{"id":31433,"date":"2016-06-13T11:22:57","date_gmt":"2016-06-13T16:22:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-trabajo-por-dinero-por-prestigio-por-rutina-por-amor\/"},"modified":"2016-06-13T11:22:57","modified_gmt":"2016-06-13T16:22:57","slug":"por-que-trabajo-por-dinero-por-prestigio-por-rutina-por-amor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/por-que-trabajo-por-dinero-por-prestigio-por-rutina-por-amor\/","title":{"rendered":"\u00bfPor qu\u00e9 trabajo? \u00bfPor dinero, por prestigio, por rutina\u2026 por&nbsp;amor?"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: www.opusdei.es<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">El hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor[1]. Al leer estas palabras de san Josemar&iacute;a, es posible que dentro de nuestras almas surjan algunas preguntas que den paso a un di&aacute;logo sincero con Dios: &iquest;para qu&eacute; trabajo?, &iquest;c&oacute;mo es mi trabajo?, &iquest;qu&eacute; pretendo o qu&eacute; busco con mi labor profesional? Es la hora de recordar que el fin de nuestra vida no es hacer cosas sino amar a Dios. La santidad no consiste en hacer cosas cada d&iacute;a m&aacute;s dif&iacute;ciles, sino en hacerlas cada d&iacute;a con m&aacute;s amor[2].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nMucha gente trabaja &mdash;y trabaja mucho&mdash;, pero no santifica su trabajo. Hacen cosas, construyen objetos, buscan resultados, por sentido del deber, por ganar dinero, o por ambici&oacute;n; unas veces triunfan y otras fracasan; se alegran o se entristecen; sienten inter&eacute;s y pasi&oacute;n por su tarea, o bien, decepci&oacute;n y hast&iacute;o; tienen satisfacciones junto con inquietudes, temores y preocupaciones; unos se dejan llevar por la inclinaci&oacute;n a la actividad, otros por la pereza; unos se cansan, otros procuran evitar a toda costa el cansancio&#8230;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTodo esto tiene un punto en com&uacute;n: pertenece a un mismo plano, el plano de la naturaleza humana herida por las consecuencias del pecado, con sus conflictos y contrastes, como un laberinto en el que el hombre que vive seg&uacute;n la carne, en palabras de san Pablo &mdash;el <em>animalis homo<\/em>&mdash;, deambula, atrapado en un ir de aqu&iacute; para all&aacute;, sin encontrar el camino de la libertad y su sentido.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEse camino y ese sentido s&oacute;lo se descubren cuando se levanta la mirada y se contempla la vida y el trabajo en esta tierra con la luz de Dios que ve desde de lo alto. La gente &mdash;escribe san Josemar&iacute;a en Camino&mdash; tiene una visi&oacute;n plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. &mdash;Cuando vivas vida sobrenatural obtendr&aacute;s de Dios la tercera dimensi&oacute;n: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen[3].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El trabajo nace del amor<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&iquest;Qu&eacute; significa entonces, para un cristiano, que el trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor?[4]. Primero conviene considerar a qu&eacute; amor se refiere san Josemar&iacute;a. Hay un amor llamado de concupiscencia, cuando se ama algo para satisfacer el propio gusto sensible o el deseo de placer (<em>concupiscentia<\/em>). No es &eacute;ste el amor del que nace, en &uacute;ltimo t&eacute;rmino, el trabajo de un hijo de Dios, aunque muchas veces trabaje con gusto y le apasione su tarea profesional.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUn cristiano no ha de trabajar solo o principalmente cuando tenga ganas, o le vayan las cosas bien. El trabajo de un cristiano nace de otro amor m&aacute;s alto: el amor de benevolencia, cuando directamente se quiere el bien de otra persona (<em>benevolentia<\/em>), no ya el propio inter&eacute;s. Si el amor de benevolencia es mutuo se llama amor de amistad[5], mayor cuanto se est&aacute; dispuesto no s&oacute;lo a dar algo por el bien de un amigo, sino a entregarse uno mismo: Nadie tiene amor m&aacute;s grande que el de dar uno la vida por sus amigos[6].