{"id":31246,"date":"2016-06-13T11:14:30","date_gmt":"2016-06-13T16:14:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bmasacre-en-el-convento-de-los-jesuitas-de-varsovia-hace-70-anos-y-iii\/"},"modified":"2016-06-13T11:14:30","modified_gmt":"2016-06-13T16:14:30","slug":"%e2%80%8bmasacre-en-el-convento-de-los-jesuitas-de-varsovia-hace-70-anos-y-iii","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/%e2%80%8bmasacre-en-el-convento-de-los-jesuitas-de-varsovia-hace-70-anos-y-iii\/","title":{"rendered":"\u200bMasacre en el convento de los jesuitas de Varsovia hace 70 a\u00f1os (y&nbsp;III)"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Gerardo Rodr\u00edguez<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">En la <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.aleteia.org\/es\/sociedad\/articulo\/masacre-en-el-convento-de-los-jesuitas-de-varsovia-hace-70-anos-ii-5850720691552256\">&uacute;ltima<\/a> entrega dejamos a los padres, Kwas, J\u0119drusik, Rosiak y Sawicki y una mujer joven buscando un escondite.<br \/> &nbsp;<br \/> Es un edificio de una planta en el que en septiembre de 1939 se encontraba la imprenta del convento. All&iacute; ahora hay un estrecho espacio de le&ntilde;a apilada, trepan a la parte superior, sacan los tablones, ahuecan la pila de le&ntilde;a y se ocultan. Un momento de relajaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> &iquest;Qu&eacute; pasaba mientras tanto en la habitaci&oacute;n de la muerte? De pie en el centro de la sala un joven se dirige al padre Kisiel:<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Por favor ay&uacute;deme a sacar a mi padre.<br \/> &nbsp;<br \/> Haciendo fuerza juntos liberan la pierna del malherido que est&aacute; bajo el peso de los muertos y cautelosamente salen al pasillo.<br \/> &nbsp;<br \/> El padre entra a la sala de calderas, que para muchos fue la primera parada en el camino hacia la muerte, y luego gui&aacute;ndose intuitivamente entra en la carbonera y <strong>se tiende sobre un mont&oacute;n de polvo de carb&oacute;n contra la pared para relajarse y respirar un aire que no tenga el olor dulz&oacute;n de la sangre<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Del adormecimiento lo despiertan el golpeteo, los portazos y las conversaciones en voz alta. All&iacute; tambi&eacute;n se encuentran una mujer joven y un hombre joven. Asustados escuchan unos pasos. Despu&eacute;s de un tiempo aparece un se&ntilde;or mayor que se sienta junto al padre Kisiel y dice en voz baja:<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Los alemanes <strong>rociaron los cuerpos con gasolina y les prendieron fuego. Apenas pude salir de las llamas<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> En la sala de calderas se oye el chapoteo del agua y los sonidos de la conversaci&oacute;n. El padre Kisiel reconoce la voz del padre Pie\u0144kosz. Comienzan a informarse mutuamente: d&oacute;nde est&aacute; todo el mundo ahora y qui&eacute;n se salv&oacute;&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/> Por la ma&ntilde;ana el convento vuelve a la vida. Se escucha c&oacute;mo fuerzan la puerta de la despensa, la rotura de los platos, los vidrios. Una banda de ladrones que merodea el convento. Delante de la entrada principal llegan unos cuantos coches. <strong>Los alemanes est&aacute;n ocupados en el saqueo. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> En la carbonera se esconden diez personas, que lograron escapar de la muerte. El polvo de carb&oacute;n cicatriz&oacute; las heridas, pero quema como el hierro al rojo vivo. <strong>Los heridos deliran, gritando en sue&ntilde;os. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> El hombre mayor respira con dificultad, se ahoga y tose. Afortunadamente el chapoteo del agua en la sala de calderas apaga la tos, los gemidos de los heridos y los delirios. Esta agua es una bendici&oacute;n. As&iacute; termina la segunda noche.<br \/> &nbsp;<br \/> El padre Pie\u0144kosz organiza la comida. La mujer herida recuerda que en la sala de calderas dej&oacute; algunas zanahorias y tomates de su quinta. <strong>Ahora los tomates sin madurar gustan a todos, como si fueran los mejores<\/strong>. El padre Pie\u0144kosz trae una jarra de caf&eacute;.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Junto con la luz del d&iacute;a aparecen una vez m&aacute;s los alemanes. El bullicio, las corridas, los gritos despiertan a los heridos del doloroso entumecimiento. Se quema parte del convento. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/><strong>Si los alemanes incendian todo el edificio, entonces la carbonera dejar&aacute; de ser un refugio<\/strong>. Despu&eacute;s de un largo tiempo, de nuevo en todo el edificio vuelve el silencio, en el que <strong>como un eco retumba la tos. Esto llama la atenci&oacute;n de los alemanes<\/strong>, porque suponen que alguien sigue vivo en el edificio.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es preciso encontrarlo. No puede haber testigos del crimen. <\/strong>Los sonidos de las conversaciones est&aacute;n cada vez m&aacute;s cerca&#8230;<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Los alemanes ya saben de nosotros. &iexcl;S&oacute;lo hay que ver c&oacute;mo llegan hasta aqu&iacute;!<br \/> &nbsp;<br \/> El padre Kisiel est&aacute; considerando medios de defensa. <strong>&iquest;Lanzarles trozos de carb&oacute;n? &iquest;Hablarles a la conciencia? &iquest;Esperarlos serenamente? Es probablemente lo m&aacute;s sensato: confiar en la Divina Providencia. <\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Pasa media hora, una hora. Los alemanes renuncian a la b&uacute;squeda. El padre Kisiel est&aacute; pensando en dejar la carbonera, pero &iquest;qu&eacute; hacer con los dem&aacute;s? Adem&aacute;s oye mal, casi no ve, y, por otra parte, &iquest;ad&oacute;nde ir? Despu&eacute;s de una larga vacilaci&oacute;n, decide permanecer en el lugar.