{"id":30811,"date":"2016-06-11T01:42:06","date_gmt":"2016-06-11T06:42:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/maria-la-armonia-y-la-belleza-del-paraiso-que-anhelamos\/"},"modified":"2016-06-11T01:42:06","modified_gmt":"2016-06-11T06:42:06","slug":"maria-la-armonia-y-la-belleza-del-paraiso-que-anhelamos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/maria-la-armonia-y-la-belleza-del-paraiso-que-anhelamos\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda, la armon\u00eda y la belleza del para\u00edso que&nbsp;anhelamos"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Est&aacute; claro que lo mejor en esta vida es llegar a h<\/strong><strong>acer las cosas por amor. <\/strong>Porque, al fin y al cabo, lo que importa es el amor que damos y recibimos. La misericordia con la que miramos. Las palabras con las que acogemos. Nuestra sonrisa, la capacidad de esperar y servir. El estar ah&iacute; para el otro, aunque el otro no nos vea. El saber aguardar pacientes, sin quejas, sin enfados, sin mirar la hora a cada rato porque las cosas no ocurren cuando lo esperamos. Es la actitud de perd&oacute;n, s&iacute;, ese perd&oacute;n que tanto nos cuesta.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hacerlo todo por amor, pensando siempre bien, esperando lo mejor de aquel al que tenemos enfrente. Porque es f&aacute;cil hacernos enemigos. A veces son aquellos que piensan de forma diferente, los que dijeron o hicieron algo que nos hiri&oacute; y no lo olvidamos, aunque creamos que hemos pasado p&aacute;gina.<\/p>\n<p align=\"justify\">No es tan sencillo amar cuando no nos aman y perdonar cuando no nos perdonan. No es f&aacute;cil servir siempre movidos por el amor. No es tan f&aacute;cil, porque muchas veces hacemos las cosas s&oacute;lo porque no hay nadie m&aacute;s, porque si no las hacemos nosotros se quedan sin hacer. Lo hacemos porque nos toca, porque no nos queda m&aacute;s remedio, porque es nuestro deber. A veces a rega&ntilde;adientes, protestando, enfadados. <em>&laquo;Siempre me toca a m&iacute;, siempre soy yo el que da, por m&iacute; no lo hacen&raquo;<\/em>, pensamos. No lo hacemos por amor.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hacemos lo que nos toca, lo que esperan de nosotros, lo que corresponde, lo que no desentona, lo que hay que hacer, lo m&aacute;s prudente, lo que es justo. Hacemos lo que debemos y nos llenamos la agenda de tantos deberes que tenemos que hacer, que nuestra agenda se vuelve pesada y agobiante, asfixiante. As&iacute; viene el stress y la falta de paz. Ah&iacute; no vivimos a Cristo que viene a cambiar nuestra forma de vivir y de amar. Pero, &iquest;c&oacute;mo va a cambiar &Eacute;l con su venida todo esto?<\/p>\n<p align=\"justify\">A veces nos falta fe en los cambios. Y continuamos el camino, pero sin amor. &iquest;Hacemos las cosas con alegr&iacute;a? <strong>&iquest;Felices de poder servir, de poder dar la vida, de hacer lo que nos toca porque es nuestro aporte sencillo y profundo para mejorar y cambiar este mundo? <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Al fin y al cabo, ser santos consiste en decirle que s&iacute; a Dios<\/strong> <strong>en cada momento<\/strong>. Hacer su voluntad y que la nuestra coincida con la suya. La fiesta de la Inmaculada nos habla de esa actitud ante Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mar&iacute;a hizo de su vida un continuo &laquo;<em>s&iacute; sostenido&raquo;<\/em> a la voluntad de Dios para Ella. Acogi&oacute; en un silencio humilde la voz de Dios. Se puso en camino y comprendi&oacute; que su vida iba a ser un canto de alabanza a lo que Dios quisiera para Ella, en lo cotidiano, en la sencillez de Nazaret.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es por eso que la santidad consiste en hacer con alegr&iacute;a las cosas cotidianas de nuestra vida, lo que nos toca vivir, all&iacute; donde nos han puesto, con humildad, de forma extraordinaria, con amor, sin pretender otros escenarios so&ntilde;ados.<\/p>\n<p align=\"justify\">Pero en muchas ocasiones no aceptamos lo que nos toca y nos rebelamos. Como si nos hubiera puesto a jugar un juego que no nos gusta, que nos violenta, con unas reglas que no queremos, sin confiar en ese amor que le puede dar la vuelta a todo y hacer que del dolor surja la vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hacer su voluntad, amar sin esperar nada, s&oacute;lo porque as&iacute; &Eacute;l lo quiere. Es esa actitud de entrega que exige gratuidad, generosidad, desprendimiento. Dentro de nuestra agenda, llena de compromisos y actos de entrega, &iquest;hemos dejado espacio para la gratuidad, para lo que no es exigible, para aquellos gestos de amor gratuito, gestos que no siempre son valorados, apreciados o agradecidos? Son esos gestos no esperados, sorpresas, regalos.