{"id":30816,"date":"2016-06-11T01:42:17","date_gmt":"2016-06-11T06:42:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/aqui-y-ahora-ante-ti-jesus-pasa-muevete-miralo-dejate-mirar\/"},"modified":"2016-06-11T01:42:17","modified_gmt":"2016-06-11T06:42:17","slug":"aqui-y-ahora-ante-ti-jesus-pasa-muevete-miralo-dejate-mirar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/aqui-y-ahora-ante-ti-jesus-pasa-muevete-miralo-dejate-mirar\/","title":{"rendered":"Aqu\u00ed y ahora, ante ti, Jes\u00fas pasa\u2026 mu\u00e9vete, m\u00edralo, \u00a1d\u00e9jate&nbsp;mirar!"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">No s&eacute; por qu&eacute; pero a veces me veo pregunt&aacute;ndome d&oacute;nde y c&oacute;mo me encontrar&eacute; dentro de veinte o treinta a&ntilde;os. Es como si los miedos tuvieran fuerza y quisieran plantearnos enigmas sin soluci&oacute;n. No lo sabemos. No sabemos si llegaremos a vivir un d&iacute;a m&aacute;s.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY, sin embargo, nos importa pensarnos dentro de tanto tiempo, imaginar el rostro ajado, el pelo m&aacute;s blanco, la vida algo m&aacute;s gastada. Como si el tiempo importara demasiado. Como si nos preocupara el estado de plenitud de nuestra vida entonces.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nos agobiamos por el futuro, por lo que tenemos por delante. Como si lo quisi&eacute;ramos tener todo controlado<\/strong>. Como si nos importaran tanto las decisiones y los cambios que pueda tener nuestra vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn ocasiones <strong>nos agobia la posibilidad de no ser fieles, de no ser felices, de no hacer felices a otros, de no encontrar un sentido<\/strong>. <strong>Nos asusta una ancianidad vivida sin rumbo, sin alegr&iacute;a, sin esperanza<\/strong>. Quiz&aacute;s porque vemos a algunos ancianos caminar sin alegr&iacute;a hacia la muerte. Aunque tambi&eacute;n vemos a muchos vivir con alegr&iacute;a su ancianidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>A veces nos parece que el futuro, lo que ha de venir, es m&aacute;s importante que nuestro presente<\/strong>. Pensamos que nuestra vida ser&aacute; m&aacute;s plena en el momento en que nuestros hijos crezcan, imaginamos que entonces podremos hacer muchas cosas. O cuando tengamos otro trabajo. O cuando nos jubilemos y tengamos tiempo libre. O cuando nos quieran mejor y nos sintamos m&aacute;s llenos. O cuando encontremos un sentido a todo lo que hacemos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs como si pens&aacute;ramos que siempre hay una posibilidad nueva, una nueva oportunidad, una ocasi&oacute;n para volver a empezar. Lo malo es cuando, preocupados por el futuro y su aspecto, dejamos pasar la vida sin importarnos el presente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPasan las oportunidades, los momentos, las ocasiones propicias y las dejamos pasar llevados por el miedo. Dejamos pasar ante nuestros ojos lo que pod&iacute;a ser y ya no es. <strong>Dejamos de subir al &aacute;rbol como Zaqueo, porque no es el momento y no corresponde. No abrimos la puerta a Dios, pensando en nuestras cosas, y Dios pasa de largo.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nVivimos el presente pensando en el futuro. Sin prestarle atenci&oacute;n, <strong>sin entregarnos totalmente en lo que estamos haciendo.<\/strong> Escuchamos sin inter&eacute;s, conducimos pensando en lo que nos falta por hacer, perdemos la paz mirando la lista de cosas por hacer.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo nos tomamos en serio la vida y a las personas que Dios pone ante nosotros. Vivimos lo que todav&iacute;a no ha sucedido con preocupaci&oacute;n y dejamos de vivir lo que tenemos entre manos cuando es lo que Dios quiere que hagamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa llamada de hoy sucede ahora, aqu&iacute;, en mi &aacute;rbol, en la hora que est&aacute; pasando, justo cuando Jes&uacute;s pasa ante m&iacute;. <strong>Aqu&iacute; y ahora nos decidimos por &Eacute;l o lo dejamos pasar<\/strong>. Nos preocupamos de lo que todav&iacute;a no ha sucedido o nos tomamos en serio la posibilidad de optar hoy, en este momento, con audacia, confiando. O damos el todo en lo que hacemos o s&oacute;lo nos damos a medias.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa verdad es que <strong>Dios respeta nuestros tiempos y nuestra originalidad<\/strong>. Se adapta a nosotros, nos habla en nuestro idioma.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA nosotros nos cuesta m&aacute;s respetar nuestra propia originalidad, y m&aacute;s a&uacute;n la de los dem&aacute;s. Nos forzamos tratando de adaptarnos a moldes establecidos, a lo que los dem&aacute;s hacen, a lo que esperan de nosotros. Entonces no respetamos la fuerza creadora que existe en nuestro interior.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPensamos que es mejor pasar desapercibidos, tener un bajo perfil para no llamar la atenci&oacute;n, para que no se fijen en nuestra forma de vestir, en nuestra apariencia, en nuestros juicios. <strong>Nos importa demasiado la opini&oacute;n de los otros y as&iacute; acabamos cayendo en la masificaci&oacute;n<\/strong>, algo que se da tambi&eacute;n en nuestra vida de fe.