aacute;s grande y eso les apasiona. Les har&aacute; pescadores de hombres. &iquest;Por qu&eacute; no les propuso el Se&ntilde;or algo m&aacute;s concreto? &iquest;Qu&eacute; significaba pescar hombres? Lo siguieron, se fiaron, lo dejaron todo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDejaron la barca y las redes. Era lo que ellos dominaban. Dejaron el mar, ese lago inmenso y enigm&aacute;tico. Se aventuraron en la profundidad de la tierra. El mundo es vasto y su misi&oacute;n era grande, tal vez demasiado grande para sus fuerzas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEllos sab&iacute;an pescar peces. Conoc&iacute;an el mar y sus leyes. Sab&iacute;an de la noche porque muchas noches hab&iacute;an estado bregando con las aguas. Conoc&iacute;an los cielos y sab&iacute;an cu&aacute;ndo llegaba la tormenta. Sab&iacute;an hacer silencio para que no se alterara la paz de la noche y de la pesca. S&iacute;, conoc&iacute;an su oficio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero ahora <strong>el Se&ntilde;or les ped&iacute;a abandonar todo lo que conoc&iacute;an. Como si tuvieran que volver a comenzar<\/strong>. &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil! Normalmente pensamos que Dios va a utilizar siempre nuestros conocimientos. Pero ahora, la pesca de la que habla el Se&ntilde;or es otra. Pescar hombres se hace sin barca y sin redes. Extra&ntilde;a pesca. Utilizar&aacute;, eso s&iacute;, la paciencia que ten&iacute;an para saber esperar la pesca cada d&iacute;a, su perseverancia, su fe. Y esa pasi&oacute;n por la meta que encend&iacute;a sus ojos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s les pide vivir con &Eacute;l y ellos dicen que s&iacute;, que est&aacute;n dispuestos. Dejan sus redes y lo siguen. <strong>El seguimiento implica un camino<\/strong>. Jes&uacute;s es el caminante, el peregrino. Ellos le siguen, all&iacute; donde &Eacute;l vaya.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPienso en <strong>los que se han consagrado a Dios<\/strong>, han cambiado su vida radicalmente, su pesca, y lo han dejado todo por una llamada m&aacute;s fuerte. Han comenzado a seguir a Jes&uacute;s para ser sus manos y sus pies.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSon aquellos que renuncian al anhelo de formar una familia para estar a solas con Jes&uacute;s, renuncian al derecho de tener una vida propia para servir otras vidas de forma desinteresada y pescar hombres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHacen falta muchos hombres que quieran ser pescadores de hombres, servir a otros, partirse como Cristo. Son aquellos que no se reservan nada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTenemos que rezar por todos los consagrados, por su fidelidad, para que esa primera llamada la guarden en su coraz&oacute;n para siempre y para que otros muchos se unan si es &eacute;se su camino.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPienso no s&oacute;lo en ellos, sino en todos. Porque, <strong>sea cual sea nuestra vocaci&oacute;n, hay algo muy verdadero en esta primera llamada tan sencilla: &laquo;Ven conmigo&raquo;, y en la respuesta, tan fuerte: &laquo;Lo dejaron todo&raquo;<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs importante renovar este s&iacute; cada d&iacute;a y acordarnos de que Dios nos ha elegido para pescar hombres. Nos ha llamado por nuestro nombre como nos recuerda el Papa Francisco: &laquo;<em>Dios siempre habla personalmente, por el nombre, nunca a las masas<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCon &Eacute;l no tenemos nada que temer. A su lado podemos ganar hombres para Dios. Porque pescar hombres para Dios es fascinante.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe trata de ser pacientes y misericordiosos, de aguardar en sus vidas a que abran a Dios su coraz&oacute;n. Se trata de poder calmar sus heridas y sanar esas almas que sufren. Y lo hacemos desde nuestro lugar, desde nuestra barca. Desde el coraz&oacute;n de Dios porque ah&iacute; es donde &Eacute;l nos hace capaces para amar, para dar la vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPodremos as&iacute; dar de beber a los sedientos y de comer a los que sufren hambre con nuestras manos d&eacute;biles. A su lado los caminos se har&aacute;n cortos y la mies abundante dejar&aacute; de ser inabarcable. A su lado lo imposible ser&aacute; posible y la vida se llenar&aacute; de luz aunque sea de noche.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[1] J. Kentenich, Cartas del Carmelo, 1942<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban El camino de Jes&uacute;s comienza con la invitaci&oacute;n a la conversi&oacute;n y con la sanaci&oacute;n de enfermedades y dolencias: &laquo;Entonces comenz&oacute; Jes&uacute;s a predicar diciendo: &#8211; Convert&iacute;os, porque est&aacute; cerca el reino de los cielos. 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