{"id":30806,"date":"2016-06-11T01:41:55","date_gmt":"2016-06-11T06:41:55","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/renovar-nuestro-bautismo-pasar-de-la-muerte-a-la-vida\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:55","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:55","slug":"renovar-nuestro-bautismo-pasar-de-la-muerte-a-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/renovar-nuestro-bautismo-pasar-de-la-muerte-a-la-vida\/","title":{"rendered":"Renovar nuestro bautismo, pasar de la muerte a la&nbsp;vida"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hoy contemplamos a Cristo que recibe el don del Esp&iacute;ritu Santo en plenitud. Se le desvelan los misterios pero no por ello a partir de este momento dejar&aacute; de lado la incertidumbre que acompa&ntilde;a al hombre.<br \/> &nbsp;<br \/> No, Cristo se hace uno de nosotros, asume nuestra condici&oacute;n pobre y limitada. Renuncia al poder de conocer el futuro, a la sabidur&iacute;a divina que lo ha creado todo. Es hombre. Y, aunque es Dios, caminar&aacute; a partir del Bautismo de la mano del Padre buscando su querer.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>No renunci&oacute; a la oscuridad de las noches<\/strong>. No dej&oacute; de preguntarse por el porqu&eacute; de las cosas. No camin&oacute; sin la incertidumbre que acompa&ntilde;a nuestra condici&oacute;n humana pobre y limitada. <strong>Lo comparti&oacute; todo menos el pecado<\/strong>. Comparti&oacute; el agua y la sed, la luz y la oscuridad, el llanto y la risa. Tembl&oacute; como nosotros ante la muerte de un amigo. Y temi&oacute; el dolor llorando gotas de sangre.<br \/> &nbsp;<br \/> Vivi&oacute; oculto en Nazaret sin comprender los caminos, en el silencio de tantas noches cotidianas. Vivi&oacute; en el desierto enfrent&aacute;ndose a la soledad y a las tentaciones del demonio. Se hizo fuerte en la lucha de la vida y <strong>camin&oacute; con preguntas hasta la oscuridad de la cruz<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Pero nunca estuvo solo. Comprendi&oacute; que su Padre estaba a su lado<\/strong> en cada momento del camino. <strong>Supo que su Madre lo miraba en la distancia<\/strong> y permanec&iacute;a fiel al pie de la cruz.<br \/> &nbsp;<br \/> S&iacute;, Cristo se hizo uno de nosotros. Comparti&oacute; nuestra suerte. El dolor de la vida y la alegr&iacute;a del amor. Se abaj&oacute; hasta nuestra carne mortal. Accedi&oacute; a vivir el presente como un don cada ma&ntilde;ana. So&ntilde;&oacute;, dese&oacute;, pregunt&oacute;, anhel&oacute;.<br \/> &nbsp;<br \/> Su vida se hizo nuestra propia vida y sus pasos los nuestros. Para que nunca m&aacute;s volvi&eacute;ramos a sentir que caminamos solos. Para que nunca de nuevo pens&aacute;ramos que Dios se ha olvidado de nuestra suerte. <strong>Cristo acude hoy a Juan para ser bautizado. Porque busca y quiere saber. Porque no lo sabe todo.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> En nuestro af&aacute;n por controlar la vida y saberlo todo, acabamos encasillando f&aacute;cilmente a las personas. As&iacute; pierden la magia del misterio. La verdad es que nunca acabaremos de conocer del todo a los que amamos. Aunque llevemos con ellos toda la vida y creamos conocer todos sus sue&ntilde;os y deseos, todas sus debilidades y fortalezas.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos equivocamos si creemos saberlo todo. <strong>El amor hace que siempre de nuevo nos asombremos ante el misterio de la persona amada<\/strong>. Tan s&oacute;lo nos acercamos torpemente al misterio que esconde.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso s&oacute;lo nos queda arrodillarnos con humildad, sin pretender conocer todo lo que hay en su alma. Y cuando no lo hacemos as&iacute;, acabamos perdiendo el respeto y avasallando. Entramos sin admiraci&oacute;n ni asombro en el alma de aquel a quien amamos. Porque ya no nos sorprendemos de nada.