{"id":31272,"date":"2016-06-13T11:15:31","date_gmt":"2016-06-13T16:15:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/fue-responsable-isabel-la-catolica-de-la-expulsion-de-los-judios-de-espana\/"},"modified":"2016-06-13T11:15:31","modified_gmt":"2016-06-13T16:15:31","slug":"fue-responsable-isabel-la-catolica-de-la-expulsion-de-los-judios-de-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/fue-responsable-isabel-la-catolica-de-la-expulsion-de-los-judios-de-espana\/","title":{"rendered":"\u00bfFue responsable Isabel la Cat\u00f3lica de la expulsi\u00f3n de los jud\u00edos de&nbsp;Espa\u00f1a?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Marcelo L\u00f3pez Cambronero<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El pasado 6 de junio el Consejo de Ministros aprob&oacute; el proyecto de ley por el que se prev&eacute; conceder la nacionalidad a los descendientes de los jud&iacute;os que tuvieron que huir de Espa&ntilde;a durante los siglos XIV y XV, sin necesidad de que renuncien a la que poseen actualmente. Este anuncio ha desatado cierta pol&eacute;mica porque coincide con el proceso de beatificaci&oacute;n de Isabel La Cat&oacute;lica quien firm&oacute;, junto a su marido, el <em>Decreto de Granada <\/em>&nbsp;de 1492 por el que se los expulsaba del pa&iacute;s.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Se ha vuelto costumbre sostener que los Reyes Cat&oacute;licos son los culpables de la di&aacute;spora que tuvo lugar a finales del siglo XV, tomando a modo de prueba el citado decreto. Sin embargo, esta Leyenda Negra es falsa, aunque se insista en ella: hace apenas unos d&iacute;as se emiti&oacute; un documental en TVE en el que aparec&iacute;an descendientes de jud&iacute;os toledanos, algunos de los cuales afirmaban tener las llaves de las viviendas que sus antepasados tuvieron que abandonar en 1492. Lo cierto es que seguramente dichos ancestros llevaban por aquellas fechas m&aacute;s de cien a&ntilde;os fuera del lugar y en su huida nada tuvo que ver la Reina Isabel, nacida en 1451.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> El principal conflicto que sufrieron los sefard&iacute;es y que dio inicio a una persecuci&oacute;n incansable apoyada por la mentalidad popular fue el pogromo de 1391. Los hechos comenzaron en Sevilla y fueron provocados por las incendiarias proclamas del Archidi&aacute;cono de la Catedral de &Eacute;cija Ferr&aacute;n Mart&iacute;nez acusando al pueblo de Israel de ser \u201cdeicida\u201d. Los seguidores de este predicador asaltaron la juder&iacute;a de la ciudad el 6 de junio, provocando una verdadera matanza. Las revueltas se extendieron r&aacute;pidamente a otros n&uacute;cleos ya no s&oacute;lo por motivos religiosos sino, principalmente, para adue&ntilde;arse de las posesiones de las familias ricas que all&iacute; resid&iacute;an. Dos d&iacute;as m&aacute;s tarde eran asesinados pr&aacute;cticamente todos los hebreos cordobeses, salvo los que aceptaron bautizarse.<\/p>\n<p align=\"justify\"> En Toledo, donde exist&iacute;a una comunidad o <em>aljama<\/em> muy importante, la multitud actu&oacute; con extrema crueldad, quemando, torturando y asesinando por doquier y ti&ntilde;endo el r&iacute;o Tajo de sangre durante varios d&iacute;as. A partir de este a&ntilde;o las juder&iacute;as de Sevilla, C&oacute;rdoba, Ja&eacute;n, And&uacute;jar, Montoro, &Uacute;beda, Baza, Toledo, Orihuela, Ciudad Real, Cuenca, Madrid, Burgos, Logro&ntilde;o, Valencia, J&aacute;tiva, L&eacute;rida, Mallorca, Barcelona (el 15 % de los residentes), etc., quedaron destruidas. La consecuencia fue una inmediata huida en dos direcciones: hacia el extranjero (Portugal, Norte de &Aacute;frica y algo menos camino de Centroeuropa) y hacia entornos rurales donde sobre todo los conversos pod&iacute;an vivir con mayor tranquilidad. Los jud&iacute;os perdieron su influencia pol&iacute;tica y social as&iacute; como su poder econ&oacute;mico, quedando debilitados moral y espiritualmente. Se conformaron con vivir en pueblos del interior dedic&aacute;ndose a labores agr&iacute;colas.