{"id":30873,"date":"2016-06-13T10:56:32","date_gmt":"2016-06-13T15:56:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/monte-tabor-basilica-de-la-transfiguracion\/"},"modified":"2016-06-13T10:56:32","modified_gmt":"2016-06-13T15:56:32","slug":"monte-tabor-basilica-de-la-transfiguracion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/monte-tabor-basilica-de-la-transfiguracion\/","title":{"rendered":"Monte Tabor: bas\u00edlica de la&nbsp;Transfiguraci\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Opus Dei<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Desde los tiempos m&aacute;s remotos, caminos y pistas de caravanas han surcado la f&eacute;rtil llanura de Esdrel&oacute;n, en Galilea. Los viajeros que bajaban desde Mesopotamia y Siria, tras costear el mar de Genesaret, la atravesaban hacia el oeste, para llegar al Mediterr&aacute;neo y continuar hasta Egipto. Los que part&iacute;an del sur, desde Hebr&oacute;n, siguiendo la v&iacute;a que pasa por Bel&eacute;n, Jerusal&eacute;n y Samar&iacute;a, la cruzaban hacia el norte cerca de Nazaret. Testigo de su marcha, solitario en medio de la planicie, se ergu&iacute;a el monte Tabor.<\/p>\n<p align=\"justify\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/s0.wp.com\/wp-content\/themes\/vip\/plugins\/lazy-load\/images\/1x1.trans.gif\" data-lazy-src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor2_israeltourism-flickr3.jpg.pagespeed.ic.CFSjABx1oL.webp\" style=\"width:500px;height:333px;\" \/><noscript><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor2_israeltourism-flickr3.jpg.pagespeed.ic.CFSjABx1oL.webp\" style=\"width:500px;height:333px;\" \/><\/noscript><br \/> &nbsp;<span style=\"font-size:11px;\"><em>Vista panor&aacute;mica sobre el valle de Esdrel&oacute;n y, al fondo, la depresi&oacute;n del r&iacute;o Jord&aacute;n. El complejo de la izquierda est&aacute; formado por el monasterio y la iglesia greco-ortodoxa; fue construido en el siglo XIX sobre ruinas de &eacute;poca cruzada. En la parte m&aacute;s alta del monte, destacan la bas&iacute;lica de la Transfiguraci&oacute;n -orientada al este- y el convento franciscano. La puerta del Viento queda fuera del encuadre. Foto: Israel Tourism (Flickr)<\/em><\/span>.<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Si formara parte de una cordillera, con sus 558 metros sobre el nivel del mar apenas llamar&iacute;a la atenci&oacute;n. Sin embargo, por su aislamiento y forma c&oacute;nica \u2014que sugiere la de un volc&aacute;n aunque su origen sea calc&aacute;reo\u2014, y por elevarse m&aacute;s de 300 metros sobre el terreno circundante, parece de una altura imponente. Destaca la notable vegetaci&oacute;n de sus laderas, cubiertas siempre de encinas, lentiscos y plantas montaraces, y en primavera, de lirios y azucenas. Desde su cumbre, una ancha meseta donde adem&aacute;s abundan los cipreses, se divisa un hermoso panorama. Estas caracter&iacute;sticas convirtieron al Tabor en escenario para los cultos de los pueblos cananeos, que veneraban a los &iacute;dolos en las cimas; pero tambi&eacute;n para las fortificaciones militares, como atalaya sobre la regi&oacute;n: de lo uno y de lo otro hubo en ese lugar, donde las huellas de la presencia humana se remontan a hace setenta mil a&ntilde;os.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Imagen literaria<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Seg&uacute;n los relatos del Antiguo Testamento, fue en las inmediaciones del Tabor donde D&eacute;bora reuni&oacute; en secreto a diez mil israelitas al mando de Barac, que pusieron en fuga al ej&eacute;rcito de S&iacute;sara (Cfr. Jc 4, 4-24); all&iacute; mataron los madianitas y amalecitas a los hermanos de Gede&oacute;n (Cfr. Jc 8, 18-19); y una vez conquistada la tierra prometida, el monte delimit&oacute; las fronteras entre las tribus de Zabul&oacute;n, Isacar y Neftal&iacute; (Cfr. Jos 19, 10-34), que lo ten&iacute;an por sagrado y ofrec&iacute;an sacrificios en su cumbre (Cfr. Dt 33, 19). El profeta Oseas fustig&oacute; ese culto porque, sin duda, en su tiempo no era solo cism&aacute;tico, sino tambi&eacute;n idol&aacute;trico (Cfr. Os 5, 1). Finalmente, encontramos una prueba de la fama del Tabor en su uso como imagen literaria: el salmista lo une al Herm&oacute;n para simbolizar en los dos todos los montes de la tierra (Cfr. Sal 89, 13); y Jerem&iacute;as lo compara con el descollar de Nabucodonosor sobre sus enemigos (Cfr. Jr 46, 18).