{"id":30821,"date":"2016-06-11T01:42:28","date_gmt":"2016-06-11T06:42:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/saber-pedir-y-saber-acoger\/"},"modified":"2016-06-11T01:42:28","modified_gmt":"2016-06-11T06:42:28","slug":"saber-pedir-y-saber-acoger","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/saber-pedir-y-saber-acoger\/","title":{"rendered":"Saber pedir y saber&nbsp;acoger"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Hay personas que tienen teor&iacute;as para todo. Saben el camino m&aacute;s r&aacute;pido entre dos puntos. Conocen mejor que uno la soluci&oacute;n a los problemas. Le ponen nombre a todos sus procesos y elaboran bonitos razonamientos. Al escucharlos nos quedamos sin argumentos y encontramos que sus teor&iacute;as tienen fuerza. Les basta con mirarnos una sola vez para dar respuesta a nuestros miedos. Porque conocen sin conocernos la soluci&oacute;n a todas nuestras dudas. Sus teor&iacute;as pueden resultar cautivadoras, motivadoras, pueden incluso inquietarnos y sacar lo mejor de nosotros cuando as&iacute; se lo proponen.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin embargo, a veces me da miedo esa forma de enfrentar la realidad y la vida. <strong>Corren el peligro con sus teor&iacute;as de no escuchar el ritmo de la vida, y desconocer los procesos del alma.<\/strong> Hablan mucho, pero escuchan poco. As&iacute; no logran entender lo que ocurre en realidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTal vez <strong>me da miedo<\/strong> convertirme en uno de ellos. Imponer mis teor&iacute;as sin respetar la vida. <strong>Creer que mis razonamientos son infalibles.<\/strong> Desconocer los procesos ocultos del alma, de la propia y de la de los otros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMe da miedo perder la percepci&oacute;n de la verdad de todo lo que est&aacute; ocurriendo. Me da miedo no abrir el coraz&oacute;n y comprender que la vida no se puede encasillar en una teor&iacute;a por muy bonita que &eacute;sta sea. Me da miedo pasar por delante de las almas, contar mis cosas y no entender la necesidad m&aacute;s profunda del coraz&oacute;n. Me da miedo hacer de una teor&iacute;a un arma invencible, infalible.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Necesitamos abajarnos, callarnos, guardar un silencio sagrado ante el alma del que se aproxima, silenciar nuestros miedos y apagar nuestras voces.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil resulta escuchar con el coraz&oacute;n lo que sucede en las vidas de los hombres! &iexcl;<strong>Qu&eacute; dif&iacute;cil dejar los prejuicios a un lado y aceptar que no sabemos todas las respuestas!<\/strong> &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta no querer imponer nuestra teor&iacute;a, sin malicia, sin vanidad! &iexcl;Que dif&iacute;cil no querer siempre dar una soluci&oacute;n antes incluso de que nos pidan consejo!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY luego nos enfadamos cuando no nos escuchan, cuando no hacen caso, cuando no aceptan como irrefutable nuestro planteamiento. &iexcl;Qu&eacute; complicado callar cuando nos piden escuchar y nosotros creemos tener la respuesta correcta! &iexcl;Cu&aacute;nto nos cuesta vivir sin encontrar soluciones y caminar sin tener todas las certezas! Pero <strong>&eacute;sa deber&iacute;a ser la vida del cristiano. Es la vida de aquel que vive de la fe y la esperanza, camina en medio de la oscuridad sin miedo y deja que su alma vibre y se conmueva ante el amor y ante la vida.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs tal vez por eso que <strong>me gusta tanto la vida cuando no lo controlamos todo<\/strong>, cuando no tenemos asegurado el desenlace de lo que hacemos, cuando aceptamos esa cuota posible de temor ante lo que desconocemos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl otro d&iacute;a supe que en Corea del Sur est&aacute; de moda una operaci&oacute;n est&eacute;tica conocida como &laquo;<strong>sonrisa eterna<\/strong>&raquo;. En ella te cambian el rictus de la boca para que siempre parezca que est&aacute;s sonriendo sin necesidad de mover ning&uacute;n m&uacute;sculo. Reconozco que me dio algo de pena pensar en una operaci&oacute;n que te garantice una sonrisa permanente. Es falso que uno pueda sonre&iacute;r siempre, a todas horas, pase lo que pase.