<\/p>\n<p align=\"justify\">&iquest;Cu&aacute;ndo hemos hecho algo as&iacute; por alguien a quien amamos, de forma gratuita, sin esperar nada a cambio? &iquest;Cu&aacute;ndo hemos decidido dar el cien por ciento en nuestras relaciones sin esperar que el otro haga lo mismo, como Mar&iacute;a lo hizo, siguiendo su ejemplo? <em>&laquo;<\/em><em>Hay&nbsp;mayor <\/em><em>alegr&iacute;a<\/em><em> en&nbsp;dar&nbsp;que en&nbsp;recibir&raquo;<\/em><em>.<\/em> <em>Hechos 20,35<\/em>. Lo hemos escuchado muchas veces. <strong>Pero luego, con frecuencia, queremos recibir cuando damos, y obtener algo a cambio cuando nos entregamos<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Siempre es bueno, y especialmente en este tiempo de Adviento, volver a recordar que nuestra vida se conjuga en presente, en el hoy, porque nadie tiene el futuro asegurado. <\/strong>Y es que, al fin y al cabo, el presente es lo &uacute;nico que tenemos seguro en nuestras manos. Podemos disponer de &eacute;l poniendo en lo que hacemos todas nuestras fuerzas o dejarlo pasar sin hacer nada.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hace unos d&iacute;as falleci&oacute; Irene V&aacute;zquez. Una madre de cinco hijos que muri&oacute; repentinamente despu&eacute;s de dar a luz a su quinto hijo. Ella dec&iacute;a hace un a&ntilde;o una frase que me ha dado que pensar: <em>&laquo;Recordad que siempre lo he dado todo&raquo;<\/em>. Ojal&aacute; pudiera decir yo siempre lo mismo. Que no me he guardado, que no me he reservado nada ego&iacute;stamente, que he puesto mi vida y mi coraz&oacute;n por entero en las manos de Dios y de los hombres, all&iacute; donde Dios me ha querido.<\/p>\n<p align=\"justify\">Ella confesaba que lo hab&iacute;a dado todo y, s&uacute;bitamente, Dios se la llev&oacute; a su lado. Hab&iacute;a dado su vida, en gestos esperados, en gestos gratuitos, en gestos de amor. Lo que recordar&aacute;n cuando no estemos ser&aacute;n siempre esos gestos, ser&aacute; ese amor silencioso. No recordar&aacute;n tantas cosas que hacemos sin amor, s&oacute;lo porque hay que hacerlas. As&iacute; quisi&eacute;ramos que fuera nuestra vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">Podemos dar lo que nos exigen, lo esperado, lo previsto. O dar m&aacute;s de lo esperado, m&aacute;s todav&iacute;a, sin medir. Puede que no nos recuerden por haber cumplido con nuestro deber, por haber dado el m&iacute;nimo exigido. Si nuestra vida ha consistido en pasar de puntillas por el mundo no dejaremos huella.<\/p>\n<p align=\"justify\">Los santos lo dieron todo, no s&oacute;lo un poco, ni lo justo o lo exigido. Dieron m&aacute;s, nunca se guardaron nada, lo dieron todo. Aprovechemos cada d&iacute;a para amar, para dar m&aacute;s, para dejarnos la vida en todo lo que hacemos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Por eso es tan importante, como escrib&iacute;a Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez, vivir en el presente y apurarlo hasta el extremo: <em>&laquo;<\/em><em>Siempre hay un ma&ntilde;ana y la vida nos da siempre otra oportunidad para<\/em> <em>hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos<\/em> <em>queda, me gustar&iacute;a decirte cu<\/em><em>&aacute;<\/em><em>nto te quiero, que nunca te olvidar&eacute;.<\/em> <em>El ma&ntilde;ana no le est&aacute; asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser<\/em> <em>la &uacute;ltima vez que veas a los que amas. Por eso no esperes m&aacute;s, hazlo<\/em> <em>hoy, ya que s<\/em><em>i<\/em><em>&nbsp;ma&ntilde;ana nunca llega, seguramente lamentar&aacute;s el d&iacute;a que<\/em> <em>no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste<\/em> <em>muy ocupado para concederles un &uacute;ltimo deseo&raquo;.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Sin miedo a perder, sin temer que Dios nos lo pida todo. El ma&ntilde;ana es posible, pero el hoy es seguro, este momento, este instante. El Adviento nos ense&ntilde;a a vivir de esta forma, d&iacute;a a d&iacute;a, paso a paso, sin prisas. &iquest;Qu&eacute; estamos haciendo aqu&iacute; y ahora? Cada d&iacute;a es una nueva oportunidad para volver a empezar. Una ventana abierta en el calendario. Vivir as&iacute; es vivir en Adviento, esperando; <strong>es caminar hacia Cristo, al encuentro de Jes&uacute;s en Bel&eacute;n.