<br \/> &nbsp;<br \/><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/s0.wp.com\/wp-content\/themes\/vip\/plugins\/lazy-load\/images\/1x1.trans.gif\" data-lazy-src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor0_benjamin-e-wood1.jpg.pagespeed.ic.TyAIR5CtD8.webp\" style=\"width:300px;height:450px;\" \/><noscript><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor0_benjamin-e-wood1.jpg.pagespeed.ic.TyAIR5CtD8.webp\" style=\"width:300px;height:450px;\" \/><\/noscript><br \/><span style=\"font-size:11px;\"><em>Desde la cima del Tabor, la vista se pierde en el horizonte de los campos cultivados en la llanura de Esdrel&oacute;n. Foto: Benjam&iacute;n E. Wood (Flickr).<\/em><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"> Aunque en el Nuevo Testamento no aparece citado por su nombre, la tradici&oacute;n enseguida identific&oacute; el Tabor con el lugar de la transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or: se llev&oacute; con &eacute;l a Pedro, a Juan y a Santiago y subi&oacute; a un monte para orar. Mientras &eacute;l oraba, cambi&oacute; el aspecto de su rostro, y su vestido se volvi&oacute; blanco y muy brillante. En esto, dos hombres comenzaron a hablar con &eacute;l: eran Mois&eacute;s y El&iacute;as que, aparecidos en forma gloriosa, hablaban de la salida de Jes&uacute;s que iba a cumplirse en Jerusal&eacute;n. Pedro y los que estaban con &eacute;l se encontraban rendidos por el sue&ntilde;o. Y al despertar, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban a su lado. Cuando estos se apartaron de &eacute;l, le dijo Pedro a Jes&uacute;s: \u2014Maestro, qu&eacute; bien estamos aqu&iacute;; hagamos tres tiendas: una para ti, otra para Mois&eacute;s y otra para El&iacute;as \u2014pero no sab&iacute;a lo que dec&iacute;a (Lc 9, 28-33; Mt 17, 1-4; Mc 9, 2-5).<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\">\n &nbsp;\n<\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> La exploraci&oacute;n arqueol&oacute;gica en el Tabor ha puesto de manifiesto la existencia de un santuario en el siglo IV o V \u2014que algunos testimonios antiguos atribuyen a santa Elena\u2014, construido sobre los vestigios de un lugar de culto cananeo. M&aacute;s adelante, las narraciones de algunos peregrinos de los siglos VI y VII se refieren a tres bas&iacute;licas, en recuerdo de las tres tiendas mencionadas por san Pedro, y a la presencia de un gran n&uacute;mero de monjes. De hecho, se ha encontrado un pavimento en mosaico de esa &eacute;poca, y consta que el Concilio V de Constantinopla, en 553, erigi&oacute; un obispado en el Tabor. Durante la dominaci&oacute;n musulmana, aquella vida erem&iacute;tica fue decayendo, y en el a&ntilde;o 808 se encargaban de las iglesias dieciocho religiosos con el obispo Te&oacute;fanes.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Aunque en el Nuevo Testamento no aparece citado por su nombre, la tradici&oacute;n enseguida identific&oacute; el Tabor con el lugar de la transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or<br \/> &nbsp;<br \/> A partir del a&ntilde;o 1101, y mientras dur&oacute; el reino latino de Jerusal&eacute;n, se estableci&oacute; una comunidad de benedictinos en el Tabor. Restauraron el santuario y levantaron un gran monasterio, protegido por una muralla fortificada. Esta no fue suficiente para resistir los ataques sarracenos, que conquistaron la abad&iacute;a y, entre 1211 y 1212, la convirtieron en un basti&oacute;n de defensa. Aunque se permiti&oacute; a los cristianos volver a tomar posesi&oacute;n del lugar algo despu&eacute;s, la bas&iacute;lica fue de nuevo destruida en 1263 por las tropas del sult&aacute;n Bibars.