{"id":3168,"date":"2015-12-01T01:08:33","date_gmt":"2015-12-01T06:08:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/usa-bien-la-palabra-de-verdad\/"},"modified":"2015-12-01T01:08:33","modified_gmt":"2015-12-01T06:08:33","slug":"usa-bien-la-palabra-de-verdad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/usa-bien-la-palabra-de-verdad\/","title":{"rendered":"\u00abUsa bien la palabra de verdad\u00bb"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">por Americo Saavedra<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p style=\"text-align: justify;\">\n<p class=\"copete\" style=\"text-align: justify;\">Esta es una serie de pensamientos, consejos y consideraciones para los predicadores. En cierto aspecto se presentan de manera jocosa.<\/p>\n<p class=\"texto\">\n<li style=\"text-align: justify;\">El mensaje<br \/>\n    El que habla en p&uacute;blico est&aacute; expuesto a la contradicci&oacute;n.&nbsp; A veces los que contradicen son los oyentes.&nbsp; A veces, el Esp&iacute;ritu Santo.&nbsp; Muchos sermones dejan la impresi&oacute;n de que s&iacute; val&iacute;a la pena haberlos dicho. Si al mensaje no se le pide lo que no puede dar, es m&aacute;s f&aacute;cil aceptarlo.&nbsp; Ciertos mensajes tratan de ense&ntilde;ar temas o aspectos que el pasaje no ense&ntilde;a. Es m&aacute;s f&aacute;cil criticar un serm&oacute;n que hacer un buen serm&oacute;n.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">La preparaci&oacute;n del mensaje<br \/>\n    Si el predicador no toma en serio el mensaje, los oyentes suelen hacer lo mismo. Muchos predicadores, mientras meditan y se preparan, piensan m&aacute;s en su serm&oacute;n que en sus oyentes.&nbsp; En ocasiones piensan demasiado en c&oacute;mo predicar, como consecuencia los oyentes son olvidados. Los predicadores suelen estar a la caza de nuevas ayudas o estrategias.&nbsp; Pero pocos acuden a escuchar a sus colegas.&nbsp; Y si van, es para ver lo mal que lo hacen. El que posee dos carreras y dos t&iacute;tulos, no necesariamente est&aacute; por eso doblemente preparado. No siempre lo &uacute;ltimo es lo mejor.&nbsp; A veces lo pen&uacute;ltimo es lo m&aacute;s v&aacute;lido. Pero el que por su seguridad siempre dice lo mismo, corre el peligro de alimentar a sus oyentes con papilla (comida para beb&eacute;s). Si el predicador no sabe qu&eacute; quiere y c&oacute;mo lo puede conseguir, no llegar&aacute; muy lejos.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">Actitudes de los oyentes<br \/>\n    No todo lo que le gusta al predicador gusta tambi&eacute;n a los oyentes. Los que prefieren sermones &laquo;edificantes&raquo;, quedan muy satisfechos cuando escuchan uno que lo es.&nbsp; Pero si resulta un serm&oacute;n &laquo;progresista&raquo;, se reafirman en su opini&oacute;n anterior. Los que prefieren sermones &laquo;progresistas&raquo;, quedan muy satisfechos cuando escuchan uno que lo es.&nbsp; Pero si resulta un serm&oacute;n &laquo;edificante&raquo;, no por eso cambian su opini&oacute;n:&nbsp; se reafirman en su gusto anterior. El que quiere permanecer como es, quiere que tambi&eacute;n la teolog&iacute;a y el mensaje permanezcan como son.&nbsp; As&iacute; puede estar m&aacute;s seguro.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">El mensaje y el texto b&iacute;blico<br \/>\n    Hay sermones en que el texto b&iacute;blico se esconde detr&aacute;s de la explicaci&oacute;n y no hay d&oacute;nde adivinar qu&eacute; texto es. La elecci&oacute;n del texto suele depender del tema que el predicador quiere explicar. Y el texto no suele influir gran cosa en el mensaje. El que tiene inter&eacute;s en hablar de un tema, medita tanto que al final el texto se adapta al tema. El mejor texto no logra impedir que se digan de &eacute;l barbaridades. Sobre el mismo texto se oyen sermones tan diferentes, que parece que son textos distintos. A veces se empieza so&ntilde;ando con las fuentes del Jord&aacute;n y al final se va a parar al Mar Muerto.<br \/>\n    El texto b&iacute;blico sirve para todo. El mejor modo de leer un texto es ponerse en la parte de los oyentes. Algunos predican en direcci&oacute;n contraria al texto elegido. El que predica contra un texto suele tener en la cabeza otro texto.