{"id":31324,"date":"2016-06-13T11:17:27","date_gmt":"2016-06-13T16:17:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-la-religion-de-jesus-ha-cambiado-la-historia\/"},"modified":"2016-06-13T11:17:27","modified_gmt":"2016-06-13T16:17:27","slug":"como-la-religion-de-jesus-ha-cambiado-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-la-religion-de-jesus-ha-cambiado-la-historia\/","title":{"rendered":"C\u00f3mo la religi\u00f3n de Jes\u00fas ha cambiado la&nbsp;historia"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Observatorio DSI Nguyen Van Thuan<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><strong><em>Por Omar Ebrahime<\/em><\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA pesar de la difusi&oacute;n cada vez mayor de los estudios de autores fundamentales en la materia como Christopher Dawson, la relaci&oacute;n hist&oacute;rica entre el Cristianismo y el progreso &ndash; com&uacute;nmente entendido &ndash; sigue siendo considerado un tema debatido y controvertido. Para muchos, incluidos no pocos expertos acad&eacute;micos, sencillamente, las dos cosas a largo plazo ser&iacute;an incompatibles: al contrario, la vivencia hist&oacute;rica de la humanidad demostrar&iacute;a precisamente que la fe siempre ha obstaculizado el sano progreso.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nComo se recordar&aacute;, era precisamente esta la motivaci&oacute;n con la que al final sesenta profesores de la Universidad &ldquo;La Sapienza&rdquo; de Roma motivaron su oposici&oacute;n al ingreso del Papa Benedicto XVI en el ateneo (por otro lado, fundado por un predecesor suyo, Bonifacio VIII). El Papa, se dec&iacute;a, y se repite a&uacute;n hoy, es &ndash; en cuanto tal, por el simple hecho de ser representante de un credo religioso &ndash; una persona que no puede participar en un libre debate de las ideas, pues la religi&oacute;n implica un acercamiento &#039;dogm&aacute;tico&#039; e &#039;intolerante&#039; a las cuestiones cient&iacute;ficas y culturales.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>A esto, y a mucho m&aacute;s, responde ahora el &uacute;ltimo volumen monumental del soci&oacute;logo estadounidense Rodney Stark, profesor de ciencias sociales de la Baylor University (Texas). <\/strong>Stark, sobre cuyas investigaciones el Observatorio ya se hab&iacute;a hecho eco en el pasado (v&eacute;ase especialmente aqu&iacute;: <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.vanthuanobservatory.org\/nostri-libri\/libro.php?lang=it&amp;id=153\">http:\/\/www.vanthuanobservatory.org\/nostri-libri\/libro.php?lang=it&amp;id=153<\/a>, y aqu&iacute; <a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.vanthuanobservatory.org\/nostri-libri\/libro.php?lang=it&amp;id=208\">http:\/\/www.vanthuanobservatory.org\/nostri-libri\/libro.php?lang=it&amp;id=208<\/a>) tiene la ventaja de llevar a cabo an&aacute;lisis sobre el fen&oacute;meno religioso conjugando los instrumentos del an&aacute;lisis sociol&oacute;gico moderno, con la m&aacute;s antigua investigaci&oacute;n hist&oacute;rica, sin la intenci&oacute;n de recurrir a priori a tesis partidista alguna.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El hecho de que personalmente no sea cat&oacute;lico aumenta a&uacute;n m&aacute;s el valor de las numerosas valoraciones de m&eacute;rito que dedica a la historia de la Iglesia, continuamente asediada por lugares comunes y leyendas negras infamantes sin que nadie se tome la molestia de confutarlas.<\/strong> La obra <em>(a&uacute;n no editada en Espa&ntilde;a, n.d.E.)<\/em>, dividida en seis cap&iacute;tulos, abraza un periodo de tiempo muy extenso que va desde la fundaci&oacute;n de la Iglesia primitiva, y las primeras misiones del ap&oacute;stol san Pablo, al alba de esa Ilustraci&oacute;n que marca el inicio de una &eacute;poca nueva &#8211; fundamentalmente de escisi&oacute;n &ndash; en la relaci&oacute;n armoniosa entre fe y raz&oacute;n que hab&iacute;a caracterizado hasta entonces la historia de Occidente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAl desenmara&ntilde;ar los numerosos nudos cr&iacute;ticos entretejidos por una historiograf&iacute;a a menudo prejuiciosamente hostil al hecho religioso, el autor dedica muchas p&aacute;ginas a la interpretaci&oacute;n del Cristianismo como &lsquo;religi&oacute;n de los pobres y de los oprimidos&rsquo; que durante siglos ha gozado de gran &eacute;xito.