{"id":3165,"date":"2015-12-01T01:08:30","date_gmt":"2015-12-01T06:08:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sinceridad-al-predicar\/"},"modified":"2015-12-01T01:08:30","modified_gmt":"2015-12-01T06:08:30","slug":"sinceridad-al-predicar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/sinceridad-al-predicar\/","title":{"rendered":"Sinceridad al predicar"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por John Stott<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">La sinceridad, el ser honesto es una cualidad que es fruto del Esp\u00edritu Santo, que simplemente describe a una persona que con convicci\u00f3n cree en lo que dice y lo siente.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<p style=\"text-align: justify;\">La juventud contempor&aacute;nea nada detesta m&aacute;s que la hipocres&iacute;a, y nada le es m&aacute;s atractivo que la sinceridad. Adem&aacute;s, con ello refleja la mente de Cristo quien reserv&oacute; sus denuncias m&aacute;s severas para los hip&oacute;critas. Los j&oacute;venes detestan nuestras hipocres&iacute;as y subterfugios de adultos. Tienen una percepci&oacute;n muy sensible, por la cual perciben el m&aacute;s peque&ntilde;o olor a hipocres&iacute;a religiosa a una distancia considerable. Sospechan especialmente de nosotros los predicadores y de nuestras pretensiones enf&aacute;ticas; olfatean para ver qu&eacute; inconsistencias pueden descubrir, as&iacute; como los perros tras una rata que se esconde. No es que ellos sean por su parte invariablemente honestos y consecuentes; &iquest;qu&eacute; ser humano ca&iacute;do lo ha sido alguna vez? Sin embargo, tienen raz&oacute;n en esperar altos niveles de integridad en nosotros puesto que los predicadores no son catedr&aacute;ticos que diserten sobre temas lejanos a su propia experiencia, inter&eacute;s y creencias; est&aacute;n comprometidos personalmente con su mensaje. Por ello, si hay alguien sincero debe ser el predicador.<br \/>\nLa sinceridad de un predicador consta de dos aspectos: habla en serio al estar en el p&uacute;lpito y practica lo que dice cuando no est&aacute; all&iacute;. De hecho, ambas cosas van de la mano inevitablemente, puesto que como dijera Richard Baxter: &laquo;quien habla en serio seguramente cumplir&aacute; lo que habla&raquo;.<br \/>\nLa persona del Predicador<br \/>\nSu conversi&oacute;n. &ndash; La primera y m&aacute;s elemental aplicaci&oacute;n del principio arriba mencionado para el predicador es que quien proclama el evangelio debe haber recibido el evangelio &eacute;l mismo, y quien predica a Cristo debe conocerlo. &iquest;Qu&eacute; diremos, entonces, acerca de la peculiaridad de un predicador inconverso, o un evangelista no evangelizado? Spurgeon lo retrata con su habitual agudeza:<br \/>\nUn pastor sin la gracia es un ciego elegido como catedr&aacute;tico de &oacute;ptica, que filosofa acerca de la luz y la visi&oacute;n&#8230; &iexcl;al tiempo que &eacute;l mismo est&aacute; en absoluta oscuridad!<br \/>\nEs un mudo elevado a la c&aacute;tedra de m&uacute;sica; &iexcl;un sordo que escribe fluidamente sinfon&iacute;as y armon&iacute;as!<br \/>\nNos re&iacute;mos de esta imagen ret&oacute;rica bien ilustrada, pero no con la grotesca anomal&iacute;a que ella describe. Sin embargo, a&uacute;n existen personas as&iacute; en los p&uacute;lpitos de algunas iglesias.<br \/>\nNo es posible citar una instancia m&aacute;s notable que la del Reverendo William Haslam. Ordenado al ministerio de la Iglesia de Inglaterra en 1842, trabaj&oacute; arduamente en una parroquia del norte de Cornwall. Era un cl&eacute;rigo tratadista a quien le desagradaban verdaderamente los protestantes que no pertenec&iacute;an a la Iglesia Anglicana; era adem&aacute;s una autoridad en antig&uuml;edades y arquitectura. Pero no estaba satisfecho; no hab&iacute;a una fuente de agua viva en su interior. En 1851, nueve a&ntilde;os despu&eacute;s de su ordenaci&oacute;n, se encontraba predicando el evangelio del d&iacute;a en base al texto: &laquo;Y ustedes, &iquest;qui&eacute;n dicen que soy yo?