{"id":31388,"date":"2016-06-13T11:21:12","date_gmt":"2016-06-13T16:21:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-transformar-la-sociedad-2\/"},"modified":"2016-06-13T11:21:12","modified_gmt":"2016-06-13T16:21:12","slug":"como-transformar-la-sociedad-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/como-transformar-la-sociedad-2\/","title":{"rendered":"\u00bfC\u00f3mo transformar la&nbsp;sociedad?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Opus Dei<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Las luces y sombras de la &eacute;poca que vivimos est&aacute;n patentes a los ojos de todos. El desarrollo humano y las plagas que lo infectan; el progreso civil en muchos aspectos y la barbarie en otros&#8230;: son contrastes que tanto san Juan Pablo II como sus sucesores han se&ntilde;alado repetidas veces[1], animando a los cristianos iluminar la sociedad con la luz del Evangelio.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Sin embargo, <strong>aunque todos estamos llamados a transformar la sociedad seg&uacute;n el querer de Dios, muchos no saben c&oacute;mo hacerlo<\/strong>. Piensan que esa tarea depende casi exclusivamente de quienes gobiernan o tienen capacidad de influir por su posici&oacute;n social o econ&oacute;mica y que ellos s&oacute;lo pueden hacer de espectadores: aplaudir o silbar, pero sin entrar en el terreno de juego, sin intervenir en la partida.<br \/> &nbsp;<br \/> No ha de ser esa la actitud del cristiano, porque no responde a la realidad de la vocaci&oacute;n a la que est&aacute; llamado. Quiere el Se&ntilde;or que seamos nosotros, los cristianos \u2014porque tenemos la responsabilidad sobrenatural de cooperar con el poder de Dios, ya que El as&iacute; lo ha dispuesto en su misericordia infinita\u2014, quienes <strong>procuremos restablecer el orden quebrantado y devolver a las estructuras temporales, en todas las naciones, su funci&oacute;n natural de instrumento para el progreso de la humanidad, y su funci&oacute;n sobrenatural de medio para llegar a Dios<\/strong>, para la Redenci&oacute;n[2].<br \/> &nbsp;<br \/> No somos espectadores. Al contrario, <strong>es misi&oacute;n espec&iacute;fica de los laicos santificar el mundo &laquo;desde dentro&raquo;[3]: orientar con sentido cristiano las profesiones, las instituciones y las estructuras humanas<\/strong>[4].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Como ense&ntilde;a el Concilio Vaticano II, los laicos han de &laquo;iluminar y ordenar todos los asuntos temporales a los que est&aacute;n estrechamente vinculados, de tal manera que se realicen constantemente seg&uacute;n Cristo y se desarrollen y sean para la gloria del Creador y del Redentor&raquo;[5]. En una palabra: <strong>cristianizar desde dentro el mundo entero, mostrando que Jesucristo ha redimido a toda la humanidad: &eacute;sa es la misi&oacute;n del cristiano<\/strong>[6].<br \/> &nbsp;<br \/> Y para esto los cristianos tenemos el poder necesario, aunque no tengamos poder humano. <strong>Nuestra fuerza es la oraci&oacute;n y las obras convertidas en oraci&oacute;n. <\/strong>La oraci&oacute;n es el arma m&aacute;s poderosa del cristiano. La oraci&oacute;n nos hace eficaces. La oraci&oacute;n nos hace felices. La oraci&oacute;n nos da toda la fuerza necesaria, para cumplir los mandatos de Dios[7].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Concretamente, <strong>el arma espec&iacute;fica que poseen la mayor&iacute;a de cristianos para transformar la sociedad es el trabajo convertido en oraci&oacute;n<\/strong>. No simplemente el trabajo, sino el trabajo santificado.<br \/> &nbsp;<br \/> Dios se lo hizo comprender a san Josemar&iacute;a en un momento preciso, el 7 de agosto de 1931, durante la san misa. Al llegar la elevaci&oacute;n, trajo a su alma con fuerza extraordinarias las palabras de Jes&uacute;s: cuando ser&eacute; levantado en alto sobre la tierra, todo lo atraer&eacute; hacia m&iacute;[8]. Lo entend&iacute; perfectamente. El Se&ntilde;or nos dec&iacute;a: <strong>&iexcl;si vosotros me pon&eacute;is en la entra&ntilde;a de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece peque&ntilde;o&#8230;, entonces <em>omnia traham ad meipsum<\/em>! &iexcl;Mi reino entre vosotros ser&aacute; una realidad!