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El tiempo del Adviento es una invitaci&oacute;n a la conversi&oacute;n. <\/strong>Tal vez una m&aacute;s en nuestro largo camino siguiendo a Cristo: <em>&laquo;Convert&iacute;os, porque est&aacute; cerca el Reino de los cielos. &Eacute;ste es el que anunci&oacute; el profeta Isa&iacute;as, diciendo: &#8211; Una voz grita en el desierto: -Preparad el camino del Se&ntilde;or, allanad sus senderos&raquo;.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&iquest;<\/strong>Otra vez convertirnos? &iquest;Y si de nuevo no lo logramos? Los cambios siempre nos cuestan. Cambiar para desmalezar, abrir caminos, romper murallas. Isaac Newton dec&iacute;a: <em>&laquo;Los hombres construimos demasiados muros y no suficientes puentes&raquo;<\/em>. Queremos romper murallas, tender puentes, para dejar que de dentro salga lo m&aacute;s nuestro, lo m&aacute;s propio y aut&eacute;ntico. Para permitir que desde fuera entre la vida y se creen lazos de unidad.<\/p>\n<p align=\"justify\">Lo hemos intentado muchas veces pero no siempre es f&aacute;cil. A veces compruebo que no soy libre de apegos, de deseos, de ese vano orgullo que presiona, de ese amor propio que no me da tanta paz. No acepto las cr&iacute;ticas ni los consejos.<\/p>\n<p align=\"justify\">En realidad, no quiero cambiar, me he dado cuenta. Quiero seguir como estoy, como siempre, como antes. Porque cambiar duele, exige, cansa, agota. Es mejor permanecer donde estamos, sin temor, quietos. Decir que s&iacute; callados, con timidez, escondidos. Con miedo a que Dios quiera cambiarnos de verdad. Le decimos que s&iacute; estamos dispuestos, pero luego nos rebelamos si llegan cambios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Avanzar cuesta mucho, tal vez demasiado y no queremos. Por eso quiz&aacute;s nos asustan otros caminos, otros m&eacute;todos. El nuestro nos gusta. Estamos acostumbrados a lo propio. Quiz&aacute;s lo que pasa es que nos apegamos mucho al presente. Lo queremos estirar pretendiendo que sea infinito.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es curioso cu&aacute;nto tira el presente. No queremos perderlo, ni que cambie. &iquest;En qu&eacute; es necesario cambiar? Nuestro coraz&oacute;n tal vez est&aacute; desordenado. Necesita limpieza y algo de paz. Siempre hay cosas que mejorar, aunque nos cueste. <strong>Podemos amar m&aacute;s y mejor. Podemos crecer. Podemos seguir caminando<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El Adviento es un tiempo en el que Dios nos invita a so&ntilde;ar despiertos, a esperar con paciencia su venida<\/strong>. Es un tiempo en que nos preguntamos si realmente esperamos que algo cambie en nuestro coraz&oacute;n, en nuestra vida rutinaria, en nuestra forma de amar y entregarnos. O si por el contrario nos hemos acostumbrados y ya no esperamos ni deseamos ning&uacute;n cambio.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a el Papa Francisco en su exhortaci&oacute;n <em>&laquo;Evangelii Gaudium&raquo;<\/em>: <em>&laquo;<\/em><em>S&oacute;lo gracias a ese encuentro &ndash;o reencuentro&ndash; con el amor de Dios, que se convierte en feliz amistad, somos rescatados de nuestra conciencia aislada y de la autorreferencialidad. Llegamos a ser plenamente humanos cuando somos m&aacute;s que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve m&aacute;s all&aacute; de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser m&aacute;s verdadero&raquo;.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">&iquest;Cu&aacute;l es nuestro ser verdadero? A veces no nos preguntamos tantas cosas. Vivimos y dejamos vivir. Tal vez acabamos sobreviviendo en medio de los ruidos, las luces y las oscuridades. Hay algo en nuestro interior que es lo m&aacute;s aut&eacute;ntico. Nuestro yo m&aacute;s verdadero. Tal vez lo hemos tapado y la pregunta vuelve a resonar en el coraz&oacute;n al comenzar el Adviento: &iquest;Qu&eacute; podemos cambiar para que salga a la luz lo que de verdad somos?