{"id":31304,"date":"2016-06-13T11:16:44","date_gmt":"2016-06-13T16:16:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-que-no-se-sabe-si-jesucristo-existio-de-verdad\/"},"modified":"2016-06-13T11:16:44","modified_gmt":"2016-06-13T16:16:44","slug":"como-que-no-se-sabe-si-jesucristo-existio-de-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-que-no-se-sabe-si-jesucristo-existio-de-verdad\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo que no se sabe si Jesucristo existi\u00f3 de&nbsp;verdad?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Juan Arias, un veterano periodista espa&ntilde;ol afincado en Brasil, manifestaba recientemente que muy poco o nada sabemos de Jesucristo: &ldquo;&iquest;De la verdad hist&oacute;rica de Jes&uacute;s? &iquest;Y la Iglesia? Muy poco, casi nada. No sabemos d&oacute;nde y cu&aacute;ndo naci&oacute;&rdquo; (El Pa&iacute;s, 18 dic. 2013).&nbsp; En este sentido Arias se desliza en un equ&iacute;voco. Ciertamente el Se&ntilde;or Jes&uacute;s constituye el personaje m&aacute;s estudiado en la historia, tanto por cristianos, como por personas ajenas a la fe que se inici&oacute; hace m&aacute;s de dos milenios con la Encarnaci&oacute;n-Reconciliaci&oacute;n del Hijo de Dios en una aldehuela vecina a Jerusal&eacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSeg&uacute;n los relatos evang&eacute;licos, Jes&uacute;s de Nazaret naci&oacute; &ldquo;en los d&iacute;as del rey Herodes&rdquo; (Mt 2,1; Lc 1,5.26). Ahora bien, Herodes I el Grande muri&oacute; en el a&ntilde;o 750 de la fundaci&oacute;n de Roma, es decir, unos cuatro o cinco a&ntilde;os antes de la Era Cristiana, ya que el c&oacute;mputo establecido en el siglo V por Dionisio el Exiguo sobre la Natividad del Se&ntilde;or tiene un error inicial de al menos cuatro a&ntilde;os.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJes&uacute;s vio la luz en Bel&eacute;n de Judea, en hebreo &ldquo;casa del pan&rdquo;, una aldea situada a unos 9 km al sur de Jerusal&eacute;n. La ciudad tiene gran significado al constituirse en el lugar de nacimiento de Jes&uacute;s de Nazaret, seg&uacute;n los evangelios de Lucas y Mateo. En el a&ntilde;o 150, San Justino M&aacute;rtir menciona que el nacimiento del Salvador tuvo lugar en una cueva cercana a la villa de Bel&eacute;n (Di&aacute;logos, L. 28).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos documentos hist&oacute;ricos que se refieren a la vida y obra de Cristo pueden dividirse en tres clases: fuentes paganas, fuentes jud&iacute;as y fuentes cristianas. Primeramente est&aacute;n las romanas, que si bien son escasas y est&aacute;n contaminadas por los prejuicios, ir&oacute;nicamente las hace especialmente confiables porque no representaban intereses cristianos.&nbsp;&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl campo en donde se desarrolla la historia de los Evangelios fue la remota Galilea, regi&oacute;n habitada por el Pueblo Hebreo. Los jud&iacute;os eran percibidos como una raza supersticiosa, si damos cr&eacute;dito al historiador Horacio (Credat Judoeus Apella, I, Sat., v, 100). Uno de los primeras referencias a Jesucristo viene de Cornelio T&aacute;cito (c. 55 &ndash; 120) historiador y gobernador en Asia, donde escuch&oacute; de los cristianos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nT&aacute;cito se refiere a los &ldquo;cristianos&rdquo;, o &ldquo;Chrestiani&rdquo;, en su obra &ldquo;Annales&rdquo;: &ldquo;Este nombre (de Cristianos) les viene de Cristo, a quien, en el reinado de Tiberio, el procurador Poncio Pilato hab&iacute;a condenado a muerte; reprimida de momento esta detestable superstici&oacute;n reto&ntilde;aba otra vez, no solamente en Judea, donde el mal tuvo su origen, sino tambi&eacute;n, en Roma, adonde afluye todo cuanto hay de horrible y vergonzoso, y encuentra numerosa clientela&rdquo; (Annales, T. III, Lib. XV, p. 44).