{"id":3132,"date":"2015-12-01T01:07:53","date_gmt":"2015-12-01T06:07:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/era-solo-un-nino\/"},"modified":"2015-12-01T01:07:53","modified_gmt":"2015-12-01T06:07:53","slug":"era-solo-un-nino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/era-solo-un-nino\/","title":{"rendered":"Era solo un ni\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Jos\u00e9 Soto<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">El Se\u00f1or te enviar\u00e1 ni\u00f1os y j\u00f3venes con cicatrices profundas y tambi\u00e9n con fotos lindas, y tu deber ser\u00e1 hacerles ver que Dios est\u00e1 presente.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: left;\">En la vida hay circunstancias que nos dejan marcados para siempre con cicatrices que se llevan en el alma. Algunas las llevamos expuestas; otras nos traen recuerdos poco agradables y a otras las llevamos como fotograf&iacute;as que nos hacen re&iacute;r o llorar.<br \/>\nCuando le echo una mirada mental a ese &aacute;lbum de fotograf&iacute;as, o miro mis cicatrices, no puedo menos que reconocer la mano de Dios ean mi vida. Para darles una idea, quisiera compartir con ustedes algunas de mis fotos y cicatrices.Muchos maestros y maestras reciben cientos de ni&ntilde;os los domingos, y les ense&ntilde;an una lecci&oacute;n del amor sin conocer los profundos misterios que se anidan en sus peque&ntilde;os corazones. Primero unas fotos: estas me hacen re&iacute;r. Era solo un ni&ntilde;o. Recuerdo aquellas tardes de verano cuando con mis amigos sal&iacute;amos de excursi&oacute;n e &iacute;bamos al aeropuerto para ver la salida y llegada de los aviones. Recuerdo tambi&eacute;n cuando jug&aacute;bamos &laquo;al qued&oacute;&raquo; y a &laquo;las escondidas.&raquo; Esas fotos me producen un placer inexplicable.<br \/>\nPero tambi&eacute;n hay cicatrices. Estas, dependiendo del momento, me hacen llorar o me hacen meditar y madurar. Mi padre fue un alcoh&oacute;lico. A veces presente y a veces ausente de casa. Hubo momentos en que deseaba que su ausencia fuera para siempre. Para m&iacute; lo m&aacute;s dif&iacute;cil de tener un padre alcoh&oacute;lico fue siempre la agresi&oacute;n: de palabra, de hecho y por ausencia, porque la ausencia del padre es siempre una agresi&oacute;n. &iquest;Cu&aacute;ntas veces no recib&iacute; una tunda de palos sin raz&oacute;n alguna?<br \/>\nCasi no pod&iacute;a soportar la impotencia ante la agresi&oacute;n de que era objeto mi madre.&iexcl;Cu&aacute;ntas veces vi el cuchillo de la cocina cerca de su vientre! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces la vi llorar desconsolada! &iexcl; Cu&aacute;ntas discusiones presenci&eacute;! Y yo sin poder hacer nada.<br \/>\nPero no s&eacute; por qu&eacute; hay una cicatriz que cuando hago recuento de todas ellas, siempre sale a relucir. Era &eacute;poca de navidad, y mi padre estaba en uno de esos periodos de ausentismo. No sab&iacute;amos nada de &eacute;l. El 24 de diciembre, d&iacute;a de Nochebuena, la incertidumbre persist&iacute;a. Sin embargo, como ni&ntilde;o que era, aquella realidad escapaba a mi total comprensi&oacute;n, y aun albergaba en mi coraz&oacute;n la esperanza de abrir los regalos de navidad. &iquest;Qu&eacute; me traer&iacute;a el Ni&ntilde;o?<br \/>\nEsa noche me acost&eacute; temprano. Pensaba que as&iacute; apresurar&iacute;a la llegada del Ni&ntilde;o. En un momento abr&iacute; un ojo para ver si hab&iacute;a llegado. Vi las tres camas de mis hermanos. No hab&iacute;a regalos. Al fondo, pegada a la m&aacute;quina de coser, estaba mi madre. Cerr&eacute; aquel ojo curioso.