<br \/> &nbsp;<br \/> A veces corremos el riesgo de caminar por la vida muy seguros de nosotros mismos, convencidos de que lo sabemos todo, y con la pretensi&oacute;n de conocer bien a las personas.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cuando dejamos de admirarnos ante los misterios, ante lo que desconocemos, violentamos la intimidad del alma y nos creemos en posesi&oacute;n de la verdad.<\/strong> Nos puede pasar lo que dec&iacute;a una persona: &laquo;No s&eacute; si es bueno intentar entender a la gente porque, al hacerlo, juzgamos. Quiero tener pureza de pensamiento con todos. Tengo tendencia a juzgar &uacute;ltimamente a los que se creen buenos,&nbsp;aunque lo sean, pero no reconocen que es un don gratuito&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Juzgamos incluso a los buenos, a los que admiramos. S&iacute;, juzgamos porque nos creemos en posesi&oacute;n de la verdad. Y pensamos que los dem&aacute;s no act&uacute;an correctamente. Opinamos ante los que no ven esas carencias. Nos gusta mostrarles nuestra perspicacia, ese don que tenemos para ver lo malo que hay en los dem&aacute;s, para conocer sus oscuras intenciones y sus miserias.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Nos sentimos seguros en nuestra cr&iacute;tica. Caemos en el juicio. Opinamos sobre sus comportamientos aunque nadie nos pregunte. Interpretamos sus gestos y acciones. Nada se nos escapa. <strong>No aguantamos callados y herimos la inocencia de las personas, su mirada pura<\/strong>. Tratamos de hacerles ver el mal que hay, los errores, los pecados. No callamos. Creemos que es justo que los dem&aacute;s conozcan la verdad. Que no haya secretos. Y desvelamos debilidades y heridas sin pudor. Nos parece justo.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy la Iglesia celebra la segunda Epifan&iacute;a, el Bautismo del Se&ntilde;or. Es la manifestaci&oacute;n del Dios que es Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo. Es la Epifan&iacute;a de la Trinidad: &laquo;Apenas se bautiz&oacute; Jes&uacute;s, sali&oacute; del agua; se abri&oacute; el cielo y vio que el Esp&iacute;ritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre &Eacute;l. Y vino una voz del cielo que dec&iacute;a: -&Eacute;ste es mi Hijo, el amado, mi predilecto&raquo;. Mateo 3, 13-17.<br \/> &nbsp;<br \/> En el Bautismo tiene lugar la manifestaci&oacute;n de Cristo entre los hombres. Dec&iacute;a San Juan Cris&oacute;stomo: &laquo;Su manifestaci&oacute;n a todos los hombres no data de su nacimiento, sino de su bautismo, puesto que hasta entonces muchos no lo hab&iacute;an conocido&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es en el Jord&aacute;n donde Cristo se muestra como el Mes&iacute;as y comienza el seguimiento. <\/strong>Los disc&iacute;pulos de Juan quieren saber d&oacute;nde vive, estar con &Eacute;l. Jes&uacute;s se consagra conscientemente a su misi&oacute;n, se somete enteramente a la voluntad del Padre y el Padre le responde enviando sobre &Eacute;l el Esp&iacute;ritu Santo.<br \/> &nbsp;<br \/> Cristo aparece ante el mundo, lo ilumina y lo llena de gozo. Con su presencia santifica las aguas y expande la luz en las almas. <strong>El bautismo es paso, iluminaci&oacute;n, nacimiento a la luz de Dios<\/strong>. Los neobautizados en la iglesia antigua y aun hoy, en la iglesia bizantina, son llamados iluminados, porque, iluminados por la fe, han renacido a la vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Para los padres griegos, la miseria del pecador consist&iacute;a en la ignorancia. El pecado era oscuridad. Por eso Cristo abre para siempre &laquo;las puertas de la Luz a aquellos que, hijos de las tinieblas y de la noche, aspiran a ser hijos del d&iacute;a y de la Luz&raquo;, como dice Or&iacute;genes.