{"id":30829,"date":"2016-06-11T01:42:44","date_gmt":"2016-06-11T06:42:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/traer-el-cielo-a-la-tierra\/"},"modified":"2016-06-11T01:42:44","modified_gmt":"2016-06-11T06:42:44","slug":"traer-el-cielo-a-la-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/traer-el-cielo-a-la-tierra\/","title":{"rendered":"Traer el cielo a la&nbsp;tierra"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Carlos Padilla Esteban<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Es una verdad sabida que el sentido de nuestra vida consiste en amar y ser amados<\/strong>. En entregar todo el cari&ntilde;o que nace en nuestro coraz&oacute;n y recibir todo ese cari&ntilde;o que necesitamos. Porque somos mendigos de amor. Nacemos con una herida de amor y, al mismo tiempo, tenemos mucho amor para dar. Entonces, &iquest;por qu&eacute; se nos complican las cosas y no lo conseguimos? &iquest;Por qu&eacute; herimos con tanta facilidad y luego r&aacute;pidamente nos sentimos heridos? &iquest;Por qu&eacute; nunca nos satisface del todo ese amor recibido?<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a Nadine Tokar, quien ha dedicado m&aacute;s de 40 a&ntilde;os de su vida a trabajar en la comunidad del Arca con personas que tienen una discapacidad intelectual: <em>&laquo;Dejarse amar es un riesgo. Es volverse vulnerable, dependiente. Es decir al otro: t&uacute; eres mi alegr&iacute;a. Es dif&iacute;cil dejarse amar porque tenemos una imagen negativa de nosotros mismos y por eso nos escondemos&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Tal vez por eso nos cuesta dejarnos amar, porque no queremos ser vulnerables, nos cuesta dejar que alguien nos diga que nos necesita y que nos quiere, que no le importan tanto nuestros fallos y ama lo que somos. Todo ello supone dar un paso y dejar que alguien penetre en nuestra vida y se acomode en nuestra intimidad. Y siempre existe el riesgo del rechazo, de no responder a las expectativas creadas. Dejarnos amar exige aceptar que alguien pueda querernos tal como somos. Nos hace abrir la puerta del alma para dejar entrar, sin miedo, sin recelo. Nos habla de compromiso y responsabilidad con aquel que nos ama, a quien amamos. Nos habla de empezar un nuevo camino.<\/p>\n<p align=\"justify\">A&ntilde;ad&iacute;a Nadine Tokar en referencia a las personas discapacitadas: <em>&laquo;Tienen un coraz&oacute;n sensible que busca ante todo la relaci&oacute;n, el amar y ser amado. Y es en esa relaci&oacute;n donde descubrimos nuestras propias limitaciones y podemos revelar al otro sus dones y su belleza, donde la persona herida puede recobrar su dignidad y aceptar que su vida tiene valor:&nbsp;no soy capaz de creer en m&iacute;, pero s&iacute; en la esperanza que tienen en m&iacute;&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando nos sabemos amados de forma incondicional, empezamos a creer en nosotros mismos porque alguien cree; nos sentimos mejores, porque alguien nos ve mejores; descubrimos que nuestras miserias no son tan terribles, porque alguien no las encuentra tan feas; descubrimos una belleza en nuestro propio coraz&oacute;n que antes no ve&iacute;amos. Porque comenzamos a vernos con los ojos de quien nos ama como somos. El amor nos hace dar saltos de confianza. Arriesgamos, so&ntilde;amos, logramos vencer barreras infranqueables. El amor recibido nos catapulta hacia el cielo, porque nos recuerda que s&oacute;lo Dios ama de esa manera. <strong>Y el amor que recibimos es solo un p&aacute;lido reflejo de ese amor de Dios que nos sostiene.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Pero sabemos que no es tan sencillo amar al otro y ser amados en nuestra propia herida, en nuestra discapacidad<\/strong>. Porque todos tenemos algo de discapacitados. Tenemos una necesidad que nos hace vulnerables frente al mundo. Quisi&eacute;ramos aprender a integrar nuestros miedos y frustraciones, nuestras expectativas y deseos, en el coraz&oacute;n de Dios. Es &eacute;sa una tarea para toda nuestra vida. El riesgo es siempre evidente. Nos refugiamos en el mundo espiritual cuando nos desborda el mundo de los sentimientos tan humanos. Entonces separamos lo divino de lo humano y nos quedamos tranquilos. Nos refugiamos en la oraci&oacute;n y alejamos lo humano de Dios, porque no sabemos c&oacute;mo hacerlo compaginable. Vemos que es indigno el sufrimiento, el pecado, la carencia, la debilidad, la violencia, la miseria, la ofensa, el miedo. Y lo enterramos todo, para que Dios no lo contemple, para aparecer ante &Eacute;l como inmaculados. Para &Eacute;l guardamos s&oacute;lo nuestra belleza, nuestros talentos, la alegr&iacute;a de nuestra vida, los &eacute;xitos, la luz, los anhelos de santidad.