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Hasta aquella fecha hab&iacute;an mantenido una situaci&oacute;n privilegiada, al menos desde que Alfonso VI conquistara Toledo en el a&ntilde;o 1085 y reconociera los derechos de la numerosa poblaci&oacute;n de la juder&iacute;a que encontr&oacute;. Aun as&iacute; no faltaron discrepancias y enfrentamientos, que tal vez se incrementaron con la llegada a Al-Andalus de los fan&aacute;ticos almohades en el siglo XII, que llev&oacute; a que pr&aacute;cticamente el Sur de Despe&ntilde;aperros quedase yermo de jud&iacute;os, que fueron acogidos en Castilla.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Desde este suceso s&oacute;lo podemos hablar de un incremento paulatino del antisemitismo en Espa&ntilde;a, que no cedi&oacute; a pesar de las conversiones masivas. Entre los siglos XV y XVIII la Pen&iacute;nsula Ib&eacute;rica vivi&oacute; sumida en un verdadero sistema de castas que distingu&iacute;a socialmente a los cristianos-viejos de los cristianos-nuevos o conversos, tanto sefard&iacute;s (denominados \u201cmarranos\u201d) como moriscos. Adem&aacute;s de un agudo rechazo del pueblo, las leyes imped&iacute;an a estos &uacute;ltimos desarrollar determinadas profesiones y participar en importantes actos comunitarios (muchas cofrad&iacute;as exig&iacute;an ser cristiano-viejo, pero tambi&eacute;n era un requisito para ser un alto cargo en muchas ciudades, por ejemplo) y m&aacute;s que nada eran perseguidos por la Inquisici&oacute;n, que aceptaba denuncias an&oacute;nimas sobre personas a las que se acusaba de mantener sus viejas creencias y costumbres hebraicas. Don Am&eacute;rico Castro ya demostr&oacute; hace cincuenta a&ntilde;os que entre los siglos XV y XVII beber vino y comer gorrino eran los mejores salvoconductos si se quer&iacute;a recibir hospitalidad de los habitantes del pa&iacute;s, ya que serv&iacute;a de prueba de un origen religioso puro.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Ser cristiano-viejo, importa destacarlo, no s&oacute;lo se manifestaba tomando huevos con torreznos. Saber leer y escribir, hacer cuentas, estar interesado por el progreso t&eacute;cnico o por la filolog&iacute;a, tener estudios\u2026 todo esto, adem&aacute;s de otras cosas, eran signos de ser jud&iacute;o o pertenecer a familia de tal estirpe, por lo que el cat&oacute;lico espa&ntilde;ol probaba su hidalgu&iacute;a permaneciendo en una perfecta ignorancia lo que, por cierto, era criterio generalmente exigido para ocupar determinados cargos en la administraci&oacute;n, como la Alcald&iacute;a de muchos n&uacute;cleos urbanos. No nos extra&ntilde;ar&iacute;a que en el sistema de castas que domin&oacute; Espa&ntilde;a podamos encontrar las causas seculares del atraso en el que se sumi&oacute; el pa&iacute;s, de su alejamiento de Europa o del cerrojazo a lo extranjero que presidi&oacute; nuestra vida un centenar de lustros.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Los monarcas castellanos no fomentaron el rechazo ni a los jud&iacute;os ni a los conversos. Intentaron evitar que se repitieran matanzas y enfrentamientos y, si de algo fueron culpables, es de no conseguir erradicar el racismo cristiano-viejo ni el fanatismo religioso que lo fomentaba. Los mismos Reyes Cat&oacute;licos tomaron como uno de sus principios pol&iacute;ticos m&aacute;s importantes el defender las juder&iacute;as. En 1477 Isabel ya hab&iacute;a afirmado tomarlas bajo su protecci&oacute;n, prohibiendo que se causase da&ntilde;o alguno a sus habitantes. El hispanista franc&eacute;s Joseph P&eacute;rez, Premio Pr&iacute;ncipe de Asturias de 2014, ha recogido testimonios de viajeros europeos que conocieron, al pasar por la Pen&iacute;nsula, c&oacute;mo la gente consideraba a Isabel decidida protectora de los jud&iacute;os.