<br \/> &nbsp;<br \/> El Bautismo significa la presencia de ese Dios que se ha hecho carne para que los hombres comprendan. Cristo es luz que gu&iacute;a sus pasos. Luz que vence en las tinieblas y acaba con las sombras de la noche. El Bautismo de Cristo representa la luz que nos hace ver el camino.<br \/> &nbsp;<br \/> Dice el Papa Francisco en la Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica: &laquo;En todos los bautizados act&uacute;a la fuerza santificadora del Esp&iacute;ritu que impulsa a evangelizar. En virtud del Bautismo recibido se ha convertido en disc&iacute;pulo misionero&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Cristo comienza a vislumbrar los pasos a dar en el Jord&aacute;n. Nosotros, en la luz de Cristo, <strong>por medio de nuestro bautismo, nos hacemos misioneros.<\/strong> En la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo aprendemos a amar y a buscar a Dios. Dejamos atr&aacute;s la oscuridad del pecado y nos abrimos a su luz que nos permite ver el camino.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El Bautismo es el paso de la muerte a la vida.<\/strong> Por eso los iconos del Bautismo del Se&ntilde;or representan a Cristo con las manos hacia abajo, tumbado, hier&aacute;tico. Entra en el sepulcro, yace cubierto de agua, muere para dar vida al hombre que est&aacute; ya en la muerte. Al salir de las aguas, santificadas con su presencia, surge a la vida. Es el preludio de su propia muerte y resurrecci&oacute;n. <strong>Es necesario morir para dar vida, en realidad es el &uacute;nico camino<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Hoy queremos <strong>renovar nuestro bautismo<\/strong>. Queremos sumergirnos de nuevo en el agua para salir renovados, santificados. En el agua dejamos nuestra muerte, lo que en el alma no tiene vida. <strong>&iquest;En qu&eacute; aspectos de nuestra vida estamos muertos?<\/strong> &iquest;En qu&eacute; queremos renovar nuestra vida?<br \/> &nbsp;<br \/> En Cristo somos sanos y estamos salvados. Queremos unirnos a &Eacute;l en el bautismo. Le damos nuestro amor, nuestra vida. Hacemos nuestras la palabras que rezaba una persona: &laquo;Quiero nombrarte en la paz de mi orilla, gritarte en la tormenta, cuando duermes en mi barca; susurrar tu nombre en el miedo, pronunciarte cuando camine sin ver, en el amor que duele, en la cruz que rompe, en el coraz&oacute;n que se parte, en la alegr&iacute;a de la vida, de la mesa, del descanso en tu pecho.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>Mi Se&ntilde;or Jes&uacute;s, tu nombre. Te llamo. Te grito. Te susurro. Lo quiero escribir para siempre en mi coraz&oacute;n so&ntilde;ador. Mi nombre. Ll&aacute;mame. Gr&iacute;tame. Sus&uacute;rrame.<\/strong> Escr&iacute;belo para siempre en tu coraz&oacute;n misericordioso&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>&Eacute;l es nuestra vida y liberaci&oacute;n. Nos unimos a &Eacute;l, nos sumergimos en su Esp&iacute;ritu. Nos enterramos en su coraz&oacute;n, para tener vida.<\/strong> Nos renovamos en nuestro s&iacute;, en nuestra fe. En nuestro seguimiento fiel a Cristo cuando hoy rezamos el credo y recibimos el agua bendita que nos purifica.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Somos hijos predilectos<\/strong>. Dios nos ama con locura y hoy nos lo dice. Dice el Papa Francisco en su Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica: &laquo;En toda la vida de la Iglesia debe manifestarse siempre que la iniciativa es de Dios, que \u2018&Eacute;l nos am&oacute; primero\u2019 y que \u2018es Dios quien hace crecer\u2019. Esta convicci&oacute;n nos permite conservar la alegr&iacute;a en medio de una tarea tan exigente y desafiante que toma nuestra vida por entero. Nos pide todo, pero al mismo tiempo nos ofrece todo&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Escuchamos hoy como si las palabras nos las dijera a nosotros: &laquo;&Eacute;ste es mi Hijo, el amado, mi predilecto&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando fuimos bautizados, esa certeza se grab&oacute; en nuestro coraz&oacute;n. Tal vez con el tiempo la hemos olvidado. <strong>En medio de las dificultades de la vida, perdemos la seguridad del amor de Dios. <\/strong>&iquest;Qui&eacute;n nos quiere? &iquest;Qui&eacute;n nos ama de forma incondicional?