<\/p>\n<p align=\"justify\">Lo m&aacute;s aut&eacute;ntico sale si dejamos la puerta abierta. <em>&laquo;Si somos lo que tenemos que ser encenderemos el mundo&raquo;, <\/em>nos dec&iacute;a el Papa Juan Pablo II al comenzar el tercer milenio. Es verdad, eso basta. Ser fieles a nosotros mismos. Sin temor al rechazo. Sin pensar que tenemos que ser lo que otros esperan. Sin tratar de estar a la altura de todas las exigencias que nos plantean.<br \/>\nDec&iacute;a el P. Kentenich: <em>&laquo;El lenguaje suave y mudo del orden de ser debe llegar a convertirse para nosotros en un sonoro deber comprometedor. Debo llegar a ser lo que realmente soy&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>. <\/em>Entonces, &iquest;tenemos que cambiar algo para que Jes&uacute;s pueda venir a nuestra vida? S&iacute;, siempre es necesario que estemos abiertos a los cambios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Podemos mejorar, crecer, pulir, profundizar, ser m&aacute;s libres, m&aacute;s humanos, m&aacute;s misericordiosos, m&aacute;s de Dios. Quit&aacute;ndonos miedos y prejuicios, cadenas y barreras. Claro que hay cosas que cambiar. Pesos que nos duelen en el alma. Rencores no olvidados, errores no perdonados.<\/p>\n<p align=\"justify\">&iquest;Estamos dispuestos a asumir la exigencia de alg&uacute;n cambio en nuestra vida? S&iacute;, el comienzo del Adviento nos da fuerzas. Es un tiempo de esperanza para la Iglesia, ese tiempo en el que los sue&ntilde;os se hacen realidad y no podemos dejar de esperar, de anhelar, de mirar hacia adelante como ni&ntilde;os confiados<strong>. No podemos dejar de confiar en la fuerza transformadora de Dios en nuestra vida. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Hoy celebra la Iglesia la fiesta de la Inmaculada concepci&oacute;n de la virgen Mar&iacute;a. <\/strong>&iquest;Qu&eacute; significa la fiesta de la Inmaculada? A veces puede parecernos una fiesta lejana, imposible. Mar&iacute;a sin pecado y nosotros empecatados. Hoy es la fiesta del ser humano, de su grandeza, de su belleza.<\/p>\n<p align=\"justify\">El Padre Kentenich dec&iacute;a: <em>&laquo;Esperamos una realizaci&oacute;n del milagro de Mar&iacute;a en el sentido de que surja el hombre pleno, el hombre plenamente redimido y plenamente santo&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>. <\/em>Miramos a Mar&iacute;a Inmaculada, sin pecado, plena. Es el camino y la meta, el paso y el destino final. Es la fiesta del amor de Dios hacia el hombre, de su confianza en nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\">En Mar&iacute;a est&aacute; lo que podemos llegar a ser. Su armon&iacute;a, su uni&oacute;n de lo m&aacute;s humano con Dios, su belleza de alma, su obediencia a Dios como una ni&ntilde;a, su docilidad. Y adem&aacute;s, Ella se nos muestra, no s&oacute;lo como ideal sino como camino. Su intercesi&oacute;n por nosotros ante Dios y por Dios ante nosotros. Como en Can&aacute;, Ella le habla a Dios del vino que nos falta, antes de que lo pidamos, y a nosotros nos dice: &laquo;<em>Haced lo que &Eacute;l os diga<\/em>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Lo que est&aacute; en juego en nuestro mundo es la imagen de hombre. Hoy el hombre vive alejado de Dios. Quiere ser feliz y libre, pero sin Dios, porque Dios parece coartar su libertad, impedir su realizaci&oacute;n como persona. La Inmaculada, por el contrario, nos muestra el hombre que queremos ser, un hombre libre, un hombre pleno, un hombre anclado en Dios y en la tierra, plenamente humano y plenamente divino al mismo tiempo. Parece imposible para el hombre, pero no es imposible para Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mar&iacute;a se nos presenta como la imagen ideal de hombre. Ella vence la inestabilidad de este mundo en el que vivimos. Dec&iacute;a el P. Kentenich: <em>&laquo;La Madre de Dios aparece con la luna totalmente bajo sus pies. La luna como s&iacute;mbolo del cambio permanente, no s&oacute;lo en el mundo sino tambi&eacute;n en la propia vida&raquo;<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\" title=\"\">[3]<\/a>. <\/em>Ella hace que este mundo en el que todo parece caduco tenga una vida plena. Da estabilidad a lo inestable, eternidad a lo caduco.