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos masificamos haciendo todos lo mismo. Eso de subirnos a un &aacute;rbol como Zaqueo nos parece impensable. &iexcl;Qu&eacute; van a decir!, pensamos. Creemos que es m&aacute;s sano y salvador hacer todos lo mismo, siguiendo las mismas normas, comport&aacute;ndonos de una manera parecida. Sobre todo hacer las cosas sin llamar la atenci&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor eso <strong>nos incomodan los que llaman la atenci&oacute;n<\/strong>, los que no act&uacute;an como estaba convenido, los que se exceden en su forma de actuar, los que se suben a un &aacute;rbol para ver a Jes&uacute;s. Los juzgamos porque nos parece que desentonan. Y no es bueno desentonar en esta vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos cuesta que otros destaquen mucho con su originalidad y hagan aquellas cosas que nosotros jam&aacute;s habr&iacute;amos pensado y jam&aacute;s nos atrever&iacute;amos a realizar. Nos cuesta que alcancen metas que anhelamos pero que nos resultan imposibles. Nos inquieta que, desde lo alto de su &aacute;rbol, no pasen desapercibidos para nadie.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn realidad, nos gusta m&aacute;s la masa. Nos asusta estar en el candelero y que opinen sobre nosotros y nos juzguen. <strong>Nos da miedo destacar y ser fieles a nuestra originalidad<\/strong>. Nos incomoda seguir la voz del coraz&oacute;n y actuar de acuerdo a lo que &Eacute;l ha sembrado en el alma.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor eso<strong> acabamos desperdiciando muchos de nuestros talentos. Porque no queremos arriesgar.<\/strong> Porque tememos ser rechazados. Porque la vida es corta y hay que vivirla sin grandes aspavientos, con normalidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY as&iacute; <strong>ahogamos las voces que gritan en el alma<\/strong>. Acallamos el deseo de ser fieles a lo que Dios nos pide. Nos quedamos metidos en la masa, sin gritar mucho, callados, escondidos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nZaqueo s&oacute;lo quiere ver a Jes&uacute;s. S&oacute;lo quiere distinguirle de lejos. Porque sabe que Jes&uacute;s tiene algo nuevo, especial, distinto. <strong>Hay algo en &Eacute;l que responde a lo que lleva buscando toda su vida. Algo valioso que el dinero no da, ni tampoco el poder<\/strong>. Todo eso lo deja vac&iacute;o.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nZaqueo pod&iacute;a haberse quedado en su rutina, en su d&iacute;a ordinario. Pod&iacute;a haberse quedado en sus negocios y haber evitado acudir a ese lugar por el que iba a pasar Jes&uacute;s. Pero <strong>no se queda quieto, es creativo, inventa, sale de su rutina y se pone en camino<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Por qu&eacute; quer&iacute;a verlo? No sabemos sus razones m&aacute;s &iacute;ntimas. Tal vez hab&iacute;a o&iacute;do hablar de Jes&uacute;s. S&oacute;lo quer&iacute;a verle de lejos, con una mezcla de curiosidad y algo de miedo. Tal vez ni siquiera &eacute;l sab&iacute;a lo que buscaba, porque lo tapaba con su d&iacute;a a d&iacute;a. Seguramente no hab&iacute;a profundizado en el oc&eacute;ano oculto de su alma, ni se hab&iacute;a detenido a pensar qu&eacute; era lo que le faltaba. A lo mejor ni siquiera conoc&iacute;a su propia sed.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin embargo, hab&iacute;a algo de intriga que no le dejaba tranquilo. &Eacute;l se habr&iacute;a conformado con verlo. Le hab&iacute;an contado sus milagros. Quer&iacute;a comprobar con sus propios ojos si ese tal Jes&uacute;s era un hombre al que merec&iacute;a la pena conocer.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo piensa en las consecuencias de su acto. <strong>No piensa que otros puedan juzgarlo, o, si lo piensa, no le importa.<\/strong> &Eacute;l quiere ver a Jes&uacute;s y todo lo justifica con tal de verlo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero, &iquest;por qu&eacute; se subi&oacute; Zaqueo en un &aacute;rbol? &iquest;No pod&iacute;a haberse acercado como los otros, andando, con humildad? &iquest;No es acaso un gesto de prepotencia? &laquo;Corri&oacute; m&aacute;s adelante y se subi&oacute; a una higuera&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMuchos juzgar&iacute;an su atrevimiento. Pensar&iacute;an que era un acto para llamar la atenci&oacute;n y no pasar desapercibido. Ese publicano, explotador, se cre&iacute;a adem&aacute;s tan superior que hac&iacute;a esas cosas para ser visto. Ver&iacute;an la acci&oacute;n, la superficie de un gesto, como algo impertinente. Murmurar&iacute;an en su interior y juzgar&iacute;an por lo que ve&iacute;an. Su mirada no les permit&iacute;a ver el coraz&oacute;n de Zaqueo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Cu&aacute;les eran sus verdaderas razones? Zaqueo se subi&oacute; a un &aacute;rbol <strong>por un problema de estatura<\/strong>: &laquo;Trataba de distinguir qui&eacute;n era Jes&uacute;s, pero la gente se lo imped&iacute;a, porque era bajo de estatura&raquo;. El problema de la altura le hizo tomar una decisi&oacute;n audaz. Mucha gente no le dejaba ver y &eacute;l quer&iacute;a ver: &laquo;Para verlo&raquo;. Tienen mucha fuerza estas palabras y su gesto. Quer&iacute;a ver a Jes&uacute;s. No se sent&iacute;a digno de acercarse. &Eacute;sa es la raz&oacute;n de su comportamiento.