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs tan valiosa la sonrisa espont&aacute;nea, la carcajada no controlada, la risa no calculada. <strong>Es tan valioso mostrarnos ante los dem&aacute;s<\/strong> con tristeza en ocasiones, cuando no nos sale sonre&iacute;r. Perdemos la naturalidad cuando la sonrisa se nos queda pegada a la cara, como si pretendi&eacute;ramos estar siempre bien, sin miedos, con todas las seguridades y teor&iacute;as bien cimentadas. Sin nada que pueda desestabilizarnos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY es que en el fondo <strong>quisi&eacute;ramos estar siempre en perfecto estado<\/strong>. Como si los a&ntilde;os y la vida no pudieran dejar ninguna marca en nuestro rostro. <strong>Como si el cansancio no estuviera permitido<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Tenemos derecho a mostrarnos vulnerables<\/strong>, necesitados, d&eacute;biles. Pero nos cuesta mucho aceptarlo. Tenemos derecho a parecer cansados, a estar hartos. La tristeza est&aacute; permitida y la necesidad nos hace ver lo d&eacute;biles que somos. Todo es muy humano.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Por qu&eacute; queremos ocultarlo? &iquest;<strong>Por qu&eacute; nos gusta tanto maquillar la realidad para que los dem&aacute;s vean lo que nos gustar&iacute;a mostrar siempre<\/strong>? Hay un maquillaje que ilumina el rostro. Su nombre me hac&iacute;a gracia, <em>Watts up<\/em>, y te hace parecer lleno de energ&iacute;a. Porque todo ayuda.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero en el fondo muchas veces <strong>nos da miedo el rechazo y el juicio de los hombres<\/strong>. Tenemos miedo de no ser tan atractivos o no ser aceptados tal y como somos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor eso <strong>nos sana tanto aceptar que no podemos y pedir ayuda.<\/strong> Volver la mirada al que puede socorrernos. <strong>Dios siempre nos ve fr&aacute;giles<\/strong> y necesitados. Siempre ve nuestra herida detr&aacute;s del maquillaje. Percibe el ansia del coraz&oacute;n que busca el infinito y no se conforma con miles de satisfacciones finitas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEste domingo celebramos el <strong>d&iacute;a de la misi&oacute;n<\/strong>. El lema que nos acompa&ntilde;a este a&ntilde;o de la fe es: <strong>caridad m&aacute;s fe igual a misi&oacute;n<\/strong>. Es una invitaci&oacute;n a llenar nuestra fe del amor de Dios. &iexcl;Nos cuesta tanto amar a Dios y a los hombres! Nuestra fe se queda fr&iacute;a y muy te&oacute;rica cuando le falta la frescura del amor.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fe y el amor van siempre unidos. <strong>Por la fe llegamos al amor. Por el amor crecemos en nuestra fe.<\/strong> Jes&uacute;s nos dice que amar es perderse, entregarse hasta el extremo y no en porciones.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAs&iacute; nos lo recordaba el <strong>Papa Francisco<\/strong> al introducir la <strong>beatificaci&oacute;n de 522 m&aacute;rtires<\/strong> en Tarragona: los m&aacute;rtires &laquo;son cristianos ganados por Cristo, disc&iacute;pulos que han aprendido bien el sentido de aquel&nbsp;amar hasta el extremo que llev&oacute; a Jes&uacute;s a la Cruz. No existe el amor por entregas, el amor en porciones&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQuien no est&eacute; dispuesto a salir de s&iacute; mismo y dar todo el coraz&oacute;n no puede amar. <strong>Amor y comodidad son incompatibles<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la historia de la Iglesia <strong>muchos hombres no lograron ser fieles hasta el final<\/strong>. Ante la amenaza de la muerte, ante la perspectiva del sufrimiento, tuvieron miedo y claudicaron. El instinto de supervivencia es muy fuerte y la carne se rebela.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Pero Dios es misericordioso y nos acompa&ntilde;a en nuestra debilidad.<\/strong> Sin juzgarnos, sin menosprecio. Una persona rezaba: &laquo;S&oacute;lo deseo amarte ti y amarte en quienes me rodean.Te ofrezco la cruz que ahora me pesa y que, s&oacute;lo conociendo tu infinito amor, se puede soportar. &iexcl;Deseo ser como aquellas personas de puro coraz&oacute;n que no ven el mal en nadie!&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Dios logra regalarnos ese esp&iacute;ritu de ni&ntilde;os para caminar confiados y abandonarnos d&oacute;ciles ante la cruz.<\/strong> Dios nos ama con locura y se conmueve ante nuestras ca&iacute;das.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa fiesta que celebramos el otro d&iacute;a fue ese s&iacute; sencillo y firme de tantos cristianos enamorados de Dios. En ese momento cumbre, cuando ya no hab&iacute;a otra salida, cuando no hab&iacute;a una puerta abierta por la que escapar, aceptaron el don del martirio y supieron escoger el camino m&aacute;s duro, el m&aacute;s ingrato.