{"id":31044,"date":"2016-06-13T11:06:46","date_gmt":"2016-06-13T16:06:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-el-matrimonio-con-una-persona-de-religion-islamica\/"},"modified":"2016-06-13T11:06:46","modified_gmt":"2016-06-13T16:06:46","slug":"es-posible-el-matrimonio-con-una-persona-de-religion-islamica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/es-posible-el-matrimonio-con-una-persona-de-religion-islamica\/","title":{"rendered":"\u00bfEs posible el matrimonio con una persona de religi\u00f3n&nbsp;isl\u00e1mica?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Ius Canonicum<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La actitud de la Iglesia frente al Islam, manifestada en los documentos del Vaticano II (cfr. Concilio Vaticano II, Lumen Gentium, 16; Nostra Aetate, 3) no le impide ser consciente de que la diferencia de fe y de contexto social y jur&iacute;dico entre los pa&iacute;ses de cultura cristiana y musulmana, puede crear graves problemas para la convivencia del matrimonio y para la plenitud de la vida conyugal, as&iacute; como para el ejercicio del derecho y el cumplimiento del deber de educar cristianamente a los hijos (cfr. c&aacute;nones 1055 &sect; 1 y 226 &sect; 2). La Iglesia, en consecuencia, establece impedimentos para los matrimonios mixtos por las dificultades que casi siempre comportan y porque impiden la &iacute;ntima comuni&oacute;n entre los c&oacute;nyuges.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando el Legislador can&oacute;nico exige a quien solicita dispensa para casarse con una persona de religi&oacute;n musulmana, la promesa de hacer cuanto le sea posible para que los hijos sean bautizados y educados en la religi&oacute;n cat&oacute;lica, es consciente de la dificultad del cumplimiento de esta promesa, contrapuesta no s&oacute;lo a las obligaciones religiosas del musulm&aacute;n practicante, sino tambi&eacute;n, cuando la parte musulmana es el var&oacute;n, a las disposiciones jur&iacute;dicas que, en el derecho musulm&aacute;n, obligan al hijo a seguir la religi&oacute;n del padre.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Actitudes y orientaciones pastorales<\/strong>&nbsp;<strong>generales<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Todos los que han de tratar pastoralmente estos casos necesitan, ante el Islam y los musulmanes, una actitud de conocimiento, que les libre de los t&oacute;picos tradicionales, y al mismo tiempo de responsabilidad para respetar y descubrir el plan de Dios en otros caminos religiosos adem&aacute;s del cristiano.<br \/> &nbsp;<br \/> &quot;La Iglesia cat&oacute;lica nada rechaza de lo que en estas religiones hay de verdadero y santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas, que, aunque discrepan en muchos puntos de lo que ella profesa y ense&ntilde;a, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres\u201d (Concilio Vaticano II, Declaraci&oacute;n <em>Nostra Aetate<\/em>, 2,b ). Se necesita, para aconsejar bien, un cierto conocimiento del derecho matrimonial musulm&aacute;n en general, y de los diferentes C&oacute;digos civiles modernos, as&iacute; como de las realidades sociol&oacute;gicas del pa&iacute;s de la parte musulmana.<br \/> &nbsp;<br \/> Han de manifestar estos pastores, especialmente, un tacto exquisito y audacia, fruto de la mejor caridad, para reconocer las exigencias rec&iacute;procas y los riesgos espec&iacute;ficos (culturales, religiosos, jur&iacute;dicos y pedag&oacute;gicos) de tales matrimonios, llegando a desaconsejarlos absolutamente si los hechos lo requieren. Y todo ello acompa&ntilde;ado de una gran misericordia para comprender, acoger y colaborar en cada caso concreto.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Actitudes particulares con vistas al discernimiento y la preparaci&oacute;n<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Se impone una acogida sincera y una colaboraci&oacute;n generosa que huya de todo paternalismo, y m&aacute;s a&uacute;n, de un proselitismo camuflado. Esa acogida es fundamental, ya que, al infringir las normas sociol&oacute;gicas de su entorno del que surgir&aacute;n inevitablemente incomprensiones y rechazos, es f&aacute;cil que la pareja sienta, aunque no lo confiese, marginaci&oacute;n y aislamiento, resultando vulnerable si no se franquean impunemente los muros de sus respectivas culturas y sociedades.