{"id":30909,"date":"2016-06-13T10:58:00","date_gmt":"2016-06-13T15:58:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/encuentro-con-consagrados-en-getsemani-y-misa-en-el-cenaculo\/"},"modified":"2016-06-13T10:58:00","modified_gmt":"2016-06-13T15:58:00","slug":"encuentro-con-consagrados-en-getsemani-y-misa-en-el-cenaculo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/encuentro-con-consagrados-en-getsemani-y-misa-en-el-cenaculo\/","title":{"rendered":"Encuentro con consagrados en Getseman\u00ed y misa en el&nbsp;Cen\u00e1culo"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Aleteia Team<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><span><em><span>El Papa Francisco pronunci&oacute; este discurso ante los sacerdotes, religiosos y religiosas y seminaristas con los que se encontr&oacute; en la iglesia de Getseman&iacute; de Jerusal&eacute;n:<\/span><\/em><\/span><\/p>\n<p align=\"justify\"> &quot;Sali&oacute;\u2026 al monte de los Olivos, y lo siguieron los disc&iacute;pulos&quot; (Lc 22,39).\u2028Cuando lleg&oacute; la hora se&ntilde;alada por Dios para salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado, Jes&uacute;s se retir&oacute; aqu&iacute;, a Getseman&iacute;, a los pies del monte de los Olivos.<br \/> &nbsp;<br \/> Nos encontramos en este lugar santo, santificado por la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s, por su angustia, por su sudor de sangre; santificado sobre todo por su &quot;s&iacute;&quot; a la voluntad de amor del Padre.<br \/> &nbsp;<br \/> Sentimos casi temor de acercarnos a los sentimientos que Jes&uacute;s experiment&oacute; en aquella hora; entramos de puntillas en aquel espacio interior donde se decidi&oacute; el drama del mundo.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> En aquella hora, Jes&uacute;s sinti&oacute; la necesidad de rezar y de tener junto a s&iacute; a sus disc&iacute;pulos, a sus amigos, que lo hab&iacute;an seguido y hab&iacute;an compartido m&aacute;s de cerca su misi&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero aqu&iacute;, en Getseman&iacute;, el seguimiento se hace dif&iacute;cil e incierto; se hace sentir la duda, el cansancio y el terror. En el fren&eacute;tico desarrollo de la pasi&oacute;n de Jes&uacute;s, los disc&iacute;pulos tomar&aacute;n diversas actitudes en relaci&oacute;n a su Maestro: de acercamiento, de alejamiento, de incertidumbre.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> Nos har&aacute; bien a todos nosotros, obispos, sacerdotes, personas consagradas, seminaristas, preguntarnos en este lugar: &iquest;qui&eacute;n soy yo ante mi Se&ntilde;or que sufre?, &iquest;qui&eacute;n soy yo ante mi Se&ntilde;or que sufre? &iquest;Soy de los que, invitados por Jes&uacute;s a velar con &eacute;l, se duermen y, en lugar de rezar, tratan de evadirse cerrando los ojos a la realidad?\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;O me identifico con aquellos que huyeron por miedo, abandonando al Maestro en la hora m&aacute;s tr&aacute;gica de su vida terrena? &iquest;Est&aacute; fuerte en m&iacute; la doblez, la falsedad de aquel que lo vendi&oacute; por treinta monedas, que, habiendo sido llamado amigo, sin embargo traicion&oacute; a Jes&uacute;s?\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Me reconozco en los que fueron d&eacute;biles y lo negaron, como Pedro? &Eacute;l, poco antes, hab&iacute;a prometido a Jes&uacute;s que lo seguir&iacute;a hasta la muerte (cf. Lc 22,33); despu&eacute;s, acorralado y presa del p&aacute;nico, jura que no lo conoce.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Me parezco a aquellos que ya estaban organizando su vida sin &Eacute;l, como los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, necios y torpes de coraz&oacute;n para creer en las palabras de los profetas (cf. Lc 24,25)?\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> O bien, gracias a Dios, &iquest;me encuentro entre aquellos que fueron fieles hasta el final, como la Virgen Mar&iacute;a y el ap&oacute;stol Juan?<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando sobre el G&oacute;lgota todo se hace oscuridad y toda esperanza parece acabarse, s&oacute;lo el amor es m&aacute;s fuerte que la muerte. El amor de la Madre y del disc&iacute;pulo predilecto los lleva a permanecer a los pies de la cruz, para compartir hasta el final el dolor de Jes&uacute;s.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Me reconozco en aquellos que han imitado a su Maestro y Se&ntilde;or hasta el martirio, dando testimonio de hasta qu&eacute; punto &Eacute;l lo era todo para ellos, la fuerza incomparable de su misi&oacute;n y el horizonte &uacute;ltimo de su vida?