&raquo; (Mt 16.15), el Esp&iacute;ritu Santo (sin duda en respuesta a muchas oraciones) abri&oacute; sus ojos y su coraz&oacute;n para ver al Cristo del que hablaba y poder creer en &eacute;l. El cambio que tuvo lugar en &eacute;l fue tan obvio que un predicador local presente en la iglesia salt&oacute; y grit&oacute;: &laquo;&iexcl;El pastor se convirti&oacute;! &iexcl;Aleluya!&raquo;, en ese instante su voz se ahog&oacute; en las alabanzas de la congregaci&oacute;n de 300 &oacute; 400 personas. Haslam, por su parte, &laquo;se uni&oacute; a la explosi&oacute;n de alabanza, y para hacerla m&aacute;s ordenada&#8230; enton&oacute; la doxolog&iacute;a&#8230; y la gente cant&oacute; con la voz y el coraz&oacute;n, una y otra vez&raquo;. Volaron las noticias de que &laquo;&iexcl;el pastor se hab&iacute;a convertido, y este por su propio serm&oacute;n, en su propio p&uacute;lpito!&raquo;.<br \/>\nSu conversi&oacute;n fue el comienzo de un gran avivamiento en su parroquia, que dur&oacute; alrededor de tres a&ntilde;os con un sentimiento vivo de la presencia de Dios, y conversiones casi diarias; en a&ntilde;os posteriores, Dios lo llam&oacute; al ministerio sumamente inusual de llevar a muchos cl&eacute;rigos al conocimiento personal de Jesucristo.<br \/>\nSu vida privada. &ndash; Sin embargo, los miembros de la iglesia tienen derecho a esperar que el Esp&iacute;ritu Santo haya hecho m&aacute;s en la vida de los pastores que llevarlos a la conversi&oacute;n. Naturalmente, buscan tambi&eacute;n el fruto del Esp&iacute;ritu, es decir, la madurez del car&aacute;cter cristiano. Pablo inst&oacute; a Timoteo y a Tito a ser modelos del comportamiento cristiano. De forma similar, Pedro instruy&oacute; a los ancianos a ser &laquo;ejemplos para el reba&ntilde;o&raquo;, en lugar de dominarlo. El &eacute;nfasis es claro. La comunicaci&oacute;n se realiza por medio del s&iacute;mbolo como por el habla. Porque &laquo;un hombre no puede predicar solamente, tambi&eacute;n debe vivir. Y su vida, con todas sus peque&ntilde;as peculiaridades, hace una de dos cosas: o bien coarta su predicaci&oacute;n, o le da carne y hueso&raquo;. No podemos esconder lo que somos. Por cierto, lo que somos habla tan claramente como lo que decimos. Cuando se unen ambas voces, se duplica el impacto del mensaje; pero al contradecirse, incluso el testimonio positivo de una es negado por la otra. Este fue el caso del hombre que Spurgeon describe como un buen predicador pero un mal cristiano: &laquo;Predicaba tan bien y viv&iacute;a tan mal, que cuando estaba en el p&uacute;lpito todos comentaban que jam&aacute;s deber&iacute;a dejarlo, y cuando lo dejaba todos declaraban que no deb&iacute;a subir a &eacute;l de nuevo&raquo;.<br \/>\nEs en este aspecto que se nos presenta un problema pr&aacute;ctico. Se les ense&ntilde;a a los pastores a ser modelos de madurez cristiana. La congregaci&oacute;n tiende a vernos como tal, a ponernos en un pedestal, a idealizarnos e incluso a idolatrarnos. Sin embargo, sabemos que la reputaci&oacute;n que nos atribuyen es al menos parcialmente falsa, puesto que, si bien la gracia de Dios ha estado obrando en nosotros y contin&uacute;a haci&eacute;ndolo, no somos los ejemplos m&aacute;ximos de virtud que ellos tienden a pensar que somos. &iquest;Entonces, qu&eacute; debemos hacer? &iquest;No es la misma sinceridad que estamos discutiendo la que exige que destruyamos el mito que han creado, y que divulguemos la verdad sobre nosotros mismos? &iquest;Qu&eacute; grado de apertura personal es apropiado en el p&uacute;lpito? Mi respuesta a estas importantes preguntas es que una vez m&aacute;s debemos evitar las reacciones extremas.