<br \/> &nbsp;<br \/> Junto a la acogida, el servicio m&aacute;s importante que puede prest&aacute;rsela a los contrayentes en el transcurso de la conversaci&oacute;n pastoral, es permitirles a ambos tomar conciencia, leal, serena y conjuntamente, de las distancias personales, culturales y religiosas que les separan, y que permanecer&aacute;n, pues no pueden superarse completamente. Es de suma importancia para la futura solidez perdurable del matrimonio que ambos sopesen juntos lo m&aacute;s objetivamente posible las dificultades que se les presentar&aacute;n de modo inevitable. Dificultades que no har&aacute;n sino acentuarse con la venida de los hijos.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> La parte cristiana tiene, por lo general, un completo desconocimiento acerca de las cuestiones jur&iacute;dicas relativas a la herencia, custodia de los hijos, comunidad de bienes, divorcio, etc., as&iacute; como de que los hijos que nazcan de tal uni&oacute;n ser&aacute;n, seg&uacute;n derecho, musulmanes; lo cual har&aacute; dif&iacute;cil que la mujer cristiana tenga la posibilidad de compartir la propia fe con sus hijos. Igual ignorancia suele presentar sobre las condiciones sociol&oacute;gicas en que tendr&aacute; que vivir, especialmente si el matrimonio se instala en un pa&iacute;s musulm&aacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Tambi&eacute;n es importante que sepa que, en el ambiente musulm&aacute;n, el amor entre el hombre y la mujer no tiene ni la misma forma ni la misma expresi&oacute;n que en la concepci&oacute;n tradicional del Occidente cristiano. Otra dificultad a tener en cuenta por la parte occidental es la representada por la separaci&oacute;n entre la sociedad masculina y femenina; agreg&aacute;ndose a esto que all&iacute; ya no se tratar&aacute; de la familia unicelular, es decir, restringida al n&uacute;cleo del matrimonio y sus hijos, sino de una familia de tipo patriarcal.<br \/> &nbsp;<br \/> La parte musulmana, pese a su esfuerzo de adaptaci&oacute;n a la lengua y culturas occidentales, seguir&aacute; normal y leg&iacute;timamente imbuido de sus categor&iacute;as religiosas y socio-culturales isl&aacute;micas. Eso har&aacute; que las concepciones occidentales cristianas de la familia corran el riesgo de desorientarle, de modo que no pueda comprender en su amplitud la sensibilidad y las reacciones de su pareja y entorno.<br \/> &nbsp;<br \/> Por otra parte, habituado a la acogida, a la hospitalidad tradicional y a las numerosas visitas a la familia y a los allegados, tan frecuentes en su propio entorno social, el musulm&aacute;n dif&iacute;cilmente aceptar&aacute; las corrientes actitudes de reserva, individualismo o de aparente distanciamiento que aqu&iacute; se dan, pudiendo incluso interpretarlo como desprecio.<br \/> &nbsp;<br \/> En algunos casos, adem&aacute;s, la parte musulmana no es bien aceptada por la familia de la parte cat&oacute;lica, produci&eacute;ndose en dicha parte un sentimiento de aislamiento e inseguridad que le incitar&aacute; tal vez a precipitar el regreso a su pa&iacute;s, en el cual hallar&aacute; su entorno familiar.<br \/> &nbsp;<br \/> Toda la pastoral estar&aacute;, pues, orientada a que ambos asuman sus diferencias, para convertirlas en riquezas. Lo cual supone mucho coraz&oacute;n, inteligencia y sabidur&iacute;a. Por ello no todos est&aacute;n capacitados para fundar un hogar islamo-cristiano, a causa de las diferencias que deben asumirse, o de la tendencia a minimizarlas o a suponer que en su propio caso va a ser distinto. Hay, pues, un discernimiento formal que debe suscitarse en los dos interesados; algo nada f&aacute;cil, pero que forma parte del trabajo pastoral.<br \/> &nbsp;<br \/> Efectuado el discernimiento, si se deciden consciente y maduramente a seguir adelante, estas parejas deber&aacute;n hacer gala de una creatividad muy especial; lo cual es ya por s&iacute; mismo un gran enriquecimiento. Deber&aacute;n sobre todo hacer algo original, sin copiar ni el modelo occidental ni el del pa&iacute;s de origen de la parte musulmana. Deber&aacute;n inventar un estilo de vida propio que tendr&aacute;, m&aacute;s que otros matrimonios, que apelar a esas cualidades esenciales del coraz&oacute;n, como la comprensi&oacute;n, la delicadeza y la paciencia. Deber&aacute;n sobre todo hacer acopio de una gran calidad de amor.