{"id":30807,"date":"2016-06-11T01:41:56","date_gmt":"2016-06-11T06:41:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-me-ama-a-mi\/"},"modified":"2016-06-11T01:41:56","modified_gmt":"2016-06-11T06:41:56","slug":"dios-me-ama-a-mi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/dios-me-ama-a-mi\/","title":{"rendered":"\u00bfDios me ama? \u00bfA&nbsp;m\u00ed?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hoy cada uno de nosotros <strong>nos ponemos en el lugar de Jes&uacute;s<\/strong>. Eso deber&iacute;amos hacerlo muchas veces en nuestra vida. Ponernos en su lugar, como &Eacute;l se puso en el nuestro. Pensar qu&eacute; har&iacute;a &Eacute;l en mi lugar, qu&eacute; sentir&iacute;a &Eacute;l.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAnte el Bautismo de Jes&uacute;s, Dios nos habla a cada uno. Las palabras son muy pocas. Quiz&aacute;s para o&iacute;rle tenemos que ser como Jes&uacute;s, humildes, poni&eacute;ndonos a la fila, sin querer destacar ni ser los &uacute;nicos, los importantes. Simplemente cumplir nuestra misi&oacute;n. Eso abre el coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Dios, cada d&iacute;a, nos dice al o&iacute;do lo mismo que le dijo a Jes&uacute;s: &laquo;<em>Te quiero. Eres mi hijo. Estoy contigo todo el tiempo. No separo mis ojos de ti. Desde lejos, cundo te acercabas, ya te vi llegar con emoci&oacute;n. Eres mi predilecto. Te quiero como eres.<\/em><\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Te he creado con todo mi amor y he puesto en tu alma los mejores dones. He elegido tu f&iacute;sico y tu car&aacute;cter. &Eacute;se del que tanto te quejas. <strong>He tallado tu alma par que seas feliz, para que puedas amar y ser amado<\/strong>. Para que seas santo. Para que sepas disfrutar de esta vida. <\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Me alegro con cada paso tuyo. Lo que t&uacute; das es s&oacute;lo tuyo. No hay nadie como t&uacute;. Porque eres &uacute;nico. <strong>No eres uno m&aacute;s. Eres t&uacute;. Tu nombre lo repito con infinito amor cada d&iacute;a. Eres mi hijo m&aacute;s amado. <\/strong>Yo soy tu Padre. <\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong><em>Siempre en m&iacute; tienes un hogar, el mejor lugar en la mesa. Yo te he elegido, estoy enamorado de tu peque&ntilde;ez<\/em><\/strong><em>, de tu forma de ser. Conf&iacute;o en ti. En ti tengo puesta toda mi predilecci&oacute;n<\/em>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nYa s&eacute; que nos cuesta creernos este amor personal, &uacute;nico. Pero en realidad <strong>ese es el misterio de nuestra vida. Su amor sin condiciones. <\/strong>A Jes&uacute;s, Dios no le dice &laquo;te quiero si cumples&raquo;. Conf&iacute;a en &Eacute;l. Le dice que lo quiere por lo que es.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs bonito que sea al inicio de su misi&oacute;n. En parte para sostenerle, en parte para manifestarlo a los hombres. <strong>Al inicio de cada d&iacute;a, de cada a&ntilde;o, de cada proyecto o camino que comenzamos, Dios nos dice que nos quiere sin condiciones<\/strong>, independientemente de que nos salga mal o bien. &iquest;Me creo este amor de Dios?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>A veces mendigamos amor de cualquier manera porque no tenemos esa roca<\/strong> del amor de Dios que nos da paz.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iquest;Regalo ese amor a los que me rodean? Ese amor es el que sana<\/strong> tantas heridas. Nos cuesta decirles a los dem&aacute;s que creemos en ellos, que les queremos, que nos gustan como son. Y esas palabras, todos los sabemos, nos sostienen. Cuando las decimos y cuando las escuchamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Hoy Dios nos mira a cada uno, pronuncia el nombre de cada uno<\/strong>. Le pedimos que nos hable siempre, <strong>que nos ayude a escucharle<\/strong> en nuestro coraz&oacute;n, <strong>en los acontecimientos de nuestra vida, en los que nos rodean, en el silencio.