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Abandonado hasta el siglo XVII<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> El monte qued&oacute; abandonado hasta la llegada de los franciscanos, en 1631. Desde entonces, consiguieron mantener la propiedad no sin dificultades; estudiaron y consolidaron las ruinas existentes, pero a&uacute;n debieron pasar tres siglos para que fuese construida una nueva bas&iacute;lica: la actual, terminada en 1924.<\/p>\n<p align=\"justify\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/s0.wp.com\/wp-content\/themes\/vip\/plugins\/lazy-load\/images\/1x1.trans.gif\" data-lazy-src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor3_winterburn-flickr1.jpg.pagespeed.ic.aEJdYnBKa0.webp\" style=\"width:300px;height:451px;\" \/><noscript><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor3_winterburn-flickr1.jpg.pagespeed.ic.aEJdYnBKa0.webp\" style=\"width:300px;height:451px;\" \/><\/noscript><br \/><span style=\"font-size:11px;\"><em>La bas&iacute;lica se termin&oacute; en 1924. Su arquitectura se inspira en las iglesias de la Alta Siria, tanto en la fachada como en el interior. Foto: Derek Winterburn (Flickr).<\/em><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Hoy en d&iacute;a, los peregrinos suben al Tabor por una carretera sinuosa, trazada a principios del siglo XX para facilitar el abastecimiento de materiales durante la construcci&oacute;n del santuario. La llegada a la cima est&aacute; marcada por la puerta del Viento \u2014en &aacute;rabe, Bab el-Hawa\u2014, un resto de la fortaleza musulmana del siglo XIII, cuyos muros rodeaban toda la planicie de la cumbre. En el lado norte de esta extensi&oacute;n, se encuentra la zona greco-ortodoxa; y en el lado sur, la cat&oacute;lica, a cargo de la Custodia de Tierra Santa.<br \/> &nbsp;<br \/> Desde la puerta del Viento, una larga avenida flanqueada de cipreses conduce hasta la bas&iacute;lica de la Transfiguraci&oacute;n y el convento franciscano. Delante de la iglesia, pueden verse las ruinas del monasterio benedictino del siglo XII, aunque tambi&eacute;n hay vestigios de la fortaleza sarracena. De hecho, esta se edific&oacute; aprovechando los cimientos de la bas&iacute;lica cruzada, los mismos sobre los que se apoya el santuario actual, de tres naves, que ocupa el plano del precedente.<br \/> &nbsp;<br \/> La fachada, con el gran arco entre las dos torres y los frontones triangulares de las cubiertas, transmite al mismo tiempo bienvenida e invitaci&oacute;n a elevar el alma. Al atravesar las puertas de bronce, esta sensaci&oacute;n se multiplica: la nave central, separada de las laterales por grandes arcos de medio punto, se convierte en una escalera tallada en la roca que desciende hasta la cripta; y encima, muy elevado, destaca el presbiterio, que tiene detr&aacute;s un &aacute;bside en el que est&aacute; representada la escena de la Transfiguraci&oacute;n sobre un fondo completamente dorado. La evocaci&oacute;n del misterio queda subrayada por una particular luminosidad, conseguida gracias a los ventanales abiertos en la fachada, los muros de la nave central y el &aacute;bside de la cripta.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\">\n &nbsp;\n<\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/s0.wp.com\/wp-content\/themes\/vip\/plugins\/lazy-load\/images\/1x1.trans.gif\" data-lazy-src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor9_leobard_hinfelaar1.jpg.pagespeed.ic.kvCwQ7j6Zi.webp\" style=\"width:300px;height:200px;\" \/><noscript><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/1-ps.googleusercontent.com\/h\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/xtabor9_leobard_hinfelaar1.jpg.pagespeed.ic.kvCwQ7j6Zi.webp\" style=\"width:300px;height:200px;\" \/><\/noscript><br \/><span style=\"font-size:11px;\"><em>En el &aacute;bside del presbiterio, est&aacute; representada la escena de la transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or. Foto: Leobard Hinfelaar.