{"id":30812,"date":"2016-06-11T01:42:08","date_gmt":"2016-06-11T06:42:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/siempre-llega-la-estrella-si-sabemos-mirar\/"},"modified":"2016-06-11T01:42:08","modified_gmt":"2016-06-11T06:42:08","slug":"siempre-llega-la-estrella-si-sabemos-mirar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/siempre-llega-la-estrella-si-sabemos-mirar\/","title":{"rendered":"Siempre llega la estrella si sabemos&nbsp;mirar"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">No s&eacute; muy bien por qu&eacute; pero muchas veces me falta paciencia. Quiero las cosas ya, de forma inmediata, al instante. Me molesta que las cosas no salgan bien, perfectas, como yo quiero. Me empe&ntilde;o en hacer las cosas solo, sin pedir ayuda, porque puedo. Valoro que las cosas se hagan bien, sin fallos. Me irrita, a veces demasiado, que no resulte algo bien, un contratiempo, un imprevisto y las deficiencias de los dem&aacute;s pueden llegar a molestarme.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEntonces me viene bien escuchar a san Juan Cris&oacute;stomo: &laquo;Mientras somos ovejas vencemos, y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran n&uacute;mero. Pero <strong>si nos convertimos en lobos somos vencidos, porque nos vemos privados de la protecci&oacute;n del pastor<\/strong>. No pastorea lobos, sino ovejas. Y se aparta de ti porque no le dejas mostrar su poder&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY es que a veces no le dejo mostrar su poder queri&eacute;ndolo hacer todo bien. No me muestro d&eacute;bil ante Dios y lo busco s&oacute;lo cuando nada puedo. <strong>Me siento lobo, no oveja<\/strong>. <strong>Y no recuerdo, para ser sincero, a ning&uacute;n lobo delante del bel&eacute;n<\/strong>. Recuerdo a pastores indefensos, que cuidaban reba&ntilde;os de ovejas. Siempre me gustaba poner las ovejas cerca de Jes&uacute;s, incluso aquella que estaba coja. Pero no hab&iacute;a lobos, y si aparec&iacute;an en el bel&eacute;n, nunca cerca del Ni&ntilde;o. Al fin y al cabo un lobo no necesita protecci&oacute;n, se basta a s&iacute; mismo, tiene poder y fuerza. Es autosuficiente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>La autosuficiencia es como un c&aacute;ncer<\/strong> que va corrompiendo el alma. Nos hace sentirnos satisfechos con nosotros mismos y nos impide experimentar la precariedad, la carencia, la ausencia, la falta.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>En el Adviento me gustar&iacute;a tener algo m&aacute;s de ese esp&iacute;ritu de oveja arrodillada y coja a los pies de la cuna de Jes&uacute;s<\/strong>. Una oveja que no traiga logros como carta de presentaci&oacute;n. Una oveja necesitada y pobre, herida, suplicante. Una buena forma de empezar estos d&iacute;as.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor todo ello puede ser que <strong>tendamos a valorar m&aacute;s ciertos talentos que hablan de &eacute;xito, de poder, de esfuerzo y logros, que otros talentos menos llamativos<\/strong>. Valoramos a las personas por su brillantez, por su eficacia, por su inteligencia, por su fuerza, por su rapidez, por sus logros. Son talentos importantes, sin duda, pero no los m&aacute;s importantes.<\/p>\n<p align=\"justify\">Un ni&ntilde;o superdotado deslumbra, uno t&iacute;mido no llama la atenci&oacute;n. &Eacute;xitos prematuros nos encandilan, son noticia, retrasos en los estudios nos hablan de debilidad. No solemos valorar tanto al que se esfuerza y no logra su objetivo, al que sirve a los dem&aacute;s con mucha generosidad, al que tiene v&iacute;nculos sanos y profundos. <strong>En los ni&ntilde;os valoramos m&aacute;s su capacidad intelectual que su bondad, su habilidad en alg&uacute;n deporte, sus talentos en la m&uacute;sica, pero no su humildad y sencillez. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor eso nos cuesta tanto aceptar los fallos. Los propios y los ajenos. Nos cuesta mucho pensar que tenemos que pedir ayuda cuando no logramos algo. Una persona mayor me dec&iacute;a hace un tiempo: &laquo;Perdona mis deficiencias&raquo;, refiri&eacute;ndose a su debilidad f&iacute;sica por la edad. Sus palabras me conmovieron.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/>\n<strong>Me gustar&iacute;a a m&iacute; mismo pedir disculpas por mis propias deficiencias. Y no lo hago.<\/strong> Tal vez el amor propio es m&aacute;s fuerte que ese amor m&aacute;s grande que da hasta que duele. Porque en eso consiste la mayor virtud, en amar hasta que nos duela. &iquest;Cu&aacute;ndo duele? <strong>Tal vez cuando duele tenemos la tentaci&oacute;n de dejar de amar. