{"id":31240,"date":"2016-06-13T11:14:19","date_gmt":"2016-06-13T16:14:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/conoces-la-historia-del-rosario\/"},"modified":"2016-06-13T11:14:19","modified_gmt":"2016-06-13T16:14:19","slug":"conoces-la-historia-del-rosario","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/conoces-la-historia-del-rosario\/","title":{"rendered":"\u00bfConoces la historia del&nbsp;Rosario?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Primeros Cristianos<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El pueblo cristiano siempre ha sentido la necesidad de la mediaci&oacute;n de Mar&iacute;a, Omnipotencia suplicante, canal de la gracia: se multiplican as&iacute; a lo largo de los siglos las devociones marianas, tanto lit&uacute;rgicas coma populares.<br \/> Sin embargo, entre las devociones a Mar&iacute;a, con el paso de los a&ntilde;os, una se destaca claramente: el Santo Rosario, el ejercicio piadoso por excelencia en honor de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, Madre de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Antecedentes hist&oacute;ricos<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> En la antig&uuml;edad, los romanos y los griegos sol&iacute;an coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como s&iacute;mbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra rosario significa &quot;corona de rosas&quot;.<br \/> &nbsp;<br \/> Siguiendo esta tradici&oacute;n, las mujeres cristianas que eran llevadas al martirio por los romanos, marchaban por el Coliseo vestidas con sus ropas m&aacute;s vistosas y con sus cabezas adornadas de coronas de rosas, como s&iacute;mbolo de alegr&iacute;a y de la entrega de sus corazones al ir al encuentro de Dios. Por la noche, los cristianos recog&iacute;an sus coronas y por cada rosa, recitaban una oraci&oacute;n o un salmo por el eterno descanso del alma de las m&aacute;rtires.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Origen y desarrollo<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> En la Edad Media, se saluda a la Virgen Mar&iacute;a con el t&iacute;tulo de rosa, s&iacute;mbolo de la alegr&iacute;a. El bienaventurado Hermann le dir&aacute;: &laquo;Al&eacute;grate, T&uacute;, la misma belleza. \/ Yo te digo: Rosa, Rosa&raquo;, y en un manuscrito franc&eacute;s medieval se lee: &laquo;cuando la bella rosa Mar&iacute;a comienza a florecer, el invierno de nuestras tribulaciones se desvanece y el verano de la eterna alegr&iacute;a comienza a brillar&raquo;. Se adornan las im&aacute;genes de la Virgen con una &laquo;corona de rosas&raquo; y se canta a Mar&iacute;a como &laquo;jard&iacute;n de rosas&raquo; (en lat&iacute;n medieval rosarium); as&iacute; se explica la etimolog&iacute;a del nombre que ha llegado a nuestros d&iacute;as.<br \/> &nbsp;<br \/> En esa &eacute;poca, los que no sab&iacute;an recitar los 150 salmos del Oficio divino los sustitu&iacute;an por 150 Avemar&iacute;as, acompa&ntilde;adas de genuflexiones, sirvi&eacute;ndose para contarlas de granos enhebrados por decenas o de nudos hechos en una cuerda. A la vez se meditaba y se predicaba la vida de la Virgen. En el s. XIII, en Inglaterra, el abad cisterciense &Eacute;tienne de Sallai escribe unas meditaciones en donde aparecen 15 gozos de Nuestra Se&ntilde;ora, terminando cada una de ellas con un Avemar&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/> Sin entrar en una discusi&oacute;n cr&iacute;tico-hist&oacute;rica pormenorizada sobre los detalles del origen &uacute;ltimo del Rosario en su estructura actual, podemos afirmar que es, sin duda, Santo Domingo de Guzm&aacute;n el hombre que en su &eacute;poca m&aacute;s contribuy&oacute; a la formaci&oacute;n del Rosario y a su propagaci&oacute;n, no sin inspiraci&oacute;n de Santa Mar&iacute;a Virgen. Motivo fue el extenderse la herej&iacute;a albigense, a la que combati&oacute;, &laquo;no con la fuerza de las armas, sino con la m&aacute;s acendrada fe en la devoci&oacute;n del Santo Rosario, que fue el primero en propagar, y que personalmente y por sus hijos llev&oacute; a los cuatro &aacute;ngulos del mundo&#8230;&raquo; (Le&oacute;n XIII, Enc. Supremi apostolatus, 1 sept. 1883).<br \/> &nbsp;<br \/> A finales del s. XV los dominicos Alain de la Rochelle en Flandes, Santiago de Sprenger y F&eacute;lix Fabre en Colonia, dan al Rosario una estructura similar a la de hoy: se rezan cinco o quince misterios, cada uno compuesto por diez Avemar&iacute;as. Se estructura la contemplaci&oacute;n de los misterios, que se dividen en gozosos, dolorosos y gloriosos, repasando as&iacute; en el ciclo semanal los hechos centrales de la vida de Jes&uacute;s y de Mar&iacute;a, como en un compendio del a&ntilde;o lit&uacute;rgico y de todo el Evangelio. Por &uacute;ltimo se fija el rezo de las letan&iacute;as, cuyo origen en la Iglesia es muy antiguo.<br \/> &nbsp;<br \/> La devoci&oacute;n al Rosario adquiri&oacute; un notable impulso en tiempos de Le&oacute;n XIII a&ntilde;adi&eacute;ndose a las letan&iacute;as lauretanas la invocaci&oacute;n &laquo;Reina del Sant&iacute;simo Rosario&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> En los &uacute;ltimos tiempos ha contribuido de manera especial a la fundamentaci&oacute;n y propagaci&oacute;n de esta devoci&oacute;n mariana los hechos milagrosos de Lourdes y F&aacute;tima: &laquo;la misma Sant&iacute;sima Virgen, en nuestros tiempos, quiso recomendar con insistencia esta pr&aacute;ctica cuando se apareci&oacute; en la gruta de Lourdes y ense&ntilde;&oacute; a aquella joven la manera de rezar el Rosario.