<\/p>\n<p align=\"justify\">Todos tenemos en el alma una huella, una nostalgia de algo eterno, un deseo insaciable que nos hace so&ntilde;ar con m&aacute;s, con no conformarnos. Queremos la monta&ntilde;a para mirar desde arriba y entender el camino, nos gusta el mar que nos habla de inmensidad, de aventuras, de infinito, miramos las estrellas y nos sentimos peque&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"justify\">Y cuando nos paramos un poco en nuestra vida, reconocemos en nosotros algo que nos tira a amar m&aacute;s, a ser amados de forma entera, a regalar todo lo que Dios ha puesto en nosotros desde siempre y que quiz&aacute;s no sabemos dar, o no hemos descubierto.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a el Padre Kentenich: <em>&laquo;Mar&iacute;a es punto de enlace para un impulso fundamental de nuestra naturaleza: el impulso de elevaci&oacute;n. En nosotros existe un fuerte instinto de ascender. La virginal primavera, la blancura de la nieve, la pureza de los ojos de los ni&ntilde;os, despiertan todo lo grande que llevamos en el alma. Goethe dec&iacute;a: -&iexcl;Ay! &iexcl;Dos almas moran en mi pecho! Una apunta con fuerza hacia abajo. Y la otra lo hace con igual fuerza hacia arriba&raquo;<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\" title=\"\">[4]<\/a>.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Miramos a Mar&iacute;a y se enciende en el coraz&oacute;n el sue&ntilde;o m&aacute;s grande. So&ntilde;amos con lo eterno dibujado en sus ojos.<br \/>\nDos almas moran en nuestro pecho. Hacemos lo que no queremos, dejamos de hacer lo que nos hace m&aacute;s grandes. Dos tendencias, so&ntilde;ar la cumbre y caer derrotados.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a el Padre Kentenich que quien medite sobre la Inmaculada &laquo;<em>sentir&aacute; que dentro de s&iacute; se enciende el anhelo de totalidad, de plenitud, de naturaleza intacta, de superaci&oacute;n de todas las cosas enfermas de nuestra pobre y d&eacute;bil naturaleza<\/em>&raquo;<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\" title=\"\">[5]<\/a>.<br \/>\nSo&ntilde;amos con llegar a las cumbres nevadas dibujadas en nuestros ojos. Con hacer realidad el sue&ntilde;o de Dios en nuestra vida. &iexcl;Cu&aacute;nto deseo descubrir mi nombre, ese nombre que Dios pronunci&oacute; con inmenso amor al crearme! A veces lo intuyo un poco, y luego lo pierdo otra vez.<\/p>\n<p align=\"justify\">Todo eso es el deseo de cielo. Cuando lleguemos al cielo, nos veremos unos a otros y nos sonreiremos al ver c&oacute;mo nos parecemos, c&oacute;mo se parecen nuestros deseos, nuestras miserias, nuestra sed. Todos, al final, queremos lo mismo. Ese cielo, esa presencia de Dios comienza aqu&iacute;, en el camino.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dios est&aacute; cerca. &Eacute;l fue el que recorri&oacute; el camino para llegar a nosotros, para hacernos m&aacute;s f&aacute;cil el camino hasta &Eacute;l. Para vivir ya aqu&iacute; con &Eacute;l a nuestro lado. Se acerc&oacute; para siempre. No hay muro entre esta vida y la pr&oacute;xima. Todo se uni&oacute; en Jes&uacute;s por Mar&iacute;a. <strong>Ese cielo est&aacute; en Mar&iacute;a, Ella es nuestro modelo, Ella nos ayuda a vivir aqu&iacute; seg&uacute;n Dios. En Ella vemos reflejado lo que anhelamos llegar a ser.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Hoy queremos profundizar en el valor de la decisi&oacute;n de Mar&iacute;a. <\/strong>Dios nos conoce, sabe que necesitamos manos humanas que nos lleven hasta &Eacute;l y &Eacute;l tambi&eacute;n quiso venir a trav&eacute;s de unas manos de mujer que le sostuvieron al nacer y en la cruz, toda su vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dios se hizo dependiente del s&iacute; de Mar&iacute;a. Con inmenso respeto le pregunt&oacute; en Nazaret, y aguard&oacute; su respuesta. Su s&iacute; cambi&oacute; nuestra vida. Y su s&iacute; diario por cada uno de nosotros sigue haciendo el milagro de traernos a Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"justify\">Esa decisi&oacute;n marca as&iacute; su vida y la nuestra: <em>&laquo;El &aacute;ngel, entrando en su presencia, dijo: &#8211; Al&eacute;grate, llena de gracias, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo; bendita t&uacute; eres entre todas las mujeres. Ella se turb&oacute; ante estas palabras y se preguntaba qu&eacute; saludo era aquel. El &aacute;ngel le dijo: &#8211; No temas, Mar&iacute;a, porque has encontrado gracia ante Dios&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Las primeras palabras que el &aacute;ngel le dijo a Mar&iacute;a fueron &laquo;<em>al&eacute;grate&raquo;<\/em><em>, &laquo;e<\/em><em>l <\/em><em>S<\/em><em>e&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo;<\/em><em>, &laquo;<\/em><em>no temas&raquo;, &laquo;has encontrado gracia ante Dios&raquo;.