<br \/> &nbsp;<br \/> En la preparaci&oacute;n de la celebraci&oacute;n de los matrimonios mixtos musulm&aacute;n-cristianos ante la Iglesia, se instruir&aacute; a los contrayentes sobre la peculiaridad religiosa del matrimonio que pretenden contraer, sobre los fines y propiedades esenciales del mismo, que ninguno de los dos puede excluir, as&iacute; como sobre la existencia del impedimento de disparidad de cultos y sobre las condiciones requeridas para obtener la necesaria dispensa.<br \/> &nbsp;<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Tambi&eacute;n se orientar&aacute; a los contrayentes sobre las formas posibles de celebraci&oacute;n del matrimonio cat&oacute;lico, tanto en forma can&oacute;nica como con dispensa de la misma, y sobre las exigencias e implicaciones que lleva consigo cada una de ellas, de modo que en el di&aacute;logo pastoral se pueda discernir cu&aacute;l es la forma de celebraci&oacute;n m&aacute;s adecuada a la actitud religiosa de los contrayentes. En esta instrucci&oacute;n de los novios puede participar el ministro religioso musulm&aacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Al instruir a la parte musulmana sobre los fines y propiedades esenciales al matrimonio, y sobre la necesidad indispensable de comprometerse por escrito a no excluir dichos fines y propiedades, se le puede hacer ver que la renuncia al divorcio y a la poligamia no tiene nada estrictamente incompatible con el Islam, sino que es una v&iacute;a reconocida dentro de su religi&oacute;n, libre y gustosamente practicada por muchos musulmanes. Sin duda se debe ayudar a la parte musulmana en el reconocimiento de la inviabilidad de esta v&iacute;a isl&aacute;mica, que debe tomar como algo propio para que su proyectado matrimonio sea v&aacute;lidamente contra&iacute;do ante la Iglesia.<br \/> &nbsp;<br \/> Es indispensable para celebrar el matrimonio cristiano con disparidad de culto que la parte musulmana sea consciente, y de forma muy precisa, de las exigencias que comporta el matrimonio, abandonando las posibilidades que le concede la Ley isl&aacute;mica (divorcio, poligamia, etc.), exigencias que no tienen nada estrictamente incompatible con el Islam.<br \/> &nbsp;<br \/> Aunque el &eacute;xito de estos matrimonios es muy problem&aacute;tico y exige (no podemos cansarnos de repetirlo) una muy seria y comprometida preparaci&oacute;n, sin embargo, cuando se realizan con las debidas garant&iacute;as, encierran enormes riquezas. Puede ser la ocasi&oacute;n en el plano religioso de una real profundizaci&oacute;n de la dimensi&oacute;n religiosa personal. La soluci&oacute;n negativa ser&iacute;a eludir esta tarea refugi&aacute;ndose en la indiferencia. Al contrario, ser&aacute; dentro de un progreso espiritual y de una mayor fidelidad como creyentes, como los j&oacute;venes esposos pueden extraer fuerza y certidumbre para llevar a buen t&eacute;rmino su proyecto en com&uacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Este encuentro y confrontaci&oacute;n musulm&aacute;n-cristiano puede ser fuente de una mayor exigencia, que invita a volverse juntos hacia lo esencial: Dios, que est&aacute; m&aacute;s all&aacute; de todo cuanto los discursos humanos pueden jam&aacute;s decir al respecto. El matrimonio mixto, adem&aacute;s, confiere al di&aacute;logo musulm&aacute;n-cristiano otra dimensi&oacute;n m&aacute;s extensa que la de los encuentros de expertos, pues se enra&iacute;za en plena realidad humana a trav&eacute;s de la vida cotidiana y se multiplica en numerosos hogares.<br \/> &nbsp;<br \/> Estos matrimonios, seriamente llevados, son un signo de reconciliaci&oacute;n posible entre los pueblos, las razas y las religiones. Y pueden ser un enriquecimiento de las comunidades humanas y religiosas que testimonien que los particularismos, las estrecheces de miras, los racismos de cualquier &iacute;ndole en suma, pueden superarse. Y es deseable que algunos hogares mixtos adquieran conciencia de una misi&oacute;n de reconciliaci&oacute;n y de paz que arraigue en su propia existencia.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Ius Canonicum La actitud de la Iglesia frente al Islam, manifestada en los documentos del Vaticano II (cfr. 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