<\/p>\n<p align=\"justify\">Nos refugiamos s&oacute;lo en Dios. All&iacute; nos sentimos bien, seguros y protegidos. All&iacute; toda la miseria de la humanidad desaparece y no hay oscuridad. Pero no basta para llevar una vida plena. De vez en cuando caemos en nuestra humanidad, descubrimos nuestro pecado, nos asustamos ante nuestra herida y huimos de Dios. Nos escondemos. &iquest;C&oacute;mo se integra todo nuestro mundo en Dios? &iquest;C&oacute;mo mostrarnos fr&aacute;giles y heridos ante ese Dios que es puro y perfecto, sin mancha ni pecado? <strong>&iquest;C&oacute;mo aceptar que no todos nuestros sentimientos son santos y limpios, que nos atamos y nos mostramos vulnerables?<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Volvemos siempre a lo m&aacute;s importante.<\/strong> A lo central en este camino hacia el Se&ntilde;or, junto al Se&ntilde;or. Se trata de educar el coraz&oacute;n para que siempre pueda descansar en &Eacute;l y descansar en los hombres. No se trata de evitar que sienta lo que siente, casi nunca lo podremos lograr. Se trata de aprender a no sorprendernos con todo lo que vive en nuestro interior. No queremos acabar reprimiendo por temor y compensando para poder vivir.<\/p>\n<p align=\"justify\">El camino es otro. Se trata de no asustarnos al mirar el propio coraz&oacute;n, para que as&iacute; no nos alejemos ni de los hombres ni de Dios. El coraz&oacute;n importa, y mucho. Una persona rezaba:<em> &laquo;El anhelo de ser valorada. Es incre&iacute;ble c&oacute;mo depende mi &aacute;nimo de eso, c&oacute;mo puede alegrarme o inquietarme. Y me siento segura y confiada, o insegura y triste. &iexcl;Qu&eacute; humana soy! &iexcl;Qu&eacute; fr&aacute;gil soy! Me sigue impresionando c&oacute;mo un comentario de alguien que me importa me afecta tanto&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">No podemos pretender tenerlo todo bajo control, bajo la luz de la raz&oacute;n. Nos gustar&iacute;a decidirlo todo con cierta objetividad y distancia. Y lograr que la vida, los gestos de amor o desprecio, no nos importaran tanto. Pero la vida es m&aacute;s fuerte y pesa. Parece entonces que nuestras teor&iacute;as con frecuencia no encuentran asidero en la vida. Son teor&iacute;as alejadas de la realidad. Entonces, &iquest;c&oacute;mo hacemos para compaginar la vida y los principios que queremos mantener? Deseamos algo en la vida, tenemos claro hacia d&oacute;nde tenemos que caminar, buscamos bases s&oacute;lidas sobre las que construir, y el coraz&oacute;n, s&uacute;bitamente, nos desconcierta.<\/p>\n<p align=\"justify\">Jes&uacute;s nos ense&ntilde;a con sus acciones y sus palabras a educar el coraz&oacute;n. En su coraz&oacute;n puede descansar el nuestro. Dios, y el mundo de Dios, no pueden ser s&oacute;lo pensamientos, ideas, sue&ntilde;os, bonitas elaboraciones y discursos. Tienen que hacerse realidad en nuestro coraz&oacute;n, tienen que abarcar toda nuestra vida. Nuestra relaci&oacute;n con Dios es experiencia, es vida.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a el Padre Jos&eacute; Kentenich: <em>&laquo;Pascal dijo que el coraz&oacute;n tiene su propia l&oacute;gica y la raz&oacute;n, la suya. As&iacute; es, si amamos a Dios, para la raz&oacute;n ser&aacute; f&aacute;cil decir &ldquo;s&iacute;&rdquo; a todo lo que &Eacute;l quiera&raquo;[1]. <\/em>En Dios buscamos encontrar ese equilibrio que anhelamos. El amor a Dios y el amor de Dios, el amor a Mar&iacute;a y el amor de Mar&iacute;a. Su amor nos sana, nos educa, nos transforma, nos libera. Buscamos, en definitiva, esa paz tan necesaria para poder dar paz. Buscamos amar a Dios con toda el alma, <strong>para poder amar en &Eacute;l al hombre y su mundo, a nosotros mismos y nuestro mundo.