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs fiel a su originalidad, a la voz de su coraz&oacute;n y se sube a un &aacute;rbol. Se expone. Es bajo de estatura y asume su limitaci&oacute;n. Necesita un &aacute;rbol. Sin ese &aacute;rbol no podr&iacute;a ver a Jes&uacute;s. Hace el rid&iacute;culo, porque era bajo de estatura.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAlgunos se reir&iacute;an de &eacute;l, porque era bajo y se sub&iacute;a a una higuera. Tal vez incluso la risa de los que lo rodeaban pudo ser lo que hizo que Jes&uacute;s se volviera a mirarlo. <strong>Su fracaso ante los hombres se convertir&aacute; en un &eacute;xito ante Dios. Su rid&iacute;culo se convierte en un don, en una gracia, en una grieta por la que entra Dios.<\/strong> Su debilidad y limitaci&oacute;n se convierten en la puerta de entrada al coraz&oacute;n de Dios.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUna persona rezaba de esta manera consciente de sus limitaciones:&nbsp;&laquo;Ser humilde en ideas, conoci&eacute;ndome a m&iacute; misma, mis defectos y miserias. Ser humilde en deseos, sin pretender que me estimen o valoren. Ser humilde en palabras, no hablando nada del bien que s&oacute;lo Dios ha hecho en m&iacute;, callada a&nbsp;las humillaciones y desprecios, que ayudan a vencer mi amor propio. Ser humilde en obras, aceptando alegre las ocupaciones mas insignificantes, dignas de m&iacute; ante tu grandeza, Se&ntilde;or&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPodr&iacute;a ser la oraci&oacute;n de Zaqueo. Vence el miedo al rid&iacute;culo. Su limitaci&oacute;n es la llave de entrada. Jes&uacute;s entrar&aacute; en su vida. &Eacute;l entrar&aacute; en la vida de Jes&uacute;s. Y todo porque era bajo de estatura.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Despreciamos los l&iacute;mites que tenemos tantas veces. Nos duele ser bajitos, o gordos, o poco inteligentes, o tener mala voz.<\/strong> Pensamos que no valemos y nos quejamos de nuestras torpezas y debilidades. No las besamos con alegr&iacute;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo nos produce paz pensar que somos limitados. M&aacute;s bien nos turbamos al pensar que no podemos llegar tan lejos como otros. Se nos olvida que <strong>nuestra gran debilidad, nuestra carencia, nuestra herida, puede ser la llave que Dios usa para llegar a nuestro coraz&oacute;n<\/strong>. En nuestra debilidad est&aacute; nuestra fortaleza. As&iacute; pas&oacute; con Zaqueo, as&iacute; pasa con nosotros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy vemos de nuevo <strong>la importancia que puede llegar a tener una mirada<\/strong>: &laquo;Jes&uacute;s, al llegar a aquel sitio, levant&oacute; los ojos&raquo;. Me encanta este gesto de Jes&uacute;s. Levantar la mirada cuando uno va caminando, rodeado de gente, no es tan f&aacute;cil. Levant&oacute; los ojos y los apart&oacute; de los que lo rodeaban y quer&iacute;an tocarlo. Le mira.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY <strong>no mira como los otros<\/strong>. No ve que Zaqueo es ese hombre rico, poderoso y pecador al que tantos desprencian: &laquo;Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico&raquo;. No piensa que roba y act&uacute;a con maldad. En realidad <strong>s&oacute;lo se fija en su alma. Lo mira con ternura, descubre qui&eacute;n<\/strong> es apartando las apariencias.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Le quita la m&aacute;scara y se encuentra con ese hombre herido. Descubre su miedo velado, su deseo de ser amado oculto en una aparente prepotencia<\/strong>. Ve su deseo de encontrar sentido a su vida, aunque quiera aparentar que todo lo tiene controlado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s no pasa de largo ante su mirada de b&uacute;squeda. Muchos le gritan, le llaman, pero Jes&uacute;s se para en ese momento ante el &aacute;rbol de Zaqueo. &iexcl;Bendito &aacute;rbol! &iexcl;Bendita estatura! <strong>La herida, la limitaci&oacute;n, se convierte en fuente de vida. En ese momento se detiene el tiempo<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Hacia d&oacute;nde iba Jes&uacute;s? No importa. &iquest;Cu&aacute;l era esa agenda apretada que marcaba sus pasos? Tampoco es relevante. No sabemos lo que iba a hacer, poco importa. Para &Eacute;l s&oacute;lo existe Zaqueo en ese instante. Una persona expresaba el deseo del alma.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl coraz&oacute;n quiere que Jes&uacute;s se detenga ante nosotros: &laquo;<strong>Qu&eacute;date, Se&ntilde;or, en mi silencio, ese silencio en el que yo no s&eacute; estar<\/strong>, acogiendo mi propia alma. Qu&eacute;date&nbsp;en mi silencio para que, sinti&eacute;ndote, no necesite hablar.&nbsp;<strong>Qu&eacute;date&nbsp;para&nbsp;custodiar&nbsp;la pureza&nbsp;del primer Amor<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQu&eacute;date para que sea la soledad fecunda.