{"id":31331,"date":"2016-06-13T11:17:45","date_gmt":"2016-06-13T16:17:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-cruzadas-no-fueron-un-colonialismo-medieval\/"},"modified":"2016-06-13T11:17:45","modified_gmt":"2016-06-13T16:17:45","slug":"las-cruzadas-no-fueron-un-colonialismo-medieval","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/las-cruzadas-no-fueron-un-colonialismo-medieval\/","title":{"rendered":"Las Cruzadas no fueron un \u201ccolonialismo&nbsp;medieval\u201d"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Las Cruzadas despiertan profundas pasiones. Por lo general son incomprendidas porque se carece de la adecuada informaci&oacute;n hist&oacute;rica o, lo que es m&aacute;s grave, se las juzga a partir de prejuicios anti-cat&oacute;licos. Las Cruzadas fueron expediciones de car&aacute;cter religioso y militar, sostenidas entre 1095 y 1291, emprendidas por los reinos cristianos del Occidente europeo hacia el Medio Oriente con el prop&oacute;sito de liberar los Santos Lugares de la dominaci&oacute;n mahometana.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn su libro &ldquo;El Islam&rdquo;, una de las m&aacute;s consultadas historiadoras de la religi&oacute;n, Karen Armstrong, calific&oacute; las Cruzadas como &ldquo;un acontecimiento vergonzoso, aunque importante para la historia Occidental&rdquo;[1].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl peyorativo juicio de la escritora brit&aacute;nica demuestra que las distorsiones sobre las Cruzadas aun persisten. Sin mayor fundamento, aquellas opiniones mediatizadas por los prejuicios sostienen que los cruzados fueron europeos codiciosos de poder y de riquezas, y que invadieron territorios pertenecientes a una cultura avanzada y sofisticada, la isl&aacute;mica. Esta idea fue impuesta, en primer lugar, por el historiador del siglo XVIII, Edward Gibbon. Otro de los estudiosos que tempranamente estableci&oacute; una serie de errores conceptuales sobre las Cruzadas fue el franc&eacute;s Joseph-Francois Michaud, quien entre los a&ntilde;os 1812 y 1822 public&oacute; su &ldquo;Histoire des croisades&rdquo;. Seg&uacute;n Michaud, las Cruzadas fueron &ldquo;instrumentos gloriosos&rdquo; de proto-imperialismo. Empleando aquellos criterios m&aacute;s bien ideol&oacute;gicos, diversos autores dieron por sentado que las campa&ntilde;as de los ej&eacute;rcitos cristianos en el Oriente constituyeron uno de los primeros intentos de colonialismo europeo. Tesis similares han sido continuadas por autores modernos como el tambi&eacute;n ingl&eacute;s Steven Runciman[2] y la mencionada Armstrong[3].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEntre los juicios err&oacute;neos y prejuiciados m&aacute;s frecuentes podemos enumerar:<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>1. Que durante sus expediciones al Levante los Cruzados enfrentaron a opositores que eran culturalmente superiores.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsta visi&oacute;n surgi&oacute; a partir de una imagen rom&aacute;ntica, cultivada por cierta literatura legendaria pero escasamente respetuosa de la historia. Entre los autores que impulsaron dicha visi&oacute;n estaba Walter Scott, quien escribi&oacute; sus novelas en la primera parte del siglo XIX. En la imaginer&iacute;a del escritor ingl&eacute;s, los cruzados fueron aventureros de escasa educaci&oacute;n, infantiles en sus acciones y particularmente destructivos. Sus incursiones estaban destinadas a agredir a una civilizaci&oacute;n m&aacute;s avanzada que la suya, el Islam.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa realidad hist&oacute;rica es distinta. El soci&oacute;logo Rodney Stark manifestaba que la cultura &aacute;rabe-isl&aacute;mica se edific&oacute; en una importante medida sobre la base de los conocimientos adquiridos durante las conquistas de pueblos ilustrados como los griegos cristianos, los persas y los hind&uacute;es. &ldquo;La sofisticada civilizaci&oacute;n generalmente atribuida a los musulmanes -nombrada frecuentemente c&oacute;mo &lsquo;cultura &aacute;rabe&rsquo;- adopt&oacute;, en numerosas de sus facetas, los conocimientos acumulados por los pueblos conquistados, como la civilizaci&oacute;n judeo-cristiana-bizantina, el bagaje adquirido de la astronom&iacute;a persa y los conocimientos matem&aacute;ticos de los hind&uacute;es&rdquo;[4]. Incluso, tras las invasiones, la cultura isl&aacute;mica continu&oacute; recibiendo el influjo de los sabios vasallos &ldquo;no-isl&aacute;micos&rdquo;, los denominados &ldquo;dhimmi&rdquo;.