<br \/>\nDespert&eacute; horas m&aacute;s tarde y volv&iacute; a recorrer el escenario. Nada hab&iacute;a cambiado. Me volv&iacute; a dormir. Pas&oacute; otro rato. Mis ojos se abrieron lentamente, como queriendo evitar la realidad de lo que ver&iacute;a. Nada hab&iacute;a cambiado. Mi madre segu&iacute;a pegada a la m&aacute;quina de coser y nuestras camas vac&iacute;as.<br \/>\nPor primera vez, aquella noche comprend&iacute; mi realidad. Yo era un ni&ntilde;o pobre, con un padre alcoh&oacute;lico. A estos ni&ntilde;os no los visita el Ni&ntilde;o Dios. Pero tambi&eacute;n comprend&iacute; que ten&iacute;a una madre ejemplar. Hab&iacute;a abierto los ojos para ver al Ni&ntilde;o Dios, y en lugar del Ni&ntilde;o Dios hab&iacute;a visto a mi madre cosiendo, para que al d&iacute;a siguiente, 25 de diciembre, pudi&eacute;ramos al menos desayunar caf&eacute; con pan.<br \/>\nMejor pasemos a una foto bonita, de esas que me dan placer: Fue en una noche de Viernes Santo, cuando en la plaza de f&uacute;tbol, no s&eacute; qui&eacute;n, pero a mi alma de ni&ntilde;o no le importaba, proyect&oacute; una pel&iacute;cula de la pasi&oacute;n de Cristo. Al final de la proyecci&oacute;n, repartieron ejemplares del Nuevo Testamento. Me fui a la cama temprano y comenc&eacute; a revisar el libro. Qued&eacute; maravillado.<br \/>\nLas ilustraciones captaron mi inter&eacute;s. Una y otra noche repet&iacute;a el procedimiento: desde la primera p&aacute;gina hasta aquella en la que Cristo mor&iacute;a y resucitaba. Yo no le&iacute;a, miraba las ilustraciones, porque ellas reviv&iacute;an las escenas de la pel&iacute;cula. El recuerdo de esas noches me trae alegr&iacute;a.<br \/>\nDespu&eacute;s de esto mi mente da un gran salto en el &aacute;lbum y en la colecci&oacute;n de cicatrices, y se transporta a la juventud, ya no marcada por la impotencia de mi ni&ntilde;ez sino por la valent&iacute;a que mis a&ntilde;os me daban. En defensa de mi madre, pero m&aacute;s que todo en defensa propia, enfrent&eacute; a mi padre. El enfrentamiento me caus&oacute; m&aacute;s da&ntilde;o que beneficio: odi&eacute; a mi padre con fuerza, y a mi madre le caus&eacute; un dolor intenso. Las heridas sufridas de ni&ntilde;o se hicieron m&aacute;s profundas.<br \/>\nPero dejemos ya las cicatrices de lado, y volvamos a las fotos. La m&aacute;s hermosa de todas es aquella que recoge el momento de mi encuentro con Dios. Una noche, mis primos me invitaron a asistir a la reuni&oacute;n de j&oacute;venes de su iglesia. Proyectar&iacute;an una pel&iacute;cula. Acept&eacute; por ver la pel&iacute;cula pero esta no me impresion&oacute; mucho. Sin embargo, cuando lleg&oacute; la hora del llamamiento, me encontr&eacute; levantando mi mano para recibir al Se&ntilde;or. El gozo que sent&iacute; es indescriptible.<br \/>\nUna &uacute;ltima foto: mi encuentro con Marlene. Bella. Ni muy alta, ni muy chaparrita; justo a mi medida. Nos enamoramos y nos casamos. &iexcl;Pobre Marlene! Pronto descubri&oacute; que yo era, sin el alcohol, id&eacute;ntico a mi padre, y yo descubr&iacute; que Dios se hab&iacute;a quedado en la superficie de mi vida.<br \/>\nMis heridas segu&iacute;an abiertas y sangrando. &iquest;C&oacute;mo aceptar a Dios si &eacute;l nos hab&iacute;a abandonado en aquella navidad, solo porque &eacute;ramos pobres? &iquest;C&oacute;mo aceptar a Dios como mi padre si me castigaba injustamente? &iquest;C&oacute;mo aceptar a Dios como mi padre si lastimaba al ser que yo m&aacute;s quer&iacute;a, mi madre? As&iacute; es que le abr&iacute; mi alma y lo invit&eacute; a observar mis heridas. Lo &uacute;nico que hizo fue hacerme recordar la pel&iacute;cula. Me dijo: &laquo;Si yo te he perdonado, &iquest;por qu&eacute; no perdonas a tu padre?