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Queremos aprender a ver lo que Dios ve, a mirar con su mirada. Impresiona en el Evangelio de este domingo que el rico Epul&oacute;n parec&iacute;a no ver al pobre L&aacute;zaro en su vida terrena<\/strong>. Viv&iacute;a feliz en su propio mundo de satisfacciones y no ve&iacute;a nada m&aacute;s. S&oacute;lo logr&oacute; verlo cuando dej&oacute; esta vida y empez&oacute; &eacute;l a sufrir penas y a padecer la necesidad. Entonces, en su dolor, contempl&oacute; a aquel mendigo que antes no hab&iacute;a visto: <em>&laquo;Estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abraham, y a L&aacute;zaro en su seno&raquo;. <\/em>En su vida c&oacute;moda, llena de lujos, no apreciaba la necesidad de L&aacute;zaro, no lo ve&iacute;a: <em>&laquo;Hab&iacute;a un hombre rico que se vest&iacute;a de p&uacute;rpura y de lino y banqueteaba espl&eacute;ndidamente cada d&iacute;a.&nbsp;Y un mendigo llamado L&aacute;zaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico.&nbsp;Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Es cierto que lo conoc&iacute;a, pero nunca hab&iacute;a pensado que ese hombre pobre pudiera tener algo que ver con su vida acomodada. No le hac&iacute;a falta L&aacute;zaro para ser feliz, no lo necesitaba. No lo ve&iacute;an sus ojos aunque estaba sentado a su puerta.<\/p>\n<p align=\"justify\">El hombre rico era como nosotros. Tantas veces nos sentimos c&oacute;modos, protegidos, satisfechos. Nos refugiamos en nuestro mundo y dejamos de ver a los otros, nos volvemos ciegos. S&oacute;lo vemos lo que nos interesa, lo que nos hace felices, lo que est&aacute; programado en nuestra agenda, lo que nos da una felicidad aunque sea pasajera. Vemos a las personas a las que no podemos dejar de ver, a los que queremos, a los que necesitamos. Sin embargo, aquellos que pueden ser un problema, los que nos intranquilizan con su presencia, lo que no nos dan felicidad y nos exigen, todos ellos desaparecen r&aacute;pidamente, como si no existieran. Nos volvemos como el rico Epul&oacute;n que dej&oacute; de ver a L&aacute;zaro.<\/p>\n<p align=\"justify\">&iquest;Cu&aacute;ntos L&aacute;zaros hay en nuestra vida? L&aacute;zaros necesitados, heridos, menesterosos. L&aacute;zaros que mendigan cari&ntilde;o y buscan las migajas que puedan caer de nuestra mesa. L&aacute;zaros que, no por dejar de verlos, dejan de existir. Por eso es necesario cambiar la mirada. Eso significa detener nuestros pasos ante esos hombres con nombre que parecen no contar para nosotros.<\/p>\n<p align=\"justify\">Una persona rezaba: <em>&laquo;Quiero mirar otros rostros y olvidarme del m&iacute;o. Quiero pensar en otros motivos y olvidarme de los m&iacute;os. Quiero sentir otros sufrimientos y olvidarme de los m&iacute;os. Quiero escuchar otros deseos, tocar otros corazones heridos, sentir otras almas sedientas, vivir en otras vidas y olvidarme de la m&iacute;a&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Es un cambio de mirada, un cambio de vida que nos saca de nuestra comodidad, de nuestro puesto protegido, de nuestras exigencias y deseos. Pero, al mismo tiempo, es un cambio interior que nos sana y nos salva, nos libera y nos da paz.<\/p>\n<p align=\"justify\">El otro d&iacute;a le&iacute;a: <em>&laquo;Podemos elegir entre dos formas de ver. La primera es ver como Dios ve, y vivir en la luz del amor. La segunda es ver como Dios no ve, y vivir en la sombra del miedo. La primera es como abrir los ojos y sentir lo que siempre ha estado ante nosotros. El amor se percibe de forma directa, no es imaginado ni queda en la oscuridad. La segunda forma es como vivir con los ojos cerrados, no percibir&iacute;as la realidad, sino la sombra de la realidad que te aterra y te obliga a hundirte m&aacute;s en el miedo&raquo;[2]. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Es la misma doble mirada ante la vida. Con paz y libertad, o con miedo. Podemos ver el amor y creer en &eacute;l. Podemos ver la vida y sentirla, olerla, tocarla. O podemos tener miedo del mundo, de los hombres, del amor, y no ver. El ver nos capacita para ver el dolor y las heridas. La ceguera nos impide amar y salir de nuestra comodidad. <strong>Es como una cadena pesada e invisible que no nos deja avanzar<\/strong>.