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Y el amor duele cuando ya no nos queda nada m&aacute;s que ofrecer que la propia vida. Cuando no solucionamos ning&uacute;n problema pero seguimos amando con sencillez. <\/strong>Cuando nuestro amor no produce ventajas a nadie y continuamos dando la vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando somos rechazados en nuestro amor y el amor no se torna odio. Cuando damos lo que somos y no somos valorados en la entrega. Cuando seguimos amando una vez que hemos experimentado el desprecio, el rechazo, la indiferencia. Cuando ya no valoran lo que somos y nuestro amor no por ello se vuelve rancio ni amargo. Cuando s&oacute;lo podemos decir a los dem&aacute;s: &laquo;Perdona mis deficiencias&raquo;, aunque nos sigan exigiendo ser perfectos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo por ello dejamos de amar, porque <strong>la capacidad de amar es el mayor talento que podemos suplicar. <\/strong>No lo es tanto la eficacia, ni la inteligencia, ni la fuerza, ni las capacidades que Dios nos regala. Es la capacidad que Dios ha puesto en el alma de amar desde lo profundo, desde lo m&aacute;s hondo. Es ese amor inmenso que Dios nos da. Ese don del Esp&iacute;ritu que nos permite seguir dando cuando no queda nada, y seguir amando en el silencio cuando ya todos nos han olvidado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El Adviento es una nueva oportunidad para darle valor a lo que de verdad vale en nuestra vida y quit&aacute;rselo a lo que no merece tanto la pena<\/strong>. Miramos el presente con algo de distancia, con perspectiva, desde el silencio de la oraci&oacute;n, desde el coraz&oacute;n de Dios donde todo tiene un valor distinto.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Qu&eacute; nos gusta de nuestra vida? &iquest;Qu&eacute; nos parece que podemos cambiar? <strong>Benedicto XVI <\/strong>dec&iacute;a: &laquo;No se comienza a ser cristiano por una decisi&oacute;n &eacute;tica o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientaci&oacute;n decisiva&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQueremos que tenga lugar ese encuentro que cambie nuestra vida. A veces, metidos en la vor&aacute;gine del d&iacute;a a d&iacute;a, no tenemos tiempo para agradecer por lo bueno que Dios nos regala. Dec&iacute;a el <strong>Padre Jos&eacute; Kentenich<\/strong>: &laquo;Hoy nos vemos los unos a los otros casi s&oacute;lo con ojos de mosca, con los ojos de los sentidos. Por eso el ojo de la fe debe ser vigoroso en nosotros&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos cuesta apreciar la belleza, vemos s&oacute;lo lo que es mejorable, lo que no nos gusta. Tener una mirada de fe nos hace agradecer y valorar lo que es un don en nuestra vida. Enorgullecernos as&iacute; de lo que vale la pena. Dar gracias de rodillas por tantos dones, talentos, regalos, que caen en nuestras manos.<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>No miremos con ojos de mosca, que nos hacen ver s&oacute;lo lo negativo<\/strong>, lo sucio, lo incompleto e indignarnos con lo que falta para alcanzar la perfecci&oacute;n. <strong>Mejor miremos con los ojos de Dios, con esos ojos que ven en la oscuridad la luz del amor y hacen brillar lo que no aparece como perfecto ante nuestros ojos<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;Somos la pupila de los ojos de Dios Padre. Siempre nos mira con complacencia. &Eacute;l me mira. &Eacute;l me saluda. Me toca con su mano paternal que es siempre bondadosa&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nOjal&aacute; supi&eacute;ramos mirar as&iacute; siempre. Queremos aprender a darle gracias. &Eacute;l nos quiere y nos acompa&ntilde;a en el camino. Es bueno todo lo que &Eacute;l hace y a veces no comprendemos sus caminos. Queremos darle gracias por todo lo que nos da en la vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAl mismo tiempo <strong>queremos agradecer por lo incompleto<\/strong>, por lo que no est&aacute; bien del todo, por las desilusiones de nuestro camino, por los desencuentros. En las dificultades de la vida nos habla Dios de forma muy clara.