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo se abri&oacute; una trampilla por la que escapar, no pudieron esconderse de la muerte, no estuvieron dispuestos a negar al Dios que les hab&iacute;a dado la vida y hab&iacute;a seducido su coraz&oacute;n. Permanecieron fieles en ese momento cumbre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el Papa Francisco: &laquo; &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; mi Cruz? No sabemos.&iexcl;Pero existir&aacute;! Debemos pedir la gracia de no huir de la Cruz cuando llegue. &iexcl;Con miedo! &iexcl;Esto es verdad! Esto nos causa miedo. Pero el seguimiento de Jes&uacute;s termina all&aacute;. Tambi&eacute;n Jes&uacute;s tuvo miedo de la Cruz, pero no huy&oacute;. Y as&iacute; debemos hacer nosotros&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs un don, una gracia de martirio que Dios nos concede. Cargar con la cruz, besar el clavo que nos duele, <strong>acariciar el peso del madero, es una gracia que pedimos con humildad, de rodillas, desde nuestra pobreza diaria<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsa cruz del martirio, ese peso excesivo que supera nuestras fuerzas, es una gracia que Dios concede a unos pocos. Quedamos cautivados con esos m&aacute;rtires que dieron su vida en los primero siglos de la Iglesia y en muchos momentos de la historia del hombre.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy, <strong>en pleno siglo XXI, sigue habiendo m&aacute;rtires de la fe en pa&iacute;ses donde la Iglesia es cruelmente perseguida. <\/strong>No obstante, no es el camino ordinario que Dios nos pide. <strong>El camino que todos estamos llamados a seguir es el camino del martirio en el amor diario.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs la cruz que abrazamos para seguir a Jes&uacute;s, con miedo, conmovidos y alegres de saber que Dios carga el peso con nosotros. Y es que tal vez Dios no nos pide la renuncia a la vida en un momento &uacute;nico y sublime y no nos exige que lo demos todo de golpe.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSu petici&oacute;n es una llamada al amor, cada d&iacute;a, sin miedo, sin excusas. Quiere que aprendamos a <strong>amar hasta el extremo en el vivir cotidiano y no en porciones<\/strong>.<br \/>\nQueremos hacerlo como el otro d&iacute;a le&iacute;a: &laquo;He aprendido a aceptar que no existe la satisfacci&oacute;n completa y que cada d&iacute;a que vivimos es un regalo&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDios quiere que entreguemos la vida en <strong>el martirio del amor diario<\/strong>. Sabiendo que la insatisfacci&oacute;n nos acompa&ntilde;a. Sabiendo que su amor es m&aacute;s hondo. Sabiendo que nuestros restos no quedar&aacute;n guardados en una urna de m&aacute;rtires.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero lo hacemos con la fe de aquel que sabe que <strong>siempre permanecer&aacute; vivo su recuerdo en el coraz&oacute;n de Dios<\/strong>. Porque &Eacute;l ama nuestro s&iacute; alegre y confiado, y se abaja para levantar nuestra debilidad ca&iacute;da.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs as&iacute; entonces que <strong>el amor nos hace mirar con optimismo y alegr&iacute;a la vida que nos toca vivir.<\/strong> En medio de la tribulaci&oacute;n y de las dudas. Sin necesidad de inventarnos sonrisas eternas. Sin tener que recorrer un camino admirado por los hombres. Porque la alegr&iacute;a sonr&iacute;e en el pecho, en lo m&aacute;s hondo del alma, cuando sabemos que estamos donde Dios quiere.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn este domingo de la misi&oacute;n crece en nosotros el deseo de dar la vida y llevar el amor de Dios a muchos corazones. No podemos cansarnos de misionar, de evangelizar, de contagiar con nuestra vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Misi&oacute;n es amor<\/strong>. Amor hacia el que m&aacute;s sufre, hacia el d&eacute;bil, hacia el pobre. Amor hacia el pr&oacute;jimo que Dios pone en nuestro camino.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy escuchamos en la segunda lectura: &laquo;Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, con toda paciencia y deseo de instruir&raquo;. 2 Timoteo 3, 14-4, 2. Y todo con amor, desde el amor.