<br \/>\nPor un lado, convertir el p&uacute;lpito en un confesionario ser&iacute;a inapropiado, indecoroso, y no ayudar&iacute;a a nadie. Por otro, disfrazarse de perfecto ser&iacute;a deshonesto de nuestra parte, adem&aacute;s de desalentador para la congregaci&oacute;n. Por ello, ciertamente debemos admitir que somos seres humanos ca&iacute;dos y fr&aacute;giles, vulnerables a la tentaci&oacute;n y al sufrimiento, que luchan con las dudas, el temor y el pecado, y que necesitan depender continuamente de la gracia de Dios que perdona y libera. De esta forma, el predicador puede seguir siendo un modelo, pero un modelo de humildad y verdad.<br \/>\nEl cuidado de s&iacute; mismo. &ndash; A partir de lo anterior, nuevamente es obvio que la predicaci&oacute;n no puede ser reducida al aprendizaje de algunas t&eacute;cnicas ret&oacute;ricas. Subyace toda una teolog&iacute;a, y todo un estilo de vida. La pr&aacute;ctica de la predicaci&oacute;n no puede divorciarse de la persona del predicador.<br \/>\nDe all&iacute; proviene el &eacute;nfasis neotestamentario en la autodisciplina del pastor. &laquo;Tengan cuidado de s&iacute; mismos&raquo;, fue la admonici&oacute;n de Pablo a los presb&iacute;teros de la iglesia de &Eacute;feso, antes de agregar, &laquo;y de todo el reba&ntilde;o sobre el cual el Esp&iacute;ritu Santo los ha puesto como obispos para pastorear la iglesia de Dios&raquo; (Hch 20.28). Del mismo modo, escribi&oacute; a Timoteo: &laquo;Ten cuidado de tu conducta y de tu ense&ntilde;anza&raquo; (1 Ti. 4.16). Este orden es vital. Los pastores tenemos responsabilidades asignadas por Dios tanto hacia la congregaci&oacute;n como hacia la doctrina que ense&ntilde;amos, porque ambas nos han sido encargadas. Sin embargo, nuestra responsabilidad primera es hacia nosotros mismos; guardar nuestro caminar personal con Dios y nuestra lealtad hacia &eacute;l. Nadie puede ser un buen pastor o maestro para otros si no es en primer lugar un buen siervo de Jesucristo. Los h&aacute;bitos disciplinados de visitaci&oacute;n y consejer&iacute;a pastoral por un lado, y de estudio teol&oacute;gico y preparaci&oacute;n del serm&oacute;n por el otro, se convierten en ejercicios infructuosos, a menos que vayan sustentados por h&aacute;bitos de devoci&oacute;n personal, especialmente en meditaci&oacute;n b&iacute;blica y oraci&oacute;n.<br \/>\nCada pastor sabe cu&aacute;n exigente es su ministerio. Es posible que encontremos falta de comprensi&oacute;n e incluso oposici&oacute;n; ciertamente nos agotaremos en cuerpo y mente; puede que tambi&eacute;n debamos soportar la soledad y el desaliento. Incluso las personalidades m&aacute;s fuertes colapsan bajo el peso de estas presiones, a menos que el poder de Dios se est&eacute; revelando en nuestra debilidad, y la vida de Jes&uacute;s se revele en nuestros cuerpos mortales, de modo que por dentro nos vayamos renovando d&iacute;a tras d&iacute;a (2 Co 4.7&ndash;11 y 16).<br \/>\nLa relaci&oacute;n indisoluble entre el predicador y la predicaci&oacute;n se refleja en muchas de las definiciones de esta &uacute;ltima. Una de las m&aacute;s conocidas fue la de Phillips Brooks:<br \/>\nLa predicaci&oacute;n es la comunicaci&oacute;n de la verdad de un hombre a los hombres. Contiene dos elementos esenciales: la verdad y la personalidad. No es posible que carezca de alguno de ellos y contin&uacute;e llam&aacute;ndose predicaci&oacute;n.