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;Las grandes misericordias de Dios en nuestra vida las hemos experimentado en los momentos de las m&aacute;s grandes desilusiones. &Eacute;l sabe <strong>aprovechar las desilusiones de nuestra vida como una escalera hacia el cielo para el entendimiento y el coraz&oacute;n<\/strong>&raquo;<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\" title=\"\">[3]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY desilusiones s&iacute; que tenemos. Anhelamos algo que no llega. Nos tropezamos cuando ya alcanz&aacute;bamos la meta. Luchamos y no conseguimos el premio anhelado. Desconfiamos cuando antes todo nos parec&iacute;a tan seguro. En esos momentos preguntamos: &iquest;D&oacute;nde est&aacute; Dios? &iquest;D&oacute;nde est&aacute; cuando todo a nuestro alrededor parece ir mal?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQueremos aprender a mirar con ojos de Dios, con ojos limpios, incluso lo tortuoso de nuestra vida, lo que no comprendemos. Queremos aprender a ver ah&iacute; la mirada misericordiosa de Dios. Nos contempla y se abaja. Se hace carne para redimir nuestra carne y as&iacute; salvarnos. Nos rescata desde la debilidad del pecado. Nos salva de la mediocridad del d&iacute;a a d&iacute;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAgradecemos por su misericordia reflejada en momentos de dolor. En la soledad. En el miedo. Aparece para sostener nuestro camino y darnos luz.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El Adviento es un tiempo de espera, de una esperanza nueva. &iexcl;Qu&eacute; bonito es esperar a quien amamos!<\/strong> Todos hemos tenido la experiencia de esperar a alguien que nos anuncia que va a llegar. Eso nos conmueve por dentro, aunque aparentemente todo siga igual. <strong>Antes de que llegue ya est&aacute; acerc&aacute;ndose<\/strong>. Algo cambia antes de que est&eacute; con nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\">\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/>\nLa espera de un ser querido, en s&iacute; misma ya es importante. <strong>El anhelo va creciendo, el coraz&oacute;n va vaci&aacute;ndose de otras cosas que normalmente lo ocupan y desea que esa llegada lo llene todo. La esperanza de que llegue por fin nos anima y as&iacute; pregustamos la alegr&iacute;a.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPorque la alegr&iacute;a de estar con la persona a la que queremos, comienza mucho antes de que llegue. So&ntilde;amos con ese momento. Lo importante en nuestra vida se prepara para el encuentro. Deseamos que dure, que no acabe. Para que no sea un momento fugaz. <strong>Cuanto m&aacute;s intensa sea la espera m&aacute;s intenso ser&aacute; el encuentro<\/strong>. Cuanto m&aacute;s grande el anhelo, mayor ser&aacute; la gracia que recibamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHay un poema de <strong>Mario Benedetti<\/strong> que habla de esta espera: &laquo;No lo creo todav&iacute;a, est&aacute;s llegando a mi lado y la noche es un pu&ntilde;ado de estrellas y de alegr&iacute;a. Palpo, gusto, escucho y veo, tu rostro, tu paso largo, tus manos y, sin embargo, todav&iacute;a no lo creo. Tu regreso tiene tanto que ver contigo y conmigo, que por c&aacute;bala lo digo y por las dudas lo canto. Nadie nunca te reemplaza y las cosas m&aacute;s triviales se vuelven fundamentales porque est&aacute;s llegando a casa. Sin embargo, todav&iacute;a, dudo de esta buena suerte, porque el cielo de tenerte me parece fantas&iacute;a. Pero ven&iacute;s y es seguro y ven&iacute;s con tu mirada y por eso tu llegada hace m&aacute;gico el futuro&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMe gusta porque habla de alguien que va a llegar, alguien muy amado, y c&oacute;mo eso hace que todo cambie ya antes de que est&eacute;. As&iacute; sucede en Adviento. Antes de que llegue el Amado ya nos lo imaginamos, en parte lo podemos tocar en ese anhelo, vislumbramos la luz de su venida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa poes&iacute;a habla de que llega, se acerca. Est&aacute; llegando a mi casa, a mi vida, a mi hogar tal como est&aacute;, a mi coraz&oacute;n. <strong>Antes de que llegue ya el coraz&oacute;n ha cambiado<\/strong>. Habla de un regreso que tiene que ver &laquo;contigo y conmigo&raquo;. Jes&uacute;s viene a m&iacute;. Es personal. Su llegada tiene que ver conmigo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHabla de c&oacute;mo esa llegada cambiar&aacute; e inundar&aacute; todo, har&aacute; &laquo;m&aacute;gico el futuro&raquo;. Su llegada supone un cambio, el coraz&oacute;n est&aacute; atento, despierto, tiene luz, vela esperando.