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEse amor que nos exige salir de nosotros mismos, de nuestras preocupaciones y ampliar la mirada. Ese amor que acoge y tambi&eacute;n busca sacar lo mejor de la persona amada. Y todo esto no lo hacemos solos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs bonita la descripci&oacute;n que hace la primera lectura. <strong>Mois&eacute;s<\/strong> persevera, es fiel, pero no gracias a su fuerza, sino a los brazos de su comunidad que sostienen su fe. <strong>Nos ayudamos los unos a los otros<\/strong> para poder caminar hacia el Se&ntilde;or: &laquo;Mois&eacute;s dijo a Josu&eacute;: &#8211; Escoge unos cuantos hombres, haz una salida y ataca a Amalec. Ma&ntilde;ana Yo estar&eacute; en pie en la cima del monte, con el bast&oacute;n maravilloso de Dios en la mano. Mientras Mois&eacute;s ten&iacute;a en alto la mano, venc&iacute;a Israel; mientras la ten&iacute;a baja, venc&iacute;a Amalec. Y, como le pesaban las manos, sus compa&ntilde;eros cogieron una piedra y se la pusieron debajo, para que se sentase; mientras Aar&oacute;n y Jur le sosten&iacute;an los brazos, uno a cada lado. As&iacute; sostuvo en alto las manos hasta la puesta del sol. Josu&eacute; derrot&oacute; a Amalec y a su tropa, al filo de espada&raquo;. &Eacute;xodo 17, 8-13.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNuestra misi&oacute;n no es en soledad. Caminamos de la mano de Dios y caminamos apoyados en otros corazones que con su fe nos sostienen y animan. Muchos de los m&aacute;rtires que el otro d&iacute;a fueron beatificados lo hicieron en comunidad, apoyados los unos en los otros.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nHoy escuchamos la par&aacute;bola del juez injusto que concede lo que la viuda le pide: &laquo;Hab&iacute;a un juez en una ciudad que ni tem&iacute;a a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad hab&iacute;a una viuda que sol&iacute;a ir a decirle: &#8211; Hazme justicia frente a mi adversario. Por alg&uacute;n tiempo se neg&oacute;, pero despu&eacute;s se dijo: &#8211; Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me est&aacute; fastidiando, le har&eacute; justicia, no vaya a acabar peg&aacute;ndome en la cara&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos recuerda a la par&aacute;bola del amigo importuno. El amigo importuno recibe lo que quiere a fuerza de insistir: &laquo;Si no se levanta a d&aacute;rselos por ser su amigo, al menos se levantar&aacute; por su importunidad, y le dar&aacute; cuanto necesite&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLo primero que llama la atenci&oacute;n en ambos casos es la <strong>insistencia<\/strong> del amigo que busca algo de alimento y la de la viuda que clama justicia. En ambos casos sorprende su <strong>perseverancia<\/strong>. &iexcl;Qu&eacute; fe tan grande ten&iacute;an!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa viuda confiaba en un juez que parec&iacute;a no querer hacer justicia en su vida. El amigo importuno cree en el buen coraz&oacute;n de su amigo. &iexcl;Qu&eacute; importante es la actitud del que pide! Sin embargo, &iexcl;cu&aacute;nto nos cuesta pedir a los dem&aacute;s!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPorque <strong>pedir nos hace vulnerables, nos vuelve necesitados<\/strong>. Pedir es reconocer que solos no podemos hacer algo, que el otro puede complementar y completar algo en lo que nosotros no llegamos. Que tiene un don que no poseemos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNos da miedo que piense que somos pesados. Nos preocupa que nos diga que no, porque <strong>ese no siempre nos hiere; somos fr&aacute;giles y orgullosos. Y, al mismo tiempo, pedir nos coloca en inferioridad frente a quien pedimos. <\/strong>Nos cuesta reconocer que necesitamos a los dem&aacute;s.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPedir ayuda, pedir que nos ayude a mejorar, pedir que no se vaya porque le necesitamos, que vuelva, que nos d&eacute; algo que no tenemos, que nos d&eacute; su tiempo, que aporte en la familia algo que nosotros no sabemos hacer.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMuchas veces hemos experimentado el bien que nos hace que alguien nos pida, porque <strong>todos tenemos en el coraz&oacute;n el anhelo de darnos<\/strong>, de demostrar en actos nuestro amor, de hacer feliz a otro, de ser &uacute;tiles y entregar la vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Si no pedimos no le damos al otro la oportunidad de decirnos que s&iacute;. <\/strong>El miedo al &laquo;no&raquo; nos paraliza, o incluso el miedo a que nos diga que s&iacute; reconociendo as&iacute; que nosotros no podemos o no sabemos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Creo que tenemos que pedirnos m&aacute;s los unos a los otros.<\/strong> Dar la oportunidad al que est&aacute; a nuestro lado de que haga algo por nosotros. Muchas veces no sabemos c&oacute;mo hacer que el otro se sienta querido. De repente, nos pide ayuda, &iquest;acaso no nos hace felices poder demostrar en eso concreto que le amamos? Y si no podemos decirle que s&iacute;, nos duele.