{"id":30797,"date":"2016-06-11T01:41:35","date_gmt":"2016-06-11T06:41:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-estar-vinculado-y-ser-libre-a-la-vez\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:35","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:35","slug":"es-posible-estar-vinculado-y-ser-libre-a-la-vez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-estar-vinculado-y-ser-libre-a-la-vez\/","title":{"rendered":"\u00bfEs posible estar vinculado y ser libre a la&nbsp;vez?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Nos hemos acostumbrado a vivir apegados a nuestros intereses, a nuestros bienes y comodidades. El apego es un v&iacute;nculo natural. Los apegos no son malos necesariamente. De hecho, para saber si un apego nos hace mal, ponemos a su lado el adjetivo &laquo;desordenado&raquo;. Entonces se trata de un apego que no est&aacute; en orden. Sabemos que el v&iacute;nculo nos est&aacute; haciendo da&ntilde;o y nos esclaviza.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn general nacemos para apegarnos y <strong>los apegos sanan la herida de soledad que hay en el alma. Nos vinculamos y as&iacute; crecemos.<\/strong> Desde que somos ni&ntilde;os nos vinculamos a los lugares y a las personas y no nos gusta perder lo que tenemos, nuestras posesiones.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl problema es que <strong>nos cuesta aprender a vincularnos de forma sana<\/strong> con las personas, los bienes, los lugares, los ideales. &iquest;C&oacute;mo aprendemos a ser m&aacute;s libres de nuestros apegos?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Padre Jos&eacute; Kentenich, al hablar de los sacerdotes que fueron a la c&aacute;rcel durante la primera guerra mundial comentaba: &laquo;<em>Hay sacerdotes que en todos los ejercicios descienden a los infiernos, que no quisieran hacer ning&uacute;n ejercicio sin la meditaci&oacute;n sobre el infierno, pero que se derrumban con las cosas m&aacute;s sencillas de la vida diaria, en cuanto la vida deja de ser &lsquo;burguesa&rsquo; <\/em>&raquo; <a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Cuando estamos demasiado apegados a las cosas, a nuestros planes, a la comodidad, al dinero y al bienestar, cualquier cambio imprevisto nos desajusta<\/strong>, nos desconcierta y nos puede llegar a hundir. &iquest;C&oacute;mo reaccionamos ante las contrariedades de la vida cuando no se realizan nuestros planes? &iquest;No es verdad que a veces reaccionamos de forma inmadura y algo infantil?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl camino es que, al <strong>entrar en sinton&iacute;a con Dios<\/strong>, &Eacute;l empiece a poner orden en nuestra vida. Dec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;<em>Cuando estoy apegado desordenadamente a creaturas, <strong>cuando aparecen en m&iacute; inclinaciones desordenadas, amar&eacute; con todo el fervor de mi alma a Dios. Y ese amor exceder&aacute; en brillo a todos los apegos desordenados<\/strong><\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQueremos vincularnos sanamente. Queremos aprender a vivir nuestros v&iacute;nculos y nuestros amores anclados en un amor m&aacute;s grande y estable. <strong>En Dios nuestros apegos dejan de ser desordenados, porque Dios los ordena en la paz de su amor<\/strong>. En ese amor que Dios nos tiene, en ese deseo suyo de estar siempre con nosotros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNuestra vida consiste en vincularnos y echar ra&iacute;ces. Queremos que nuestra alma pueda descansar libremente en los v&iacute;nculos que ha creado, en esos apegos que nos dan serenidad y paz.<\/p>\n<p align=\"justify\">A veces nos gustar&iacute;a tener segundas oportunidades en la vida. Para recorrer de nuevo el camino ya pasado y hacerlo todo algo mejor. El otro d&iacute;a le&iacute;a un poema atribuido a Jorge Luis Borges: &laquo;<em>Si pudiera vivir nuevamente mi vida, en la pr&oacute;xima tratar&iacute;a de cometer m&aacute;s errores. No intentar&iacute;a ser tan perfecto, me relajar&iacute;a m&aacute;s. Ser&iacute;a m&aacute;s tonto de lo que he sido, de hecho tomar&iacute;a muy pocas cosas con seriedad. Ser&iacute;a menos higi&eacute;nico. Correr&iacute;a m&aacute;s riesgos, har&iacute;a m&aacute;s viajes, contemplar&iacute;a m&aacute;s atardeceres, subir&iacute;a m&aacute;s monta&ntilde;as, nadar&iacute;a m&aacute;s r&iacute;os. Ir&iacute;a a m&aacute;s lugares adonde nunca he ido, comer&iacute;a m&aacute;s helados y menos habas, tendr&iacute;a m&aacute;s problemas reales y menos imaginarios<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs curioso. Por lo general queremos cometer menos errores, nos gustar&iacute;a ser perfectos, deseamos destacar por nuestra inteligencia y sabidur&iacute;a. Nos tomamos la vida tal vez demasiado en serio. Cuidamos la limpieza, queremos ser muy pulcros. Nos preocupamos de nuestra alimentaci&oacute;n, de lo que hacemos o no hacemos, ponemos l&iacute;mites y seguros. Y, sobre todo, <strong>nos preocupamos obsesivamente con problemas que no son reales<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&iacute;, es curioso. El poema nos invita a no hacer aquellas cosas que ahora s&iacute; hacemos. Lo de los errores nos parece terrible. &iexcl;M&aacute;s errores! Yo lo pienso y me cuesta aceptarlo. &iquest;Es necesario hacer m&aacute;s errores? Por lo general no queremos equivocarnos. Los errores se pagan. Fallar en el momento clave es una tragedia. Dejar de hacer lo que nos toca hacer o hacerlo err&oacute;neamente nos parece algo terrible.