{"id":30824,"date":"2016-06-11T01:42:32","date_gmt":"2016-06-11T06:42:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-oracion-no-solo-con-la-cabeza-sino-con-el-corazon-y-la-accion\/"},"modified":"2016-06-11T01:42:32","modified_gmt":"2016-06-11T06:42:32","slug":"la-oracion-no-solo-con-la-cabeza-sino-con-el-corazon-y-la-accion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-oracion-no-solo-con-la-cabeza-sino-con-el-corazon-y-la-accion\/","title":{"rendered":"La oraci\u00f3n, no s\u00f3lo con la cabeza, sino con el coraz\u00f3n y la&nbsp;acci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Para quien tiene fe y es coherente con ella, descubre la oraci&oacute;n como fundamental para entrar en relaci&oacute;n con Dios, elevando la mente, el coraz&oacute;n y la voluntad hacia el encuentro con la Persona que nos ama permanentemente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAhora bien, en muchos &aacute;mbitos cristianos, la oraci&oacute;n tiene una connotaci&oacute;n superficial consider&aacute;ndola una pr&aacute;ctica repetitiva, aburrida y mon&oacute;tona. Unido a estas caracter&iacute;sticas, muchas personas piensan que tener una buena oraci&oacute;n debe ser igual que tener una experiencia m&iacute;stica, donde el di&aacute;logo con Dios fluya con facilidad de modo que pueda sentir su presencia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPienso que es noble tener ese deseo, pero probablemente, para el com&uacute;n denominador de cristianos la oraci&oacute;n no va a ser m&iacute;stica precisamente. Sin embargo ello no nos debe perder de vista que s&iacute; podemos estar en presencia de Dios y podemos experimentar su cercan&iacute;a, para lo cual necesitamos conocer mejor c&oacute;mo debe ser nuestra oraci&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Creo que un modelo muy gr&aacute;fico para conocer c&oacute;mo debe ser la relaci&oacute;n con Dios es la experiencia humana de la amistad. En la relaci&oacute;n personal entre amigos act&uacute;an integralmente en el ser humano la mente, el coraz&oacute;n y la acci&oacute;n.<\/strong> La mente que me da razones para evidenciar lo especial que resulta esa persona para m&iacute;, el coraz&oacute;n que me se&ntilde;ala un v&iacute;nculo afectivo hacia aquella persona que quiero y estimo, y la voluntad que me mueve a salir de m&iacute; mismo para vivir la cercan&iacute;a hacia esa persona y a realizar actos propios de la amistad como dar un abrazo, una llamada, una propuesta, pedir ayuda, etc.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nBajo estas mismas manifestaciones de la amistad, la relaci&oacute;n con Dios reclama de nosotros una participaci&oacute;n activa de todas las dimensiones de nuestro ser (de la mente, del coraz&oacute;n y de la acci&oacute;n).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLas personas sabemos que para amar a alguien hay que conocerlo. Tambi&eacute;n sabemos que la amistad se forja a partir de los momentos que compartimos con ciertas personas, ya sea por el tiempo que se conocen, por lo que piensan y hacen en com&uacute;n, por los favores mutuos que se han hecho, por los ideales que persiguen, entre otras razones.<\/p>\n<p align=\"justify\">Aqu&iacute; quiero explicar el meollo de mi reflexi&oacute;n, y es que creo que tenemos que tener presente la participaci&oacute;n del coraz&oacute;n en la experiencia de amistad; y de manera especial entender su funci&oacute;n en la oraci&oacute;n como canal de amistad con Dios y manifestaci&oacute;n de nuestra fe.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs preciso conocer a Dios con el coraz&oacute;n. Entendiendo por coraz&oacute;n, desde su perspectiva b&iacute;blica, como el centro de la vida del hombre, donde se entrelazan todas sus dimensiones: el cuerpo y el esp&iacute;ritu, la interioridad de la persona y su apertura al mundo y a los otros, el entendimiento, la voluntad y la afectividad. Y cuando conocemos a Dios con el coraz&oacute;n, y con el coraz&oacute;n nos relacionamos con &Eacute;l, nuestra experiencia de oraci&oacute;n se transforma de la monoton&iacute;a en una experiencia viva e intensa cuando se busca el di&aacute;logo y comuni&oacute;n con Dios. Ello permitir&aacute; un cambio cualitativo en nuestra oraci&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn la oraci&oacute;n puede suceder que no experimentamos una fuerte emoci&oacute;n o una experiencia sensible intensa. A lo mejor no somos capaces de identificar qu&eacute; sentimientos est&aacute;n presentes mientras rezamos. <strong>Es com&uacute;n para muchas personas el experimentar en la oraci&oacute;n una sequedad espiritual. No hay necesidad de pretender o aparentar tener sentimientos en nuestra oraci&oacute;n que no tenemos en verdad hacia el Se&ntilde;or. <\/strong>No podemos juzgar nuestra oraci&oacute;n como mala, como tampoco podemos pensar que no amamos en verdad a Jes&uacute;s por no experimentar fuertes emociones.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsa falta de emociones a veces expresan lejan&iacute;a; y no falta raz&oacute;n debido a que a Dios no lo vemos cara a cara, sino a trav&eacute;s del Sacramento. Esa sequedad tambi&eacute;n puede ser un llamado del Se&ntilde;or a poner la mirada en lo esencial, su Palabra, pues tal vez no lo percibamos cerca, pero en realidad est&aacute; ah&iacute;. Al fin y al cabo la lejan&iacute;a o sequedad tambi&eacute;n son experiencias afectivas que al vivirlas con la fe firme pueden ser motivo de crecimiento espiritual, pueden ser propicias para fortalecernos en nuestra fe pidi&eacute;ndole al Se&ntilde;or que nos ayude a estar m&aacute;s cerca de &Eacute;l. La oraci&oacute;n que elevamos a Dios trasciende las dificultades (experiencia de lejan&iacute;a, sequedad, distracci&oacute;n) y son siempre acciones agradables a Dios por el hecho de estar de rodillas buscando entrar en un di&aacute;logo de amor, luchando por fortalecer la amistad con el Se&ntilde;or.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl coraz&oacute;n, aquel que nos permite percibir los afectos humanos, cargados de alegr&iacute;a, de amor y contrici&oacute;n, son respuestas propias de la naturaleza humana, que al ser vividas en el &aacute;mbito de encuentro con el Se&ntilde;or se transforman en una experiencia espiritual, aquella que es propia de quien vive una profunda oraci&oacute;n y amistad con el Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"justify\"><em><strong>&copy; Jos&eacute; Luis Villalobos Mendiola, publicado por el <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/cecglob.com\/378\/contenido\/oracin+amistad+y+afectividad\">Centro de Estudios Cat&oacute;licos<\/a><\/strong><\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos Para quien tiene fe y es coherente con ella, descubre la oraci&oacute;n como fundamental para entrar en relaci&oacute;n con Dios, elevando la mente, el coraz&oacute;n y la voluntad hacia el encuentro con la Persona que nos ama permanentemente. &nbsp; Ahora bien, en muchos &aacute;mbitos cristianos, la oraci&oacute;n tiene una connotaci&oacute;n &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/la-oracion-no-solo-con-la-cabeza-sino-con-el-corazon-y-la-accion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abLa oraci\u00f3n, no s\u00f3lo con la cabeza, sino con el coraz\u00f3n y la&nbsp;acci\u00f3n\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30824","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30824","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30824"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30824\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30824"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30824"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30824"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}