&nbsp;Qu&eacute;date&nbsp;y ens&eacute;&ntilde;ame que en el silencio no mueres sino que creces&nbsp;y, en su fecundidad, crezca yo tambi&eacute;n, como lo hizo Mar&iacute;a. Qu&eacute;date en mi silencio sin que tenga yo que decir nada, viviendo el gozo del contemplarte. Qu&eacute;date para acoger como t&uacute; acoges.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQu&eacute;date en mi silencio <strong>para que&nbsp;mi herida se transforme, y&nbsp;pueda descubrir que en ella&nbsp;compartes conmigo tu intimidad.<\/strong> Qu&eacute;date en mi silencio para&nbsp;calmar mi alma que f&aacute;cilmente se altera. <strong>Qu&eacute;date y ll&eacute;vame en silencio al pie de la cruz, con Mar&iacute;a, y sea mi silencio&nbsp;tu compa&ntilde;&iacute;a<\/strong>&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>La importancia del presente, la sacralidad del momento.<\/strong> En el silencio del &aacute;rbol Zaqueo mira y es mirado. Tal vez en el interior de su coraz&oacute;n rezaba esas palabras: Qu&eacute;date, Se&ntilde;or. <strong>En ese instante sagrado Dios se hace presente en su vida para siempre. <\/strong>Jes&uacute;s se queda con &eacute;l, se detiene ante &eacute;l, lo acoge y lo abraza.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Un cruce de miradas y Jes&uacute;s conoce de un solo golpe su vida, su pecado<\/strong>, su peque&ntilde;ez. Al mismo tiempo, sabe lo que Zaqueo puede llegar a ser si se deja hacer por Dios. S&iacute;, Jes&uacute;s siempre ve m&aacute;s all&aacute; del presente. Y mira en lo profundo del oc&eacute;ano de nuestro coraz&oacute;n. Conoce los sue&ntilde;os m&aacute;s ocultos, aquellos que nosotros mismos ignoramos. As&iacute; es Dios que nos da siempre m&aacute;s de lo que nosotros pedimos. Siempre desborda. Siempre supera las expectativas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl encuentro entre Jes&uacute;s y Zaqueo es el encuentro entre dos miradas. <strong>Una mirada llena de sed, la de Zaqueo. Otra mirada llena de amor, la de Jes&uacute;s. <\/strong>Una mirada llena de b&uacute;squedas incumplidas, de sue&ntilde;os incompletos, de preguntas sin respuestas. La otra mirada llena de calidez, de acogida, de elecci&oacute;n personal en medio de mucha gente. La importancia de la mirada. Unos ojos que se elevan a lo alto y nos encuentran. Unos ojos que miran hacia abajo, desde una higuera, y se cruzan con los de Jes&uacute;s.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Vamos por la vida sin levantar la mirada. <\/strong>La tenemos fija en nuestras preocupaciones y problemas. En las personas que nos rodean e intentan tocarnos. La tenemos puesta en nuestro propio coraz&oacute;n y nos preguntamos continuamente c&oacute;mo nos sentimos. As&iacute; no avanzamos. Porque muchas veces la mirada se detiene en nuestros miedos, en nuestra mediocridad y de ah&iacute; no sale.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&oacute;lo miramos nuestro miedo, nuestra angustia, y es mucho mayor que cualquier otra cosa. Sin embargo, una mirada puede cambiar nuestra propia mirada. Mirar y ser mirados. <strong>Al ser mirados de forma diferente aprendemos a mirar.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPorque normalmente miramos poco. Vamos con prisa. Nos quedamos pensando en algo y no vemos a nadie. <strong>Vamos por la calle contestando mensajes, sin levantar la mirada. Vivimos sumergidos en nuestros problemas. No miramos. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Y tampoco miramos con amor. Nuestra mirada no pregunta al otro c&oacute;mo se encuentra.<\/strong> Tal vez ya no nos importa porque no tenemos tiempo. <strong>No miramos enalteciendo, admirando, sosteniendo. No miramos comprendiendo, disculpando, alegr&aacute;ndonos. Nuestra mirada puede estar llena de reproches y quejas. De exigencias y faltas de cari&ntilde;o<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a vi el anuncio de una pel&iacute;cula: &laquo;La mirada del amor&raquo;. Una mirada que nos sostiene es la de quien nos ama y quiere nuestro bien. El protagonista de la pel&iacute;cula descubre que nadie le hab&iacute;a mirado hasta entonces como esa mujer.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn realidad <strong>es la mirada del amor la que nos descubre un mundo nuevo<\/strong>, otra forma de ver la vida. Es la mirada que cambi&oacute; la vida de Zaqueo, porque nadie antes lo hab&iacute;a mirado como aquel hombre. Jes&uacute;s le mir&oacute; a &eacute;l, s&oacute;lo a &eacute;l, en medio de tantos. Jes&uacute;s se detiene para entrar en di&aacute;logo y mirar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Una mirada nos puede sanar para siempre<\/strong>. La mirada de Zaqueo dice: &laquo;&iquest;Qui&eacute;n eres T&uacute;?&raquo; Y la otra dice: &laquo;S&eacute; qui&eacute;n eres t&uacute;, Zaqueo, publicano, hombre herido, pobre. S&eacute; qui&eacute;n eres en lo m&aacute;s profundo de tu coraz&oacute;n&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa mirada de Zaqueo estaba llena de miedo, la de Jes&uacute;s de misericordia. La mirada de Zaqueo expresaba sin saberlo una petici&oacute;n. <strong>La mirada de Jes&uacute;s lo da todo<\/strong>. Las dos miradas se encuentran. Toda la vida esperando ese momento. Jesus sabe ver su sed, su anhelo, su necesidad, su b&uacute;squeda. M&aacute;s all&aacute; de sus hechos. Sabe que es pecador, jefe de publicanos y rico.