<\/strong>[9]<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Cristianizar la sociedad<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Dios ha confiado al hombre la tarea de edificar la sociedad al servicio de su bien temporal y eterno, de modo acorde con su dignidad[10]: <strong>una sociedad en la que las leyes, las costumbres y las instituciones que la conforman y estructuran, favorezcan el bien integral de las personas con todas sus exigencias; una sociedad en la que cada uno se perfeccione buscando el bien de los dem&aacute;s<\/strong>, ya que el hombre &laquo;no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de s&iacute; mismo a os dem&aacute;s&raquo;[11].<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> Sin embargo,<strong> todo se ha trastocado a causa del pecado <\/strong>del primer hombre y de la sucesiva proliferaci&oacute;n de los pecados que \u2014como ense&ntilde;a el Catecismo de la Iglesia\u2014 hacen &laquo;reinar entre los hombres la concupiscencia, la violencia y la injusticia. Los pecados provocan situaciones sociales e instituciones contrarias a la bondad divina. Las &quot;estructuras de pecado&quot; son expresi&oacute;n y efecto de los pecados personales&raquo;[12].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>El Hijo de Dios hecho hombre, Jesucristo nuestro Se&ntilde;or, ha venido al mundo para redimirnos del pecado y de sus consecuencias. Cristianizar la sociedad no es otra cosa que liberarla <\/strong>de esas consecuencias que el Catecismo resume con las palabras que acabamos de leer.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es, por una parte, liberarla <strong>de las estructuras de pecado \u2014por ejemplo, de las leyes civiles y de las costumbres contrarias a la ley moral<\/strong>\u2014, y por otra, m&aacute;s a fondo, <strong>procurar que las relaciones humanas est&eacute;n presididas por el amor de Cristo, y no viciadas por el ego&iacute;smo de la concupiscencia, la violencia y la injusticia.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Esta es tu tarea de ciudadano cristiano: contribuir a que el amor y la libertad de Cristo presidan todas las manifestaciones de la vida moderna: la cultura y la econom&iacute;a, el trabajo y el descanso, la vida de familia y la convivencia social[13].<br \/> &nbsp;<br \/> Cristianizar la sociedad <strong>no es imponer<\/strong> a nadie la fe verdadera. Precisamente el esp&iacute;ritu cristiano reclama el respeto del derecho a la libertad social y civil en materia religiosa, de modo que no se debe impedir a nadie que practique su religi&oacute;n, seg&uacute;n su conciencia, aun cuando estuviera en el error, siempre que respete las exigencias del orden p&uacute;blico, de la paz y la moralidad p&uacute;blica, que el Estado tiene obligaci&oacute;n de tutelar[14].<\/p>\n<p align=\"justify\"> A quienes est&aacute;n en el error hay que procurar que conozcan la verdad, que s&oacute;lo se encuentra plenamente en la fe cat&oacute;lica, ense&ntilde;&aacute;ndoles y convenci&eacute;ndoles con el ejemplo y con la palabra, pero nunca con la coacci&oacute;n. El acto de fe s&oacute;lo puede ser aut&eacute;ntico si es libre.<br \/> &nbsp;<br \/> Pero cuando <strong>un cristiano intenta que la ley civil promueva el respeto de la vida humana desde el momento de la concepci&oacute;n, la estabilidad de la familia a trav&eacute;s del reconocimiento de la indisolubilidad del matrimonio, los derechos de los padres en la educaci&oacute;n de los hijos tanto en escuelas p&uacute;blicas como en privadas, la verdad en la informaci&oacute;n, la moralidad p&uacute;blica, la justicia en las relaciones laborales, <\/strong>etc., no est&aacute; pretendiendo con imponer su fe a los dem&aacute;s, sino cumpliendo con su deber de ciudadano y contribuyendo a edificar, en lo que est&aacute; de su parte, una sociedad mejor, conforme a la dignidad de la persona humana.