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nNo por casualidad, Friedrich Engels, el redactor &ndash; con Karl Marx &ndash; del famoso Manifiesto del partido comunista, publicado en Londres en 1848 , pod&iacute;a escribir l&iacute;neas como &eacute;sta sin que nadie se las rebatiese: &ldquo;La historia del primer Cristianismo tiene notables puntos de semejanza con el movimiento de la clase obrera moderna. Como esta &uacute;ltima, el Cristianismo era en su origen un movimiento de personas oprimidas: apareci&oacute; en primer lugar como religi&oacute;n de esclavos y de esclavos emancipados, de personas pobres privadas de todo derecho, de personas sometidas o disgregadas por los dominadores romanos&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPartiendo de esta premisa, Karl Kautsky (1854-1938), editor alem&aacute;n de las obras de Marx, sostuvo la tesis de que Jes&uacute;s podr&iacute;a haber sido uno de los primeros socialistas, y que los primeros cristianos realizaron durante breve tiempo el verdadero comunismo&rdquo; (pag. 117). No se trataba de una tesis planteada s&oacute;lo por pol&iacute;ticos o ide&oacute;logos parciales, una autoridad reconocida de la sociolog&iacute;a de la religi&oacute;n del siglo pasado como por ejemplo el alem&aacute;n Ernst Troeltsch (1865-1923), mostraba compartirla plenamente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn realidad, las fuentes m&aacute;s cercanas a los hechos cuentan lo contrario: el mayor n&uacute;mero de seguidores del Cristianismo primitivo estaba constituido por &ldquo;mujeres de las clases altas&rdquo; (pag. 120) y los estudios de Adolf von Harnack (1851-1930) y William M. Ramsay (1851-1939) a&ntilde;aden que &ldquo;se difundi&oacute; en primer lugar entre las personas instruidas&#8230;[Adem&aacute;s] en ning&uacute;n sitio consigui&oacute; arraigar m&aacute;s tenazmente como entre los nobles y en la corte del emperador&rdquo; (ibidem).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCiertamente es verdad tambi&eacute;n que el Cristianismo era atractivo tambi&eacute;n para las clases m&aacute;s pobres, pero no en el sentido en que se le quer&iacute;a restringir. En efecto, si &ldquo;el punto central es que la fe cristiana ofrece un sedante para los sufrimientos de esta vida prometiendo que seremos plenamente recompensados en la pr&oacute;xima, cuando &lsquo;muchos primeros ser&aacute;n &uacute;ltimos y muchos &uacute;ltimos ser&aacute;n primeros&rsquo; (Mt 19,30)&rdquo;, sin embargo sigue siendo cierto que &ldquo;el Cristianismo hace la vida mejor aqu&iacute; y ahora. No solo en t&eacute;rminos psicol&oacute;gicos, como puede hacer cualquier fe en una atractiva vida despu&eacute;s de la muerte, sino en t&eacute;rminos de beneficios concretos mundanos. &iexcl;Hay que tener en cuenta que un estudio basado en antiguas l&aacute;pidas funerarias ha establecido que los primeros cristianos viv&iacute;an m&aacute;s tiempo que sus contempor&aacute;neos paganos! Los cristianos ten&iacute;an una mejor calidad de vida&rdquo; (pag. 141).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl motivo hay que buscarlo en las obras de misericordia y de ayuda mutua que la comunidad cristiana supo difundir por todo el imperio: &ldquo;en medio de la necesidad, de la miseria, de la enfermedad y el anonimato de las antiguas ciudades, el cristianismo cre&oacute; una isla de misericordia y seguridad [&#8230;] en cambio, en el mundo pagano, y sobre todo entre los fil&oacute;sofos, la misericordia era considerada un defecto del car&aacute;cter y la piedad una emoci&oacute;n patol&oacute;gica: dado que la misericordia incluye el don de una ayuda o de un alivio inmerecido, se la consideraba como contraria a la justicia&rdquo; (pag. 150).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl resultado fue que, como por otro lado ya pusieron de relieve historiadores fuera de sospecha, &ldquo;los cristianos gestionaban un estado social en miniatura dentro de un imperio que en gran parte estaba privado de servicios sociales&rdquo; (pag. 151). Pero esto fue posible s&oacute;lo porque &ldquo;el Cristianismo cre&oacute; las congregaciones, verdaderas y propias comunidades de creyentes que organizaban su vida en torno a su afiliaci&oacute;n religiosa&rdquo; (pag. 152).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDicho en palabras pobres y por muy pol&iacute;ticamente incorrecto que pueda parecer hoy: <strong>el mundo antiguo progres&oacute; en la medida en que dej&oacute; que se difundiera p&uacute;blicamente el cristianismo, de Oriente a Occidente. Verdaderamente entonces tener m&aacute;s religi&oacute;n supuso, muy pragm&aacute;ticamente, m&aacute;s progreso y bienestar, en sentido literal<\/strong>. Con lo que se demuestra &ndash; si a&uacute;n fuera necesario &ndash; que el modo de concebir a Dios no es extra&ntilde;o al desarrollo de una civilizaci&oacute;n.