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s no pasa de largo. Se queda con nosotros. La poes&iacute;a hablaba de una espera humana en la que podemos tocar, gustar, mirar, escuchar, anhelar su paso, su rostro, su mirada. As&iacute; de concreto es Jes&uacute;s, as&iacute; de humano. Jes&uacute;s nos llena de luz y esperanza, vuelve a venir, est&aacute; a nuestra puerta. Queremos ver su rostro y que nos sane con sus manos, sentirnos mirados con sus ojos de misericordia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos sugiere c&oacute;mo la espera hace que la noche oscura se convierta en pu&ntilde;ado de estrellas y de alegr&iacute;a. El amor cambia la forma de mirar las cosas. Hasta la noche santa de Nochebuena, muchas noches quedan todav&iacute;a. Mucho Adviento, <strong>muchas ventanas del calendario que abrir<\/strong>, llenas, ojal&aacute; de sorpresas, de miradas nuevas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs en la noche cuando m&aacute;s esperamos y el sue&ntilde;o es m&aacute;s fuerte y vivo. &iquest;Cu&aacute;les son mis esperanzas? <strong>&iquest;A qui&eacute;n espero? &iquest;Qu&eacute; necesito que suceda en mi vida?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs verdad que la noche tiene que ver con oscuridades, con miedos, con p&eacute;rdidas. Es la noche en la que hemos podido experimentar que no vemos a Dios. Es la noche en la que no nos sentimos amados, noche del dolor, de no ver el sentido, de no comprender, de no saber por d&oacute;nde va el camino.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTodos nosotros hemos experimentado la noche en nuestra vida, alguna vez, en alg&uacute;n momento. Tal vez una noche larga, o corta. Es algo humano.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Jes&uacute;s tambi&eacute;n la experiment&oacute; al hacerse uno de nosotros. Toc&oacute; la oscuridad de la duda y el miedo. Acarici&oacute; la ausencia de sentido. Se sinti&oacute; solo, abandonado, pobre. Experiment&oacute;, como nosotros, ese hambre infinita, que sue&ntilde;a con d&iacute;as sin noche.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe sinti&oacute; querido y luego rechazado. Vio la oscuridad y temi&oacute; no ver la luz. Comparti&oacute; nuestro camino, nuestra mirada, nuestro coraz&oacute;n apasionado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la noche los mismos Magos de Oriente quisieron ver a Dios y vieron la estrella que les gui&oacute; hasta el portal. Ten&iacute;an un profundo anhelo en el alma y sab&iacute;an que no pod&iacute;an ir a su encuentro si no buscaban una estrella que los guiara.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDe noche la vieron, de d&iacute;a no la hubieran visto. Se hubieran despistado buscando luces. Por eso lleg&oacute; la estrella en medio de su noche, cuando dudaban y no sab&iacute;an. Anhelaban, estaban necesitados, esperanzados, confiados.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY la vieron porque miraron al cielo, levantaron la mirada, dejaron de mirar el polvo de sus pies. Fue su espera la que hizo que llegase la estrella. Su espera se convirti&oacute; en camino hacia Bel&eacute;n.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/>\n<strong>El deseo de la espera hace realidad lo que se sue&ntilde;a<\/strong>. Es la fuerza de los sue&ntilde;os. As&iacute; quiere ser el Adviento: una estrella en la noche, un deseo de plenitud, una mirada al cielo, el deseo de emprender un camino, el anhelo de una plenitud.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQueremos <strong>que sea un tiempo de mirar al cielo, aunque sea de noche, de esperar, incluso contra toda esperanza. Siempre llega la estrella si sabemos mirar<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa estrella que nos habla de que Dios est&aacute; cerca y llega a nuestra vida. Una persona, una palabra, un rato de oraci&oacute;n, un acontecimiento, incluso un dolor o un fracaso, un desencanto. <strong>Para cada uno la estrella de este Adviento ser&aacute; diferente<\/strong>, porque es verdad que para cada uno Dios recorre un camino original para hacerse ni&ntilde;o.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;Debiera darse una disposici&oacute;n en nosotros frente a todo lo que nos suceda, de modo que la primera pregunta fuese: Padre, &iquest;qu&eacute; quieres decirme con esto? Buscar y encontrar a Dios en todo&raquo;<a href=\"#_ftn4\" name=\"_ftnref4\" title=\"\">[4]<\/a>. Buscar la estrella: <strong>&iquest;Cu&aacute;l es mi estrella? &iquest;Para qui&eacute;n soy yo estrella en este Adviento? <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Iniciar el Adviento supone ponernos en camino, hacernos peregrinos. Lo hacemos llenos de alegr&iacute;a y esperanza.