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSu mirada no lo condena. Al contrario, Jes&uacute;s ve el anhelo de su coraz&oacute;n, su necesidad m&aacute;s &iacute;ntima, su vac&iacute;o en medio de las riquezas. Jes&uacute;s se conmueve ante su manera ingenua de querer verle, aunque sea de lejos, en lo alto de una higuera.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nOtros estar&iacute;an m&aacute;s cerca, a su lado, confiando en su amor, en su propia pureza. Tal vez eran mejores, no robaban, no se aprovechaban del pobre. Pero Jes&uacute;s, no s&oacute;lo se deja ver por Zaqueo, sino que se detiene y lo mira. Esa mirada abland&oacute; la dureza de su coraz&oacute;n e hizo que se mostrara vulnerable y peque&ntilde;o ante Jes&uacute;s. Esa mirada cambi&oacute; su vida para siempre. Y, seguramente, su propia forma de mirar a los hombres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa mirada, unida a las palabras, cambia la vida de Zaqueo. Porque Jes&uacute;s se invita a comer a su casa: &laquo;Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa&raquo;. Jes&uacute;s dio m&aacute;s todav&iacute;a, le <strong>pidi&oacute; que lo recibiese en su casa. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>No le dijo que ten&iacute;a que cambiar de vida porque era un pecador. No lo conden&oacute;<\/strong>, no lo juzg&oacute;, no le exigi&oacute; nada, s&oacute;lo le pidi&oacute; algo sencillo, simplemente quer&iacute;a que lo recibiese en su casa. Va a casa de un pecador p&uacute;blico, va a comer con pecadores. <strong>Eso fue lo que produjo el cambio m&aacute;s profundo en el alma de Zaqueo<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCon la alegr&iacute;a por recibir a Jes&uacute;s en su casa desciende del &aacute;rbol: &laquo;&Eacute;l baj&oacute; en seguida y lo recibi&oacute; muy contento&raquo;. Con rapidez desciende y se acerca a Jes&uacute;s. Se llen&oacute; de alegr&iacute;a, se sinti&oacute; escogido. Una petici&oacute;n, un deseo expreso, una respuesta dada por Zaqueo con alegr&iacute;a. Jes&uacute;s quer&iacute;a alojarse en su casa, meterse en su vida, invadir su intimidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl Padre Kentenich nos explica <strong>la importancia de la fe en los momentos en los que Dios nos pregunta, se detiene ante nosotros y nos interpela<\/strong>: &laquo;La luz de la fe debe iluminar, debe mostrarme el camino. A esta luz debo entregarme. <strong>Tengo que aprender a ver siempre a Dios, al Dios del amor, detr&aacute;s de todo. <\/strong>Debo colocar la escalera, mirar hacia arriba y preguntar: &iquest;Qu&eacute; quiere decirme Dios con esto? En toda circunstancia: es la voluntad de Dios, por eso permanezco tranquilo. Debo colocar la escalera para el coraz&oacute;n. Si no elaboro el acontecimiento con el coraz&oacute;n, a la larga, no llegar&eacute; a ser un hombre interiormente libre&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMirar a Dios con la luz de la fe. Entender que detr&aacute;s de una escena tan normal, tan humana, se encuentra el deseo de estar con Dios, de seguir sus pasos. En ocasiones queremos justificar todo lo que hacemos. Queremos encontrar a Dios detr&aacute;s de cualquier hecho, porque as&iacute; sentimos que nuestra fe es m&aacute;s fuerte.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero normalmente <strong>nos cuesta saber lo que Dios quiere<\/strong>. Es verdad que lo buscamos, pero nos cuesta ser libres para aceptar lo que nos pide. Bajar del &aacute;rbol felices para comer con &Eacute;l. Sin excusas, sin poner peros, sin exigir nada a cambio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nos cuesta renunciar a nuestras seguridades y planes para seguir a Jes&uacute;s. <\/strong>Nos aferramos a nuestro mundo levantado a fuerza de voluntad. No queremos los cambios de Dios. Nos apertrechamos buscando seguridades. No tenemos esa flexibilidad de Zaqueo, ese coraz&oacute;n joven que salta desde un &aacute;rbol al mundo, para empezar de nuevo, para abrirse a un cambio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos cuesta mucho ver a Dios detr&aacute;s de todo. Casi siempre pasamos de largo, tapamos los gritos del alma. Acallamos la voz de Dios y seguimos nuestro camino. <strong>Vivir la sacramentalidad del presente es vivir la importancia del Dios de nuestra vida que nos habla<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>En una conversaci&oacute;n, en quien menos lo esperamos, en una cruz, en un cambio de planes:<\/strong> &laquo;Zaqueo, vengo a comer a tu casa&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl juicio de los que se creen mejores, salvados y m&aacute;s santos, puede llegar a ser muy duro. El publicano desempe&ntilde;aba un oficio que ensuciaba su fama. No era alguien querido y respetado. Por eso lo juzgaban f&aacute;cilmente: &laquo;Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: &#8211; Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa semana pasada un publicano entraba a orar al templo y se arrodillaba al final sin levantar la mirada, sinti&eacute;ndose un pecador. Era juzgado por un fariseo que rezaba con devoci&oacute;n en el primer banco. Hoy, otro pecador, otro publicano, se sube a un &aacute;rbol y as&iacute; logra lo que otros no ten&iacute;an. Jes&uacute;s va a comer su casa. Pero los fariseos, los que siguen a Dios y buscan hacer su voluntad, caen en el juicio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNormalmente <strong>nos dejamos llevar por las apariencias<\/strong>, por la forma de vestir, por el aspecto<strong>. Lo que escuchamos nos llega con m&aacute;s fuerza o menos dependiendo de qui&eacute;n sea el que lo dice. <\/strong>Una frase cualquiera, firmada por un santo, tiene mucha m&aacute;s fuerza.