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>No obstante, no es suficiente con llegar a ver al que necesita, al que suplica amor, al que est&aacute; sentado esperando nuestra respuesta<\/strong>. Es cierto que es el primer paso, tal vez el m&aacute;s importante, pero no el &uacute;nico. Despu&eacute;s de la mirada viene siempre la acci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hoy escuchamos: <em>&laquo;<\/em><em>Hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. Combate el buen combate de la fe. Conquista la vida eterna a la que fuiste llamado, y de la que hiciste noble profesi&oacute;n ante muchos testigos&raquo;. <\/em><em>1<\/em><em> Timoteo 6, 11-16<\/em><em>. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Si comenzamos a ver al que sufre s&oacute;lo nos queda acercarnos. &iexcl;Qu&eacute; importante son los gestos en los que se muestra nuestro amor! El amor se hace concreto, se hace acci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Siempre me impresiona la actitud de Santa Teresita en su relaci&oacute;n con aquella hermana de comunidad que le resultaba tan dif&iacute;cil:<em> &laquo;Existe en la comunidad, una hermana que tiene la habilidad de desagradarme en todo. Y, sin embargo, ella es una religiosa santa que debe complacer mucho a Dios. Deseando no sucumbir a la antipat&iacute;a natural que sent&iacute;a, me dije que la caridad no debe consistir en sentimientos sino en obras; resolv&iacute; hacer por esta hermana lo que har&iacute;a por la persona que amaba m&aacute;s que nadie. No me content&eacute; simplemente con orar mucho por esta hermana, trat&eacute; de prestarle todo el servicio posible, y si ten&iacute;a la tentaci&oacute;n de contestarle mal, me contentaba con darle la m&aacute;s amable sonrisa y con cambiar la conversaci&oacute;n. Con frecuencia, cuando ten&iacute;a que trabajar con esta hermana, sal&iacute;a corriendo como desertora cuando mi lucha se hac&iacute;a demasiado violenta, ella nunca sospech&oacute; los motivos de mi conducta, y siempre estuvo convencida que su car&aacute;cter era muy agradable para m&iacute;&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">El amor siempre es concreto. Es ese amor que se manifiesta en dulzura, en caricias, en acogida. Siempre habr&aacute; personas que nos resulten inc&oacute;modas, como ese L&aacute;zaro a la puerta del rico Epul&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo actuamos? &iquest;C&oacute;mo las tratamos? Las vemos, tal vez eso s&iacute;, pero luego seguimos nuestra vida y pasamos de largo. Nos inquietan y molestan, nos perturban. Es necesario cambiar la mirada. Pero es tambi&eacute;n muy importante cambiar el coraz&oacute;n. &iquest;C&oacute;mo amar a quien nos resulta tan dif&iacute;cil amar? Para el hombre es imposible, no para Dios. &Eacute;l puede hacerlo posible. Puede cambiar la actitud del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">Una persona lo explicaba as&iacute;: <em>&laquo;Tenemos siempre que mirar con la misma mirada con la que queremos que nos miren y ser para otros la misericordia que necesitamos para nosotros mismos&raquo;. <\/em>Dios lo hace posible y nos santifica cuando transforma nuestra vida. Logra as&iacute; que su amor sea superior a nuestras fuerzas. <strong>Lo hace cada vez que vence nuestras reservas, nuestros ego&iacute;smos, nuestros miedos.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>La verdad es que no sabemos las consecuencias de nuestros actos<\/strong>. Una mirada, una sonrisa, un gesto, un abrazo, tienen consecuencias en el alma del que los recibe. Un menosprecio, un silencio, un rechazo, una ausencia de cari&ntilde;o, una palabra fuera de lugar, todo importa.<\/p>\n<p align=\"justify\">A veces no le tomamos el peso a esos gestos que hacemos de forma rutinaria. O por las prisas no nos detenemos ante la mirada del que busca algo de consuelo, algo de misericordia. O estamos tan centrados en nuestras preocupaciones que olvidamos las de los dem&aacute;s. Acercarnos al que se nos presenta menesteroso en el camino exige respeto y prudencia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a el Padre Alberto Hurtado: <em>&laquo; &iquest;Sabes el valor de una sonrisa? No cuesta nada, pero vale mucho. Enriquece al que la recibe, sin empobrecer al que la da. Se realiza en un instante y su memoria perdura para siempre. Nadie es tan rico que pueda prescindir de ella, ni tan pobre que no pueda darla. Nadie necesita tanto una sonrisa, como los que no tienen una para dar a los dem&aacute;s&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Una sonrisa, una mirada, pueden cambiar la vida de una persona. El alma del pr&oacute;jimo es tierra sagrada. Deber&iacute;amos descalzarnos y entrar en ella con pudor, de rodillas, cuando sentimos que nos piden acercarnos. A veces entramos como un elefante en una cristaler&iacute;a. Sin darle valor a nuestros gestos y palabras. Herimos, hacemos da&ntilde;o y casi no nos damos cuenta de nuestra torpeza; o nos excusamos pensando que nuestra misi&oacute;n as&iacute; lo exige. &iexcl;Qu&eacute; f&aacute;cilmente justificamos las ofensas!