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nRunciman, reconocido por sus escasas simpat&iacute;as con los ideales cruzados, manifest&oacute; el siguiente juicio sobre la relaci&oacute;n entre la cultura cristiana bizantina y el naciente Islam: &ldquo;La importancia de Bizancio en la edificaci&oacute;n de la civilizaci&oacute;n isl&aacute;mica fue enorme. Los &aacute;rabes que salieron del desierto eran personas simples; los educados eran escas&iacute;simos. M&aacute;s bien pose&iacute;an la adustez del n&oacute;mada del desierto (&hellip;) Aunque dominada por los musulmanes, esta civilizaci&oacute;n, llamada &lsquo;bizantina&rsquo;, continu&oacute; repartiendo el influjo cultural de Bizancio&rdquo;[5].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nCiertamente el imperio forjado por los mahometanos a partir del siglo VII alcanz&oacute; un esplendor sorprendente. En notable medida los sabios musulmanes se valieron para sus conocimientos del saber heredado de culturas m&aacute;s antiguas, como la griega, o emplearon el c&uacute;mulo cient&iacute;fico de los &ldquo;dhimmi&rdquo;, como fue el caso de la medicina, cuyos primeros tratados proced&iacute;an de m&eacute;dicos cristianos alejandrinos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUna de las etapas de mayor desarrollo cultural ocurri&oacute; bajo el Califato Ab&aacute;sida. Afincados en la estrat&eacute;gica urbe de Bagdad, los Ab&aacute;sidas, cuyo se&ntilde;or&iacute;o abarc&oacute; los siglos VIII al XII, lograron reunir a sabios de diversas culturas y religiones. Destaca en el siglo IX Muhammad al-Khwarizmi, quien estableci&oacute; los principios del &aacute;lgebra, un nombre derivado de su libro &ldquo;Kitab al-Jabr&rdquo;; Al-Hasan Ibn al-Haytham, desarroll&oacute; la &oacute;ptica y las primeras nociones te&oacute;ricas sobre la luz; el persa Abu Raihan al-Biruni calcul&oacute; la circunferencia de la Tierra con casi 1% de error; y en el siglo XI el cirujano Avicena public&oacute; su &ldquo;Canon M&eacute;dico&rdquo;, que sirvi&oacute; de manual para los m&eacute;dicos tanto de Oriente como de Europa. Fue la &eacute;poca en que el astr&oacute;nomo Ibn Yunus, el historiador de las religiones Ibn Hazm, el fil&oacute;sofo y poeta jud&iacute;o Avicebr&oacute;n, y el fil&oacute;sofo y pensador de la antig&uuml;edad isl&aacute;mica, el espa&ntilde;ol Averroes (1126-1198), estudioso de Arist&oacute;teles, ejercieron un poderoso impacto en Occidente[6].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSin embargo, aquel valioso intercambio cient&iacute;fico y cultural fue mitig&aacute;ndose con la decadencia de los Ab&aacute;sidas, cuya dinast&iacute;a fue presa de guerras din&aacute;sticas. En el siglo XI el Califa abas&iacute; solicit&oacute; ayuda a unas tribus turcas, conocidas como los &ldquo;Sely&uacute;cidas&rdquo;, procedentes de Asia Central, quienes conquistaron Bagdad en 1055. Su jefe, llamado Tugril Beg, se proclam&oacute; &ldquo;Rey de Oriente y Occidente&rdquo;, finalizando con el clima de relativa tolerancia impuesto por los Ab&aacute;sidas. Tremendamente desconfiados con aquello que no estaba escrito en el Cor&aacute;n, los turcos descuidaron los centros de saber e interrumpieron el intercambio cient&iacute;fico y acad&eacute;mico con las otras culturas, concentr&aacute;ndose en la expansi&oacute;n militar, principalmente hacia Siria, puerta del Asia Menor, Palestina y Constantinopla, el &uacute;ltimo reducto cristiano. Fue precisamente Tugril Beg quien decret&oacute; la interrupci&oacute;n del acceso de los peregrinos cristianos a los Santos Lugares, precipitando la acci&oacute;n armada de Occidente.