&raquo; Llor&eacute; como nunca hab&iacute;a llorado antes. Y perdon&eacute; a mi padre. Y perdon&eacute; a Dios.<br \/>\nHoy, al repasar una vez m&aacute;s esta colecci&oacute;n de fotos y cicatrices, me doy cuenta que, a diferencia de mi padre terrenal, Dios nunca estuvo ausente de nuestras vidas. Estuvo presente en mis juegos y en mis alegr&iacute;as. Estuvo presente en aquella navidad. Se hab&iacute;a encarnado en mi madre d&aacute;ndonos amor, entrega, negaci&oacute;n. Estuvo presente en las noches en que ve&iacute;a las ilustraciones del Nuevo Testamento. Estuvo encarnado en mis primos, quienes me llevaron a Jes&uacute;s. Estuvo encarnado en mi pastor, en mis profesores, en mis hermanos. Pero lo m&aacute;s importante es que hoy sigue estando presente en mi vida.<br \/>\nSi t&uacute; hoy lees estas p&aacute;ginas y tienes un ministerio con ni&ntilde;os o j&oacute;venes, d&eacute;jame ante todo felicitarte. El tuyo es uno de los ministerios m&aacute;s lindos e importantes en la vida de la iglesia. S&eacute; que es muy dif&iacute;cil ministrar a ni&ntilde;os o j&oacute;venes en riesgo, pero Dios est&aacute; a tu lado y de tu lado.&nbsp; Lo m&aacute;s importante es reflejar a Dios en tu vida, porque de esta manera, cada vez que un ni&ntilde;o o joven tiene un encuentro contigo, tendr&aacute; un encuentro con Dios mismo. Para un ni&ntilde;o que sufre, los sentimientos de abandono y de rechazo pueden ser letales. Si t&uacute; le permites a Dios reflejarse en ti, esos ni&ntilde;os ser&aacute;n bendecidos con su presencia. Lo m&aacute;s importante es reflejar a Dios en tu vida, porque de esta manera, cada vez que un ni&ntilde;o o joven tiene un encuentro contigo, tendr&aacute; un encuentro con Dios mismo. El Se&ntilde;or te enviar&aacute; ni&ntilde;os o j&oacute;venes con cicatrices profundas y tambi&eacute;n con fotos lindas, y tu deber ser&aacute; hacerles ver que Dios est&aacute; presente. &iquest;C&oacute;mo? Demu&eacute;strales amor, mucho amor, y ay&uacute;dales a leer la Palabra de Dios. En esa lectura descubrir&aacute;n a un Dios de amor que ofrece su perd&oacute;n y constante compa&ntilde;&iacute;a.<br \/>\nY otro instrumento valioso es el di&aacute;logo. G&aacute;nate ante todo su confianza, y establece un di&aacute;logo en el que ellos puedan compartir lo que sienten y lo que est&aacute;n viviendo en sus casas. Muchos maestros y maestras reciben cientos de ni&ntilde;os los domingos, y les ense&ntilde;an una lecci&oacute;n del amor sin conocer los profundos misterios que se anidan en sus peque&ntilde;os corazones.<br \/>\nCuando un ni&ntilde;o o joven llega, tienes en tus manos la posibilidad de un gran  milagro.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Tomado de Red Viva, volumen 7, n\u00famero 27 publicado en Apuntes Pastorales XXIII-1. Todos los derechos reservados. \u00a9Copyright 2010.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Jos\u00e9 Soto El Se\u00f1or te enviar\u00e1 ni\u00f1os y j\u00f3venes con cicatrices profundas y tambi\u00e9n con fotos lindas, y tu deber ser\u00e1 hacerles ver que Dios est\u00e1 presente. En la vida hay circunstancias que nos dejan marcados para siempre con cicatrices que se llevan en el alma. 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