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando no creemos en la vida de quien nos habla, tampoco creemos en sus palabras y sus gestos nos parecen sospechosos. Nos cuesta ver a Dios detr&aacute;s de cualquier palabra dicha por cualquiera. <strong>No creemos que Dios hable a trav&eacute;s de cualquier persona<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Padre Kentenich que <strong>tenemos que escuchar a los j&oacute;venes y a los artistas para descubrir la voz de Dios.<\/strong> Pero muchas veces no lo hacemos. Nos fiamos de los mensajes del Papa Francisco, aunque sean palabras ya conocidas. Porque dichas por &eacute;l tienen m&aacute;s vida, m&aacute;s fuerza, parecen m&aacute;s verdaderas y nos hacen arder. Si vienen de otra persona pierden su fuerza.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl publicano era juzgado por su profesi&oacute;n, por su fama, por su pasado. Se sube al &aacute;rbol y es juzgado por hacer algo fuera de lo normal, rid&iacute;culo. Come con Jes&uacute;s y es juzgado. Jes&uacute;s come con &eacute;l y tambi&eacute;n es juzgado. Jes&uacute;s busca la oveja perdida, a aquel hijo pr&oacute;digo despreciado. Busca y se fija en lo que no se ve.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Es muy f&aacute;cil condenar con el coraz&oacute;n, con el pensamiento y los labios. Lo hacemos con frecuencia y buscamos aliados en el juicio, para que el juicio tenga m&aacute;s fuerza.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl juicio de los fariseos es duro. Ven que come con pecadores y eso les escandaliza. Piensan en su interior que no es un profeta, porque si lo fuera ser&iacute;a capaz de reconocer a un pecador. Piensan que los pecadores p&uacute;blicos no merecen misericordia. Piensan que el que se mezcla con pecadores acabar&aacute; siendo de su misma condici&oacute;n. <strong>Todo se pega, m&aacute;s a&uacute;n el pecado. <\/strong>Jes&uacute;s es condenado junto a Zaqueo. No les importa la vida del publicano, s&oacute;lo les importa que es pecador y lo apartan de su vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNosotros juzgamos de la misma forma. <strong>A veces llevamos tan grabado el juicio en el coraz&oacute;n que no nos damos cuenta, pero nos comportamos de acuerdo con nuestro juicio. Vemos a la persona juzgada y nos alejamos de ella, no creemos ni en sus palabras ni en sus actos. Nuestro juicio es duro, inmisericorde. Se expresa en palabras o s&oacute;lo en pensamientos. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa conversi&oacute;n llega a su casa cuando Jes&uacute;s se sienta a comer con &eacute;l. Zaqueo, en ese momento, decide cambiar de vida. As&iacute; comienza el cambio en su coraz&oacute;n: &laquo;Pero Zaqueo se puso en pie y dijo al Se&ntilde;or: &#8211; Mira, la mitad de mis bienes, Se&ntilde;or, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituir&eacute; cuatro veces m&aacute;s. Jes&uacute;s le contest&oacute;: &#8211; Hoy ha sido la salvaci&oacute;n de esta casa. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido&raquo;. Lucas 19, 1-10.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Una mirada, una comida, unas palabras.<\/strong> <strong>&iquest;Qu&eacute; provoca la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n?<\/strong> Es el mismo proceso que se da cuando recibimos la <strong>indulgencia plenaria<\/strong>. El coraz&oacute;n se arrepiente de su vida llena de pecado, pide perd&oacute;n, desea cambiar de vida, se compromete al cambio y recibe la gracia del perd&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl amor recibido con la absoluci&oacute;n nos devuelve la dignidad perdida y empezamos a recorrer un camino nuevo. Nos unimos en oraci&oacute;n y recibimos la expresi&oacute;n del amor m&aacute;s grande, Cristo hecho eucarist&iacute;a. Entonces rezamos por la Iglesia que nos acoge, que nos invita a comer, que nos devuelve la vida. Pedimos por el Papa que es Cristo en la tierra y con &eacute;l pedimos por todos los que siguen a Cristo en la Iglesia, santa y pecadora.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; fue tambi&eacute;n el proceso de Zaqueo. Se sinti&oacute; pecador, peque&ntilde;o, fr&aacute;gil. Se baj&oacute; del &aacute;rbol y luego confes&oacute; p&uacute;blicamente su pecado. <strong>Se sinti&oacute; profundamente amado y elegido<\/strong>. Tal vez Zaqueo rez&oacute; con las mismas palabras de esta oraci&oacute;n: &laquo;Gracias por quererme. S&oacute;lo contigo mi vida tiene sentido, sin ti no es m&aacute;s que un d&iacute;a tras otro&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl amor de Jes&uacute;s provoc&oacute; el cambio. Esa experiencia de amor por &eacute;l mismo, y no por su cargo, lo cambi&oacute; todo. Sinti&oacute; que su pecado ya no era importante. Se sinti&oacute; amado por lo que era en lo m&aacute;s hondo. Ese amor logr&oacute; sacar de &eacute;l lo m&aacute;ximo. Experiment&oacute; una mirada de misericordia que nunca antes hab&iacute;a recibido. Volvi&oacute; a re&iacute;r al sentirse querido.