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPedir nos hace humanos, fr&aacute;giles, desprotegidos de esa imagen con la que mostramos al mundo que lo controlamos todo. Al mismo tiempo, <strong>cuando damos, el coraz&oacute;n se ensancha. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY pedir nos vac&iacute;a de nuestras pretensiones. Pero tenemos que aprender a pedir con humildad, sin exigir, sin dar &oacute;rdenes. Y luego no enfadarnos si no nos dan lo que quer&iacute;amos porque no fuimos capaces de pedirlo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Jes&uacute;s tambi&eacute;n pidi&oacute;<\/strong> al Padre, implorando en Getseman&iacute; ayuda al sentirse al l&iacute;mite, a sus amigos, cuando les pidi&oacute; que orasen con &Eacute;l aquella noche. Pidi&oacute; posada al nacer. Necesit&oacute; a sus padres para aprender, para crecer. Necesit&oacute; la amistad, el descanso en Betania.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>No hay nada que sane m&aacute;s a alguien herido, angustiado, sin sentido en la vida, que reconocer que tiene algo que dar<\/strong>, que para otro tiene un valor lo que &eacute;l posee, que otro piense en &eacute;l y le pida ayuda. Eso nos acerca y rompe muros en el coraz&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iquest;Pedimos ayuda<\/strong> a los que queremos? &iquest;Pedimos ayuda en el trabajo? &iquest;Damos al otro la oportunidad de demostrarnos que nos quiere sacrific&aacute;ndose por nosotros?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nos cuesta pedir, a veces m&aacute;s que dar.<\/strong> No nos dejamos sorprender por las personas. El otro siempre es m&aacute;s grande que nuestra imagen de &eacute;l. Y quiz&aacute;s es nuestra imagen de todopoderosos lo que nos cuesta tirar por el suelo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Creo que estamos en esta tierra para ayudarnos unos a otros a caminar hasta el cielo.<\/strong> Dios nos ha hecho a todos diferentes y limitados; cada uno puede dar y pedir al otro ayuda en lo que no llega, en lo que no sabe, en lo que no puede.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el Evangelio de hoy parece que Dios siempre nos da lo que le pedimos. Tal vez por eso muchas personas, cuando piensan en estas par&aacute;bolas, sacan consecuencias equivocadas respecto a Dios: &laquo;Y el Se&ntilde;or a&ntilde;adi&oacute;: &#8211; Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, &iquest;no har&aacute; justicia a sus elegidos que le gritan d&iacute;a y noche?; &iquest;o les dar&aacute; largas? Os digo que les har&aacute; justicia sin tardar&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs como si el Se&ntilde;or estuviera dispuesto a satisfacer todas nuestras necesidades. Por eso <strong>muchos se enfadan cuando oran con insistencia y no logran lo que piden<\/strong>. Perseveran en la oraci&oacute;n y resulta que Dios no concede lo que ped&iacute;amos. &iquest;No es cierto que Dios da todo lo que pedimos? &iquest;Entonces? Nos parece injusto. Es como si diera igual rezar o no rezar. Al fin y al cabo Dios no interviene en los acontecimientos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMuchas personas creen en un Dios est&aacute;tico, ausente, alejado del desarrollo de los acontecimientos. Nosotros <strong>muchas veces lo apartamos<\/strong>. Si no es causa del mal, y tampoco puede evitarlo, resulta que es un Dios ineficaz, improductivo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nos cuesta creer en un Dios providente que est&aacute; detr&aacute;s de todo.<\/strong> Un Dios que hace milagros, como los que hac&iacute;a Jes&uacute;s cuando pasaba entre los hombres haciendo el bien. Nos cuesta aceptar que Dios pueda querernos hasta lo m&aacute;s hondo. Nos cuesta, porque si nos quisiera m&aacute;s, pensamos, evitar&iacute;a nuestro sufrimiento.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo entendemos que un mal pueda ser para nuestro bien. No aceptamos que Dios nos eduque con la renuncia. Porque cualquier p&eacute;rdida es una ausencia de bien y es verdad que no siempre se nos educa para la vida. No se sacan siempre consecuencias positivas a partir de grandes desgracias.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSuceden cosas terribles en las que pocas cosas son rescatables. Pedimos con insistencia que se realice nuestro deseo, que se abra esa puerta cerrada. <strong>Ponemos en el deseo de Dios nuestro deseo, tratando de enga&ntilde;arnos. <\/strong>Cuando las cosas no funcionan como esper&aacute;bamos, nos indignamos. <strong>Nos falta esa fe pr&aacute;ctica, y no te&oacute;rica, que va buscando en el camino el querer de Dios.