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Ciertamente, el cristiano,gracias a la Revelaci&oacute;n divina, posee una especial certeza sobre la importancia que esos principios y verdades poseen para edificar una sociedad m&aacute;s justa; pero estos est&aacute;n al alcance de la raz&oacute;n humana, y por eso cualquier persona, independientemente de su fe, puede apreciar el valor e importancia que esos principios tienen para la vida social.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Esfu&eacute;rzate para que las instituciones y las estructuras humanas, en las que trabajas y te mueves con pleno derecho de ciudadano, se conformen con los principios que rigen una concepci&oacute;n cristiana de la vida.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> As&iacute;, no lo dudes, aseguras a los hombres los medios para vivir de acuerdo con su dignidad, y facilitar&aacute;s a muchas almas que, con la gracia de Dios, puedan responder personalmente a la vocaci&oacute;n cristiana[15]. <strong>Se trata de &laquo;sanear las estructuras y los ambientes del mundo (&#8230;) de modo que favorezcan la pr&aacute;ctica de las virtudes<\/strong> en vez de impedirla&raquo;[16].<\/p>\n<p align=\"justify\"> La fe cristiana hace sentir hondamente la aspiraci&oacute;n, propia de todo ciudadano, de buscar el bien com&uacute;n de la sociedad. Un bien com&uacute;n que<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"><strong>no se reduce al desarrollo econ&oacute;mico, aunque ciertamente lo incluye<\/strong>. Son tambi&eacute;n, y antes \u2014en sentido cualitativo, no siempre en el de urgencia temporal\u2014, las mejores condiciones posibles de libertad, de justicia y de vida moral en todos sus aspectos, y de paz, que corresponden a la dignidad de la persona humana.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando un cristiano hace lo posible para configurar de este modo la sociedad lo hace en virtud de su fe, no en nombre de una ideolog&iacute;a opinable de partido pol&iacute;tico. Act&uacute;a como actuaron los primeros cristianos. No ten&iacute;an, por raz&oacute;n de su vocaci&oacute;n sobrenatural, programas sociales ni humanos que cumplir; pero estaban penetrados de un esp&iacute;ritu, de una concepci&oacute;n de la vida y del mundo, que no pod&iacute;a dejar de tener consecuencias en la sociedad en la que se mov&iacute;an[17].<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>La tarea apost&oacute;lica que Cristo ha encomendado a todos sus disc&iacute;pulos produce, por tanto, resultados concretos en el &aacute;mbito social. <\/strong>No es admisible pensar que, para ser cristiano, haya que dar la espalda al mundo, ser un derrotista de la naturaleza humana[18].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Es necesario procurar sanear las estructuras de la sociedad para empaparla de esp&iacute;ritu cristiano<\/strong>, pero no es suficiente. Aunque parezca una meta muy alta, no pasa de ser una exigencia b&aacute;sica. Hace falta mucho mas: procurar sobre todo que las personas sean cristianas, que cada uno irradie a su alrededor, en su conducta diaria, la luz y el amor de Cristo, el buen olor de Jesucristo[19].<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>El fin no es que las estructuras sean sanas, sino que las personas sean santas. <\/strong>Tan equivocado ser&iacute;a despreocuparse de que las leyes y las costumbres de la sociedad fueran conformes al esp&iacute;ritu cristiano, como conformarse s&oacute;lo con esto. Porque adem&aacute;s, en ese mismo momento peligrar&iacute;an de nuevo las mismas estructuras sanas.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Siempre hay que estar recomenzando<\/strong>. &laquo;No hay humanidad nueva, si antes no hay hombres nuevos, con la novedad del bautismo y de la vida seg&uacute;n el Evangelio&raquo;[20].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Por medio del trabajo<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> De que t&uacute; y yo nos portemos como Dios quiere \u2013no lo olvides\u2013 dependen muchas cosas grandes[21] <strong>Si queremos cristianizar la sociedad, lo primero es la santidad personal, nuestra uni&oacute;n con Dios. <\/strong>Hemos de ser, cada uno de nosotros, <em>alter Christus, ipse Christus<\/em>, otro Cristo, el mismo Cristo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> S&oacute;lo as&iacute; podremos emprender esa empresa grande, inmensa, interminable: santificar desde dentro todas las estructuras temporales, llevando all&iacute; el fermento de la Redenci&oacute;n[22].