<\/strong> Lo queremos hacer como los ni&ntilde;os, dejando detr&aacute;s lo que nos pesa. Cogemos una maleta vac&iacute;a, para que no pese, y nos descalzamos, para no ir corriendo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHacemos nuestras las palabras de una persona que rezaba: &laquo; &iexcl;C&oacute;mo sana caminar descalza! <strong>Si pudi&eacute;ramos descalzarnos, despojarnos ante Dios,&nbsp;nuestra relaci&oacute;n con &Eacute;l cambiar&iacute;a, ser&iacute;a m&aacute;s &iacute;ntima, m&aacute;s sencilla y sagrada. Descalza me siento insegura. Descalza camino m&aacute;s despacio, estoy atenta a cada paso<\/strong>,&nbsp;camino con cuidado, descubri&eacute;ndote mis debilidades, inseguridades y miedos. Descalza ante tu presencia, me ves tal cual soy: insegura, limitada, fr&aacute;gil, impaciente, peque&ntilde;a, apasionada. Con miedo a seguirte, a darlo todo de golpe, Se&ntilde;or. As&iacute; logras entrar en mi rinc&oacute;n sagrado, en mi alma sedienta, en mi coraz&oacute;n encendido. As&iacute; experimento el abandono en tus brazos. Despojada de todo lo que me separa de ti, Se&ntilde;or&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCaminar descalzos, despacio, con respeto. Inseguros, calmados, sintiendo el camino en los pies cansados. El Adviento es un tiempo lento, pausado, lleno de calma y deseo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Padre Kentenich: &laquo;<strong>Goethe nos dio un consejo: Mientras est&eacute;s sereno habr&aacute; una soluci&oacute;n. <\/strong>La expresi&oacute;n estar sereno podemos interpretarla en el sentido de no andar de prisa, <strong>no correr detr&aacute;s de las cosas, ni vivir la vida simplemente arroj&aacute;ndonos a ella, sino m&aacute;s bien cultivar la soledad y la compa&ntilde;&iacute;a de Dios. Si obramos as&iacute; habr&aacute; una soluci&oacute;n para lo que enfrentemos<\/strong>&raquo;<a href=\"#_ftn5\" name=\"_ftnref5\" title=\"\">[5]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor eso no corremos, porque no sirve de nada, porque <strong>las cosas m&aacute;s importantes podemos pasarlas de largo cuando corremos. Porque es aqu&iacute; y ahora cuando Cristo nace<\/strong>, en nuestro camino, cuando estamos detenidos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa vida nos da lo que buscamos cuando no nos impacientamos como esos ni&ntilde;os malcriados que quieren recibirlo todo de forma inmediata. Por eso hoy nos descalzamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs tan f&aacute;cil llenarnos de seguros&hellip; <strong>El Adviento nos invita a desinstalarnos<\/strong>. Muchas veces compruebo lo instalado que puedo llegar a estar. La vida me ayuda a comprobarlo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Adviento nos invita a dejar nuestro sill&oacute;n, a descalzarnos y emprender un camino nuevo. &iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil! La naturaleza se resiste el movimiento. Por eso nos ponemos en camino, descalzos, desprotegidos, expuestos, libres. As&iacute; Dios podr&aacute; acercarse y entrar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa espera es en camino, son pasos, jornadas duras y f&aacute;ciles en las que buscamos a Dios. Es el camino que nos llevar&aacute; a Bel&eacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Dios mismo hizo un largo camino para llegar hasta Mar&iacute;a, hasta Nazaret. Respet&oacute; el tiempo de Mar&iacute;a<\/strong>, camin&oacute; a su encuentro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando Mar&iacute;a dio su s&iacute;, se puso en camino a casa de Isabel para servir, sin pensar en s&iacute; misma, para dar. Esa fue su espera, no quieta, sino llena de amor, en camino. <strong>Su espera fue cuidar a otros. Su espera fue salir de s&iacute; misma.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJos&eacute; y Mar&iacute;a se pusieron en camino, cuando lleg&oacute; el tiempo del parto, hasta Bel&eacute;n. Los Magos se pusieron en camino siguiendo una estrella, con el coraz&oacute;n lleno de esperanza. <strong>&iquest;Qu&eacute; camino tengo que recorrer yo? &iquest;Qu&eacute; quiero recorrer en estos 24 d&iacute;as? &iquest;De d&oacute;nde necesito salir?<\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/>\n<strong>El Adviento es espera, es un camino, es Mar&iacute;a.<\/strong> Ella es la estrella que nos gu&iacute;a. Camina a Bel&eacute;n llena de Dios. En su coraz&oacute;n inmaculado Cristo se hace carne. En su s&iacute; sencillo y humilde. En su entrega alegre y confiada. En sus miedos y en su abandono. En su confianza ciega, en sus manos abriendo el camino en la espesura.