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>Si los enfermos, ancianos o incurables, por ejemplo, empezaron a ver reconocida su dignidad, esto se debe principalmente a los cristianos que, llevando el Evangelio a esa sociedad fatalista, decretaron finalmente la desaparici&oacute;n de un paganismo dominante inhumano y c&iacute;nico.<\/strong> En resumen, por citar alg&uacute;n dato, &ldquo;es del todo plausible que los cuidados ofrecidos por los cristianos redujeran la mortalidad en al menos dos tercios&rdquo; (pag. 157), un n&uacute;mero absolutamente clamoroso si se considera que la sanidad p&uacute;blica como la entendemos hoy estaba a&uacute;n muy lejos de llegar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAn&aacute;logas eran las motivaciones que atra&iacute;an a las mujeres, tambi&eacute;n consideradas socialmente privadas de valor. En efecto, &ldquo;las mujeres eran especialmente atra&iacute;das por el cristianismo porque &eacute;ste les ofrec&iacute;a una vida enormemente superior a la que habr&iacute;an llevado de otra forma [&#8230;] en ning&uacute;n grupo social las mujeres eran iguales a los hombres, pero hab&iacute;a diferencias sustanciales en el grado de desigualdad sufrida por las mujeres en el mundo greco-romano. Las mujeres de las primeras comunidades cristianas estaban mucho mejor que sus hom&oacute;logas paganas y jud&iacute;as&rdquo; (pag. 162), tambi&eacute;n porque los cristianos repudiaban la idea de abortar o dejar morir a una reci&eacute;n nacida s&oacute;lo porque fuera mujer.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi acaso, cuando se comparan &ldquo;las circunstancias en las que viv&iacute;an las mujeres paganas y las cristianas, es sorprendente el hecho de que no todas las mujeres del Imperio romano se precipitaran a la Iglesia&rdquo; (pag. 10). Con lo que cae otro de los lugares comunes presentes a&uacute;n hoy en la pol&eacute;mica p&uacute;blica. Por otro lado, siendo intelectualmente honrados, es notable que desde los primeros tiempos las mujeres constitu&iacute;an la &ldquo;mayor&iacute;a&rdquo; de la comunidad cristiana (pag. 161) hasta el punto de que para el autor no ser&iacute;a descabellado llegar a sostener que &ldquo;el crecimiento del cristianismo fue obra de las mujeres&rdquo; (pag. 180).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPero las p&aacute;ginas m&aacute;s interesantes, y hoy olvidadas, son las dedicadas a los llamados &ldquo;Siglos oscuros&rdquo; tan denigrados, el tiempo en que &ldquo;en realidad Europa dio el gran salto adelante, en el plano teol&oacute;gico e intelectual, que la puso a la cabeza del resto del mundo [con] varias revoluciones en la agricultura, en los armamentos y en las t&eacute;cnicas de guerra, en las fuentes de energ&iacute;a y en los transportes, en las manufacturas y en el comercio que han pasado inadvertidas&rdquo; (pag 316) por no hablar de la abolici&oacute;n de la esclavitud o de los progresos &ldquo;radicales&rdquo; en la m&uacute;sica, en el arte, en la literatura, en la educaci&oacute;n (con la fundaci&oacute;n de las primeras universidades, literalmente &#039;inventadas&#039; por la filosof&iacute;a escol&aacute;stica) y en la ciencia, todas a tener en cuenta.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn resumen, por amor a la verdad hist&oacute;rica, no por pol&eacute;mica, es necesario reafirmar una vez por todas que <strong>&ldquo;la tesis de que Europa hab&iacute;a ca&iacute;do en los siglos oscuros ha sido en buena parte una estafa perpetrada por intelectuales fuertemente antirreligiosos como Voltaire y Gibbon, con la intenci&oacute;n de afirmar que la suya era una &eacute;poca de &#039;Iluminismo&#039;&rdquo;<\/strong> (pag. 315).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nY si, en fin, alguno a&uacute;n no se queda convencido, ser&aacute; oportuno responde con la autoridad del profesor Walter Hollister (1930-1997), insigne medievalista: &ldquo;A mi juicio, quien crea que la &eacute;poca que vio la construcci&oacute;n de la catedral de Chartres y la invenci&oacute;n del parlamento y de la universidad haya sido &#039;oscura&#039; debe ser mentalmente retrasado, o en el mejor de los casos, muy, muy ignorante&rdquo; (pag. 328).<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Observatorio DSI Nguyen Van Thuan Por Omar Ebrahime &nbsp; A pesar de la difusi&oacute;n cada vez mayor de los estudios de autores fundamentales en la materia como Christopher Dawson, la relaci&oacute;n hist&oacute;rica entre el Cristianismo y el progreso &ndash; com&uacute;nmente entendido &ndash; sigue siendo considerado un tema debatido y controvertido. 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