\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> La amistad de Jes&uacute;s con nosotros, su fidelidad y su misericordia son el don inestimable que nos anima a continuar con confianza en su seguimiento a pesar de nuestras ca&iacute;das, nuestros errores y nuestras traiciones.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> Pero esta bondad del Se&ntilde;or no nos exime de la vigilancia frente al tentador, al pecado, al mal y a la traici&oacute;n que pueden atravesar tambi&eacute;n la vida sacerdotal y religiosa. Todos nosotros somos pobres, el pecado, el mal, la traici&oacute;n,\u2026<br \/> &nbsp;<br \/> Advertimos la desproporci&oacute;n entre la grandeza de la llamada de Jes&uacute;s y nuestra peque&ntilde;ez, entre la sublimidad de la misi&oacute;n y nuestra fragilidad humana.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero el Se&ntilde;or, en su gran bondad y en su infinita misericordia, nos toma siempre de la mano, para que no perezcamos en el mar de la aflicci&oacute;n. &Eacute;l est&aacute; siempre a nuestro lado, no nos deja nunca solos. Por tanto, no nos dejemos vencer por el miedo y la desesperanza, sino que con entusiasmo y confianza vayamos adelante en nuestro camino y en nuestra misi&oacute;n.\u2028<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Ustedes, queridos hermanos y hermanas, est&aacute;n llamados a seguir al Se&ntilde;or con alegr&iacute;a en esta Tierra bendita. Es un don y tambi&eacute;n una responsabilidad. Su presencia aqu&iacute; es muy importante; toda la Iglesia se lo agradece y los apoya con la oraci&oacute;n.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> Desde este lugar santo quisiera dirigir un afectuoso saludo a todos los cristianos de Jerusal&eacute;n. Quer&iacute;a asegurarles que les recuerdo con afecto y que rezo por ellos conociendo bien las dificultades de su vida en la ciudad. Y les exhorto a ser testimonios valientes de la Pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, tambi&eacute;n de su resurrecci&oacute;n con alegr&iacute;a en la esperanza.<br \/> &nbsp;<br \/> Imitemos a la Virgen Mar&iacute;a y a san Juan, y permanezcamos junto a las muchas cruces en las que Jes&uacute;s est&aacute; todav&iacute;a crucificado. &Eacute;ste es el camino en el que el Redentor nos llama a seguirlo.\u2028No hay otra, es esta: &quot;El que quiera servirme, que me siga, y donde est&eacute; yo, all&iacute; estar&aacute; mi servidor&quot; (Jn 12,26).\u2028<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><em>Homil&iacute;a del Papa Francisco durante la misa:<\/em><\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Es un gran don del Se&ntilde;or estar aqu&iacute; reunidos, en el Cen&aacute;culo, para celebrar la Eucarist&iacute;a. Mientras los saludo con fraterna alegr&iacute;a deseo dirigir un pensamiento afectuoso a los patriarcas orientales cat&oacute;licos que han participado estos d&iacute;as en la peregrinaci&oacute;n. Deseo darles gracias por su significativa presencia, para m&iacute; particularmente preciosa. Os aseguro que ten&eacute;is un lugar especial en mi coraz&oacute;n, en mi oraci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Aqu&iacute;, donde Jes&uacute;s consum&oacute; la &Uacute;ltima Cena con los Ap&oacute;stoles; donde, resucitado, se apareci&oacute; en medio de ellos; donde el Esp&iacute;ritu Santo descendi&oacute; abundantemente sobre Mar&iacute;a y los disc&iacute;pulos. Aqu&iacute; naci&oacute; la Iglesia, y naci&oacute; en salida.<br \/> &nbsp;<br \/> Desde aqu&iacute; sali&oacute;, con el Pan partido entre las manos, las llagas de Jes&uacute;s en los ojos, y el Esp&iacute;ritu de amor en el coraz&oacute;n. Jes&uacute;s resucitado, enviado por el Padre en el Cen&aacute;culo, comunic&oacute; su mismo Esp&iacute;ritu a los Ap&oacute;stoles y con esta fuerza los envi&oacute; a renovar la faz de la tierra (cf. Sal 104,30).\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> Salir, marchar, no quiere decir olvidar. La Iglesia en salida guarda la memoria de lo que sucedi&oacute; aqu&iacute;; el Esp&iacute;ritu Par&aacute;clito le recuerda cada palabra, cada gesto, y le revela su sentido.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> El Cen&aacute;culo nos recuerda el servicio, el lavatorio de los pies, que Jes&uacute;s realiz&oacute;, como ejemplo para sus disc&iacute;pulos. Lavarse los pies los unos a los otros significa acogerse, aceptarse, amarse, servirse mutuamente. Quiere decir servir al pobre, al enfermo, al excluido, al que me es antip&aacute;tico, al que me fastidia.