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMar&iacute;a es nuestra tierra en este Adviento, nuestra espera, nuestra estrella, nuestro modelo. Somos sus hijos. En Ella aprendemos a vivir y a confiar. La esperanza brot&oacute; con un s&iacute;. Un s&iacute; que nadie oy&oacute;. Un s&iacute; callado en una gruta escondida en Nazaret. Y en otra gruta, en Bel&eacute;n, en silencio de nuevo, se hizo visible la vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nBel&eacute;n y Nazaret se unen. El s&iacute; de los silencios que se unen misteriosamente. <strong>Las esperas est&aacute;n llenas de sentido. Esperar es necesario cuando es seguro que alguien viene.<\/strong> Entonces s&iacute; tiene sentido esperar, ser pausado y no precipitar la respuesta.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsperar con calma como Mar&iacute;a, porque Dios est&aacute; cerca. Dios preguntando y aguardando anhelante la respuesta de Mar&iacute;a. Dios respetando lleno de amor, a la puerta del coraz&oacute;n de Mar&iacute;a. Respetando su inquietud, su temor, su anhelo. Mar&iacute;a, ante Dios, callada, escuchando, abierta, inquieta, esperando, guardando silencio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Y el silencio lo rompe un s&iacute; generoso, un s&iacute; alegre, un s&iacute; lleno de incertidumbre pero confiado<\/strong>, un s&iacute; de ni&ntilde;a, un s&iacute; muy puro por el que Dios puso su tienda entre nosotros. El canto de ese s&iacute;, el primero, el inicial. Ese s&iacute; en el que todos volvemos a nacer, en el que aprendemos a decir que s&iacute;, que queremos, que estamos dispuestos a dar la vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl primer Adviento comenz&oacute; con un s&iacute;. El s&iacute; lleno de vida de Mar&iacute;a. Ese s&iacute; que Mar&iacute;a tuvo que repetir cada ma&ntilde;ana y cada noche a lo largo de toda su vida.<br \/>\n<strong>&nbsp;<br \/>\nEl Adviento de hoy, nuestro adviento diario, vive del mismo s&iacute; de Mar&iacute;a. Se hace fecundo en nuestro propio s<\/strong>&iacute;. Mar&iacute;a nos dice que s&iacute; a nosotros, porque nos quiere, porque nos busca siempre, porque no descansa hasta dar con nosotros, porque nos espera siempre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nElla nos pregunta, como Dios hizo un d&iacute;a: &laquo;&iquest;Me quieres?&raquo; Y nosotros respondemos con sus palabras: &laquo;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&raquo;. El mismo s&iacute; cargado de esperanza, lleno de sentido. &iquest;Respondemos siempre que s&iacute;? &iquest;Decimos que s&iacute; en cada cuesta del camino?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl s&iacute; de la alianza de amor con Mar&iacute;a en el Santuario es ese s&iacute; que brota de un coraz&oacute;n de ni&ntilde;o que se entrega. <strong>Es nuestro s&iacute; torpe, desali&ntilde;ado, inquieto, pedig&uuml;e&ntilde;o, d&eacute;bil, enamorado. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Antes de pronunciar nuestro s&iacute;, escuchamos el suyo, su s&iacute; profundo, hondo, sincero, verdadero<\/strong>. Escuchamos su s&iacute; pronunciado en lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n. Lo o&iacute;mos de nuevo. S&iacute;, nos quiere. Dios nos quiere. Mar&iacute;a nos quiere y espera.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy nos preguntamos: &iquest;Contestamos siempre que s&iacute;? Es el s&iacute; concreto que quiero dar hoy para que Dios toque mi coraz&oacute;n y se haga carne. El s&iacute; a nuestra vida limitada, incompleta, imperfecta. El s&iacute; a nuestros sue&ntilde;os frustrados y a los l&iacute;mites que nos desconciertan. El s&iacute; a nuestros amores llenos de renuncias.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl s&iacute; a nuestra vida, la que hoy es, donde estamos, con sus circunstancias, sin culpar a nadie por lo que nos toca vivir. El s&iacute; a la realidad que a veces nos desconcierta. El s&iacute; a nuestra debilidad tantas veces ocultada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQueremos que hoy Mar&iacute;a irrumpa as&iacute; en nuestra vida. Mar&iacute;a nos mira, nos espera, aguarda descalza en medio del camino, respetando, sin prisas. <strong>Ella nunca tiene prisa. Nosotros casi siempre.