<\/p>\n<p align=\"justify\"> Es necesario que no perdamos la sal, la luz y el fuego que Dios ha puesto dentro de nosotros para transformar el ambiente que nos rodea.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El Papa san Juan Pablo II ha se&ntilde;alado que &laquo;es un cometido que <strong>exige valent&iacute;a y paciencia<\/strong>&raquo;[23]: valent&iacute;a porque no hay que tener miedo a chocar con el ambiente cuando es necesario; y paciencia, porque cambiar la sociedad desde dentro requiere tiempo, y mientras tanto no hay que acostumbrarse a la presencia del mal cristalizado en la sociedad, porque acostumbrarse a una enfermedad mortal es tanto como sucumbir a ella.<\/p>\n<p align=\"justify\"> El cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad &quot;desde dentro&quot;, estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que tiene \u2014no por caracter&iacute;stica real, sino por defecto voluntario, por el pecado\u2014 de negaci&oacute;n de Dios, de oposici&oacute;n a su amable voluntad salv&iacute;fica[24].<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Dios quiere que infundamos esp&iacute;ritu cristiano a la sociedad a trav&eacute;s de la santificaci&oacute;n del trabajo profesional, ya que por el trabajo, somete el cristiano la creaci&oacute;n (cfr. Gn 1,28) y la ordena a Cristo<\/strong> Jes&uacute;s, centro en el que est&aacute;n destinadas a recapitularse todas las cosas[25]. El trabajo profesional es, concretamente, medio imprescindible para el progreso de la sociedad y el ordenamiento cada vez m&aacute;s justo de las relaciones entre los hombres[26].<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/><strong>Cada uno se ha de proponer la tarea de cristianizar la sociedad a trav&eacute;s de su trabajo: primero mediante en el af&aacute;n de acercar a Dios a sus colegas <\/strong>y a las personas con las que entra en contacto profesional, para que tambi&eacute;n ellos lleguen a santificar su trabajo y a dar el tono cristiano a la sociedad; <strong>y despu&eacute;s, e inseparablemente, mediante el empe&ntilde;o por cristianizar las estructuras del propio ambiente profesional, procurando que sean conformes a la ley moral.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Quien se dedica a la empresa, a la profesi&oacute;n farmac&eacute;utica, a la abogac&iacute;a, a la informaci&oacute;n o a la publicidad&#8230;, debe tratar de influir cristianamente en su ambiente: en las relaciones y en las instituciones profesionales y laborales. <strong>No es suficiente no mancharse con pr&aacute;cticas inmorales; hay que proponerse limpiar el propio &aacute;mbito profesional, hacerlo conforme a la dignidad humana y cristiana.<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Para todo esto debemos recibir una formaci&oacute;n tal que suscite en nuestras almas, a la hora de acometer el trabajo profesional de cada uno, el instinto y la sana inquietud de conformar esa tarea a las exigencias de la conciencia cristiana, a los imperativos divinos que deben regir en la sociedad y en las actividades de los hombres[27].<br \/> &nbsp;<br \/> Las posibilidades de contribuir a la cristianizaci&oacute;n de la sociedad en virtud del trabajo profesional van m&aacute;s all&aacute; de lo que puede realizarse en el estricto ambiente de trabajo. <strong>La condici&oacute;n de ciudadano que ejerce una profesi&oacute;n en la sociedad es un t&iacute;tulo para emprender o colaborar en iniciativas de diverso g&eacute;nero<\/strong>, junto con otros ciudadanos que comparten los mismos ideales: iniciativas educativas de la juventud \u2014escuelas donde se imparta una formaci&oacute;n humana y cristiana, tan necesarias y urgentes en nuestro tiempo\u2014, iniciativas asistenciales, asociaciones para promover el respeto a la vida, o la verdad en la informaci&oacute;n, o el derecho a un ambiente moral sano&#8230; Todo realizado con la mentalidad profesional de los hijos de Dios llamados a santificarse en medio del mundo.