<\/strong> Dios quiere que busquemos su voluntad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;El Padre Kentenich hablaba de <strong>buscar esas puertas que Dios nos abre. Pero a veces nos empe&ntilde;amos nosotros en que la puerta se abra y tratamos de forzarla.<\/strong> Dec&iacute;a: &laquo;Lo esencial es detectar lo que Dios nos dice a trav&eacute;s de las circunstancias, si es &Eacute;l quien abre la puerta o somos nosotros mismos quienes la forzamos&raquo;<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\" title=\"\">[1]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Nos falta humildad <\/strong>para pedir que Dios intervenga y haga el milagro. Nos falta humildad para aceptar que al final no sea posible y s&oacute;lo nos quede el dolor de la p&eacute;rdida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero no por ello perdemos la fe en un Dios que nos quiere y construye nuestra propia historia, respetando nuestros deseos y anhelos. <strong>Dios es fiel. Dios nos ama. Dios nos necesita para cambiar este mundo <\/strong>que necesita m&aacute;s amor, m&aacute;s paz, m&aacute;s humildad y transparencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa par&aacute;bola de hoy nos habla de un juez que tiene que emitir un juicio justo. Muchas veces en la vida nos toca juzgar. Tenemos que decidir entre dos posturas. Nos piden que decidamos y esperan nuestra opini&oacute;n. Por eso <strong>juzgamos continuamente<\/strong> al educar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCuando decidimos castigar o premiar. Cuando optamos por un camino en la educaci&oacute;n o por otro. Observamos la realidad y emitimos un juicio. Lo hacemos as&iacute; continuamente en el trabajo y en la familia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo siempre es f&aacute;cil. Porque podemos hacerlo con ligereza y llegar a ser injustos. Nos dejamos llevar por nuestros prejuicios y sentimientos, por nuestras emociones, y por eso a veces la sensibilidad nos pierde. Nos pesa el pasado y lo que hemos vivido. Las injusticias que nos han hecho nos condicionan.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>&iexcl;Qu&eacute; dif&iacute;cil es juzgar correctamente!<\/strong> <strong>Por eso a veces nos dejamos llevar por el miedo y no opinamos. Dejamos pasar el tiempo esperando a que se resuelvan solos los problemas.<\/strong> Metemos la cabeza bajo tierra como la avestruz para no enfrentar situaciones complicadas. No nos damos cuenta de que <strong>nuestro silencio hace da&ntilde;o<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nRetrasamos el juicio y la dilaci&oacute;n da&ntilde;a a otros. <strong>Sin pretenderlo, acabamos juzgando. El silencio es expresi&oacute;n de un juicio. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la historia del pueblo jud&iacute;o, cuando se habla del juicio final de Dios, se hace con esperanza. Porque <strong>Dios, cuando juzga, salva al hombre. El juicio de Dios era la realizaci&oacute;n plena de la alianza entre Dios y los hombres.<\/strong> Un alianza que parec&iacute;a inalcanzable. Dios le hizo a Abraham una triple promesa. En el juicio las promesas se hacen realidad. Le promete una tierra nueva, una descendencia numerosa y una c&aacute;lida intimidad con &Eacute;l.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl final de los tiempos permitir&aacute; que tengamos esa tierra en plenitud, veremos la descendencia que surge de nuestra entrega y ser&aacute; c&aacute;lida esa intimidad con el Se&ntilde;or. Es enconces cuando Dios, al juzgarnos, nos salva. Su juicio de misericordia nos levanta y sostiene. Nos devuelve la dignidad perdida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl sacramento de la confesi&oacute;n aqu&iacute; en la tierra anticipa el cielo y nos permite degustar la misericordia de Dios en nuestra vida mortal. Es un juicio que nos salva.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDios nos hace ver que <strong>su tierra es la tierra en la que somos fecundos. Esa tierra en la que echamos ra&iacute;ces y somos amados tal como somos. <\/strong>S&oacute;lo all&iacute;, en esa tierra, logramos la intimidad m&aacute;s profunda con Dios. Veremos entonces la fecundidad de nuestra vida. De nuestro amor surgen hijos y vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl juicio de Dios rompe las cadenas, abre las puertas cerradas, libera los corazones apresados. Es un jucio que sana y salva.