&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSe hacen coincidir las primeras Cruzadas con una etapa de particular oscurantismo cultural en Europa, una &ldquo;Edad Oscura&rdquo; para la civilizaci&oacute;n. Nada m&aacute;s inexacto. La trayectoria de numerosos cient&iacute;ficos y eruditos medievales parece situarse en las ant&iacute;podas de la postergaci&oacute;n civilizadora que una historia repetitiva y escasamente cr&iacute;tica ha impuesto en nuestro saber cotidiano. Los lustros del primer milenio coinciden con una &eacute;poca de particular desarrollo cultural y cient&iacute;fico europeo. Estos avances se concretan, entre otros logros, con la fundaci&oacute;n de las universidades y con el notable desarrollo tecnol&oacute;gico, especialmente en &aacute;reas como la agricultura, la arquitectura y la hidr&aacute;ulica. La estructuraci&oacute;n del comercio y las finanzas aportaron medios para sufragar investigaciones cient&iacute;ficas. Universidades como Bolonia, Padua, Par&iacute;s, Oxford y Praga se transformaron en lugares emblem&aacute;ticos para la cultura. Aquellos centros acad&eacute;micos impart&iacute;an c&aacute;tedras de matem&aacute;ticas, geometr&iacute;a, astronom&iacute;a y teor&iacute;a de la m&uacute;sica, conjuntamente con la l&oacute;gica, la ret&oacute;rica, la gram&aacute;tica, la filosof&iacute;a y la teolog&iacute;a. En el plano human&iacute;stico la historia cultural europea incluye el estudio de antiguos sabios como Arist&oacute;teles, Euclides y Ptolomeo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Gracias a una red de caminos el continente volvi&oacute; a interconectarse. Gobernantes industriosos y comerciantes emprendedores estimularon la apertura de nuevas rutas que complementaban la navegaci&oacute;n por los r&iacute;os, los canales artificiales y los oc&eacute;anos. Precisamente estas v&iacute;as de comunicaci&oacute;n permitieron que los contingentes cruzados, procedentes de todos los rincones europeos, alcanzaran el Mediterr&aacute;neo para trasladarse hacia el Medio Oriente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nA pesar de la fragilidad ocasionada por las hambrunas, las plagas y las guerras, el nivel de vida del pueblo mejor&oacute; notablemente. El fil&oacute;sofo y matem&aacute;tico Alfred North Whitehead juzgaba que &ldquo;la fe en la posibilidad de los logros cient&iacute;ficos, &iacute;mpetu que antecedi&oacute; el desarrollo de la teor&iacute;a cient&iacute;fica moderna, fue un derivativo de la teolog&iacute;a medieval&rdquo;[7].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>2. Que las Cruzadas, antes que a motivaciones religiosas, respondieron a causas econ&oacute;micas e ideol&oacute;gicas. Los cruzados habr&iacute;an acudido al Oriente impulsados principalmente por la codicia de tesoros y el hambre de conquistas.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEsta visi&oacute;n, sustentada en ideolog&iacute;as antes que en la historia, desmerece las motivaciones religiosas de los cruzados. Un cruzado que respond&iacute;a al llamado de las autoridades de la Iglesia para embarcarse en un peregrinaje epop&eacute;yico hacia el Levante entend&iacute;a plenamente que las posibilidades de perder la vida eran extremas. El peregrino deb&iacute;a dejar sus asuntos en regla, en muchos casos despidi&eacute;ndose para siempre de su familia. Se endeudaba enormemente para costear aquella aventura. Muy contados cruzados lograron retornar con alguna fortuna y con salud a Europa.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl historiador ingl&eacute;s Jonathan Riley-Smith presenta argumentos importantes para esclarecer el elevado costo y sacrificio en que incurr&iacute;an los combatientes y sus familias: &ldquo;Hay muy pocas evidencias que indiquen que las Cruzadas constituyeron una oportunidad para hallarle un porvenir a aquellos hijos que las propiedades no pod&iacute;an sostener, o para que los caballeros sin tierra consiguiesen feudos en ultramar. Las evidencias m&aacute;s bien destacan las pesadas cargas que tuvieron que afrontar los clanes con el fin de que uno de sus miembros cumplan con sus votos de cruzado (&hellip;) Se me hace tremendamente dif&iacute;cil creer que la mayor&iacute;a de los cruzados, o por lo menos un n&uacute;mero elevado de caballeros, haya sustentado sus deseos de acudir a la Cruzada en el crudo materialismo. La cuantiosa inversi&oacute;n con el fin de establecer un feudo en un lugar lejano, luego de marchar 2,000 millas hacia el Oriente, habr&iacute;a sido, a todas vistas, una empresa est&uacute;pida&rdquo;[8].