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLos cristianos podemos amar a Dios con amor de amistad sobrenatural, porque &Eacute;l nos ha hecho hijos suyos y quiere que le tratemos con confianza filial, y veamos en los dem&aacute;s hijos suyos a hermanos nuestros. A este amor se refiere el Fundador del Opus Dei cuando escribe que el trabajo nace del amor: es el amor de los hijos de Dios, el amor sobrenatural a Dios y a los dem&aacute;s por Dios: la caridad que ha sido derramada en nuestros corazones por el Esp&iacute;ritu Santo que nos ha sido dado[7].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQuerer el bien de una persona no lleva a complacer siempre su voluntad. Puede ocurrir que lo que quiere no sea un bien, como sucede muy a menudo a las madres, que no dan a sus hijos todo lo que piden, si les puede hacer da&ntilde;o. En cambio, amar a Dios es siempre querer su Voluntad, porque la Voluntad de Dios es el bien.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPor eso, para un cristiano, el trabajo nace del amor a Dios, ya que el amor filial nos lleva a querer cumplir su Voluntad, y la Voluntad divina es que trabajemos[8]. Dec&iacute;a san Josemar&iacute;a que por amor a Dios quer&iacute;a trabajar como un borrico de noria[9]. Y Dios ha bendecido su generosidad derramando copiosamente su gracia que ha dado innumerables frutos de santidad en todo el mundo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nVale la pena, por tanto, que nos preguntemos con frecuencia por qu&eacute; trabajamos. <strong>&iquest;Por amor a Dios o por amor propio?<\/strong> Puede parecer que existen otras posibilidades, por ejemplo, que se puede trabajar por necesidad. Esto indica no ir al fondo en el examen, porque la necesidad no es la respuesta &uacute;ltima.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nTambi&eacute;n hay que alimentarse por necesidad, para vivir, pero &iquest;para qu&eacute; queremos vivir, para la gloria de Dios, como exhorta san Pablo[10], o para la propia gloria? Pues para eso mismo nos alimentamos y trabajamos. Es la pregunta radical, la que llega al fundamento. No hay m&aacute;s alternativas. Quien se examina sinceramente, pidiendo luces a Dios, descubre con claridad d&oacute;nde tiene puesto en &uacute;ltimo t&eacute;rmino su coraz&oacute;n al realizar las tareas profesionales. Y el Se&ntilde;or le conceder&aacute; tambi&eacute;n su gracia para decidirse a purificarlo y dar todo el fruto de amor que &Eacute;l espera de los talentos que le ha confiado.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El trabajo manifiesta el amor<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEl trabajo de un cristiano manifiesta el amor, no s&oacute;lo porque el amor a Dios lleva a trabajar, como hemos considerado, sino porque lleva a trabajar bien, pues as&iacute; lo quiere Dios. El trabajo humano es, en efecto, participaci&oacute;n de su obra creadora[11], y &Eacute;l &mdash;que ha creado todo por Amor&mdash; ha querido que sus obras fueran perfectas: Dei perfecta sunt opera[12], y que nosotros imitemos su modo de obrar.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nModelo perfecto del trabajo humano es el trabajo de Cristo, de quien dice el Evangelio que todo lo hizo bien[13]. Estas palabras de alabanza, que brotaban espont&aacute;neas al contemplar sus milagros, obrados en virtud de su divinidad, pueden aplicarse tambi&eacute;n &mdash;as&iacute; lo hace san Josemar&iacute;a&mdash; al trabajo en el taller de Nazaret, realizado en virtud de su humanidad. Era un trabajo cumplido por Amor al Padre y a nosotros. Un trabajo que manifestaba ese Amor por la perfecci&oacute;n con que estaba hecho. No s&oacute;lo perfecci&oacute;n t&eacute;cnica sino fundamentalmente perfecci&oacute;n humana: perfecci&oacute;n de todas las virtudes que el amor logra poner en ejercicio d&aacute;ndoles un tono inconfundible: el tono de la felicidad de un coraz&oacute;n lleno de Amor que arde con el deseo de entregar la vida.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa tarea profesional de un cristiano manifiesta el amor a Dios cuando est&aacute; bien hecha. No significa que el resultado salga bien, sino que se ha intentado hacer del mejor modo posible, poniendo los medios disponibles en las circunstancias concretas.