<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a J. L. Mart&iacute;n Descalzo: <em>&laquo;Si Dios habla al interior de mi hermano, su coraz&oacute;n es un lugar sagrado. Descubr&iacute; c&oacute;mo entro en el interior de cada uno sin descalzarme, simplemente entro. Sent&iacute; que el Se&ntilde;or me invitaba a descalzarme y luego a caminar. Cuanto m&aacute;s dif&iacute;cil sea el terreno del interior de mi hermano, m&aacute;s suavidad y m&aacute;s cuidado debo tener para entrar. Sin prejuicios,&nbsp;atento a la necesidad de mi hermano, sin esperar una respuesta determinada; es entrar sin inter&eacute;s, despojado de mi alma&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Es el respeto y el cuidado ante lo que no nos pertenece, ante ese mundo interior que es sagrado. A veces pasamos por encima de las personas, entramos sin considerar sus necesidades, exigimos intimidad y confianza y pretendemos hacerles ver nuestro punto de vista como si fuera el &uacute;nico verdadero. Pisamos calzados. Sin cuidado, sin poner el alma en lo que hacemos, sin amor. Sin besar su historia como tierra santa, sin amar su pobreza como don de Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Nuestra forma de amar en los dem&aacute;s tiene repercusiones. Afecta al que se encuentra con nosotros. &iexcl;Cu&aacute;ntas vidas han cambiado a partir de un encuentro, de una mirada, de una palabra amable! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces una sonrisa es m&aacute;s milagrosa que mil discursos bien escritos! <strong>El poder de los gestos, de los abrazos, de los pies descalzos, es un poder que salva y santifica.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>La vida siempre da muchas vueltas y a veces recibimos lo que un d&iacute;a entregamos.<\/strong> Todo lo que hacemos tiene una repercusi&oacute;n en la eternidad y tambi&eacute;n la tiene en la vida de este mundo. Conocemos ese refr&aacute;n: <em>&laquo;El que siembra vientos cosecha tempestades<\/em>&raquo;. Nuestra vida, todo lo que hacemos, tiene repercusi&oacute;n, en primer lugar, aqu&iacute; en la tierra. Un gesto de amor puede volver a nosotros cuando menos lo esperamos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hace poco vi un corto que expresaba precisamente esto. Un gesto de caridad de un hombre hacia un ni&ntilde;o, al que hab&iacute;an pillado robando, cambi&oacute; la vida de este ni&ntilde;o para siempre. Y m&aacute;s tarde, cuando ese hombre bueno, ya mayor, precis&oacute; ayuda, aquel ni&ntilde;o, convertido en un joven m&eacute;dico, pudo devolv&eacute;rsela.<\/p>\n<p align=\"justify\">Muchas veces la vida es as&iacute;. Recibimos lo que hemos sembrado. Si nuestros gestos no son de amor y paz seguramente encontraremos lo mismo y nos sorprenderemos. Nos parecer&aacute; que el mundo est&aacute; contra nosotros, que es injusto, que nadie nos trata bien.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando recibimos mal de los hombres tenemos siempre que preguntarnos: &iquest;Qu&eacute; damos nosotros? &iquest;Cu&aacute;les son nuestros gestos m&aacute;s habituales? El mundo suele ser un espejo que refleja nuestra figura. Si damos amor es normal que recibamos amor como respuesta. Cuando sonre&iacute;mos nos sonr&iacute;en, cuando somos violentos recibimos violencia, cuando tenemos paz, damos paz y nos pacifican. Suelen repetirse nuestros mismos gestos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es verdad que en ciertas ocasiones, a&uacute;n actuando bien, podemos recibir violencia, desprecio, soledad, como respuesta. Eso tambi&eacute;n es posible. Jes&uacute;s pas&oacute; haciendo el bien y muri&oacute; en la cruz, como un malhechor. Nunca hizo mal a nadie y fue tratado injustamente. Tambi&eacute;n nos puede ocurrir.