<\/strong> El amor de Dios es inmenso, desborda nuestras expectativas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>En toda predilecci&oacute;n hay una misi&oacute;n impl&iacute;cita<\/strong>. Isa&iacute;as nos habla de aquel que es preferido, predilecto y por eso tiene una misi&oacute;n: &laquo;Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, a quien prefiero. Sobre &Eacute;l he puesto mi esp&iacute;ritu. No gritar&aacute;, no clamar&aacute;, no vocear&aacute; por las calles. La ca&ntilde;a cascada no la quebrar&aacute;, el p&aacute;bilo vacilante no lo apagar&aacute;. Yo, el Se&ntilde;or, te he llamado, te he cogido de la mano, te he formado, y te he hecho alianza de un pueblo, luz de las naciones. Para que abras los ojos de los ciegos, saques a los cautivos de la prisi&oacute;n, y de la mazmorra a los que habitan las tinieblas&raquo;. Isa&iacute;as 42, 1-4. 6-7.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El Esp&iacute;ritu Santo capacita a Cristo y nos capacita a nosotros para la misi&oacute;n<\/strong>. Dice el Papa Francisco en su Exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica: &laquo;&Eacute;l env&iacute;a su Esp&iacute;ritu a nuestros corazones para hacernos sus hijos, para transformarnos y para volvernos capaces de responder con nuestra vida a ese amor&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCristo est&aacute; llamado a liberar a los cautivos, a dar luz a los ciegos, a hacer justicia en medio de los hombres. Cristo s&oacute;lo puede empezar su misi&oacute;n en la medida en que es amado en lo m&aacute;s profundo por su Padre. Recibe el Esp&iacute;ritu y es conducido al desierto por amor. <strong>Su misi&oacute;n surge del amor de Dios. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA nosotros nos pasa algo parecido. <strong>Cuando experimentamos el amor en nuestra vida nos hacemos m&aacute;s capaces para la misi&oacute;n.<\/strong> S&oacute;lo cuando tenemos la certeza de un amor en nuestra vida podemos so&ntilde;ar alto y aspirar a las cumbres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa misi&oacute;n que tenemos por delante es inmensa. Supera nuestras capacidades. Pero no por eso podemos conformarnos con una vida mediocre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Papa Francisco nos recuerda lo esencial: &laquo;Es &eacute;sta la pregunta que debemos hacernos: <strong>&iquest;Somos audaces?<\/strong> &iquest;Nuestro sue&ntilde;o vuela alto? &iquest;El celo nos devora? &iquest;O somos mediocres y nos contentamos con nuestras programaciones apost&oacute;licas de laboratorio? Record&eacute;moslo siempre: la fuerza de la Iglesia no est&aacute; en s&iacute; misma y en su capacidad de organizar, sino que se esconde en las aguas profundas de Dios. Y estas aguas agitan nuestros deseos y los deseos expanden el coraz&oacute;n&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSon las aguas profundas en las que hoy se sumerge Cristo. Las aguas del oc&eacute;ano de Dios en las cuales estamos dispuestos a sumergirnos para volver a nacer. En esas aguas escuchamos su voz, comprendemos la misi&oacute;n que nos encomienda.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero tenemos que estar atentos para escucharle.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Hay personas que nos regalan la cercan&iacute;a de Dios. Nos regalan esa certeza de que Dios nos ama.<\/strong> S&oacute;lo en el amor de verdad, el amor que se entrega m&aacute;s all&aacute; de s&iacute; mismo, puede el ser humano tantear c&oacute;mo nos ama Dios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Otras veces es un dolor el que nos muestra a Dios. O una gran alegr&iacute;a. Un miedo o un sue&ntilde;o. Una misi&oacute;n.<\/strong> <strong>Eso s&iacute;, tenemos que vivirlo a fondo<\/strong>. Esa es la clave para poder o&iacute;r a Dios detr&aacute;s de lo que estamos viviendo. Vivir con intensidad eso que nos toca, ser generosos ah&iacute; donde Dios nos ha puesto.&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hoy cada uno de nosotros nos ponemos en el lugar de Jes&uacute;s. Eso deber&iacute;amos hacerlo muchas veces en nuestra vida. Ponernos en su lugar, como &Eacute;l se puso en el nuestro. 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