{"id":31138,"date":"2016-06-13T11:10:13","date_gmt":"2016-06-13T16:10:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/francisco-y-benedicto-donde-hay-ortodoxia-hay-reforma-de-la-iglesia\/"},"modified":"2016-06-13T11:10:13","modified_gmt":"2016-06-13T16:10:13","slug":"francisco-y-benedicto-donde-hay-ortodoxia-hay-reforma-de-la-iglesia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/francisco-y-benedicto-donde-hay-ortodoxia-hay-reforma-de-la-iglesia\/","title":{"rendered":"Francisco y Benedicto: Donde hay ortodoxia, hay reforma de la&nbsp;Iglesia"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Jorge Traslosheros<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Identificar a Francisco como un Papa reformador ya se ha convertido en un lugar com&uacute;n, con sobrada justicia debemos decir. Sin embargo, tambi&eacute;n lo fue Benedicto XVI, para sorpresa de algunos. Lo que afirmo parecer&aacute; extra&ntilde;o a quienes gustan de medir los acontecimientos eclesi&aacute;sticos con los precarios instrumentos de la geometr&iacute;a pol&iacute;tica, pero en manera alguna lo es cuando los apreciamos desde su propia l&oacute;gica.<br \/> &nbsp;<br \/> La historia de la Iglesia nos muestra que su estado natural de existencia es la reforma y que sus problemas suelen derivar de la p&eacute;rdida de su impulso. En cada &eacute;poca hay procesos reformadores diversos que se mueve a diferentes ritmos e intensidades, con distintos protagonistas, enfrentando problemas espec&iacute;ficos. En ocasiones son laicos quienes les lideran, en otras son cl&eacute;rigos, religiosos, obispos o papas, hombres y mujeres por igual. La historia eclesi&aacute;stica es riqu&iacute;sima en la materia y quienes nos dedicamos a estudiarla nunca terminamos de sorprendernos. Ahora bien, hay momentos en que los procesos se aceleran en forma por dem&aacute;s dram&aacute;tica, como en el siglo XII a consecuencia de las reformas de san Gregorio VII (un largo proceso que no podemos sintetizar aqu&iacute;). Y, por supuesto, en nuestra &eacute;poca antes y despu&eacute;s del Concilio Vaticano II. Son momentos de gran dinamismo, de encuentros y desencuentros graves que toman el trabajo de varias generaciones. En efecto, justo lo que hemos vivido desde finales del siglo XIX en la Iglesia Cat&oacute;lica Apost&oacute;lica Romana. &nbsp;&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Ahora bien, en ninguna &eacute;poca el proceso de reforma en la Iglesia ha significado conformarse sin m&aacute;s a las tendencias del tiempo. Si tal fuera el caso, San Gregorio VII se hubiera sometido a la voluntad del Emperador germano, renunciando a la indispensable lucha por la independencia de la Iglesia, y san Francisco hubiera sido acaso un amable y simp&aacute;tico comerciante de Asis, pero jam&aacute;s el juglar de Dios. O bien, San Francisco de Sales se hubiera convertido en cato-calvinista, o proto-jansenista, sin explorar el poder de la palabra escrita, y san Juan Bosco en un bonach&oacute;n promotor de la revoluci&oacute;n industrial turinense, mas no en el revolucionario de la educaci&oacute;n que fue. Lejos de conformarse, cada uno de ellos, con enorme arrojo transformaron a la Iglesia y marcaron la historia del tiempo que les toc&oacute; vivir. Ejemplos abundan. Mi deseo es tan s&oacute;lo alimentar la curiosidad del lector. &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Vayamos m&aacute;s al fondo de la tensi&oacute;n entre transformar el mundo, sin hacerse parte del mundo, sin mundanizarse como dir&iacute;a el Papa Francisco. Pensemos. Si el asunto fuera tan simple como negociar con las modas culturales sin tomar riesgos, entonces, a Jes&uacute;s nunca lo hubieran crucificado, la resurrecci&oacute;n no hubiera sucedido y la redenci&oacute;n no estar&iacute;a en el horizonte de nuestra pobre humanidad.<br \/> &nbsp;<br \/> Las palabras de Benedicto XVI, dichas en Alemania, en el sentido de que \u201cno es diluyendo la fe como nos hacemos m&aacute;s modernos\u201d, recuperan un elemento distintivo de la historia de la Iglesia, de lo mejor de su tradici&oacute;n teolog&iacute;a y, en el momento actual, resultan prof&eacute;ticas. Si tal es el caso, como lo es, entonces nadie debe sorprende de que cuadren perfectamente con el genio pastoral de Francisco. Es imperativo proponer a Cristo con imaginaci&oacute;n; pero debemos asumir que el Evangelio no es c&oacute;modo hoy, como no lo fue para los ap&oacute;stoles. Cuando se hace conveniente, entonces algo anda mal en nuestra vida espiritual. Nos volvemos cristianos grises, como dijo el Papa. &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> Debe quedar claro de una vez. Francisco es un Papa reformador, como lo fue Benedicto, porque es profundamente ortodoxo. A sus palabras y testimonio remito, no al chismorreo medi&aacute;tico. Mientras m&aacute;s ortodoxos los papas, mejor responden a las necesidades de reforma de la Iglesia, cual fue el caso de Juan XXIII y Paulo VI, por hablar del Concilio Vaticano II. Ortodoxia no significa tradicionalismo, misone&iacute;smo, horror a lo nuevo, sino fidelidad a Jes&uacute;s cuyo evangelio debe encarnarse en cada generaci&oacute;n y en cada cultura, experiencia de la cual se nutre la tradici&oacute;n en la Iglesia entendida la como la fuerza vital de su historia. La tradici&oacute;n siempre es novedosa porque implica un proceso de recepci&oacute;n por la nueva generaci&oacute;n de lo que le entregan los mayores, de adaptaci&oacute;n y renovaci&oacute;n ante los retos siempre nuevos, y su vuelta a proponer a las siguientes generaciones. Y as&iacute; por dos mil a&ntilde;os. Este din&aacute;mico proceso que necesariamente vive la tradici&oacute;n, es lo que nos permite entender el significado preciso y profundo de la ortodoxia como una realidad siempre situada en la historia y en cada persona. Como bien dijo Ratzinger, donde hay tradici&oacute;n hay renovaci&oacute;n, donde hay ortodoxia hay ortopraxis.