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl historiador romano confunde a los cristianos con los jud&iacute;os. Asimismo asume la postura &ldquo;oficial&rdquo; que significaba manifestar un serio prejuicio hacia la naciente Iglesia. De los juicios de T&aacute;cito puede inferirse que hab&iacute;a investigado escasamente sobre la verdad hist&oacute;rica acerca de jud&iacute;os y cristianos. A pesar de los prejuicios, el m&eacute;rito de T&aacute;cito est&aacute; en aportar noticias cruciales sobre la existencia hist&oacute;rica del Se&ntilde;or Jes&uacute;s. Habla de la existencia de cristianos en Roma, ejecutados por Ner&oacute;n, y de Cristo, muerto en Judea bajo Tiberio por orden del procurador Poncio Pilato.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nOtro historiador romano fue Caius Suetonius Tranquillus (69-140) quien escribi&oacute; sus obras en la &eacute;poca del Emperador Trajano, especialmente su &ldquo;De vita Caesarum&rdquo; del a&ntilde;o 121. Suetonio alude al cristianismo y a su fundador cuando trata del Emperador Claudio (41-54). Suetonio consideraba a Cristo (Chrestus) como un insurgente que incit&oacute; sediciones en la misma Roma. Tiene valor en cuanto nombra a Jesucristo, aunque se equivoca porque el Se&ntilde;or Jes&uacute;s nunca sali&oacute; de Palestina. &ldquo;(Claudio) -afirma Suetonio- expuls&oacute; de Roma a los jud&iacute;os que eran causa permanente de des&oacute;rdenes bajo Chrestus (&hellip;) Se infligieron suplicios a los cristianos, gente entregada a una superstici&oacute;n nueva y mal&eacute;fica&rdquo; (Vita Claudii, n. 25 y Vita Neronis, n. 16).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDe gran importancia es la carta de Plinio el Joven al Emperador Trajano. Nativo de Como (Novum Comun), Plinio era un personaje reposado y reflexivo. Nada m&aacute;s ajeno al car&aacute;cter de este aristocr&aacute;tico abogado que la resoluci&oacute;n de violencia. Por su educaci&oacute;n y temperamento estaba apegado a las tradiciones ancestrales romanas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPlinio fue nombrado gobernador de Bitinia-Pontus, provincia ubicada en Asia Menor, donde fue acosado por comerciantes locales que acusaban a los cristianos de negarse a sacrificar a los dioses. Estos adquir&iacute;an los animales ofrecidos en sacrificio para revenderlos, obteniendo una ping&uuml;e ganancia. Al disminuir el n&uacute;mero de holocaustos, vieron reducirse sus ingresos. Plinio, que solamente conoc&iacute;a de o&iacute;das a los cristianos, a pesar de haber investigado sus ritos, inform&oacute; al emperador Trajano que eran personas inofensivas. Pertenec&iacute;an a una &ldquo;superstici&oacute;n&rdquo;, a un culto extranjero. Sus miembros eran pac&iacute;ficos y promet&iacute;an bajo juramento abstenerse del fraude, del hurto y del adulterio.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos siguientes pasos del gobernador tipificaron el proceder de innumerables autoridades romanas. Cediendo a sus propios prejuicios, a las presiones del populacho, y a una norma imprecisa en el Derecho Romano, que penaba a las personas por el solo hecho de ser &ldquo;cristianos&rdquo;, decidi&oacute; reprimir a aquellos que reconoc&iacute;an su pertenencia a la Iglesia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLe corresponde a Plinio mencionar de manera oficial, por primera vez, al cristianismo como una instituci&oacute;n de car&aacute;cter individual, diferenciada de la sinagoga jud&iacute;a. Mediante su escrito del a&ntilde;o 112 dirigido al Emperador, buscaba su aprobaci&oacute;n para las acciones que hab&iacute;a tomado contra los cristianos.