<br \/> &nbsp;<br \/> Que entreguemos plenamente nuestras vidas al Se&ntilde;or Dios Nuestro, trabajando con perfecci&oacute;n, cada uno en su tarea profesional y en su estado, sin olvidar que debemos tener una sola aspiraci&oacute;n, en todas nuestras obras: poner a Cristo en la cumbre de todas las actividades de los hombres[28] .<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/> [1] Cfr. Juan Pablo II, Exhort. apost. Ecclesia in Europa, 28-VI-2003, c. I.<br \/> &nbsp;<br \/> [2] San Josemar&iacute;a, Carta 30-IV-1946, n. 19, en E. Burkhart, J. L&oacute;pez, Vida cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de San Josemar&iacute;a, I, Rialp, Madrid 2010, p. 420.<br \/> &nbsp;<br \/> [3] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.<br \/> &nbsp;<br \/> [4] San Josemar&iacute;a, Carta 9-I-1959, n. 17, en E. Burkhart, J. L&oacute;pez, Vida cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de San Josemar&iacute;a, I, Rialp, Madrid 2010.<br \/> &nbsp;<br \/> [5] Concilio Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 31.<br \/> &nbsp;<br \/> [6] San Josemar&iacute;a, Conversaciones, n. 112.<br \/> &nbsp;<br \/> [7] San Josemar&iacute;a, Forja, n. 439.<br \/> &nbsp;<br \/> [8] Jn 12, 32.<br \/> &nbsp;<br \/> [9] San Josemar&iacute;a, Apuntes de una meditaci&oacute;n, 27-X-1963, en E. Burkhart, J. L&oacute;pez, Vida cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de San Josemar&iacute;a, I, Rialp, Madrid 2010, pp. 426-427:<br \/> &nbsp;<br \/> [10] Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, nn. 353, 1929, 1930.<br \/> &nbsp;<br \/> [11] Conc. Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, n. 24.<br \/> &nbsp;<br \/> [12] Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, n. 1869..<br \/> &nbsp;<br \/> [13] San Josemar&iacute;a, Surco, n. 302.<br \/> &nbsp;<br \/> [14] Cfr. Conc. vaticano II, Decr. Dignitatis humanae, nn. 1, 2 y 7.<br \/> &nbsp;<br \/> [15] San Josemar&iacute;a, Forja, n. 718.<br \/> &nbsp;<br \/> [16] Conc. Vaticano II, Const. dogm. Lumen gentium, n. 36.<br \/> &nbsp;<br \/> [17] San Josemar&iacute;a, Carta 9-I-1959, n. 22, en E. Burkhart, J. L&oacute;pez, Vida cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de San Josemar&iacute;a, I, Rialp, Madrid 2010, p. 418.<\/p>\n<div class=\"multipage_separator\"><\/div>\n<p align=\"justify\"> &nbsp;<br \/> [18] San Josemar&iacute;a, Es Cristo que pasa, n. 125.<br \/> &nbsp;<br \/> [19] Cfr. 2 Cor 2, 15.<br \/> &nbsp;<br \/> [20] Pablo VI, Exhort. apost. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, n. 18.<br \/> &nbsp;<br \/> [21] San Josemar&iacute;a, Camino, n. 755.<br \/> &nbsp;<br \/> [22] San Josemar&iacute;a, Es Cristo que pasa, n. 183.<br \/> &nbsp;<br \/> [23] Juan Pablo II, Carta enc. Centesimus annus, 1-V-1991, n. 38.<br \/> &nbsp;<br \/> [24] San Josemar&iacute;a, Es Cristo que pasa, n. 125.<br \/> &nbsp;<br \/> [25] San Josemar&iacute;a, Carta 6-V-1945, n. 14, en E. Burkhart, J. L&oacute;pez, Vida cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de San Josemar&iacute;a, I, Rialp, Madrid 2010, p. 425.<br \/> &nbsp;<br \/> [26] Conversaciones, n. 10.<br \/> &nbsp;<br \/> [27] San Josemar&iacute;a, Carta 6-V-1945, n. 15, en E. Burkhart, J. L&oacute;pez, Vida cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de San Josemar&iacute;a, III, Rialp, Madrid 2013, p. 574.<br \/> &nbsp;<br \/> [28] San Josemar&iacute;a, Carta 15-X-1948, n. 41 en E. Burkhart, J. L&oacute;pez, Vida cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de San Josemar&iacute;a, I, Rialp, Madrid 2010, p. 428. Cfr Forja, n. 678.<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;<br \/><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/opusdei.es\/es-es\/article\/santificacion-del-trabajo-y-cristianizacion-de-la-sociedad\/\"><strong>Art&iacute;culo<\/strong><\/a> originalmente publicado por Opus Dei<\/em><br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Opus Dei Las luces y sombras de la &eacute;poca que vivimos est&aacute;n patentes a los ojos de todos. 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