<\/em><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"> El proyecto de la bas&iacute;lica respet&oacute;, incluy&eacute;ndolos, algunos vestigios de las iglesias anteriores: junto a la puerta, las dos torres se construyeron encima de unas capillas con &aacute;bsides medievales, hoy dedicadas al recuerdo de Mois&eacute;s y de El&iacute;as; y en la cripta, aunque la b&oacute;veda primitiva cruzada fue cubierta por un mosaico, el altar es el mismo y tambi&eacute;n quedan a la vista restos de mamposter&iacute;a en los muros. Adem&aacute;s, recientemente se excav&oacute; una peque&ntilde;a gruta al norte del santuario, debajo del lugar identificado como el refectorio del monasterio medieval: las paredes conten&iacute;an inscripciones en griego y algunos monogramas con cruces, rastros quiz&aacute; del cementerio de los monjes bizantinos que habitaron la monta&ntilde;a.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Jes&uacute;s fortalece la fe de los Ap&oacute;stoles<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> En la transfiguraci&oacute;n, Jes&uacute;s muestra su gloria divina, confirmando as&iacute; la reciente confesi&oacute;n de Pedro \u2014t&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo (Mt 16, 16. Cfr. Mc 8, 29; y Lc 9, 20)-, y, de este modo, tambi&eacute;n fortalecer la fe de los Ap&oacute;stoles ante la proximidad de la Pasi&oacute;n (Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, nn. 555 y 568), que ya ha empezado a anunciarles (Cfr. Mt 16, 21; Mc 8, 31; y Lc 9, 22). La presencia de Mois&eacute;s y El&iacute;as es bien elocuente: ellos &laquo;hab&iacute;an visto la gloria de Dios en la Monta&ntilde;a; la Ley y los profetas hab&iacute;an anunciado los sufrimientos del Mes&iacute;as&raquo; (Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, n. 555). Adem&aacute;s, los evangelistas narran que, cuando todav&iacute;a Pedro estaba proponiendo hacer tres tiendas, una nube de luz los cubri&oacute; y una voz desde la nube dijo:<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014Este es mi Hijo, el Amado, en quien me he complacido: escuchadle (Mt 17, 5. Cfr. Mc 9, 7; y Lc 9, 34-35).<br \/> &nbsp;<br \/> Glosando este pasaje, algunos Padres de la Iglesia subrayan la diferencia entre los representantes del Antiguo Testamento, Mois&eacute;s y El&iacute;as, y Cristo: &laquo;ellos son siervos, Este es mi Hijo (&#8230;). A ellos los quiero, pero Este es mi Amado: por tanto, escuchadle (&#8230;). Mois&eacute;s y El&iacute;as hablan de Cristo, pero son siervos como vosotros: Este es el Se&ntilde;or, escuchadle&raquo; (San Jer&oacute;nimo, Comentario al Evangelio de san Marcos, 6).<\/p>\n<p align=\"justify\"><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"https:\/\/s0.wp.com\/wp-content\/themes\/vip\/plugins\/lazy-load\/images\/1x1.trans.gif\" data-lazy-src=\"http:\/\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/tabor11_leobard_hinfelaar1.jpg\" style=\"width:450px;height:300px;\" \/><noscript><img decoding=\"async\" alt=\"\" src=\"http:\/\/www.es.josemariaescriva.info\/image\/tabor11_leobard_hinfelaar1.jpg\" style=\"width:450px;height:300px;\" \/><\/noscript><br \/><span style=\"font-size:11px;\"><em>Escena principal del &aacute;bside del presbiterio. Foto: Leobard Hinfelaar.<\/em><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"> Para Benedicto XVI, el sentido m&aacute;s profundo de la transfiguraci&oacute;n &laquo;queda recogido en esta &uacute;nica palabra. Los disc&iacute;pulos tienen que volver a descender con Jes&uacute;s y aprender siempre de nuevo: &quot;Escuchadlo&quot;&raquo; (Joseph Ratzinger\/Benedicto XVI, Jes&uacute;s de Nazaret. Desde el Bautismo a la Transfiguraci&oacute;n, p. 368).<br \/> &nbsp;<br \/> De la mano de san Josemar&iacute;a, podemos comprobar que esa exhortaci&oacute;n destinada a los disc&iacute;pulos se aplica a cada fiel cristiano: meditad una a una las escenas de la vida del Se&ntilde;or, sus ense&ntilde;anzas. Considerad especialmente los consejos y las advertencias con que preparaba a aquel pu&ntilde;ado de hombres que ser&iacute;an sus Ap&oacute;stoles, sus mensajeros, de uno a otro conf&iacute;n de la tierra (Amigos de Dios, n. 172). Para escuchar a Cristo, para conocer sus ense&ntilde;anzas, lo que dijo y obr&oacute;, contamos con los Evangelios (Cfr. Conc. Vaticano II, Const. dogm. Dei Verbum, nn. 18-19). Al transmitir la predicaci&oacute;n de los Ap&oacute;stoles despu&eacute;s de la ascensi&oacute;n, nos comunican la verdad acerca de Jes&uacute;s y nos lo hacen presente: &iquest;Quieres aprender de Cristo y tomar ejemplo de su vida? \u2014Abre el Santo Evangelio, y escucha el di&aacute;logo de Dios con los hombres&#8230;, contigo (Forja, 322).