<\/p>\n<p align=\"justify\">Plinio escribi&oacute;: &ldquo;Afirmaban (los cristianos), sin embargo, que toda su culpa, o error consist&iacute;a en que ten&iacute;an el h&aacute;bito de reunirse en cierto d&iacute;a fijo antes que amaneciera, y que all&iacute; cantaban en versos alternados un himno a Cristo como a un Dios, y que se somet&iacute;an a un juramento solemne, y no a hechos malvados de ninguna clase, sino m&aacute;s bien nunca cometer fraude, robo, adulterio, a nunca falsear su palabra, ni a negar algo que les hubiera confiado cuando fueran llamados a dar cuenta de ello&rdquo; (Plinii Secundi Epistolarum, lib. X, p. 96).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl primer escritor no cristiano que hace referencia a Jesucristo es Flavio Josefo, un ciudadano hebreo nacido en Jerusal&eacute;n en el a&ntilde;o 37 D.C. y en diversos momentos militante esenio y fariseo. Al iniciarse la guerra contra Roma organiz&oacute; la administraci&oacute;n y la defensa de Galilea, pero tuvo que capitular en el a&ntilde;o 67, siendo conducido ante Vespasiano, quien le concedi&oacute; el perd&oacute;n al predecir Josefo que &eacute;ste se convertir&iacute;a en emperador de Roma. Cumplida la profec&iacute;a, Josefo se instal&oacute; en la capital imperial, donde goz&oacute; del beneficio de una pensi&oacute;n. Escribi&oacute; en lengua griega &ldquo;La guerra de los jud&iacute;os&rdquo; y las &ldquo;Antig&uuml;edades Jud&iacute;as&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn las &ldquo;Antig&uuml;edades Jud&iacute;as&rdquo; Flavio Josefo hace alusi&oacute;n a dos personajes de la historia evang&eacute;lica: Juan el Bautista y Santiago &ldquo;hermano del Se&ntilde;or&rdquo;, muerto en el a&ntilde;o 62 por las intrigas del sacerdote jud&iacute;o An&aacute;s. Siendo cierta la autenticidad de estos textos, no hay duda que Josefo conoci&oacute; al menos la existencia del cristianismo primitivo y sus l&iacute;neas m&aacute;s salientes.<br \/>\nJosefo narra la muerte de Santiago: &ldquo;An&aacute;s reuni&oacute; al sanedr&iacute;n de los jueces e hizo comparecer entre ellos a Santiago, el hermano de Jes&uacute;s, llamado el Cristo, as&iacute; como a algunos otros; los acus&oacute; de haber violado la ley y los entreg&oacute; a la lapidaci&oacute;n&rdquo; (Plinii Secundi Epistolarum, lib. X, p. 96). No hay raz&oacute;n, sin embargo, para suponer que las palabras &ldquo;llamado Cristo&rdquo; hayan sido a&ntilde;adidas por alg&uacute;n copista cristiano.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn otro pasaje de las &ldquo;Antig&uuml;edades&rdquo; cita con m&aacute;s precisi&oacute;n al Se&ntilde;or Jes&uacute;s, aunque su autenticidad haya sido discutida. Como argumento favorable al texto es probable por antecedente que un escritor tan bien informado como Josefo debe haber tenido una familiaridad con la doctrina y la historia de Jes&uacute;s: &ldquo;Por este tiempo apareci&oacute; Jes&uacute;s, un hombre sabio (si es que es correcto llamarlo hombre, ya que fue un hacedor de milagros impactantes, un maestro para los hombres que reciben la verdad con gozo), y atrajo hacia &Eacute;l a muchos jud&iacute;os (muchos griegos adem&aacute;s. Era el Cristo). Y cuando Pilatos, frente a la denuncia de aquellos que son los principales entre nosotros, lo hab&iacute;a condenado a la Cruz, aquellos que lo hab&iacute;an amado primero no abandonaron (ya que se les apareci&oacute; vivo nuevamente al tercer d&iacute;a, habiendo predicho esto y otras tantas maravillas sobre &Eacute;l los santos profetas) La tribu de los cristianos llamados as&iacute; por El no han cesado hasta este d&iacute;a&rdquo; (Antig&uuml;edades, L. XVIII, t. 3).