<\/em> Queremos experimentar en este Adviento el saludo del &aacute;ngel, percibir el amor que Dios nos tiene, escuchar que nos quiere con locura.<\/p>\n<p align=\"justify\">La alegr&iacute;a de sus palabras nos conmueve. Dios se alegra con nosotros, descansa en nosotros, nos ha elegido. Mar&iacute;a nos recuerda nuestra condici&oacute;n de hijos preciosos a los ojos de Dios. Dios se ha fijado en cada uno de nosotros, porque nos ama, porque somos sus hijos predilectos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Al inicio de nuestro Adviento, el &aacute;ngel nos dice estas palabras: <em>&laquo;<\/em><em>A<\/em><em>l&eacute;grate<\/em><em>, n<\/em><em>o temas<\/em><em>, d<\/em><em>escansa. Dios est&aacute; contigo. <\/em><em>Te<\/em><em> ama y quiere venir a tu vida para siempre.<\/em><em> N<\/em><em>o aparta su mirada de ti&raquo;<\/em>.<\/p>\n<p align=\"justify\">A veces el Adviento parece un tr&aacute;mite, pasa r&aacute;pido y no nos da tiempo a nada. Sin embargo, el Adviento no es la espera incierta y oscura. En el primer Adviento, Jes&uacute;s ya estaba en el seno de Mar&iacute;a. En su coraz&oacute;n ya hab&iacute;a luz, ya era Navidad.<\/p>\n<p align=\"justify\">El Adviento es el saludo del &Aacute;ngel que viene a nuestra vida, que nos sorprende, que irrumpe. El Adviento comenz&oacute; para Mar&iacute;a ese d&iacute;a, a los pies del &Aacute;ngel. Y todo el Adviento fue Mar&iacute;a llena de Cristo. Hasta que naci&oacute; y Ella nos lo mostr&oacute;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Lo m&aacute;s grande sucedi&oacute; al principio del Adviento: Dios se hizo hombre en Mar&iacute;a. En la promesa del &Aacute;ngel comienza el camino: <em>&laquo;Concebir&aacute;s en tu vientre y dar&aacute;s a luz un hijo, y le pondr&aacute;s por nombre Jes&uacute;s. Ser&aacute; grande, se llamar&aacute; Hijo del Alt&iacute;simo, el Se&ntilde;or Dios le dar&aacute; el trono de David, su padre, reinar&aacute; sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendr&aacute; fin&raquo;.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Ya est&aacute; entre nosotros aunque nadie lo vea. Como tantas veces sucede en la vida de cada d&iacute;a. Jes&uacute;s est&aacute; vivo y no lo vemos. Act&uacute;a, pero pensamos que no lo hace. Ama y no tocamos ese amor c&aacute;lido. Est&aacute; con nosotros, ha puesto su tienda en nuestra vida, pero quiz&aacute;s no sabemos verlo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Queremos aprender a mirar a Mar&iacute;a para ver a Jes&uacute;s. Ella siempre nos lleva hasta su Hijo, a Bel&eacute;n. Ya est&aacute; en nuestros corazones en medio de este camino. Y todo comenz&oacute; con ese s&iacute; pronunciado por una ni&ntilde;a:<em> &laquo;Y Mar&iacute;a dijo al &aacute;ngel: -&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso, pues no conozco a var&oacute;n? El &aacute;ngel le contest&oacute;: -El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti, y la fuerza del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamar&aacute; Hijo de Dios. Ah&iacute; tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya est&aacute; de seis meses la que llamaban est&eacute;ril, porque para Dios nada hay imposible. Mar&iacute;a contest&oacute;: &#8211; Aqu&iacute; est&aacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra. Y la dej&oacute; el &aacute;ngel&raquo;<\/em><em>.<\/em> <em>Lucas 1, 26-38<\/em><em>.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">El s&iacute; de una ni&ntilde;a abre las puertas del cielo. La tierra se llena de la luz de Dios. Ese s&iacute; callado, silencioso, oculto, abre la grieta m&aacute;s grande por la que Dios entra en nuestra naturaleza para hacernos ciudadanos del cielo. <strong>Es el milagro m&aacute;s grande.<\/strong><strong> El milagro m&aacute;s oculto.<\/strong><strong> El m&aacute;s humano, el m&aacute;s divino.