<\/p>\n<p align=\"justify\">En todo caso, lo cierto es que nuestras vidas est&aacute;n entrelazadas. Las vidas de L&aacute;zaro y del rico Epul&oacute;n estaban unidas. Quiz&aacute;s L&aacute;zaro ten&iacute;a la misi&oacute;n de abrir el coraz&oacute;n del hombre rico y el rico la de ser misericordioso y cuidar a L&aacute;zaro. Pero ah&iacute; s&iacute; hubo un abismo entre ellos. El rico no mir&oacute; a L&aacute;zaro y no supo descubrir en su vida la llamada de Dios a salir de s&iacute; mismo, a mirar m&aacute;s all&aacute;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Le pedimos a Dios que nos regale la mirada para ver el coraz&oacute;n de los dem&aacute;s, y saber ver m&aacute;s all&aacute; de la diferencia de creencias, de condici&oacute;n social, de estilo de vida. Ver a la persona y saber tocar el tesoro del otro, lo que va m&aacute;s all&aacute; de la apariencia. Quiz&aacute;s, tambi&eacute;n, tenemos una misi&oacute;n con otros que los muros que nos protegen nos impiden ver. Nuestras vidas est&aacute;n unidas. El mismo rico Epul&oacute;n llama a Abrah&aacute;n en el infierno para pedirle que se acerque L&aacute;zaro. Sus vidas ten&iacute;an que haber estado unidas para la eternidad. Pero sus decisiones en vida no lo hicieron posible.<\/p>\n<p align=\"justify\">Nuestros actos nos unen a otros o nos alejan. Somos solidarios. El Padre Kentenich hablaba de la solidaridad de destinos de todos los que han sellado una alianza de amor con Mar&iacute;a en el Santuario. <strong>All&iacute; estamos entrelazados los unos con los otros. En el coraz&oacute;n inmaculado de Mar&iacute;a nos encontramos en un mismo destino. &iquest;C&oacute;mo vivimos esa solidaridad?<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El rico Epul&oacute;n viv&iacute;a c&oacute;modamente, porque era rico.<\/strong> Pero no es condenado por ser rico, sino por no ser misericordioso. Describe su situaci&oacute;n en vida el mismo profeta Am&oacute;s: <em>&laquo;Os acost&aacute;is en lechos de marfil; arrellenados en divanes, com&eacute;is carneros del reba&ntilde;o y terneras del establo; canturre&aacute;is al son del arpa, invent&aacute;is, como David, instrumentos musicales; beb&eacute;is vino en copas, os ung&iacute;s con perfumes exquisitos y no os dol&eacute;is del desastre de Jos&eacute;&raquo;.<\/em> <em>Am&oacute;s 6, 1a. 4-7<\/em><em>. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">La comodidad y el esp&iacute;ritu burgu&eacute;s, pueden acabar nublando la vista, haci&eacute;ndonos insensibles. La riqueza puede alejarnos de Dios, puede impedirnos buscarlo en nuestro interior. La riqueza nos hace llevar una vida satisfecha, demasiado c&oacute;moda.<\/p>\n<p align=\"justify\">El Papa Francisco hablaba as&iacute; contra la cultura del bienestar: <em>&laquo;No, no m&aacute;s de un hijo, porque no podemos tomar vacaciones, no podemos ir a tal sitio, no podemos comprar la casa. Es bueno seguir al Se&ntilde;or, pero hasta cierto punto. Esto es lo que hace el bienestar:<\/em> <em>nos lleva hacia abajo, nos quita el coraje, aquel coraje fuerte para caminar cerca de Jes&uacute;s&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Lo que puede hacer la riqueza es quitarnos la fuerza para luchar, para aspirar a algo m&aacute;s, para subirnos a la barca en la que Jes&uacute;s tiene el tim&oacute;n en sus manos. Nos acomodamos en seguida y dejamos de so&ntilde;ar con una vida mejor si no es aqu&iacute; en la tierra. Dejamos de pensar en la eternidad porque nos parece demasiado lejana, demasiado grande e inabarcable. Nos empieza a gustar mucho el presente y ya no creemos en un Dios que pueda saciar nuestras necesidades m&aacute;s profundas. Satisfechos en lo superficial pensamos que con eso basta.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es cierto que el Evangelio no ataca a los ricos por el hecho de ser ricos. Se refiere al valor de nuestros actos, que tienen repercusi&oacute;n en la eternidad. La riqueza puede impedirnos ver las necesidades que hay a nuestro alrededor, cuando nuestros ojos se atan y encadenan a esos bienes pasajeros. Jes&uacute;s ataca la dureza de coraz&oacute;n de aquel que sabe que el pobre esta ah&iacute;, pero lo ignora.