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa mirada del cruzado estaba puesta principalmente en el &ldquo;fruto espiritual&rdquo;, sostiene Thomas F. Madden[9]. Con el servicio de las armas para Dios se buscaba expiar pasadas faltas y pecados. Aquellos que se convert&iacute;an en &ldquo;cruzados&rdquo; recib&iacute;an la promesa de la indulgencia y del perd&oacute;n para sus culpas. Estaba claro para los mismos cruzados, es importante se&ntilde;alarlo, que no bastaba el mero hecho de andar a la Cruzada, sino que era tambi&eacute;n necesario un aut&eacute;ntico esp&iacute;ritu de penitencia y arrepentimiento.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>3. La creencia de que los asentamientos cristianos en el Levante, surgidos en Jerusal&eacute;n y en provincias como Edesa, Tiro y Antioqu&iacute;a, fueron &ldquo;proto-experiencias colonialistas&rdquo;, consider&aacute;ndose incluso como la primera expansi&oacute;n europea.<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nConsiderar como &ldquo;colonias&rdquo; a los reinos cristianos en Oriente significa asumir una categor&iacute;a hist&oacute;rico-ideol&oacute;gica propia a &eacute;pocas posteriores. Los dominios que establecieron los europeos en el Medio Oriente respond&iacute;an m&aacute;s que a la constituci&oacute;n de una situaci&oacute;n de dominio econ&oacute;mico o cultural, al sostenimiento de territorios y plazas fuertes que garantizasen la defensa de la ruta a Tierra Santa. Los reinos cristianos del Levante nunca lograron sostenerse por s&iacute; mismos y tampoco fueron viables militarmente sin el auxilio europeo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMientras tuvieron vigencia, aquellos reinos debieron ser apoyados desde Occidente por onerosas contribuciones, tanto de soldados como de bienes. Las aportaciones de los estados, de la Iglesia y de los individuos se entend&iacute;an como donaciones para una causa fundamentalmente religiosa, sin esperar retribuci&oacute;n alguna. En un r&eacute;gimen &ldquo;colonialista&rdquo; la potencia imperialista asume que extraer&aacute; la mayor renta posible del territorio anexado. Aquello nunca ocurri&oacute; con las posesiones cristianas del Levante. M&aacute;s bien surgi&oacute; una peculiar cultura, la del ciudadano y del caballero franco-germ&aacute;nico-oriental, que se desempe&ntilde;&oacute; como un &ldquo;puente&rdquo; entre Oriente y Occidente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<strong>4. &iquest;Constituyeron las Cruzadas un empe&ntilde;o defensivo?<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPodemos entender las Cruzadas como acciones defensivas emprendidas por las naciones cristianas contra el expansionismo isl&aacute;mico. Fueron un empe&ntilde;o colectivo, dirigido a recobrar la propiedad cristiana y a defender a la Iglesia y a las naciones occidentales. Los cruzados vieron a los musulmanes asentados en el Oriente como usurpadores de un territorio que pertenec&iacute;a a los cristianos; les parec&iacute;a tambi&eacute;n injusto que impidan las peregrinaciones pac&iacute;ficas a los Santos Lugares. Durante varios siglos las potencias isl&aacute;micas hab&iacute;an intentado conquistar el territorio europeo, consiguiendo su objetivo en regiones como Espa&ntilde;a, las provincias Balc&aacute;nicas y Sicilia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos monarcas y los l&iacute;deres cristianos emprendieron diversas campa&ntilde;as con el fin de liberar al Continente del creciente cerco musulm&aacute;n, y reabrir la ruta a Tierra Santa. En esa iniciativa no se debe desmerecer el elemento religioso, que logr&oacute; generar la unidad de los reinos cat&oacute;licos, aun&aacute;ndolos en un mismo esfuerzo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl derecho a la defensa era una potestad que pose&iacute;a un estado soberano para librar una contienda armada contra el