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos da miedo tomar decisiones equivocadas y luego tener que desandar el camino recorrido, perder un tiempo valioso. Sin embargo, <strong>es en los errores, en nuestras ca&iacute;das y torpezas, donde nos hacemos m&aacute;s humildes, m&aacute;s ni&ntilde;os, m&aacute;s d&oacute;ciles<\/strong>. Es all&iacute; donde cambia la mirada y la compasi&oacute;n nos acompa&ntilde;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCometer errores es lo contrario a ser perfectos y hacerlo todo bien. Nos hacemos as&iacute; pr&oacute;ximos para el pr&oacute;jimo, vulnerables. Rompemos la barrera que nos protege como intocables.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nOlvidamos que si fu&eacute;ramos menos perfectos los dem&aacute;s se acercar&iacute;an con alegr&iacute;a, porque no tendr&iacute;an que defenderse de nada ante nosotros. Nos mirar&iacute;an con compasi&oacute;n. Se ofrecer&iacute;an para ir en nuestra ayuda.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Ser imperfectos nos hace m&aacute;s sanos, m&aacute;s libres, m&aacute;s pobres. Correr riesgos y cuidarnos menos aligera el equipaje en el camino<\/strong>. Parece todo algo parad&oacute;jico. Pero la vida es corta. Son sue&ntilde;os. Anhelos del alma.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQueremos que el coraz&oacute;n se agobie por lo real. Y no por esos problemas que no han sucedido. <strong>Que el coraz&oacute;n no se agobie pensando en el futuro y viva as&iacute; con libertad el presente<\/strong>. S&iacute;, eso es libertad interior.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil vivir con un coraz&oacute;n tan libre! Un coraz&oacute;n viajero y vinculado, con ra&iacute;ces profundas y libre como los p&aacute;jaros. Las paradojas de la vida. &iquest;C&oacute;mo es posible atarse y ser libre? Al p&aacute;jaro basta con atarle un hilo muy fino a su pata para que no pueda volar. Un hilo muy fino. Y <strong>nosotros necesitamos vincularnos, atarnos y ser libres<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAmar nos hace plenos y sabernos amados nos da seguridad y valor para enfrentar la vida. Al mismo tiempo queremos ser libres para enfrentar la p&eacute;rdida, la ausencia, la separaci&oacute;n, el fracaso.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos v&iacute;nculos sanos en nuestra vida nos ense&ntilde;an a echar ra&iacute;ces. &iquest;Es necesario estar dispuestos a entregar aquello que tanto amamos? El Se&ntilde;or nos muestra que s&iacute;, que <strong>todo es posible para aquel que ha puesto su coraz&oacute;n en el de Dios<\/strong>. Si nuestro coraz&oacute;n est&aacute; arraigado en Aquel que todo lo puede, todo es m&aacute;s f&aacute;cil. <strong>Cuando el coraz&oacute;n descansa en Dios somos capaces de renunciar por amor. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la pel&iacute;cula &laquo;La vida de Pi&raquo;, el protagonista comentaba: &laquo;<em>La vida se convierte en un acto de renuncia. Lo que causa dolor es no tener un momento para despedirse. No poder agradecer<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAprender a renunciar es parte de la vida. <strong>Amamos renunciando. Porque el amor sue&ntilde;a lo eterno y la vida es caduca y limitada<\/strong>. Por eso el amor ya surge renunciando. Renunciando a poseer para siempre, totalmente, sin l&iacute;mites. El amor en la tierra nace limitado y nuestros v&iacute;nculos no alcanzan las estrellas. Pero <strong>en todo v&iacute;nculo sano hay una semilla de eternidad. Y esa semilla crece desde la renuncia.<\/strong> &iquest;A qu&eacute; somos capaces de renunciar por amor?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos apegamos y los v&iacute;nculos nos atan. No queremos renunciar. Somos mediocres en ese acto de generosidad. Y vivimos superficialmente. Como dec&iacute;a una persona el otro d&iacute;a: &laquo;<em>Hay que aceptar el punto en el que estoy en mi vida. Lo que vivo ahora. Vivir el momento. El misterio de cada d&iacute;a. No vivir de puntillas. Vivir a fondo. Ser generosos. Estar abiertos<\/em>&raquo;.&nbsp;<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> J. Kentenich, <em>Cartas del Carmelo<\/em>, 1942<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> J. Kentenich, <em>Kentenich Reader<\/em>, Tomo III<\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Nos hemos acostumbrado a vivir apegados a nuestros intereses, a nuestros bienes y comodidades. El apego es un v&iacute;nculo natural. Los apegos no son malos necesariamente. De hecho, para saber si un apego nos hace mal, ponemos a su lado el adjetivo &laquo;desordenado&raquo;. 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