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEntre los libros del Nuevo Testamento, los que tienen especial importancia con respecto a la vida de Jes&uacute;s son los cuatro Evangelios y las Cartas de San Pablo. Las Ep&iacute;stolas Paulinas (como Romanos, G&aacute;latas, y Primera y Segunda Carta a los Corintios) no ser&aacute;n jam&aacute;s sobre-estimadas por los que estudian la vida de Cristo. Han sido llamadas a veces el &ldquo;quinto evangelio&rdquo;. Su antig&uuml;edad es mayor que los Evangelios, al menos que la mayor&iacute;a de ellos. Las palabras de San Pablo son de gran valor porque constituyen el testimonio de un escritor altamente intelectual y culto, que hab&iacute;a sido uno de los mayores enemigos de Jes&uacute;s, y que escribe dentro de los 25 a&ntilde;os posteriores a los hechos que relata.<\/p>\n<p align=\"justify\">Hay, en efecto, en la vida de San Pablo -tal como nos es contada en los Hechos de los Ap&oacute;stoles-, dos hechos cuya fecha puede establecerse con toda exactitud, pues son sincr&oacute;nicos con dos acontecimientos de la historia profana. Estos dos puntos determinados son el encuentro de San Pablo con el proc&oacute;nsul Lucio Junio Galli&oacute;n, hermano mayor de S&eacute;neca (Hechos, 18, 2), y la llegada de Festo como procurador de Judea durante la cautividad de San Pablo (Hechos, 24, 27). La fecha del encuentro de Pablo con Galli&oacute;n puede ser fijada a fines del a&ntilde;o 51 o a principios del 52, gracias a una inscripci&oacute;n descubierta en Delfos, publicada en 1905, y cuya importancia documental es universal y claramente reconocida. El arribo de Festo como procurador de Judea ocurri&oacute; probablemente en el a&ntilde;o 59 o 60. Estos dos hechos permiten fechar en el 51-52 las primeras ep&iacute;stolas de San Pablo que se nos presentan de esta manera como las fuentes m&aacute;s antiguas de la historia de Jes&uacute;s.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nJunto con las ep&iacute;stolas de San Pablo, la principal fuente de nuestro conocimiento de Jesucristo son, en efecto, los Evangelios, que los antiguos Padres griegos llamaban por esta raz&oacute;n el &ldquo;Evangelio tetramorfo&rdquo;, es decir, la Palabra de Dios, la Palabra de la Salvaci&oacute;n, la buena nueva, primero anunciada por Cristo, despu&eacute;s transmitida oralmente por los Ap&oacute;stoles y, en fin, escrita en cuatro formas, seg&uacute;n Mateo, Marcos, Lucas y Juan.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEstas cuatro narraciones no son las &uacute;nicas compuestas. Lucas nos dice que varios, antes que &eacute;l, hab&iacute;an emprendido la tarea de componer una narraci&oacute;n de los hechos realizados por Jes&uacute;s (Luc, 1, 1). Sin embargo los cuatro Evangelios constituyen las &uacute;nicas narraciones can&oacute;nicamente conservadas por la Iglesia. No son, hablando con propiedad, biograf&iacute;as de Cristo en el sentido riguroso y moderno de la palabra, sino m&aacute;s bien sumarios de la predicaci&oacute;n primitiva, destinados a recordar o a ense&ntilde;ar lo que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s hab&iacute;a hecho o dicho para la salvaci&oacute;n del mundo. Sin embargo recogen innumerables testimonios directos, emanados de testigos bastante cercanos a los acontecimientos para que su afirmaci&oacute;n sea cient&iacute;ficamente admisible. Consider&aacute;ndose el texto mismo, los Evangelios son dignos del mayor cr&eacute;dito.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em><strong><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/cecglob.com\/453\/contenido\/el+nacimiento+del+seor+jess+testimonios+histricos\">Art&iacute;culo <\/a>publicado originalmente por Centro de Estudios Cat&oacute;licos<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos Juan Arias, un veterano periodista espa&ntilde;ol afincado en Brasil, manifestaba recientemente que muy poco o nada sabemos de Jesucristo: &ldquo;&iquest;De la verdad hist&oacute;rica de Jes&uacute;s? &iquest;Y la Iglesia? Muy poco, casi nada. 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