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Y todo es posible porque, en realidad, nada es imposible para Dios. <\/strong>Dios hace grande lo peque&ntilde;o y hace realidad nuestros sue&ntilde;os. Aunque no lo veamos, aunque no entendamos c&oacute;mo va a suceder todo, la certeza que vuelve al coraz&oacute;n al mirar a Mar&iacute;a es la misma: Dios lo puede todo. Mar&iacute;a es Inmaculada. Lo imposible es posible para Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a el Padre Kentenich: <em>&laquo;Sin mancha es s&oacute;lo algo negativo. En cambio Inmaculada entra&ntilde;a algo positivo en s&iacute;, plenitud de vida natural y sobrenatural. Una plenitud de gracia, Dios es amor. Dios no puede hacer otra cosa que amar. &iexcl;Si el hombre supiese despejar los obst&aacute;culos que se le oponen a esa voluntad de amar que tiene Dios! El &uacute;nico escollo es el pecado, el ego&iacute;smo, la egolatr&iacute;a. Mar&iacute;a no conoci&oacute; ese escollo&raquo;<a href=\"#_ftn6\" name=\"_ftnref6\" title=\"\">[6]<\/a>. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">La Inmaculada no conoci&oacute; ninguna barrera que la alejase del amor de Dios. Era un jard&iacute;n sellado y abierto s&oacute;lo para Dios. Mar&iacute;a Inmaculada tiene la armon&iacute;a y la belleza del para&iacute;so que anhelamos con todas nuestras fuerzas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Todo lo humano es de Dios, eso es lo que Mar&iacute;a nos muestra. A veces queremos salir de nuestra vida, de nuestra misi&oacute;n, porque nos parece gris, y buscamos a Dios fuera de lo cotidiano. Queremos signos prodigiosos, apariciones, grandes experiencias. En ocasiones dejamos de hacer lo que tenemos que hacer por buscar a Dios fuera de nuestra vida ordinaria.<br \/>\nEn Mar&iacute;a Dios se hace palpable en la vida cotidiana. As&iacute; es Dios que se encarna en nuestro hogar, en el trabajo, en nuestro d&iacute;a. Nace all&iacute; y all&iacute; nos habla. Hace de nuestra vida, tal como es, el mejor camino para ser santos. Si profundizamos, si amamos con toda el alma, &Eacute;l, una y mil veces, saldr&aacute; a buscarnos en medio del des&aacute;nimo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a Teilhard de Chardin: <em>&laquo;Recuerda: Cuanto te deprima e inquiete es falso. Estate seguro, nos lo ha prometido Dios. Por eso, cuando te sientas apesadumbrado y triste, adora y conf&iacute;a&raquo;. <\/em>&Eacute;l nos dar&aacute; fuerza en medio de nuestras luchas, en las tareas que parecen peque&ntilde;as, o en ese trabajo que parece ineficaz y duro. Porque en todo trabajo, aunque nos resulte absurdo, est&aacute; Dios. &Eacute;se es el misterio de la Navidad. Es el misterio de Mar&iacute;a. Dios toca nuestra vida y viene a ella, para cambiarla. Desde lo m&aacute;s humano. Desde los que somos y tal como vivimos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mar&iacute;a nos ayuda. Ella en su vida hizo en cada momento lo que Dios le ped&iacute;a. Treinta a&ntilde;os ocultos sirviendo a su marido y a su hijo. Detr&aacute;s de eso estaba el amor m&aacute;s grande. Le queremos pedir que nos ense&ntilde;e a ser como Ella, a vivir con profundidad el d&iacute;a a d&iacute;a, a vivir con alegr&iacute;a nuestra misi&oacute;n sin buscar otras, a saber encontrarnos con el Dios de nuestra vida en cada momento, a retirarnos a hablar con &Eacute;l en nuestra alma, a preguntarnos siempre, una y otra vez, c&oacute;mo mirar&iacute;a Ella, como amar&iacute;a Ella, como vivir&iacute;a Ella.<\/p>\n<p align=\"justify\">&iexcl;Cu&aacute;ntas veces buscamos lo extraordinario! Mar&iacute;a es la maestra de lo ordinario. Nos muestra c&oacute;mo lo cotidiano, vivido hasta el m&aacute;ximo con amor y alegr&iacute;a, es el mejor lugar de encuentro con el Se&ntilde;or. Nuestro camino de santidad y plenitud. Cu&aacute;nto m&aacute;s humanos seamos, m&aacute;s de Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Acercarnos a los dem&aacute;s, dejarnos tocar, ser comprensivos, no juzgar a los distintos, acoger a todos, disfrutar con las cosas peque&ntilde;as, vivir nuestra rutina como una aventura, entregar cada d&iacute;a el trabajo, llevar alegr&iacute;a, ser fieles en los detalles peque&ntilde;os, tener creatividad para hacer felices a los que viven con nosotros, preocuparnos por cada uno. Amar hasta el extremo hoy. Ah&iacute;, escondido en lo m&aacute;s peque&ntilde;o de nuestra vida, est&aacute; Dios. Esa es la escuela de Mar&iacute;a. <strong>&iquest;D&oacute;nde est&aacute; Dios escondido en nuestra vida, en lo m&aacute;s cotidiano?