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Sin embargo las circunstancias eran dif&iacute;ciles. Exist&iacute;a un fuerte conflicto pol&iacute;tico-religioso dentro de la sociedad entre los casticistas y los que deseaban erradicar este modelo social. Los inquisidores, algunos predicadores, as&iacute; como diversos obispos y arzobispos y, especialmente \u2013las fuentes as&iacute; lo demuestran-, conversos deseosos de limpiar su nombre con las aguas turbulentas del integrismo, atacaban y persegu&iacute;an a los cristianos-nuevos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Por otro lado los diversos soberanos, los superiores de las nuevas &oacute;rdenes mendicantes y de los jesuitas e incluso el Papa Nicol&aacute;s V, mostraron su desacuerdo con los \u201cEstatutos de Sangre\u201d que se promulgaban en las ciudades y que segregaban a los nuevos hijos de la Iglesia. Da una buena imagen de los pesos y contrapesos de la pol&iacute;tica del momento los esfuerzos infructuosos de distintos reyes castellanos en su af&aacute;n por conseguir que Toledo derogara las normas que obligaban a los jud&iacute;os a llevar una se&ntilde;al que los identificara e imped&iacute;a a los conversos desarrollar determinados oficios. Todav&iacute;a no se hab&iacute;a inventado el Absolutismo, que est&aacute; m&aacute;s bien ligado a la gestaci&oacute;n de los estados modernos.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> La situaci&oacute;n se exacerb&oacute; cuando las investigaciones de la Inquisici&oacute;n crearon, desde 1480, un clima decisivo en contra de los cristianos-nuevos y, al mismo tiempo, de los jud&iacute;os, a los que se acusaba de querer convencer a los \u201cmarranos\u201d para que retornasen a su antigua fe. S&oacute;lo en Sevilla y en los primeros a&ntilde;os fueron condenados a muerte m&aacute;s de setecientos conversos y algunos millares sufrieron penas de prisi&oacute;n. Fue el golpe definitivo a los familiares de aquellos que hab&iacute;an escapado de la muerte al aceptar el bautismo no hac&iacute;a todav&iacute;a unos decenios.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Los acontecimientos hist&oacute;ricos han de juzgarse en el contexto en el que se producen y seg&uacute;n la mentalidad y fuerzas sociales que los protagonizan, y no teniendo por &uacute;nico referente nuestro actual sentir y pensar. Los Reyes Cat&oacute;licos no provocaron el odio y la persecuci&oacute;n de los sefard&iacute;es. Heredaron un tejido social que, eso s&iacute;, no lograron dominar. Tomaron medidas para protegerlos que hoy nos parecer&iacute;an inadecuadas y no supieron mantener el equilibrio entre su deseado desarrollo de la fe cat&oacute;lica y el fanatismo de muchos de sus s&uacute;bditos. Era tal la presi&oacute;n popular que las mismas &oacute;rdenes mendicantes que hab&iacute;an acogido a los conversos se decidieron a expulsarlos. Fueron los sevillanos, los cordobeses, los toledanos, los barceloneses, etc., los que asaltaron las juder&iacute;as con ansia asesina y no los monarcas, a los que queremos hacer responsables de todo lo que pas&oacute; en cada poblaci&oacute;n con una ceguera hist&oacute;rica desmedida.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<br \/> Nos parece de justicia que se permita a los sefard&iacute;es que abandonaron su patria huyendo de un entorno horrible y que han conservado generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n su lengua -el castellano antiguo o ladino-, sus costumbres y su nostalgia, el obtener nuestra nacionalidad. Ellos son herederos de espa&ntilde;oles expulsados por la inquina y la intolerancia de sus vecinos y compatriotas.<br \/> &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Marcelo L\u00f3pez Cambronero El pasado 6 de junio el Consejo de Ministros aprob&oacute; el proyecto de ley por el que se prev&eacute; conceder la nacionalidad a los descendientes de los jud&iacute;os que tuvieron que huir de Espa&ntilde;a durante los siglos XIV y XV, sin necesidad de que renuncien a la que poseen actualmente. 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