&hellip; La predicaci&oacute;n es traer la verdad mediante la personalidad &#8230; la verdad es en s&iacute; misma un elemento fijo y estable; la personalidad es un elemento que var&iacute;a y crece.<br \/>\nOtra po Henry Ward Beecher:<br \/>\nUn predicador es, en alguna medida, una reproducci&oacute;n de la verdad en una forma personal. La verdad debe existir en &eacute;l como una experiencia viva, un glorioso entusiasmo, una intensa realidad.<br \/>\nEs posible discernir un &eacute;nfasis algo similar en la definici&oacute;n de predicaci&oacute;n del laico congregacional Bernard Lord Manning:<br \/>\nUna manifestaci&oacute;n de la Palabra Encarnada, a partir de la Palabra Escrita, y mediante la Palabra Hablada. Es un acto de adoraci&oacute;n extremadamente solemne, en que lo entregado, el Evangelio del Hijo de Dios, eclipsa e incluso transfigura al predicador que lo declara.<br \/>\nEs ciertamente inconcebible que un predicador no se conmueva con lo que predica. Es el mensaje el que hace al predicador, controla sus pensamientos e inspira sus obras. Estas tres definiciones enfatizan que existe un nexo indispensable entre el predicador y el acto de predicaci&oacute;n.<br \/>\nArgumentos a favor de la sinceridad<br \/>\nPara la mayor&iacute;a de las personas la sinceridad es una virtud que no necesita explicaci&oacute;n; rara vez necesita ser mencionada. Sin embargo, la facilidad con que todos nos alejamos de la estricta honestidad y caemos en alg&uacute;n grado de fingimiento o hipocres&iacute;a indica que ser&iacute;a prudente armarnos de argumentos. No es dif&iacute;cil encontrarlos; el Nuevo Testamento expone al menos tres.<br \/>\nLos peligros inherentes de ser un maestro. &ndash; Ciertamente la ense&ntilde;anza es un don espiritual, y su ministerio es un gran privilegio. Al mismo tiempo, se trata de un ministerio lleno de peligro, puesto que los maestros que instruyen a otros no pueden aducir que ignoran su propio curr&iacute;culum. Tal como, escribiera Pablo sobre un rabino jud&iacute;o: &laquo;Ahora bien, t&uacute; que&#8230; est&aacute;s convencido de ser gu&iacute;a de los ciegos y luz de los que est&aacute;n en la oscuridad, instructor de los ignorantes, maestro de los sencillos, pues tienes en la ley la esencia misma del conocimiento y de la verdad; en fin, t&uacute; que ense&ntilde;as a otros, &iquest;no te ense&ntilde;as a ti mismo? (Ro 2.17&ndash;21). La raz&oacute;n por la que la hipocres&iacute;a es particularmente desagradable en los maestros es que no tiene excusa. De ah&iacute; la dureza del juicio de Jes&uacute;s sobre los fariseos: &laquo;porque no practican lo que predican&raquo; (Mt 23.1&ndash;3). &Eacute;sta es tambi&eacute;n la raz&oacute;n para el sorprendente consejo de Santiago: &laquo;Hermanos m&iacute;os, no pretendan muchos de ustedes ser maestros, pues, como saben, seremos juzgados con m&aacute;s severidad&raquo; (Stg 3.1).<br \/>\nLa hipocres&iacute;a causa gran ofensa. &ndash; Sin duda, muchas personas se han apartado de Cristo por el comportamiento hip&oacute;crita de algunos que dicen seguirlo. Pablo lo sab&iacute;a, y estaba decidido a no ser piedra de tropiezo para la fe de otros: &laquo;Por nuestra parte, a nadie damos motivo alguno de tropiezo, para que no se desacredite nuestro servicio. M&aacute;s bien, en todo y con mucha paciencia nos acreditamos como servidores de Dios&raquo; (2 Co 6.3, 4). Luego procedi&oacute; a mencionar su resistencia y car&aacute;cter como evidencia de la realidad de su fe. No exist&iacute;a dicotom&iacute;a entre su mensaje y su comportamiento.