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a San Vicente de Pa&uacute;l: &laquo;<em>Dios ama a los pobres y, por lo mismo, ama tambi&eacute;n a los que aman a los pobres ya que, cuando alguien tiene un afecto especial a una persona, extiende este afecto a los que dan a aquella persona muestras de amistad o de servicio. Por esto, nosotros tenemos la esperanza de que Dios nos ame, en atenci&oacute;n a los pobres&raquo;. <\/em><strong>La riqueza puede hacernos insensibles, ego&iacute;stas, egoc&eacute;ntricos. Nos puede volver ciegos para el dolor del hombre.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El amor al pr&oacute;jimo es expresi&oacute;n del amor a Dios. <\/strong>Dec&iacute;a el Padre Hurtado: <em>&laquo;Yo sostengo que cada pobre, cada vago, cada mendigo es Cristo en persona, que carga su cruz. Y como a Cristo debemos amarlo y ampararlo. Debemos tratarlo como a hermano, como a ser humano, como somos nosotros&raquo;.<\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">El amor solidario es el que nos haces capaces de Dios y lo que pacifica el coraz&oacute;n. Precisamente dec&iacute;a el Papa Francisco: <em>&laquo;Ning&uacute;n esfuerzo de &laquo;pacificaci&oacute;n&raquo; ser&aacute; duradero, ni habr&aacute; armon&iacute;a y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de s&iacute; misma&raquo;. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Cuando marginamos, cuando somos ciegos ante el dolor humano, cuando pasamos de largo ante el hombre herido, cuando no escuchamos las s&uacute;plicas del que nos llama, estamos olvidando a Dios, estamos dejando de ser fieles a nuestra vocaci&oacute;n de amor.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dec&iacute;a el Papa Francisco:<em> &laquo;El ego&iacute;smo y la cultura del descarte han conducido a desechar a las personas m&aacute;s d&eacute;biles y necesitadas&raquo;. <\/em>Es imposible amar a Dios a quien no vemos, si despreciamos al hombre al que vemos. El amor a Dios, la coherencia de nuestra vida cristiana, queda reflejada en nuestra forma de amar y tratar a los hombres, especialmente a los m&aacute;s d&eacute;biles.<\/p>\n<p align=\"justify\">En la medida en la que amemos con su amor, estaremos haciendo visible el cielo aqu&iacute; en la tierra. El cielo es el lugar en el que no hay abismos, en el que las distancias se acortan y el amor se expresa en un s&iacute; continuado y sostenido en plenitud. Un amor en el que no hay sombras, ni ausencia, sino presencia continua.<\/p>\n<p align=\"justify\">El infierno del rico Epul&oacute;n es soledad e incomunicaci&oacute;n. El cielo de L&aacute;zaro es protecci&oacute;n en el seno de Dios. Son los dos extremos. El amor y el odio, la comuni&oacute;n y la soledad m&aacute;s dolorosa.<\/p>\n<p align=\"justify\">Nuestros gestos tienen repercusi&oacute;n en la eternidad. Dejamos huellas que se graban para siempre en el cielo. <strong>Cuando acogemos sin marginar, cuando abrazamos sin<\/strong> <strong>rechazar, cuando escuchamos sin juzgar, cuando amamos sin retener, cuando queremos desde el respeto y la humildad, estamos dejando nuestras huellas indelebles en el cielo y traemos el cielo a la tierra.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>En muchas ocasiones buscamos signos, se&ntilde;ales extraordinarias, para cambiar de vida<\/strong>. Hoy escuchamos: <em>&laquo;El rico insisti&oacute;: &#8211; Te ruego, entonces, padre, que mandes a L&aacute;zaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan tambi&eacute;n ellos a este lugar de tormento. Abraham le dice: &#8211; Tienen a Mois&eacute;s y a los profetas; que los escuchen. El rico contest&oacute;: &#8211; No, padre Abraham. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentir&aacute;n. Abraham le dijo: &#8211; Si no escuchan a Mois&eacute;s y a los profetas, no har&aacute;n caso ni aunque resucite un muerto&raquo;. <\/em><em>Lucas 16, 19-31<\/em><em>. <\/em><\/p>\n<p align=\"justify\">Un resucitado no va a cambiar nuestra vida, porque Cristo resucit&oacute; y no cambi&oacute; la vida de todos los que fueron sus testigos. El cambio tiene lugar cuando volvemos a la pureza del Evangelio, a lo m&aacute;s esencial. Se trata de humillarnos para lamer las llagas del hombre herido. Se trata de arrodillarnos para ver y mirar el alma del que sufre.