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin embargo, <strong>nuestro propio juicio no suele salvar a los hombres<\/strong>. Muchas veces no tenemos misericordia cuando juzgamos. Analizamos, juzgamos, condenamos. No aceptamos excusas. No toleramos la infidelidad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCon nosotros somos m&aacute;s ben&eacute;volos. Tenemos manga ancha. Aceptamos que estamos cansados, que nos lo merecemos, que s&oacute;lo lo hacemos en contadas ocasiones, y nos perdonamos con mucha misericordia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAunque es tambi&eacute;n cierto que muchas veces no perdonamos nuestras debilidades y ca&iacute;das, no acogemos nuestra pobreza y tratamos de maquillarla.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLo cierto es que con los dem&aacute;s solemos ser distintos. Nuestro juicio no salva, m&aacute;s bien condena, hunde y mata. M&aacute;s a&uacute;n cuando lo acompa&ntilde;amos de <strong>cr&iacute;tica<\/strong> y, en lugar de bendecir con nuestras palabras, maldecimos sin misericordia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEntonces no hay silencio. Nuestro juicio se expresa en palabras. &iexcl;Qu&eacute; poca misericordia hay en nuestro coraz&oacute;n!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo podemos evitar ser jueces. La vida, como lo hace esa viuda insistente, nos presionar&aacute; siempre buscando nuestro juicio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Si pudi&eacute;ramos buscar m&aacute;s la sabidur&iacute;a de Dios para juzgar al hombre como Dios lo hace, las cosas ser&iacute;an distintas<\/strong>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSer&iacute;amos prudentes en el juicio, no nos dejar&iacute;amos llevar por la primera opini&oacute;n, como comentaba el Papa Francisco: &laquo;Yo desconf&iacute;o de las decisiones tomadas improvisadamente. <strong>Desconf&iacute;o de mi primera decisi&oacute;n<\/strong>, es decir, de lo primero que se me ocurre hacer cuando debo tomar una decisi&oacute;n. Suele ser un error. Hay que esperar, valorar internamente, tomarse el tiempo necesario. La sabidur&iacute;a del discernimiento nos libra de la necesaria ambig&uuml;edad de la vida, y hace que encontremos los medios oportunos, que no siempre se identificar&aacute;n con lo que parece grande o fuerte&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Estamos llamados a tomar decisiones con calma. Con la prudencia de Dios. Con su sabidur&iacute;a. Juzgar la realidad y al hombre sin pretender que todo cambie de golpe. Los tiempos de Dios no son los nuestros y por eso nos indignamos con la vida y con Dios. <\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNuestro tiempo es el de la inmediatez. Estamos acostumbrados al <em>Whatsapp<\/em> y a esas respuestas inmediatas a todas nuestras demandas. Todo tiene que ocurrir con rapidez.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEstamos en el presente pero vivimos dise&ntilde;ando el futuro inmediato. Vamos corriendo a los sitios, para llegar antes y hacer lo que creemos que tenemos que hacer. Por eso esperamos que todo suceda en la vida con rapidez. Nos gustan las respuestas inmediatas, los cambios instant&aacute;neos, el logro de todos nuestros objetivos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCualquier dilaci&oacute;n en la consecuci&oacute;n de nuestro anhelo nos exaspera. Nos parecemos a esos ni&ntilde;os malcriados que quieren que ocurra todo cuando ellos lo desean. Pero la vida no es as&iacute;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl ni&ntilde;o no suele recibir todo lo que quiere, cuando y tal como lo quiere. Los padres educan con prudencia y no suelen acceder a todos sus antojos. Son educadores y no consienten siempre. Y <strong>cuando ceden a la tentaci&oacute;n de hacer su voluntad siempre, acaban maleducando.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Educar en la paciencia es el camino<\/strong>, porque, como dec&iacute;a Santa Teresa, la paciencia todo lo alcanza. Pero nosotros no somos precisamente pacientes.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Lo importante sigue siendo la fe<\/strong> y esa fe escasea bastante. Es la fe cuidada en la oraci&oacute;n: &laquo;Pero, cuando venga el Hijo del hombre, &iquest;encontrar&aacute; esta fe en la tierra?&raquo;. Lucas 18, 1-8. Jes&uacute;s nos invita a rezar sin desfallecer, sin descanso: &laquo;En aquel tiempo, Jes&uacute;s, para explicar a sus disc&iacute;pulos c&oacute;mo ten&iacute;an que orar siempre sin desanimarse&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs una invitaci&oacute;n concreta e insistente. Tenemos que estar atentos. Buscando el querer de Dios. Dejando que su paz llene el coraz&oacute;n porque &Eacute;l guarda nuestra alma y nos da descanso.