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> A trav&eacute;s de una peque&ntilde;a ventana de la carbonera se filtra el amanecer de un nuevo d&iacute;a. As&iacute; pues ya es s&aacute;bado, el tercer d&iacute;a de una angustia terrible.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando todos los sonidos quedan en silencio, un grupo de sobrevivientes sale desde la carbonera al corredor. <strong>Con avidez las bocas capturan el aire<\/strong>. Del distrito de Mokot&oacute;w sopla un viento fresco. El padre Kisiel se sienta contra la pared y respira profundamente.<br \/> &nbsp;<br \/> Oye pasos, de repente salta y corre de vuelta al dep&oacute;sito de carb&oacute;n. Es el padre Pie\u0144kosz, que <strong>ha asomado su cabeza imprudentemente hacia el jard&iacute;n para mirar a su alrededor, y atrajo al guardia alem&aacute;n del edificio Wawelberg<\/strong>. Los alemanes irrumpen en el monasterio, pero no encontraron a ninguno, se alejan r&aacute;pidamente. Una vez m&aacute;s cae un profundo silencio.<br \/> &nbsp;<br \/> De la carbonera no se puede salir, en cualquier momento pueden aparecer los alemanes. De repente se escucha la voz de una mujer:<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Gente, &iquest;d&oacute;nde est&aacute;is? &iexcl;Salid!<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; &iexcl;Nadie responda! Podr&iacute;a ser una provocaci&oacute;n de los alemanes &#8211; dice alguien.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Gente!<br \/> &nbsp;<br \/> La llamada est&aacute; cada vez m&aacute;s cerca. El padre Kisiel est&aacute; contra la pared y espera. Ve a dos mujeres, ilumin&aacute;ndose el camino con una linterna. Y cuando ambas mujeres lo pasan obstruye su camino y les dice bruscamente:<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Por favor, la linterna.<br \/> &nbsp;<br \/> Una de las mujeres se la da sin decir una palabra.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; &iquest;Qui&eacute;n te ha enviado aqu&iacute;? \u2013 pregunta el Padre, que ilumina el rostro de la muchacha que se encuentra de pie delante de &eacute;l.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; El padre Pie\u0144kosz.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; &iquest;C&oacute;mo era?<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Altura media, pelo rubio&#8230; con anteojos.<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; Y &iquest;qui&eacute;nes son ustedes?<br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; <strong>Somos enfermeras. Del puesto sanitario del profesor Loth. Un sentimiento de inmensa alegr&iacute;a llena el coraz&oacute;n. &iexcl;As&iacute; pues est&aacute;n salvados!<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> &#8211; &iquest;Podemos salir de aqu&iacute;? &iquest;Se puede pasar con seguridad? &#8211; S&iacute;, los chicos est&aacute;n muy cerca. No hay alemanes. Inmediatamente curaremos a los heridos.<br \/> &nbsp;<br \/> En el pasillo el padre Kisiel encuentra al padre Monko. <strong>Se miran el uno al otro y a la vez estallan en una carcajada salvaje, casi demente. Est&aacute;n sin afeitar y los rostros ennegrecidos, en la cabeza cuajarones de sangre, mezclados con carb&oacute;n pulverizado<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Se acercan a la habitaci&oacute;n, que se convirti&oacute; en una fosa com&uacute;n para sus hermanos religiosos. El fuego sigue ardiendo. <strong>Las llamas lamen restos humanos y restos de ropa &#8230; Ambos sacerdotes se arrodillan. Las chicas le instan a salir<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Los sobrevivientes de la masacre, ya lavados y curados, se enteran de que las j&oacute;venes que los condujeron afuera, no son ningunas enfermeras, que no hay en las cercan&iacute;as muchachos del AK y que los alemanes est&aacute;n en las viejas posiciones.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Estas muchachas valientes inventaron todo esto para calmarlos y poder sacarlos de la casa de la muerte<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Mientras tanto, <strong>en el s&oacute;tano de la Casa de los Jesuitas de la calle Rakowiecka durante tres d&iacute;as y tres noches ardieron los cuerpos de los 35 asesinados<\/strong>.<br \/> &nbsp;<br \/> Entre los asesinados est&aacute;n los siguientes miembros de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s:<br \/> El Padre Superior Edward Kosibowicz (ejecutado fuera del convento). Los Padres: Zbigniew Grabowski, Herman Lubi\u0144ski (77 a&ntilde;os), Jan Madali\u0144ski, Jan PaweIski (78 a&ntilde;os), W\u0142adys\u0142aw Wi\u0105cek (en proceso de beatificaci&oacute;n), Henryk Wilczy\u0144ski, Mieczys\u0142aw Wr&oacute;blewski y Franciszek Szymaniak (ejecutado fuera del convento).<br \/> Los Hermanos: Feliks Bujak, Antoni Biega\u0144ski, Klemens Bobritzki, J&oacute;zef Fus, Adam G\u0142audan, (81a&ntilde;os), Stanis\u0142aw Orzechowski, Czes\u0142aw \u015awi\u0119cicki y Stanis\u0142aw Tomaszewski y varios laicos, entre estos &uacute;ltimos ocho mujeres y un ni&ntilde;o de 10 a&ntilde;os.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Gerardo Rodr\u00edguez En la &uacute;ltima entrega dejamos a los padres, Kwas, J\u0119drusik, Rosiak y Sawicki y una mujer joven buscando un escondite. &nbsp; Es un edificio de una planta en el que en septiembre de 1939 se encontraba la imprenta del convento. 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