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl encuentro con Jes&uacute;s cambia su vida, su coraz&oacute;n y su capacidad de amar. Le cambia m&aacute;s all&aacute; del m&iacute;nimo necesario para lavar su imagen. M&aacute;s all&aacute; de lo necesario. M&aacute;s all&aacute; de lo l&oacute;gico. Y entonces, en ese momento, Zaqueo desea ser santo, amar como Jes&uacute;s ama, mirar como &Eacute;l mira, y decidi&oacute; dar por encima de lo justo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nReparti&oacute; sus bienes y dio cuatro veces m&aacute;s de lo que hab&iacute;a robado. Su vida ya no pod&iacute;a seguir siendo igual desde el momento en que Jes&uacute;s se hab&iacute;a detenido ante la higuera y se hab&iacute;a invitado para comer en su casa.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs verdad, eso s&iacute;, que Zaqueo no lo entrega todo, s&oacute;lo la mitad de sus bienes y decide restituir lo que ha robado. Da m&aacute;s de lo que es justo, pero no lo da todo y no emprende el seguimiento.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nRecordamos a aquel joven rico al que Jes&uacute;s invit&oacute; a dar todo su dinero a los pobres y seguir sus pasos. &iquest;Por qu&eacute; no le pide lo mismo a Zaqueo? No lo hace. Zaqueo conservar&aacute; su casa, su vida, &iquest;su profesi&oacute;n?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo sabemos bien qu&eacute; ocurri&oacute; despu&eacute;s de aquella comida. Zaqueo cambi&oacute; de vida. Pero no del todo. Porque no dio todos sus bienes. Jes&uacute;s no se lo pidi&oacute;. No tuvo que alejarse triste porque era muy rico y no quer&iacute;a dejarlo todo. Jes&uacute;s no se lo ped&iacute;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPienso que <strong>cada uno tiene que descubrir en su coraz&oacute;n lo que Dios le pide<\/strong>. Necesitamos abrir el coraz&oacute;n, como dec&iacute;a una persona: &laquo;Abre tu coraz&oacute;n y no tengas miedo de que te lo rompan. Los corazones rotos se curan. Los corazones protegidos acaban convertidos en piedra&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Cuando lo hacemos con sencillez, con humildad, logramos que Jes&uacute;s entre.<\/strong> No importa tanto si vendemos todos los bienes y les damos el dinero a los pobres o s&oacute;lo entregamos una parte de lo que tenemos. Zaqueo s&oacute;lo dio una parte de lo suyo, no vendi&oacute; su casa, no cambi&oacute; totalmente su vida. Era lo que Jes&uacute;s le hizo ver. No le pidi&oacute; m&aacute;s.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero es verdad que ya nada pudo seguir igual que antes. Todo hab&iacute;a cambiado. Jes&uacute;s no fuerza a Zaqueo. No le pide que le siga. No le pide que lo venda todo y se lo d&eacute; a los pobres. Respeta su originalidad. Comparte con &eacute;l la comida y aguarda paciente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El verdadero amor respeta lo propio<\/strong>. Dec&iacute;a Jorge Bucay: &laquo;El verdadero amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es&raquo;. El amor de Jes&uacute;s respeta a Zaqueo. Saca lo mejor que &eacute;l, porque Zaqueo se vuelve generoso con sus bienes.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;<strong>En todo momento debemos dar a aquellos a los que amamos la libertad de ser ellos mismos. El amor afirma a otros como otros. No los posee ni manipula como propios<\/strong>&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl amor que respeta, que aguarda paciente a nuestra puerta, que escucha y espera, es el amor que saca lo mejor de nosotros, lo m&aacute;ximo. Es el amor que nos enaltece y levanta, nos hace dignos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; nos mira Dios y nos quiere. Su amor nos devuelve la dignidad que en el camino perdemos por el pecado. <strong>Es el amor que nos hace sentirnos hombres, vivos, despiertos, nuevos<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s no hace ninguna curaci&oacute;n exterior, aparentemente no pasa nada extraordinario, pero quiz&aacute;s este milagro es m&aacute;s grande, porque permanece para siempre. <strong>Es la transformaci&oacute;n del coraz&oacute;n tras el encuentro con Dios. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPienso que as&iacute; es Mar&iacute;a en el Santuario. Ella nos espera con Jes&uacute;s detr&aacute;s de la puerta y transforma nuestro coraz&oacute;n y nuestra vida. Su mirada de misericordia y su manera de pronunciar nuestro nombre nos cambian y sacan lo mejor de nosotros mismos, algo que ni siquiera sab&iacute;amos que ten&iacute;amos dentro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el Santuario nos encontramos con una mirada, <strong>la mirada de Mar&iacute;a. Es una mirada que acoge y comprende. <\/strong>Nosotros nos subimos a la higuera al entrar en el Santuario. S&oacute;lo queremos ver de lejos a Mar&iacute;a, pero lo importante es que Ella nos mira. Se detiene ante nosotros. Nos ve en lo m&aacute;s hondo. Descubre la peque&ntilde;ez de nuestra vida y nos pide comer en nuestro coraz&oacute;n. Quiere quedarse para siempre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iquest;Por qu&eacute; nos da miedo ese Dios que quiere quedarse a nuestro lado?