<br \/> &nbsp;<br \/> El Cen&aacute;culo nos recuerda, con la Eucarist&iacute;a, el sacrificio. En cada celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, Jes&uacute;s se ofrece por nosotros al Padre, para que tambi&eacute;n nosotros podamos unirnos a &Eacute;l, ofreciendo a Dios nuestra vida, nuestro trabajo, nuestras alegr&iacute;as y nuestras penas\u2026, ofrecer todo en sacrificio espiritual.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> Tambi&eacute;n el Cen&aacute;culo nos recuerda la amistad. &quot;Ya no les llamo siervos \u2013dijo Jes&uacute;s a los Doce-\u2026 a ustedes les llamo amigos&quot; (Jn 15,15).<br \/> &nbsp;<br \/> El Se&ntilde;or nos hace sus amigos, nos conf&iacute;a la voluntad del Padre y se nos da &Eacute;l mismo. &Eacute;sta es la experiencia m&aacute;s hermosa del cristiano, y especialmente del sacerdote: hacerse amigo del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, descubrir en su coraz&oacute;n que &Eacute;l es amigo.<br \/> &nbsp;<br \/> El Cen&aacute;culo nos recuerda la despedida del Maestro y la promesa de volver a encontrarse con sus amigos. &quot;Cuando vaya\u2026, volver&eacute; y les llevar&eacute; conmigo, para que donde estoy yo, est&eacute;n tambi&eacute;n ustedes&quot; (Jn 14,3).<br \/> &nbsp;<br \/> Jes&uacute;s no nos deja, no nos abandona nunca, nos precede en la casa del Padre y all&aacute; nos quiere llevar con &Eacute;l.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> Pero el Cen&aacute;culo recuerda tambi&eacute;n la mezquindad, la curiosidad \u2013&quot;&iquest;qui&eacute;n es el traidor?&quot;-, la traici&oacute;n. Y cualquiera de nosotros, y no s&oacute;lo siempre los dem&aacute;s, puede encarnar estas actitudes, cuando miramos con suficiencia al hermano, lo juzgamos; cuando con nuestros pecados traicionamos a Jes&uacute;s.\u2028<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> El Cen&aacute;culo nos recuerda la comuni&oacute;n, la fraternidad, la armon&iacute;a, la paz entre nosotros. &iexcl;Cu&aacute;nto amor, cu&aacute;nto bien ha brotado del Cen&aacute;culo! &iexcl;Cu&aacute;nta caridad ha salido de aqu&iacute;, como un r&iacute;o de su fuente, que al principio es un arroyo y despu&eacute;s crece y se hace grande\u2026<br \/> &nbsp;<br \/> Todos los santos han bebido de aqu&iacute;; el gran r&iacute;o de la santidad de la Iglesia siempre encuentra su origen aqu&iacute;, siempre de nuevo, del Coraz&oacute;n de Cristo, de la Eucarist&iacute;a, de su Esp&iacute;ritu Santo.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> El Cen&aacute;culo, finalmente, nos recuerda el nacimiento de la nueva familia, la Iglesia, nuestra Santa Madre Iglesia, constituida por Cristo resucitado. Una familia que tiene una Madre, la Virgen Mar&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Las familias cristianas pertenecen a esta gran familia, y en ella encuentran luz y fuerza para caminar y renovarse, mediante las fatigas y las pruebas de la vida. A esta gran familia est&aacute;n invitados y llamados todos los hijos de Dios de cualquier pueblo y lengua, todos hermanos e hijos de un &uacute;nico Padre que est&aacute; en los cielos.\u2028<br \/> &nbsp;<br \/> &Eacute;ste es el horizonte del Cen&aacute;culo: el horizonte del Resucitado y de la Iglesia.\u2028De aqu&iacute; parte la Iglesia en salida, animada por el soplo del Esp&iacute;ritu. Recogida en oraci&oacute;n con la Madre de Jes&uacute;s, revive siempre la esperanza de una renovada efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo: Env&iacute;a, Se&ntilde;or, tu Esp&iacute;ritu, y renueva la faz de la tierra (cf. Sal 104,30).<\/p>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Aleteia Team El Papa Francisco pronunci&oacute; este discurso ante los sacerdotes, religiosos y religiosas y seminaristas con los que se encontr&oacute; en la iglesia de Getseman&iacute; de Jerusal&eacute;n: &quot;Sali&oacute;\u2026 al monte de los Olivos, y lo siguieron los disc&iacute;pulos&quot; (Lc 22,39).\u2028Cuando lleg&oacute; la hora se&ntilde;alada por Dios para salvar a la humanidad de la &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/encuentro-con-consagrados-en-getsemani-y-misa-en-el-cenaculo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abEncuentro con consagrados en Getseman\u00ed y misa en el&nbsp;Cen\u00e1culo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-30909","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30909","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=30909"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/30909\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=30909"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=30909"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=30909"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}