<br \/> &nbsp;<br \/> &quot;&iquest;Quieres aprender de Cristo y tomar ejemplo de su vida? \u2014Abre el Santo Evangelio, y escucha el di&aacute;logo de Dios con los hombres&#8230;, contigo&quot;<\/p>\n<p align=\"justify\"> Este di&aacute;logo implica primero una escucha atenta, meditada: no basta con tener una idea general del esp&iacute;ritu de Jes&uacute;s, sino que hay que aprender de &Eacute;l detalles y actitudes (&#8230;). Cuando se ama a una persona se desean saber hasta los m&aacute;s m&iacute;nimos detalles de su existencia, de su car&aacute;cter, para as&iacute; identificarse con ella. Por eso hemos de meditar la historia de Cristo, desde su nacimiento en un pesebre, hasta su muerte y su resurrecci&oacute;n. En los primeros a&ntilde;os de mi labor sacerdotal, sol&iacute;a regalar ejemplares del Evangelio o libros donde se narraba la vida de Jes&uacute;s. Porque hace falta que la conozcamos bien, que la tengamos toda entera en la cabeza y en el coraz&oacute;n, de modo que, en cualquier momento, sin necesidad de ning&uacute;n libro, cerrando los ojos, podamos contemplarla como en una pel&iacute;cula; de forma que, en las diversas situaciones de nuestra conducta, acudan a la memoria las palabras y los hechos del Se&ntilde;or (Es Cristo que pasa, 107).<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\">\n &nbsp;\n<\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><strong>El di&aacute;logo exige una respuesta<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero el di&aacute;logo, despu&eacute;s de la escucha, exige una respuesta, porque no se trata s&oacute;lo de pensar en Jes&uacute;s, de representarnos aquellas escenas. Hemos de meternos de lleno en ellas, ser actores. Seguir a Cristo tan de cerca como Santa Mar&iacute;a, su Madre, como los primeros doce, como las santas mujeres, como aquellas muchedumbres que se agolpaban a su alrededor. Si obramos as&iacute;, si no ponemos obst&aacute;culos, las palabras de Cristo entrar&aacute;n hasta el fondo del alma y nos transformar&aacute;n (Es Cristo que pasa, 107).<br \/> &nbsp;<br \/> Y con el seguimiento de Cristo y la identificaci&oacute;n con &Eacute;l, sentiremos la necesidad de unir nuestra voluntad a su deseo de salvar a todas las almas, y se encender&aacute; nuestro af&aacute;n apost&oacute;lico: esos minutos diarios de lectura del Nuevo Testamento, que te aconsej&eacute; \u2014meti&eacute;ndote y participando en el contenido de cada escena, como un protagonista m&aacute;s\u2014, son para que encarnes, para que &quot;cumplas&quot; el Evangelio en tu vida&#8230;, y para &quot;hacerlo cumplir&quot; (Surco, 672).<br \/> &nbsp;<br \/> Al leer el Evangelio, al tratar de meditarlo en la oraci&oacute;n, nos servir&aacute; pedir luces al Esp&iacute;ritu Santo, para que venga en auxilio de nuestros afanes, y quiz&aacute; repetiremos, con palabras tomadas de nuestro Padre: Se&ntilde;or nuestro, aqu&iacute; nos tienes dispuestos a escuchar cuanto quieras decirnos. H&aacute;blanos; estamos atentos a tu voz. Que tu conversaci&oacute;n, cayendo en nuestra alma, inflame nuestra voluntad para que se lance fervorosamente a obedecerte (Santo Rosario, III misterio de luz).<br \/> &nbsp;<br \/><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.es.josemariaescriva.info\/articulo\/huellas-de-nuestra-fe-monte-tabor-basilica-transfiguracion\"><strong>Art&iacute;culo<\/strong><\/a> originalmente publicado por Opus Dei&nbsp;<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Opus Dei Desde los tiempos m&aacute;s remotos, caminos y pistas de caravanas han surcado la f&eacute;rtil llanura de Esdrel&oacute;n, en Galilea. Los viajeros que bajaban desde Mesopotamia y Siria, tras costear el mar de Genesaret, la atravesaban hacia el oeste, para llegar al Mediterr&aacute;neo y continuar hasta Egipto. 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