<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Desde que Dios se hizo hombre en Mar&iacute;a, todo lo humano es de Dios, todo lo nuestro le importa y est&aacute; llamado a ser sagrado<\/strong>. Todo lo humano se hace sagrado, es su morada predilecta. Mar&iacute;a es el camino que Dios recorre cada d&iacute;a para llegar a m&iacute;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mar&iacute;a es el camino que yo puedo recorrer para llegar a &Eacute;l. Es la puerta del cielo para m&iacute;. Es la puerta de la tierra para Dios. Es el jard&iacute;n lleno de bosques y fuentes donde cada d&iacute;a puedo encontrarme con &Eacute;l. Al mirarla veo lo que puedo llegar a ser, para lo que estoy hecho. Al mirarla veo el amor de Dios hacia m&iacute;. Y creo en la belleza de la vida aqu&iacute; en la tierra.<\/p>\n<p align=\"justify\">Mar&iacute;a nos une, nos muestra el camino de nuestra plenitud. Nos ense&ntilde;a la integridad a la que estamos llamados, el amor completo, y sobre todo, Ella, en el santuario, nos va modelando en sus manos. Ella tiene la misi&oacute;n de sacar de nosotros lo mejor. De sanar las heridas y unir lo quebrado. Si nos confiamos a Ella, si se lo pedimos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cada uno de nosotros tiene una herida diferente, unos talentos diferentes, un ideal diferente, unas circunstancias diferentes. Mar&iacute;a es nuestra Madre que nos toma como somos y nos acoge con sus ojos de misericordia. A su lado, poco a poco, nos va modelando seg&uacute;n Jes&uacute;s, sacando lo mejor de nosotros. Es capaz de ver lo que nadie ve, nuestro tesoro escondido, nuestro don principal, nuestra tarea. Si nos entregamos a Ella, d&iacute;a a d&iacute;a, pidi&eacute;ndole ayuda, Ella, siempre, aunque parezca imposible, ir&aacute; tallando ese sue&ntilde;o de Dios en nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><em>&laquo;<\/em><\/strong><em>Bienaventurada, t&uacute;, Mar&iacute;a, que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&raquo;.<\/em> Es la bienaventuranza de hoy. Gracias por haber cre&iacute;do, Mar&iacute;a, porque hiciste posible en ti todas las promesas de Dios al hombre. Por tu fe todas las esperanzas de los hombres se hicieron realidad. Necesitamos tocar a Dios, verlo, escucharlo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hoy hacemos nuestras las palabras de una persona que rezaba: &laquo;<em>Ay&uacute;dame a creer como t&uacute;, a confiar como t&uacute;, como un ni&ntilde;o, sost&eacute;n mi c&aacute;liz cuando yo no pueda, qu&eacute;date a los pies de mi cruz cuando sufra, ens&eacute;&ntilde;ame a decir que s&iacute; siempre. Ll&eacute;vame siempre en tus brazos junto a Jes&uacute;s, porque solo me cuesta&raquo;<\/em><strong>. Ella nos acoge, nos educa, nos transforma. Nos lleva a lo m&aacute;s alto y cree en nosotros.<\/strong><\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;, Texto 181<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> J. Kentenich, &ldquo;Kentenich Reader&rdquo; III<\/div>\n<div id=\"ftn3\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\" title=\"\">[3]<\/a> J. Kentenich, &ldquo;Kentenich Reader&rdquo; III<\/div>\n<div id=\"ftn4\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\" title=\"\">[4]<\/a> J. Kentenich, &ldquo;Kentenich Reader&rdquo; III<\/div>\n<div id=\"ftn5\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\" title=\"\">[5]<\/a> J. Kentenich, &ldquo;Kentenich Reader&rdquo; III<\/div>\n<div id=\"ftn6\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref6\" name=\"_ftn6\" title=\"\">[6]<\/a> J. Kentenich, &ldquo;Kentenich Reader&rdquo; III<\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Est&aacute; claro que lo mejor en esta vida es llegar a hacer las cosas por amor. Porque, al fin y al cabo, lo que importa es el amor que damos y recibimos. La misericordia con la que miramos. Las palabras con las que acogemos. Nuestra sonrisa, la capacidad de esperar y &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/maria-la-armonia-y-la-belleza-del-paraiso-que-anhelamos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abMar\u00eda, la armon\u00eda y la belleza del para\u00edso que&nbsp;anhelamos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30811","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30811","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30811"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30811\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30811"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30811"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30811"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}