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEntre el trabajo de una persona que obra por amor propio, y el de esa misma persona, si comienza a trabajar por amor a Dios y a los dem&aacute;s por Dios, hay tanta diferencia como entre el sacrificio de Ca&iacute;n y el de Abel. &Eacute;ste &uacute;ltimo trabaj&oacute; para ofrecer lo mejor a Dios, y su ofrenda fue agradable al Cielo. De nosotros espera otro tanto el Se&ntilde;or.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nPara un cat&oacute;lico, trabajar no es cumplir, &iexcl;es amar!: excederse gustosamente, y siempre, en el deber y en el sacrificio[14]. Realizad pues vuestro trabajo sabiendo que Dios lo contempla: <em>laborem manuum mearum respexit Deus<\/em> (Gn 31, 42). Ha de ser la nuestra, por tanto, tarea santa y digna de &Eacute;l: no s&oacute;lo acabada hasta el detalle, sino llevada a cabo con rectitud moral, con hombr&iacute;a de bien, con nobleza, con lealtad, con justicia[15]. Entonces, el trabajo profesional no solo es recto y santo sino que se convierte en oraci&oacute;n[16].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAl trabajar por amor a Dios, la actividad profesional manifiesta de un modo u otro ese amor. Es muy probable que una simple mirada a varias personas que est&eacute;n realizando la misma actividad, no sea suficiente para captar el motivo por el que la realizan. Pero si se pudiera observar con m&aacute;s detalle y atenci&oacute;n el conjunto de la conducta en el trabajo &mdash;no s&oacute;lo los aspectos t&eacute;cnicos, sino tambi&eacute;n las relaciones humanas con los dem&aacute;s colegas, el esp&iacute;ritu de servicio, el modo de vivir la lealtad, la alegr&iacute;a y las dem&aacute;s virtudes&mdash;, ser&iacute;a dif&iacute;cil que pasara inadvertido, si efectivamente existe en alguno de ellos, el <em>bonus odor Christi<\/em>[17], el aroma del amor de Cristo que informa su trabajo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nAl final de los tiempos &mdash;ense&ntilde;a Jes&uacute;s&mdash; dos estar&aacute;n en el campo: uno ser&aacute; tomado y el otro dejado. Dos mujeres estar&aacute;n moliendo en el molino: una ser&aacute; tomada y la otra dejada[18]. Realizaban el mismo trabajo, pero no del mismo modo: uno era agradable a Dios y el otro no.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;Sin embargo, muchas veces el entorno materialista nos puede hacer olvidar que estamos llamados a la vida eterna y pensamos &uacute;nicamente en los bienes inmediatos. Por este motivo afirma san Josemar&iacute;a: trabajad cara a Dios, sin ambicionar gloria humana. Algunos ven en el trabajo un medio para conquistar honores, o para adquirir poder o riqueza que satisfaga su ambici&oacute;n personal, o para sentir el orgullo de la propia capacidad de obrar[19].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEn un clima as&iacute;, &iquest;c&oacute;mo no se va a notar que se trabaja por amor a Dios? &iquest;C&oacute;mo va a pasar inadvertida la justicia informada por la caridad, y no simplemente la justicia dura y seca; o la honradez ante Dios, no ya la honradez interesada, ante los hombres; o la ayuda, el favor, el servicio a los dem&aacute;s, por amor a Dios, no por c&aacute;lculo&#8230;?<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi el trabajo no manifiesta el amor a Dios, quiz&aacute; es que se est&aacute; apagando el fuego del amor. Si no se nota el calor, si despu&eacute;s de un cierto tiempo de trato diario con los colegas de profesi&oacute;n, no saben si tienen a su lado un cristiano cabal o solo un hombre decente y cumplidor, entonces quiz&aacute; es que la sal se ha vuelto ins&iacute;pida[20]. El amor a Dios no necesita etiquetas para darse a conocer. Es contagioso, es difusivo de por s&iacute; como el mayor de los bienes. &iquest;Manifiesta mi trabajo el amor a Dios? &iexcl;Cu&aacute;nta oraci&oacute;n puede manar de esta pregunta!