<\/strong> Somos fr&aacute;giles. Ella es la roca, el abrazo, la mirada, el ancho mar. En Ella descansamos y caminamos hacia Bel&eacute;n. <strong>En Ella tocamos a Dios<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa invitaci&oacute;n del Evangelio de hoy es clara: tenemos que estar en vela, atentos y despiertos porque Cristo viene: &laquo;Por tanto, estad en vela, porque no sab&eacute;is qu&eacute; d&iacute;a vendr&aacute; vuestro Se&ntilde;or. Comprended que si supiera el due&ntilde;o de casa a qu&eacute; hora de la noche viene el ladr&oacute;n, estar&iacute;a en vela y no dejar&iacute;a abrir un boquete en su casa. Por eso, estad tambi&eacute;n vosotros preparados, porque a la hora que menos pens&eacute;is viene el Hijo del hombre&raquo;. Mateo 24, 37-44.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos habla de la segunda venida de Jes&uacute;s. <strong>M&aacute;s all&aacute; del lenguaje apocal&iacute;ptico y dif&iacute;cil de entender, lo que nos dice Jes&uacute;s es que volver&aacute;, que no nos abandona, que desde que se ha hecho hombre camina con nosotros <\/strong>y que no se ha ido para siempre, que no est&aacute; lejos, que no nos olvida. Nos recuerda que siempre, cada d&iacute;a, nos sale al encuentro a cada uno para amarnos. Que no tenemos que tener miedo ni desconfiar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPorque <strong>la esperanza siempre vence. Aunque haya desgracias a nuestro alrededor, crisis, tragedias incomprensibles, Dios permanece en mi cruz<\/strong>, atado a mi dolor, sosteniendo mi &aacute;nimo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn medio de las dificultades de la vida, el grito de ese Dios que viene a nuestro encuentro nos sostiene. &Eacute;l es la esperanza que le da peso a nuestro caminar. <strong>Y en medio de la vida, vendr&aacute; el d&iacute;a, no sabemos c&oacute;mo, ni cu&aacute;ndo, en el que volver&aacute; Jes&uacute;s para llevar a la plenitud al mundo que tanto ama. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; caminamos todos los hombres, con esa esperanza dibujada en el alma, con esa confianza labrada en nuestra tierra, con esos miedos tan humanos que nos paralizan a veces.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAvanzamos en vela, despiertos, atentos, esperando. Para que no nos sorprenda dormidos en medio de la noche. Con esa certeza envuelta en incertidumbre, porque <strong>no sabemos ni el d&iacute;a ni la hora, tampoco nos importa. <\/strong><\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<br \/>\nNuestro camino es en claroscuro. Siempre hay d&iacute;as de luz y d&iacute;as de sombra. Llevamos en el coraz&oacute;n una sed que necesita ser saciada, un fuego que necesita ser cuidado, dolores que necesitan ser calmados, heridas que necesitan cicatrizar, cruces que necesitan ser descargadas y compartidas, sue&ntilde;os de aventuras que necesitan ser cumplidos, ideales que necesitan ser recordados. As&iacute; caminamos y hoy Jes&uacute;s nos dice que vendr&aacute;, que no temamos, que seguro que vendr&aacute;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy de forma especial se nos muestra como el principio y el fin de nuestra vida. <strong>En &Eacute;l comienza el camino, en &Eacute;l trascurre, en &Eacute;l concluye.<\/strong> El caminante, el peregrino, que va siempre con nosotros es Cristo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Evangelio esconde una promesa de plenitud y una petici&oacute;n de espera, de paciencia. &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta ser pacientes! Pero &Eacute;l vendr&aacute;, lo sabemos y nosotros esperamos, le esperamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>La espera y el encuentro van unidos. La sed y el agua. Nuestra orilla y su mar.<\/strong> Nosotros, torpes y limitados, y Dios, inmenso y lleno de misericordia. As&iacute; es el camino que recorremos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Este tiempo, en realidad, toda nuestra vida, es el Adviento de esa venida. La espera anhelante.<\/strong> El coraz&oacute;n en vigilia. Como el de Mar&iacute;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCada uno de nosotros espera tantas cosas&#8230; Nuestros sue&ntilde;os nos superan, es cierto. So&ntilde;amos en grande aunque somos peque&ntilde;os. Ojal&aacute; cada d&iacute;a podamos ponernos de nuevo en camino.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nIsa&iacute;as nos muestra hacia d&oacute;nde caminamos: &laquo;Venid, subamos al monte del Se&ntilde;or, a la casa del Dios de Jacob: &Eacute;l nos instruir&aacute; en sus caminos y marcharemos por sus sendas. De las espadas forjar&aacute;n arados, de las lanzas, podaderas.&nbsp;No alzar&aacute; la espada pueblo contra pueblo, no se adiestrar&aacute;n para la guerra&raquo; Isa&iacute;as 2, 1-5.