<br \/>\nCon otros predicadores es distinto. Mientras estamos en el p&uacute;lpito abogamos en gran manera por Cristo y por la salvaci&oacute;n que &eacute;l provee, pero cuando descendemos de &eacute;l lo negamos y no damos, m&aacute;s que cualquier otro, evidencias de haber sido salvados. Es entonces cuando el mensaje carece de credibilidad. Si nuestra vida lo contradice, nadie aceptar&aacute; nuestro mensaje cristiano m&aacute;s de lo que aceptar&iacute;an un remedio para el resfr&iacute;o recomendado por un vendedor que tose y estornuda entre cada frase. Obstaculizamos tremendamente nuestro trabajo si edificamos con nuestras bocas los domingos durante una o dos horas y luego derribamos todo con nuestras manos durante el resto de la semana:<br \/>\nUn error palpable en aquellos ministros que crean tal desproporci&oacute;n entre su predicaci&oacute;n y su vida es que estudian arduamente para predicar correctamente y estudian poco o nada en absoluto para vivir correctamente [cursivas a&ntilde;adudas]. La semana completa no alcanza para estudiar c&oacute;mo hablar por dos horas; y sin embargo una hora parece ser demasiado para estudiar c&oacute;mo vivir toda la semana&hellip; Debemos estudiar con el mismo &iacute;mpetu tanto para vivir bien como para predicar bien. (Richard Baxter. The Reformed Pastor.)<br \/>\nLa influencia positiva de ser una persona genuina. &ndash; Ello era evidente en el caso de Pablo. No ten&iacute;a nada que esconder. Cuando se decidi&oacute; a renunciar definitivamente a &laquo;todo lo vergonzoso que se hace a escondidas&raquo;, su pol&iacute;tica fue &laquo;la clara exposici&oacute;n de la verdad&raquo;, y recomendarse de este modo &laquo;a toda conciencia humana en la presencia de Dios&raquo; (2 Co 4.2). Detestaba la artima&ntilde;a y el enga&ntilde;o. Ejerci&oacute; su ministerio abiertamente, y pod&iacute;a apelar tanto a Dios como al hombre como testigos suyos (por ejemplo, 1 Ts 2.1&ndash;12). Su convicci&oacute;n personal, solidez de conducta y rechazo de todo subterfugio proporcionaron un fuerte fundamento a todo su ministerio. Nada de su vida o estilo de vida imped&iacute;a que creyeran sus oyentes o pod&iacute;a ser usado como excusa para no creer. Creyeron en &eacute;l porque era digno de buena fe. Lo que era y lo que dec&iacute;a era lo mismo.<br \/>\nEstoy convencido de que en nuestros d&iacute;as la simple sinceridad no ha perdido nada de su poder de atracci&oacute;n o impresi&oacute;n. Fue en 1954 cuando Billy Graham alcanz&oacute; los titulares por primera vez en Gran Breta&ntilde;a, con su Gran Cruzada de Londres. Aproximadamente 12.000 personas llegaron a Haringay Arena cada noche durante tres meses. La mayor&iacute;a de las veces estuve presente, y al mirar la vasta muchedumbre a mi alrededor no pude evitar compararla con nuestras iglesias medio vac&iacute;as. &laquo;&iquest;Por qu&eacute; viene esta gente a escuchar a Billy Graham,&raquo; me preguntaba, &laquo;y no viene a escucharnos a nosotros?&raquo; Estoy seguro de que hab&iacute;a muchas respuestas justas para esa pregunta. Pero lo que segu&iacute;a respondi&eacute;ndome a m&iacute; mismo era: &laquo;Ese joven evangelista norteamericano es de una sinceridad indisputable. Aun sus cr&iacute;ticos m&aacute;s ac&eacute;rrimos coinciden en que es sincero. Realmente creo que es el primer predicador cristiano sincero y transparente que muchas personas han o&iacute;do&raquo;. Hoy, a&ntilde;os despu&eacute;s, no he encontrado raz&oacute;n para cambiar de opini&oacute;n. Es as&iacute; como la hipocres&iacute;a siempre repele, pero la integridad o autenticidad siempre atraen.