otro, implicando el empleo de la fuerza f&iacute;sica para conservar sus inviolables derechos. Para entender esta realidad se hace necesario acudir a la perspectiva hist&oacute;rica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDesde fines del siglo VII, cuando los musulmanes se apoderaron de Jerusal&eacute;n, no hab&iacute;a ocurrido ninguna ruptura significativa en las comunicaciones entre Oriente y Occidente. Aunque las condiciones de los cristianos orientales en lugares como Siria y Palestina eran paup&eacute;rrimas, nunca se interrumpi&oacute; el acceso de los peregrinos a los Santos Lugares. Correspondi&oacute; a Carlomagno, monarca de Occidente, lograr un acuerdo con los embajadores de Haroun al-Raschid, Califa de Bagdad, para que se garantice la condici&oacute;n de vida de los cristianos en Oriente y el paso seguro de los peregrinos a Palestina.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el a&ntilde;o 800 Haroun al-Raschid reconoci&oacute; al Rey franco como &ldquo;Protector del Santo Sepulcro&rdquo;. Bajo aquel t&iacute;tulo, Carlomagno procedi&oacute; a edificar iglesias y monasterios. Asimismo se enviaban peri&oacute;dicamente limosnas de Occidente a Tierra Santa.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el siglo X, a pesar de las perturbaciones del orden pol&iacute;tico y social en Europa, caballeros, obispos, y abades, actuando por devoci&oacute;n y gusto por la aventura, acostumbraban visitar Jerusal&eacute;n y orar en el Santo Sepulcro sin ser importunados por los mahometanos. En el a&ntilde;o 1027, el protectorado fue asumido por los Bizantinos, a cuya diplomacia se debi&oacute; la edificaci&oacute;n de hospicios para peregrinos. En aquella &eacute;poca surge el Hospital de San Juan, cuna de la Orden de los Hospitalarios. Esta tregua suscit&oacute; un nuevo impulso para los peregrinajes, pero el&nbsp; ascenso de los turcos Sely&uacute;cidas, sin embargo, comprometi&oacute; la seguridad de los peregrinos, e incluso amenaz&oacute; la independencia del imperio Bizantino y de toda la Cristiandad.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el a&ntilde;o 1070 Jerusal&eacute;n pas&oacute; al dominio turco; en 1091, tras derrotar a los bizantinos y capturar al emperador Di&oacute;genes en la sangrienta batalla de Mantzikert, tanto Siria como casi la totalidad de Asia Menor cayeron bajo el poder turco, interrumpi&eacute;ndose la ruta de los peregrinos a Palestina. Incluso algunas avanzadillas mahometanas lograron cruzar el B&oacute;sforo, azolando los territorios europeos. Tras aquel desenlace los emperadores bizantinos solicitaron ayuda a los Papas. Primeramente Gregorio VII consider&oacute; una expedici&oacute;n militar, pero correspondi&oacute; a su sucesor, el Papa Urbano II, convocar a una &ldquo;cruzada&rdquo; a Oriente con el fin de resistir a los turcos y rescatar el Santo Sepulcro.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn el a&ntilde;o 1095 Urbano II convoc&oacute; a un concilio en Clermont-Ferrand, en el reino de Francia, donde proclam&oacute; la Cruzada. El Papa invoc&oacute; el derecho a la defensa propia, por el cual una naci&oacute;n injustamente atacada pod&iacute;a protegerse leg&iacute;timamente.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nDe acuerdo a la declaraci&oacute;n de Clermont-Ferrand, los turcos y los &aacute;rabes hab&iacute;an atacado y conquistado territorios cristianos, principalmente el antiguo imperio Bizantino en Asia Menor y los Balcanes europeos. &ldquo;Han matado y capturado a muchos cristianos y han destruido las iglesias. Si permitimos que siga as&iacute; esta injusticia, los fieles de Dios seguir&aacute;n siendo agredidos&rdquo;[10].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa invocaci&oacute;n de Urbano dej&oacute; en claro que se trataba de una guerra defensiva, una campa&ntilde;a religiosa y a la vez militar, encaminada a combatir contra aquellos que eran percibidos como enemigos de la Cristiandad. &ldquo;Los europeos escucharon la voz de Urbano II porque sus propias inclinaciones y tradiciones hist&oacute;ricas los impulsaban hacia el Santo Sepulcro&rdquo;, afirma Louis Brehier[11]. Las Cruzadas son, en este sentido, fruto de una mentalidad propia de la &eacute;poca, es decir, de una civilizaci&oacute;n que integraba profundamente los valores temporales y espirituales.