<br \/> &nbsp;<br \/> Una persona dec&iacute;a: &laquo;Tengo necesidad de descansar en algo grande, <strong>anhelo ser querida como soy pero el mal me dice: &iquest;eres querible? Me produce inseguridad y angustia y mi reacci&oacute;n es que tengo que hacerme digna de su amor a&uacute;n a costa de mi dignidad, lo que me puede hacer caer en una falsedad <\/strong>no querida por m&iacute;. Y si falla algo me tambaleo, entro en una din&aacute;mica negativa que destruye y ah&iacute; radica mi pecado original. A partir de ah&iacute; debe empezar la redenci&oacute;n&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La inseguridad surge cuando no nos sentimos profundamente amados por Dios. Cuando caminamos por la vida y mendigamos gotas de cari&ntilde;o<\/strong>. Se nos olvida qui&eacute;n es el que nos ama de forma segura. Dios nos quiere as&iacute;, no se olvida de su hijo.&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>No sabemos si ese d&iacute;a del Bautismo, todos oyeron la voz de Dios. No es f&aacute;cil ver a Dios ni siquiera en los milagros<\/strong>. Hay que estar muy atentos, en silencio, para descubrir su voz y comprender que nuestra misi&oacute;n comienza. Dios quiere que abramos los ojos ante el milagro que tenemos delante, escondido. En la fila de un bautismo humano.<br \/> &nbsp;<br \/> Su voz desde el cielo es un mensaje para nosotros, para cada uno. Para que miremos a Jes&uacute;s, para que le demos la mano, para que nuestro coraz&oacute;n siga asombr&aacute;ndose ante el misterio de ese Dios oculto, de Dios caminando entre nosotros, viviendo entre nosotros, metido en nuestra vida diaria.<br \/> &nbsp;<br \/> El Bautismo del Se&ntilde;or nos muestra hoy su humildad. Cristo se pone a la cola y pasa desapercibido. El que no ten&iacute;a que ser bautizado, porque no ten&iacute;a pecado alguno, se presenta ante Juan en el Jord&aacute;n para ser bautizado: &laquo;En aquel tiempo, fue Jes&uacute;s de Galilea al Jord&aacute;n y se present&oacute; a Juan para que lo bautizara. Pero Juan intentaba disuadirlo, dici&eacute;ndole: &#8211; Soy yo el que necesito que T&uacute; me bautices, &iquest;y T&uacute; acudes a m&iacute;? Jes&uacute;s le contest&oacute;: &#8211; D&eacute;jalo ahora. Est&aacute; bien que cumplamos as&iacute; todo lo que Dios quiere. Entonces Juan se lo permiti&oacute;&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Se pone a la cola como uno de tantos. No exige, s&oacute;lo suplica. Y Juan no quiere bautizarlo. &Eacute;l mismo tendr&iacute;a que someterse a Jes&uacute;s y no al rev&eacute;s, porque &eacute;l es el pecador. Pero Jes&uacute;s insiste y se arrodilla. Muestra su peque&ntilde;ez, su fragilidad, su debilidad en manos de su Padre.<br \/> &nbsp;<br \/> Cristo se humilla, se abaja, para unir lo que el hombre rompi&oacute; con su pecado. Dec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;<strong>La tierra ha sido separada del cielo, por eso se hizo infierno. &iquest;C&oacute;mo volver&aacute; a ser un trozo de para&iacute;so? Buscando la uni&oacute;n con el m&aacute;s all&aacute;&raquo;. Cristo se humilla para unir as&iacute; el cielo y la tierra de nuevo en su entrega. El amor del hombre y el amor de Dios se funden en el abrazo de Dios Padre y su Hijo arrodillado.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy contemplamos a Cristo que recibe el don del Esp&iacute;ritu Santo en plenitud. Se le desvelan los misterios pero no por ello a partir de este momento dejar&aacute; de lado la incertidumbre que acompa&ntilde;a al hombre. &nbsp; No, Cristo se hace uno de nosotros, asume nuestra condici&oacute;n pobre y limitada. 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