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDec&iacute;a el P. Kentenich: &laquo; &iquest;Tenemos hambre de Dios? Deber&iacute;amos aprender del hambre de saber religioso que tiene el ni&ntilde;o. Queremos ser como ni&ntilde;os, cultivar una fe de ni&ntilde;o&raquo;<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\" title=\"\">[2]<\/a>.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>La fe se alimenta en la oraci&oacute;n. El tiempo que dedicamos a rezar nos prepara para vivir en Dios.<\/strong> Jes&uacute;s nos invita a tocar la puerta de Dios. &iquest;C&oacute;mo le pedimos a Dios? Dios desea que le pidamos, que le imploremos, que le digamos que le necesitamos, que sin &Eacute;l no podemos hacer nada.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iexcl;Qu&eacute; poco pedimos! S&oacute;lo de vez en cuando que nos solucione algo concreto, a nuestra forma y con nuestro plazo. <strong>A veces exigimos, no pedimos<\/strong>. Tenemos derecho a algo, porque es justo. Dios, si nos quiere y es bueno, nos lo tiene que dar. Es muy humano, todos somos as&iacute;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero <strong>no le pedimos de rodillas que nos ayude a crecer, a ser mejores, a darnos, a partirnos, a entregar la vida, a comprender al otro. No le pedimos el Esp&iacute;ritu Santo<\/strong>, y eso que sabemos que siempre nos lo dar&aacute;: &laquo; &iexcl;Cu&aacute;nto m&aacute;s el Padre del cielo dar&aacute; el Esp&iacute;ritu Santo a los que se lo pidan!&raquo;.<br \/>\nEl Esp&iacute;ritu Santo que es su fuego en el alma y todos los dones que necesitamos para la vida. La sabidur&iacute;a, la prudencia, el temor de Dios. Y todos sus frutos, la paz, la alegr&iacute;a, la esperanza. S&iacute;, pedimos poco.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLo que nos sana es reconocernos necesitados y peque&ntilde;os frente a Dios, fr&aacute;giles, incapaces e impotentes. Contarle lo que nos duele, el sufrimiento, gritarle enfadados que no lo entendemos, que nos duele perder a alguien, o que est&eacute; enfermo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Todo lo nuestro, lo humano, le importa.<\/strong> Todo lo nuestro es suyo. &Eacute;l se acerca y mira nuestro coraz&oacute;n. Confiamos en que &Eacute;l no nos va a abandonar. Siempre nos escucha. Se conmueve ante nuestra llamada. Nunca se queda su puerta sin abrir si llamamos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo nos recuerda el Papa Francisco: &laquo;Dios espera siempre. Dios est&aacute; junto a nosotros, Dios camina con nosotros, es humilde: nos espera siempre&raquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDios desea que le pidamos para darnos infinitamente m&aacute;s de lo que pedimos. Aunque lo que nos d&eacute; no coincida exactamente con lo que le pedimos. Ni en la forma, ni en el momento. &Eacute;l nos quiere y sostiene, &Eacute;l nos cuida y nos va mostrando el camino. <strong>&Eacute;l nos ense&ntilde;a a aceptar con alegr&iacute;a lo que nos va ofreciendo la vida<\/strong>.<\/p>\n<div>\n<hr align=\"left\" size=\"1\" width=\"33%\" \/>\n<div id=\"ftn1\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\" title=\"\">[1]<\/a> Jos&eacute; Kentenich, &quot;Dios presente&quot;, 285<\/div>\n<div id=\"ftn2\">\n\t\t<a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\" title=\"\">[2]<\/a> J. Kentenich, &ldquo;Ni&ntilde;os ante Dios&rdquo;, 453<\/div>\n<\/div>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Hay personas que tienen teor&iacute;as para todo. Saben el camino m&aacute;s r&aacute;pido entre dos puntos. Conocen mejor que uno la soluci&oacute;n a los problemas. Le ponen nombre a todos sus procesos y elaboran bonitos razonamientos. Al escucharlos nos quedamos sin argumentos y encontramos que sus teor&iacute;as tienen fuerza. Les basta con &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/saber-pedir-y-saber-acoger\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abSaber pedir y saber&nbsp;acoger\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30821","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30821","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30821"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30821\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30821"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30821"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30821"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}