<br \/>\nUna de las principales evidencias de la autenticidad es estar dispuesto a sufrir por lo que creemos. Pablo hablaba de sus aflicciones como credenciales. El predicador insincero diluye el evangelio de la gracia, para evitar &laquo;ser perseguidos por causa de la cruz de Cristo&raquo; (G&aacute; 5.11&ndash;6.12). El verdadero siervo de Dios, por otro lado, se acredita en todo por su resistencia a la oposici&oacute;n (2 Co 6.4, 5). Sus sufrimientos pueden ser asimismo internos puesto que el predicador es particularmente vulnerable a las dudas y la depresi&oacute;n. A menudo es mediante una lucha oscura y solitaria que ha emergido hasta alcanzar la luz de una fe serena. Sus oyentes pueden discernirlo, y le prestar&aacute;n mayor atenci&oacute;n. Colin Morris lo ha expresado de esta acertada forma:<br \/>\nNo es desde un p&uacute;lpito sino desde una cruz que se enuncian las palabras llenas de poder. Para ser eficaces, los sermones necesitan ser vistos ademas de escuchados. La elocuencia, la habilidad homil&eacute;tica y el conocimiento b&iacute;blico no bastan. La angustia, el dolor, el compromiso, el sudor y la sangre acent&uacute;an las verdades expl&iacute;citas que escuchan los hombres.<br \/>\nLa sinceridad personal es probablemente el mejor contexto para mencionar las materias pr&aacute;cticas de reproducci&oacute;n de la voz y los gestos, lo cual es causa de ansiedad para la mayor&iacute;a de los predicadores j&oacute;venes e inexpertos. Es comprensible que sientan aprehensi&oacute;n por su forma de hablar (&laquo;&iquest;c&oacute;mo se oye?&raquo;) y su porte (&laquo;&iquest;c&oacute;mo me veo?&raquo;). En consecuencia, algunos deciden averiguar. Se paran ante el espejo, adoptan una variedad de poses y se observan al gesticular; tambi&eacute;n se escuchan por medio de una grabadora.<br \/>\nDe hecho, hoy en d&iacute;a se combina la imagen y el sonido en la c&aacute;mara de v&iacute;deo, la cual es usada regularmente por los seminaristas norteamericanos que aprenden a predicar, y tambi&eacute;n en otros pa&iacute;ses. Ahora bien, no es mi intenci&oacute;n vedar el uso de estos aparatos, porque no me cabe duda de su utilidad. Y ciertamente la cinta audiovisual es preferible al espejo, puesto que delante del espejo de hecho se act&uacute;a, mientras que la cinta permite la evaluaci&oacute;n posterior objetiva de un serm&oacute;n, que ocurre en forma completamente natural. Sin embargo, a&uacute;n quisiera advertirles de sus peligros. Si se mira al espejo y se escucha en un cassette, me temo que es posible que contin&uacute;e observ&aacute;ndose y escuch&aacute;ndose a s&iacute; mismo al estar en el p&uacute;lpito. En ese caso, el predicador se condenar&aacute; a una esclavitud paralizante de preocuparse por s&iacute; mismo justo en el momento&mdash; en el p&uacute;lpito&mdash;en que es esencial cultivar el olvido de s&iacute; mismo mediante la creciente conciencia de la presencia de Dios. Adem&aacute;s, el predicador no debe olvidarse que habla en nombre de Dios y se dirige a su pueblo. S&eacute; que los actores hacen uso del espejo y la cinta, pero los predicadores no son actores ni el p&uacute;lpito es un escenario. As&iacute; es que &iexcl;cuidado! Puede tener m&aacute;s valor pedirle a un amigo sincero acerca de la voz y gestos en el p&uacute;lpito, en especial si necesitan correcci&oacute;n. Un proverbio hind&uacute; dice que &laquo;quien tiene un buen amigo no necesita espejo&raquo;. Luego podr&aacute; ser usted mismo y olvidarse de s&iacute; mismo.