<\/strong> <strong>Es como si nos diera miedo tener que entregar lo m&aacute;ximo al estar a su lado. Jes&uacute;s y Mar&iacute;a s&oacute;lo quieren mirarnos y abrazarnos, decirnos que nos estaban esperando desde siempre. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa mirada de Mar&iacute;a nos habla de su deseo. Quiere estar a nuestro lado levantando nuestra vida. Alguna persona me comenta: &laquo;En ocasiones, cuando menos digno me siento, entro al Santuario y veo que Mar&iacute;a me mira recriminando mi conducta&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs curioso, yo nunca veo esa mirada en Mar&iacute;a. Veo su alegr&iacute;a, su complacencia. No porque le traiga muchos m&eacute;ritos, a menudo no es as&iacute;. S&oacute;lo le entrego mis l&iacute;mites y me subo al &aacute;rbol de mi peque&ntilde;ez. Desde all&iacute; me ve. Mis pecados me hacen m&aacute;s alto. Como a Zaqueo. Los reconozco y acepto.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Mar&iacute;a me mira, me levanta, se ofrece a quedarse en mi casa.<\/strong> As&iacute; deber&iacute;a ser cada d&iacute;a que entramos en el Santuario. No ya como hombres salvados, sino como hombres pobres que necesitan la salvaci&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy me pregunto si yo <strong>soy como Zaqueo o me mantengo lejos porque ya s&eacute; que no soy digno<\/strong>. Me pregunto <strong>si busco inquieto su rostro<\/strong>, si me subo a otros para buscar a Jes&uacute;s y que &Eacute;l me vea, si quiero distinguirle en medio de mi vida, si me muevo o espero siempre tras mi muro encerrado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMe pregunto <strong>si, tras encontrarme con Jes&uacute;s, mi vida cambia<\/strong> y doy m&aacute;s all&aacute; de lo correcto y de lo l&oacute;gico. <strong>Si me llena de alegr&iacute;a estar con &Eacute;l. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Me pregunto si soy como Jes&uacute;s ante los otros, si paso de largo ante los diferentes<\/strong>, los que no viven como yo, <strong>si les juzgo por sus cargos o por lo que hacen. Si s&eacute; detenerme, acercarme y dejar todo por una persona<\/strong>, si s&eacute; cambiar mi plan de hoy por alguien concreto aunque no me beneficie.<br \/>\n<strong>Si miro el coraz&oacute;n, si s&eacute; nombrar al otro en lo m&aacute;s hondo de lo que es, si s&eacute; leer lo que necesita en sus ojos y darle m&aacute;s a&uacute;n<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMe pregunto <strong>si soy como los que murmuran<\/strong>, que se creen mejores, que tienen celos porque no les ha elegido a ellos para alojarse, ellos que son los buenos, los fieles. Si tengo celos de los que tienen misericordia de otros, si tengo celos cuando no soy el elegido, el admirado, el valorado, si juzgo por apariencias y no veo el coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;C&oacute;mo es mi coraz&oacute;n? &iquest;Es como el de Jes&uacute;s? &iquest;Es c&oacute;mo el de Zaqueo? &iquest;Es c&oacute;mo el de los que murmuran?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEscuchamos las palabras que nos dice el Papa Francisco: &laquo;Estoy seguro de que ustedes no quieren ser cristianos a tiempo parcial, no &lsquo;almidonados&rsquo;, de fachada, sino aut&eacute;nticos. Evangelizar es servir inclin&aacute;ndose a lavar los pies de nuestros hermanos como hizo Jes&uacute;s&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nS&iacute;, definitivamente, queremos ser como Zaqueo, como Jes&uacute;s. Queremos ser mirados como &eacute;l lo fue. Queremos mirar como Jes&uacute;s nos mira. Queremos ser hijos aut&eacute;nticos, <strong>enamorados hasta lo m&aacute;s profundo del coraz&oacute;n.<\/strong> Dios nos pide que entreguemos el coraz&oacute;n por entero.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el P. Kentenich: &laquo;Dios exige la entrega total de toda la persona: de la inteligencia, de la voluntad y del coraz&oacute;n. Significa renunciar a una claridad sin nubes, a la seguridad y al amparo terrenales&raquo;. No quiere que seamos mediocres. Quiere que seamos <strong>santos enamorados<\/strong>.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &ldquo;Dios presente&rdquo;,177-180<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> <em>John Powell. <\/em><em>&ldquo;El secreto para seguir amando&rdquo; pag.51<\/em><\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban No s&eacute; por qu&eacute; pero a veces me veo pregunt&aacute;ndome d&oacute;nde y c&oacute;mo me encontrar&eacute; dentro de veinte o treinta a&ntilde;os. Es como si los miedos tuvieran fuerza y quisieran plantearnos enigmas sin soluci&oacute;n. No lo sabemos. 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