<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong>El trabajo se ordena al amor<\/strong><br \/>\n&nbsp;<br \/>\nUn trabajo realizado por amor y con amor, es un trabajo que se ordena al amor: al crecimiento del amor en quien lo realiza, al crecimiento de la caridad, esencia de la santidad, esencia de la perfecci&oacute;n humana y sobrenatural de un hijo de Dios. Un trabajo, por tanto, que nos santifica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSantificarse en el trabajo no es otra cosa que dejarse santificar por el Esp&iacute;ritu Santo, Amor subsistente intratrinitario que habita en nuestra alma en gracia, y nos infunde la caridad. Es cooperar con &Eacute;l poniendo en pr&aacute;ctica el amor que derrama en nuestros corazones al ejercer la tarea profesional. Porque si somos d&oacute;ciles a su acci&oacute;n, si obramos por amor en el trabajo, el Par&aacute;clito nos santifica: acrecienta la caridad, la capacidad de amar y de tener una vida contemplativa cada vez m&aacute;s honda y continua.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nQue el trabajo se ordena al amor, y por tanto a nuestra santificaci&oacute;n, significa igualmente que nos perfecciona: que se ordena a nuestra identificaci&oacute;n con Cristo, <em>perfectus Deus, perfectus homo<\/em>[21],perfecto Dios y perfecto hombre. Trabajar por amor a Dios y a los dem&aacute;s por Dios reclama poner en ejercicio las virtudes cristianas. Ante todo la fe y la esperanza, a las que la caridad presupone y vivifica. Y despu&eacute;s las virtudes humanas, a trav&eacute;s de las cuales obra y se despliega la caridad. La tarea profesional ha de ser una palestra donde se ejercitan las m&aacute;s variadas virtudes humanas y sobrenaturales: la laboriosidad, el orden, el aprovechamiento del tiempo, la fortaleza para rematar la faena, el cuidado de las cosas peque&ntilde;as&#8230;; y tantos detalles de atenci&oacute;n a los dem&aacute;s, que son manifestaciones de una caridad sincera y delicada[22]. La pr&aacute;ctica de las virtudes humanas es imprescindible para ser contemplativos en medio del mundo, y concretamente para transformar el trabajo profesional en oraci&oacute;n y ofrenda agradable a Dios, medio y ocasi&oacute;n de vida contemplativa.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nContemplo porque trabajo; y trabajo porque contemplo[23], comentaba san Josemar&iacute;a en una ocasi&oacute;n. El amor y el conocimiento de Dios &mdash;la contemplaci&oacute;n&mdash; le llevaban a trabajar, y por eso afirma: trabajo porque contemplo. Y ese trabajo se convert&iacute;a en medio de santificaci&oacute;n y de contemplaci&oacute;n: contemplo porque trabajo.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nEs como un movimiento circular &mdash;de la contemplaci&oacute;n al trabajo, y del trabajo a la contemplaci&oacute;n&mdash; que se va estrechando cada vez m&aacute;s en torno a su centro, Cristo, que nos atrae hacia s&iacute; atrayendo con nosotros todas las cosas, para que por &Eacute;l, con &Eacute;l y en &Eacute;l sea dado todo honor y toda gloria a Dios Padre en la unidad del Esp&iacute;ritu Santo[24].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa realidad de que el trabajo de un hijo de Dios se ordena al amor y por eso le santifica, es el motivo profundo de que no se pueda hablar, bajo la perspectiva de la santidad &mdash;que en definitiva es la que cuenta&mdash;, de profesiones de mayor o de menor categor&iacute;a.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nLa dignidad del trabajo est&aacute; fundada en el Amor[25]. Todos los trabajos pueden tener la misma calidad sobrenatural: no hay tareas grandes o peque&ntilde;as; todas son grandes, si se hacen por amor. Las que se tienen como tareas grandes se empeque&ntilde;ecen, cuando se pierde el sentido cristiano de la vida[26].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\nSi falta la caridad, el trabajo pierde su valor ante Dios, por brillante que resulte ante los hombres. Aunque conociera todos los misterios y toda la ciencia,&#8230; si no tengo caridad, nada soy[27], escribe san Pablo. Lo que importa es el empe&ntilde;o para hacer a lo divino las cosas humanas, grandes o peque&ntilde;as, porque por el Amor todas adquieren una nueva dimensi&oacute;n[28].