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> Por lo anterior, es correcto afirmar que tradicionalismo y tradici&oacute;n son t&eacute;rminos totalmente opuestos, como tambi&eacute;n lo son ortodoxia y misone&iacute;smo (horror a lo nuevo). Mientras que el tradicionalismo es la voz muerta de los vivos, la tradici&oacute;n es la voz viva de nuestros padres en nosotros, como lo seremos en nuestros hijos. Mientras misone&iacute;smo es el rechazo irracional a lo nuevo, ortodoxia es la aventura del pensamiento para asumir los nuevos retos y actuar correctamente, con osad&iacute;a si es preciso.<br \/> &nbsp;<br \/> Por eso, el an&aacute;lisis que privilegia la geometr&iacute;a pol&iacute;tica sobre la historicidad de la Iglesia acaba por explicar poco y generar confusi&oacute;n. Se comprende que pueda suceder cuando la reflexi&oacute;n proviene de polit&oacute;logos o periodistas legos, lo que hace necesario explicar y dialogar; pero resulta poco, muy poco aceptable en analistas que se llaman cat&oacute;licos y menos cuando se pretenden los \u201caut&eacute;nticos cat&oacute;licos\u201d. Se trata, pues, de un error grave de m&eacute;todo cuya consecuencia es, por ejemplo, tachar a Francisco como el \u201cprogresista\u201d, en oposici&oacute;n a Benedicto \u201cel tradicionalista\u201d.<br \/> &nbsp;<br \/> Para evitar ociosos debates, me parece necesario comprender lo que realmente implica una reforma en la Iglesia. Yves Congar, te&oacute;logo sobresaliente entre los muchos que hubo en el siglo XX, perito del Concilio nombrado directamente por Juan XXIII, amigo personal de Pablo VI, colega de Joseph Ratzinger en la Comisi&oacute;n Teol&oacute;gica Internacional y tambi&eacute;n cardenal creado por Juan Pablo II en 1993, public&oacute; en 1952 su libro <em>Verdadera y falsa reforma en la Iglesia. <\/em>Obra que en su momento fue motivo incluso de persecuciones, como las sufridas tambi&eacute;n por de Lubac o Von Balthasar. El hecho es que, con gran sentido de la historia, Congar identific&oacute; cinco elementos constantes en los procesos de reforma en la Iglesia:<br \/> &nbsp;<br \/> 1.- Respeto irrestricto a tres elementos constitutivos de la Iglesia como son la revelaci&oacute;n articulada en la dogm&aacute;tica, los sacramentos y su constituci&oacute;n jer&aacute;rquica.<br \/> &nbsp;<br \/> 2.- La cr&iacute;tica franca, leal y propositiva, lo que deja fuera de lugar el chismorreo y, sobre todo, los pleitos publicitados en las lavander&iacute;as de la prensa secular.<br \/> &nbsp;<br \/> 3.- Profunda seriedad intelectual, que es lo opuesto a las ocurrencias de ocasi&oacute;n por espectaculares que puedan parecer en la prensa o en los pasillos.<br \/> &nbsp;<br \/> 4.- La incorporaci&oacute;n activa de los laicos, renunciando a cualquier forma de clericalismo, incluida la com&uacute;n ente los laicos clericalisantes, siempre tan dispuestos a sacarle al bulto en sus compromisos, endilg&aacute;rselos a los curas, religioso y obispos, para despu&eacute;s acusarlos de incompetentes. Se los dice un laico no exento de semejante pecado. &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> 5.- El regreso a las fuentes originales de la fe, para proponer el Evangelio con frescura en los tiempos presentes.<br \/> &nbsp;<br \/> Me parece que, lo anterior, deja en claro por qu&eacute; los papas Francisco y Benedicto han sido fuertes reformadores, cada uno en su estilo, como tambi&eacute;n por qu&eacute; sus magisterios se ajusten como finas piezas de relojer&iacute;a. En otras palabras, lo que Benedicto ha sido para la teolog&iacute;a, Francisco lo es para la dimensi&oacute;n pastoral de una Iglesia global.<br \/> &nbsp;<br \/> Quiero terminar mis reflexiones con un llamado al sentido com&uacute;n, la cara m&aacute;s bella de la raz&oacute;n. Quien se crea el chismorreo de que Francisco lastima o destruye la Iglesia por sus posiciones \u201cprogresistas\u201d comete un grave error, como lo cometen cuantos consideran a Benedicto un \u201ctradicionalista\u201d. Sin embargo, quien adem&aacute;s lo afirme y lo promueva miente a conciencia y destila muy mala leche.&nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Jorge Traslosheros Identificar a Francisco como un Papa reformador ya se ha convertido en un lugar com&uacute;n, con sobrada justicia debemos decir. Sin embargo, tambi&eacute;n lo fue Benedicto XVI, para sorpresa de algunos. 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