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><strong>Estructura<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> La forma t&iacute;pica y plenaria del rezo del Rosario, con 150 Avemar&iacute;as, se ha distribuido en tres ciclos de misterios, gozosos, dolorosos y gloriosos a lo largo de la semana, dando lugar a la forma habitual del rezo de cinco decenas de Avemar&iacute;as, contemplando cinco misterios -diarios (la costumbre suele asignar al domingo, mi&eacute;rcoles y s&aacute;bado los gloriosos; los gozosos al lunes y jueves y los dolorosos al martes y viernes), rez&aacute;ndose al final de los cinco misterios las letan&iacute;as lauretanas. Juan Pablo II a&ntilde;adi&oacute; el ciclo de misterios luminosos los jueves.<br \/> &nbsp;<br \/> Los tres grupos de misterios nos recuerdan los tres grandes misterios de la salvaci&oacute;n. El misterio de la Encarnaci&oacute;n nos lo evocan los gozos de la Anunciaci&oacute;n, de la Visitaci&oacute;n, de la Natividad del Se&ntilde;or, su Presentaci&oacute;n en el templo y la Purificaci&oacute;n de su Madre y, por &uacute;ltimo, su encuentro entre los doctores en el Templo. El misterio de la Redenci&oacute;n est&aacute; representado por los diversos momentos de la Pasi&oacute;n: la oraci&oacute;n y agon&iacute;a en el huerto de Getseman&iacute;, la flagelaci&oacute;n, la coronaci&oacute;n de espinas, el camino del Calvario con la Cruz a cuestas y la crucifixi&oacute;n. El misterio de la vida eterna nos lo evoca la Resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, su Ascensi&oacute;n, Pentecost&eacute;s, la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a y su Coronaci&oacute;n como Reina. &laquo;Todo el Credo pasa, pues, ante nuestros ojos, no de una manera abstracta, con f&oacute;rmulas dogm&aacute;ticas, sino de una manera concreta en la vida de Cristo, que desciende a nosotros y sube a su Padre para conducirnos a &Eacute;l. Es todo el dogma cristiano, en toda su profundidad y esplendor, para que podamos de esta manera y todos los d&iacute;as, comprenderlo, saborearlo y alimentar nuestra alma con &eacute;l&raquo; (R. Garrigou-Lagrange, La Madre del Salvador y nuestra vida interior, 3 ed. Buenos Aires 1954, 261).<br \/> &nbsp;<br \/> Juan Pablo II&nbsp; incluy&oacute; en el rezo del Rosario los Misterios de Luz, que incluye varias escenas de la vida de Jes&uacute;s que faltaban por considerar: el Bautismo, las Bodas de Can&aacute;, el Anuncio del Reino, la Transfiguraci&oacute;n y la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Instituci&oacute;n de la Fiesta del Santo Rosario&nbsp;<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El 7 de octubre de 1571 se llev&oacute; a cabo la batalla naval de Lepanto, en la cual los cristianos vencieron a los turcos. Los cristianos sab&iacute;an que si perd&iacute;an esta batalla, su religi&oacute;n pod&iacute;a peligrar y por esta raz&oacute;n confiaron en la ayuda de Dios a trav&eacute;s de la intercesi&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen. El Papa San P&iacute;o V pidi&oacute; a los cristianos rezar el rosario por la flota.<br \/> &nbsp;<br \/> D&iacute;as m&aacute;s tarde llegaron los mensajeros con la noticia oficial del triunfo cristiano. Posteriormente, instituy&oacute; la fiesta de Nuestra Se&ntilde;ora de las Victorias el 7 de octubre.<br \/> &nbsp;<br \/> Un a&ntilde;o m&aacute;s tarde, Gregorio XIII cambi&oacute; el nombre de la fiesta por el de Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario y determin&oacute; que se celebrase el primer domingo de Octubre (d&iacute;a en que se hab&iacute;a ganado la batalla). Actualmente se celebra la fiesta del Rosario el 7 de Octubre y algunos dominicos siguen celebr&aacute;ndola el primer domingo del mes.<br \/> &nbsp;<br \/><em><strong>J. FERRER SERRATE , M. GARCIA MIRALLES (GER)&nbsp;<a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.primeroscristianos.com\/index.php\/origenes\/item\/1415-historia-del-rosario-octubre-mes-del-rosario\/1415-historia-del-rosario-octubre-mes-del-rosario\">Art&iacute;culo <\/a>originalmente publicado por Primeros Cristianos<\/strong><\/em><br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Primeros Cristianos El pueblo cristiano siempre ha sentido la necesidad de la mediaci&oacute;n de Mar&iacute;a, Omnipotencia suplicante, canal de la gracia: se multiplican as&iacute; a lo largo de los siglos las devociones marianas, tanto lit&uacute;rgicas coma populares. Sin embargo, entre las devociones a Mar&iacute;a, con el paso de los a&ntilde;os, una se destaca claramente: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/conoces-la-historia-del-rosario\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00bfConoces la historia del&nbsp;Rosario?\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-31240","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31240","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31240"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31240\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31240"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31240"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31240"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}