<br \/>\nPuedo dar testimonio del gran valor de tener uno o m&aacute;s &laquo;cr&iacute;ticos laicos&raquo;. Cuando comenc&eacute; a predicar, a fines de 1945, le ped&iacute; a dos estudiantes de medicina, amigos m&iacute;os, que asumieran ese papel. (&iexcl;Los m&eacute;dicos son excelentes para esta tarea porque est&aacute;n entrenados en el arte de la observaci&oacute;n!) . Si bien recuerdo haber quedado devastado por algunas de las cartas que me escribieron, su cr&iacute;tica siempre fue sana. Ambos son hoy eminencias en el campo de la medicina. El predicador que pertenece a un equipo ciertamente debe solicitar el comentario de sus colegas. De hecho, la evaluaci&oacute;n ocasional en grupo, ya sea del equipo pastoral o de un grupo de personas, convenido especialmente y que incluya a laicos, ha probado ser de inmenso valor para los predicadores. La evaluaci&oacute;n ir&aacute; m&aacute;s all&aacute; de la forma de hablar y gestos al contenido del serm&oacute;n, incluido nuestro uso de la Escritura, nuestra idea principal y objetivo, nuestra estructura, palabras e ilustraciones, y nuestra introducci&oacute;n y conclusi&oacute;n.<br \/>\nEn su Segunda Serie, Spurgeon incluye dos charlas sobre &laquo;Postura, acci&oacute;n y gestos, cuando se predica un serm&oacute;n, ilustradas con caricaturas de cl&eacute;rigos que gesticulan en forma grotesca. Estas charlas contienen muchos consejos sabios y divertidos, y aun as&iacute; es obvio que le preocupa que sus estudiantes preserven la naturalidad. Preferir&iacute;a que fueran torpes e incluso exc&eacute;ntricos a que comiencen a &laquo;posar y actuar&raquo;.20 Al respecto escribe:<br \/>\nEspero que hayamos abjurado de los trucos de los oradores profesionales: la tensi&oacute;n que busca el efecto, el cl&iacute;max estudiado, la pausa preestablecida, el pavoneo teatral, la pronunciaci&oacute;n afectada de las palabras y qui&eacute;n sabe qu&eacute; m&aacute;s, lo cual es posible ver en ciertos cl&eacute;rigos pomposos que a&uacute;n sobreviven en la faz de la tierra. Ojal&aacute; se conviertan pronto en animales extintos, y aprendamos todos una forma simple, natural y viva de explayarnos sobre el evangelio, puesto que estoy persuadido de que Dios bendecir&aacute; dicho estilo.<br \/>\n&laquo;Caballeros&raquo;, dijo a sus estudiantes en otra charla, &laquo;retomo mi regla: usen su propia voz natural. No sean monos, sino hombres; no loros, sino hombres que muestren originalidad en todas las cosas&#8230; Yo repetir&iacute;a esta regla hasta cansarlos, si creyera que la olvidar&iacute;an: sean naturales, sean naturales, sean naturales siempre&raquo;.<br \/>\nEsta naturalidad es hermana de la sinceridad. Ambas nos prohiben imitar a otros. Ambas dicen que seamos aut&eacute;nticos.<br \/>\nLa predicaci&oacute;n no puede ser aislada jam&aacute;s del predicador. Es &eacute;l quien determina tanto lo que dice como forma de expresi&oacute;n. Puede ver la gloria de la predicaci&oacute;n y comprender su teolog&iacute;a. Puede estudiar arduamente y prepararse bien. Puede ver la necesidad de relacionar la Palabra con el mundo, y tener el genuino deseo de ser un constructor de puentes. Sin embargo, puede que a&uacute;n carezca del ingrediente vital (cuya falta nada puede compensar): la realidad espiritual personal. La sinceridad es una cualidad que es fruto del Esp&iacute;ritu Santo, que simplemente describe a una persona que cree en lo que dice y lo siente.<\/p>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">ohn R. W. Stott es conocido en todo el mundo como un experimentado pastor, evangelista, predicador, escritor y erudito reformado. Fue rector de \u00abAll Souls Church\u00bb (Londres), y fundador y director de \u00abLondon Institute for Contemporary Christianity\u00bb.<br \/>\nEste art\u00edculo ha sido tomado y adaptado de La predicaci\u00f3n puente entre dos mundos, Libros Desaf\u00edo. Usado con permiso. \u00a9 Apuntes Pastorales, Volumen XXI \u2013 N\u00famero 1<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por John Stott La sinceridad, el ser honesto es una cualidad que es fruto del Esp\u00edritu Santo, que simplemente describe a una persona que con convicci\u00f3n cree en lo que dice y lo siente. 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