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Esperamos un mundo en armon&iacute;a<\/strong>, lleno de paz y de luz. Hoy la Iglesia nos muestra esta lectura al principio del Adviento para mostrarnos c&oacute;mo <strong>nuestro Adviento no se acaba en Navidad. El Adviento es toda nuestra vida.<\/strong> El Adviento precede la luz plena del cielo, donde ya no habr&aacute; guerras, ni luchas, ni incomprensi&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMientras tanto, en el camino, avanzamos siempre esperando, anhelando, caminando. Nunca instalados, porque estamos en camino. Queremos estar maduros y dejar de pecar, <strong>so&ntilde;amos con una santidad est&aacute;tica, labrada en cart&oacute;n piedra. No funciona. Estamos en camino. <\/strong>Somos distintos a ayer, y muy distintos a ma&ntilde;ana.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nOjal&aacute; sea para bien. Que hoy seamos mejores de lo que &eacute;ramos ayer, y ma&ntilde;ana mejores todav&iacute;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iexcl;Qu&eacute; bonito cuando acompa&ntilde;amos a personas mayores que han recorrido muchas etapas de su vida y est&aacute;n m&aacute;s hechas, m&aacute;s maduras, m&aacute;s humanas, m&aacute;s llenas, m&aacute;s alegres! Lo contrario, &iexcl;qu&eacute; pena cuando pasan los a&ntilde;os y en lugar de madurez, encontramos amargura y en lugar de sabidur&iacute;a, infantilismo, ego&iacute;smo, una mirada autorreferente!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNuestra vida es Adviento, sue&ntilde;o, espera. Nuestra vida es el deseo de ser de Dios, atados a la tierra pero mirando las estrellas. Hoy comenzamos conscientemente a prepararnos para vivir con ilusi&oacute;n y paz ese momento en el que Dios hizo el camino m&aacute;s largo: se despoj&oacute; de su rango para hacerse uno de nosotros, ni&ntilde;o peque&ntilde;o, ignorante y necesitado, pobre, limitado. Y todo para salvarnos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo hay amor m&aacute;s grande que el de aquel que da la vida por los suyos, ese amor que se entrega por entero, sin guardarse nada. Amando siempre hasta el extremo. Sin olvidar a ninguno de los que le han sido confiados.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>No hay misterio mayor que ese Dios que nace en la piel de hombre<\/strong>, en su precariedad, en la belleza de su vida. <strong>Jes&uacute;s vino a nosotros hace m&aacute;s de dos mil a&ntilde;os. Nosotros caminamos hacia Dios todos los d&iacute;as de nuestra vida<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nVino a trav&eacute;s del s&iacute; humano de Mar&iacute;a, ese s&iacute; ante el cual el cielo enmudeci&oacute;, esperando reverente la respuesta libre de una ni&ntilde;a muy pura en Nazaret. Dios irrumpi&oacute; en nuestra vida para siempre, para caminar con nosotros, en nosotros. Se someti&oacute; a nuestra libertad y esper&oacute; nuestro s&iacute; confiado, lo sigue esperando.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;, Texto 209<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;, Texto 215<\/div>\n<div id=\"ftn3\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\" title=\"\">[3]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;USA Terziat&rdquo;<\/div>\n<div id=\"ftn4\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref4\" name=\"_ftn4\" title=\"\">[4]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;. Texto 211<\/div>\n<div id=\"ftn5\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref5\" name=\"_ftn5\" title=\"\">[5]<\/a> J. kentenich, &ldquo;Ni&ntilde;os ante Dios&rdquo;, 279<\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban No s&eacute; muy bien por qu&eacute; pero muchas veces me falta paciencia. Quiero las cosas ya, de forma inmediata, al instante. Me molesta que las cosas no salgan bien, perfectas, como yo quiero. Me empe&ntilde;o en hacer las cosas solo, sin pedir ayuda, porque puedo. Valoro que las cosas se hagan &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/siempre-llega-la-estrella-si-sabemos-mirar\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSiempre llega la estrella si sabemos&nbsp;mirar\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30812","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30812","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30812"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30812\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30812"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30812"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30812"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}