<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<em>Por J. L&oacute;pez<\/em><br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[1] San Josemar&iacute;a, Es Cristo que pasa, n. 48.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[2] San Josemar&iacute;a, Apuntes de la predicaci&oacute;n (AGP, P10, n. 25), cit. por Ernst Burkhart y Javier L&oacute;pez, Vida Cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de san Josemar&iacute;a, Rialp, Madrid 2013, vol. II, p. 295.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[3] San Josemar&iacute;a, Camino, n. 279.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[4] San Josemar&iacute;a, Es Cristo que pasa, n. 48.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[5] Cfr. Santo Tom&aacute;s, S.Th. II-II, q. 23, a. 1, c.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[6] Jn 15, 13.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[7] Rm 5, 5.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[8] Cfr. Gn 2, 15; 3, 23; Mc 6, 3; 2 Ts 3, 6-12.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[9] Cfr. San Josemar&iacute;a, Camino, n. 998.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[10] Cfr. 1 Cor 10, 31.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[11] Juan Pablo II, Litt. Enc. Laborem exercens, 14-IX-1981, n. 25; Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, n. 2460.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[12] Dt 32, 4 (Vg). Cfr. Gn 1, 10, 12, 18, 21, 25, 31. Cfr. Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica, n. 302.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[13] Mc 7, 37.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[14] San Josemar&iacute;a, Surco, n. 527.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[15] San Josemar&iacute;a, Carta 15-X-1948, n. 26, cit. por Ernst Burkhart y Javier L&oacute;pez, Vida Cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de san Josemar&iacute;a, Rialp, Madrid 2013, vol. III, p. 183.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[16] Cfr. San Josemar&iacute;a, Amigos de Dios, n. 65.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[17] 2 Cor 2, 15.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[18] Mt 24, 40-41.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[19] San Josemar&iacute;a, Carta 15-X-1948, n. 18, cit. por Ernst Burkhart y Javier L&oacute;pez, Vida Cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de san Josemar&iacute;a, Rialp, Madrid 2013, vol. III, pp. 193-194.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[20] Cfr. Mt 5, 13.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[21] S&iacute;mbolo atanasiano.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[22] Mons. Javier Echevarr&iacute;a, Carta pastoral, 4-VII-2002, n. 13.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[23] San Josemar&iacute;a, Apuntes de la predicaci&oacute;n, 2-XI-1964 (AGP, P01 IX-1967, p. 11), cit. por Ernst Burkhart y Javier L&oacute;pez, Vida Cotidiana y santidad en la ense&ntilde;anza de san Josemar&iacute;a, Rialp, Madrid 2013, vol. III, p 197.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[24] Misal Romano, conclusi&oacute;n de la Plegaria Eucar&iacute;stica.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[25] San Josemar&iacute;a, Es Cristo que pasa, n. 48.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[26] San Josemar&iacute;a, Conversaciones, n. 109.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[27] 1 Cor 13, 2.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n[28] San Josemar&iacute;a, Es Cristo que pasa, n. 60.<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n<strong><em><a target=\"_blank\" href=\"http:\/\/www.opusdei.es\/art.php?p=55460\">Art&iacute;culo<\/a><\/em><\/strong><em> publicado originalmente en <a href=\"http:\/\/www.opusdei.es\" rel=\"nofollow\">http:\/\/www.opusdei.es<\/a><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: www.opusdei.es El hombre no debe limitarse a hacer cosas, a construir objetos. El trabajo nace del amor, manifiesta el amor, se ordena al amor[1]. 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