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLas Cruzadas significaron un cambio fundamental para la civilizaci&oacute;n europea. Riley-Smith destaca el liderazgo de los Papas entre los europeos, un fen&oacute;meno que trascendi&oacute; los alcances pol&iacute;ticos: &ldquo;En su convocatoria en Clermont (1095) a los caballeros, Urbano II revivi&oacute; la alianza entre los Francos y la Santa Sede para la causa com&uacute;n de defender la Cristiandad&rdquo;[12].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl ideal que condujo a los europeos de todas las clases y nacionalidades a arriesgar sus vidas, realizando una penosa traves&iacute;a hacia el Oriente fue una motivaci&oacute;n que superaba el s&uacute;bito entusiasmo, la gloria, o la fortuna. La raz&oacute;n principal fue la creencia real en un Dios vivo, y el propio deseo de complacerle a trav&eacute;s de la recuperaci&oacute;n y la veneraci&oacute;n de los Santos Lugares. Ciertamente en una &ldquo;colectividad guerrera&rdquo; como los cruzados, sometidos a las condiciones m&aacute;s rudas de vida, y procedentes de todos los estamentos culturales y nacionales, se confundieron personas honorables, dispuestas a cumplir con su voto, as&iacute; como h&eacute;roes caballerescos, como tambi&eacute;n aventureros inmisericordes.&nbsp; Pero, en general aquello que rigi&oacute; la vida de los cruzados fueron las convicciones religiosas. La Cruzada tom&oacute; aut&eacute;ntico aliento cuando la Iglesia inflam&oacute; el esp&iacute;ritu religioso de miles de europeos. Nadie podr&aacute; dudar de las muchas injusticias y errores que se cometieron en nombre de Dios por personas que no representaron el aut&eacute;ntico ideal cruzado, pero tampoco debe ser ello ocasi&oacute;n para desmerecer o tergiversar esta &eacute;poca de la historia.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[1] Karen Armstrong, El Islam, Mondadori, Barcelona 2000, p. 152.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[2] Historia de las Cruzadas, Alianza Editorial, Madrid 1973; tres tomos.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[3] Karen Armstrong, Holy War: The Crusades and Their Impact on Today&#039;s World, Anchor Books, New York 2001.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[4] Rodney Stark, God&rsquo;s Battalions. The case for the Crusades, Harper One, New York 2009, p. 60.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[5] Steven Runciman, Byzantine Civilization, Barnes &amp; Noble, New York 1994, pp. 233-234.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[6] Albert Hourani, A history of the Arab peoples, The Belknap Press of Harvard University Press, Cambrige 1991, p. 172.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[7] A. N. Whitehead, Science and the Modern World, The Free Press, New York 1967, pp. 3-4.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[8] Jonathan Riley-Smith, The Crusades. A short history, Yale University Press, New Haven 1987, pp. 13-14.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[9] Thomas F. Madden, The Real History of the Crusades, en Crisis, N. 4, April, 2002.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[10] Pope Urban II, Speech at Council of Clermont 1095, According to Fulcher of Chartres.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[11] Louis Brehier, Crusades, en <a href=\"http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/04543c.htm\" rel=\"nofollow\">http:\/\/www.newadvent.org\/cathen\/04543c.htm<\/a><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[12] Jonathan Riley-Smith, The Crusades. A short history, Ob. Cit., p. 9.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Centro de Estudios Cat\u00f3licos Las Cruzadas despiertan profundas pasiones. Por lo general son incomprendidas porque se carece de la adecuada informaci&oacute;n hist&oacute;rica o, lo que es m&aacute;s grave, se las juzga a partir de prejuicios anti-cat&oacute;licos. 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