<\/p>\n<p align=\"justify\">Jes&uacute;s cruz&oacute; el abismo que separa el cielo y el infierno e hizo posible lo imposible. Rompi&oacute; las barreras del odio y la desuni&oacute;n. El amor es m&aacute;s fuerte. Cruz&oacute; el abismo que separa a los hombres. Es imposible imaginarnos la misericordia de Dios, porque no somos as&iacute;. Nos cuesta entender que sea justo pagar lo mismo al trabajador del &uacute;ltimo momento, dar nuevas oportunidades al que ha ca&iacute;do, buscar al que se ha perdido dejando a los que obedecen.<\/p>\n<p align=\"justify\">Dios no es un Dios espectador que mira c&oacute;mo nos portamos desde lejos y nos da el cielo o nos lo quita. Dios camina a nuestro lado, viene cada d&iacute;a a nuestro lugar, nos habla al coraz&oacute;n, nos quiere como somos y hace una fiesta cada vez que volvemos arrepentidos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Jes&uacute;s se dej&oacute; el coraz&oacute;n y la vida para que no haya abismos entre nosotros, para que no haya abismos entre nosotros y Dios. Su cruz es el puente por el que llegamos al coraz&oacute;n de Dios. Su herida en el costado es la puerta por la que Dios llega a nosotros y, al mismo tiempo, por la que llegamos a Dios. No hay distancias para Dios si nos abrimos a &Eacute;l. Llama a nuestra puerta y espera fuera deseando que abramos para estar con nosotros. Dios se encarn&oacute; y el cielo lleg&oacute; a la tierra. No podemos cruzar el abismo, por eso lo cruz&oacute; Dios y lo cruza cada d&iacute;a por cada uno.<\/p>\n<p align=\"justify\">Es un misterio c&oacute;mo ser&aacute; el cielo y siempre vienen las preguntas, la incertidumbre, los miedos. Eso nos hace vulnerables, porque no lo tenemos todo controlado; no sabemos nada de nuestra muerte ni de qu&eacute; pasar&aacute; en el M&aacute;s All&aacute;. Jes&uacute;s nos pide que no temamos.<\/p>\n<p align=\"justify\">All&iacute; todo ser&aacute; pleno, pero esa semilla de plenitud ya podemos sembrarla y vivirla torpemente aqu&iacute; en la tierra. Nos pide que nos amemos, porque ni un solo gesto de amor en este mundo es en vano. Todo queda grabado en el cielo para siempre.<\/p>\n<p align=\"justify\">Podemos vivir con Dios en nuestro d&iacute;a a d&iacute;a. Pero siempre tendremos sed de m&aacute;s, de plenitud, de descanso del todo, de llenarnos, de conocer el amor que es para siempre. Dios va a nuestro lado, en este camino, y nos espera para abrazarnos en lo ordinario, sin grandes se&ntilde;ales. No necesitamos que nadie venga del cielo para decirnos c&oacute;mo es. Eso no nos dejar&iacute;a tranquilos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Nos basta la fe y los testigos a los que seguimos. <strong>Nos basta con creer en el amor que damos y recibimos y en ese Dios cuyas caricias son soledades y sus silencios susurros dichos con amor en el o&iacute;do. Nos basta con abrazarnos a Mar&iacute;a y aprender a vivir a su lado.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[1] J. Kentenich, &ldquo;Ni&ntilde;os ante Dios&rdquo;, 279<br \/>\n[2] James F. Twiman, &ldquo;La plegaria de San Francisco&rdquo;, 110<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nM&aacute;s sobre el autor en <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.padrecarlospadilla.com\">http:\/\/www.padrecarlospadilla.com<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Carlos Padilla Esteban Es una verdad sabida que el sentido de nuestra vida consiste en amar y ser amados. En entregar todo el cari&ntilde;o que nace en nuestro coraz&oacute;n y recibir todo ese cari&ntilde;o que necesitamos. Porque somos mendigos de amor. Nacemos con una herida de amor y, al mismo tiempo, tenemos mucho amor &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/traer-el-cielo-a-la-tierra\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abTraer el cielo a la&nbsp;tierra\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30829","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30829","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30829"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30829\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30829"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30829"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30829"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}