&nbsp; Ser&iacute;a mejor que comentara &eacute;ste otro. El que no toma en serio el texto b&iacute;blico, tampoco toma en serio a sus oyentes. A veces la Biblia habla mucho m&aacute;s claro que los predicadores que quieren explicarla. Lo que el texto quiere decir y lo que el predicador quiere decir no siempre coinciden. La ex&eacute;gesis vale para todo.&nbsp; Se puede meter en el texto lo que luego se quiere sacar de &eacute;l.<br \/>\n    Dijo el predicador:&nbsp; &laquo;lo que yo digo no vale nada; lo que les dice el evangelio lo es todo&raquo;; pero si eso lo afirman sus oyentes, no le hace ninguna gracia.<\/li>\n<li style=\"text-align: justify;\">El modo de predicar<br \/>\n    No es bueno que la &uacute;nica fuerte del serm&oacute;n est&eacute; en el micr&oacute;fono. No por mucho gritar se convence m&aacute;s al auditorio. Dem&oacute;stenes ejercitaba su oratoria en la playa.&nbsp; Los cantores ejercitan su voz ante el espejo. Algunos predicadores lo &uacute;nico que ejercitan es la paciencia de los oyentes. El peligro mayor de los predicadores es la melancol&iacute;a. La homil&eacute;tica deber&iacute;a admitir a su lado a la antihomil&eacute;tica. La cr&iacute;tica contra la homil&eacute;tica ha producido muchas teor&iacute;as, pero no mejor predicaci&oacute;n. Ya Lucas habl&oacute; de las dos al hablar de las dos hermanas de Betania: el que predica, a pesar de todo, es como Mar&iacute;a; el que se afana por teor&iacute;as y cr&iacute;ticas, es como Marta; y Mar&iacute;a escogi&oacute; la mejor parte. Las frases ingeniosas gustan mucho. Pero cansan pronto. Si hay mucho ingenio, brilla m&aacute;s el predicador que el evangelio.<br \/>\n    Tambi&eacute;n sin palabras dif&iacute;ciles se puede decir algo. No por mucha &laquo;aplicaci&oacute;n&raquo; al pasaje en cuesti&oacute;n, logra uno hacerse entender mejor. Exhortar al p&uacute;blico en el serm&oacute;n, es un g&eacute;nero muy antiguo en la historia.&nbsp; Ya Juan el Bautista lo hizo.&nbsp; Los fariseos le escuchaban con gusto, cuando reprochaba al pueblo.&nbsp; El pueblo, cuando exhortaba a los fariseos.&nbsp; Hasta Herodes lo escuchaba con gusto.&nbsp; S&oacute;lo Herod&iacute;as no encontraba satisfacci&oacute;n en esta clase de sermones.<br \/>\n    La iron&iacute;a es mala compa&ntilde;era de la predicaci&oacute;n.&nbsp; S&oacute;lo vale cuando se hace con amor y cuando la iron&iacute;a es ir&oacute;nica. Si se tarda mucho en la introducci&oacute;n del serm&oacute;n, se cansan los oyentes antes de llegar a la sustancia. Al &eacute;xito de un buen serm&oacute;n viene de acabarlo a tiempo. Cuando el serm&oacute;n es demasiado largo, lo &uacute;nico que consigue es aumentar el aburrimiento.<\/li>\n<\/p>\n<p class=\"pie\" style=\"text-align: justify; font-style: italic; \">Resumen en espa\u00f1ol de Homiletische Akupunktur, (Gotinga, 1976, 191 p\u00e1gs.). Por W. Jetter.  Citado en \u00abEl Arte de la Homil\u00eda\u00bb, Dossiers Cpl 3, Centro de Pastoral Lit\u00fargico de Barcelona, Rivaneyra, 6,7,2.  Editado por Jos\u00e9 Aldaz\u00e1bal. Se usa con permiso.<\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>por Americo Saavedra Esta es una serie de pensamientos, consejos y consideraciones para los predicadores. En cierto aspecto se presentan de manera jocosa. El mensaje El que habla en p&uacute;blico est&aacute; expuesto a la contradicci&oacute;n.&nbsp; A veces los que contradicen son los oyentes.&nbsp; A veces, el Esp&iacute;ritu Santo.&nbsp; Muchos sermones dejan la impresi&oacute;n de que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/usa-bien-la-palabra-de-verdad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab\u00abUsa bien la palabra de verdad\u00bb\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-3168","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3168","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=3168"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/3168\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=3168"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=3168"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=3168"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}