{"id":31786,"date":"2016-06-13T11:41:36","date_gmt":"2016-06-13T16:41:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-la-asuncion-de-la-virgen-maria\/"},"modified":"2016-06-13T11:41:36","modified_gmt":"2016-06-13T16:41:36","slug":"hoy-celebramos-a-la-asuncion-de-la-virgen-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-la-asuncion-de-la-virgen-maria\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a&#8230; la Asunci\u00f3n de la Virgen&nbsp;Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Mercab\u00e1<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">La vida de la Virgen es toda ella una fulgurante sucesi&oacute;n de divinas maravillas. Primera maravilla: su Inmaculada Concepci&oacute;n. Ultima maravilla: su gloriosa Asunci&oacute;n en cuerpo y alma a los cielos. Y, entre la una y la otra, un dilatado panorama de gracia y de virtudes en el cual resplandecen como estrellas de primera magnitud su virginidad perpetua, su divina Maternidad, su voluntaria y dolorosa cooperaci&oacute;n a la redenci&oacute;n de los hombres.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>La perpetua virginidad de Mar&iacute;a y su divina Maternidad fueron ya definidos como dogmas de fe en los primeros siglos del cristianismo. La Inmaculada Concepci&oacute;n no lo fue hasta mediados del siglo XIX. Al siglo XX le quedaba reservada la emoci&oacute;n y la gloria de ver proclamado el dogma de su Asunci&oacute;n en cuerpo y alma a los cielos.<\/strong><br \/><strong>&nbsp;<br \/> Memorable como muy pocos en la historia de los dogmas aquel 1 de noviembre de 1950. <\/strong>Sobre cientos de miles de corazones, que hac&iacute;an de la inmensa plaza de San Pedro un &uacute;nico pero gigantesco coraz&oacute;n \u2014el coraz&oacute;n de toda la cristiandad\u2014, reson&oacute; vibrante y solemne la voz infalible de P&iacute;o XII declarando ser dogma de revelaci&oacute;n divina que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen Mar&iacute;a, cumplido el curso de su vida terrena, fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial.<br \/> &nbsp;<br \/> Esta suprema decisi&oacute;n del Romano Pont&iacute;fice es el coronamiento de un proceso multisecular. Nosotros gustamos el dulce sabor de ese fruto sazonado de nuestra fe, pero su savia y sus flores ven&iacute;an circulando y abri&eacute;ndose en el jard&iacute;n de la Iglesia desde la m&aacute;s remota antig&uuml;edad cristiana.<br \/> &nbsp;<br \/> En la enc&iacute;clica Munificentissimus Deus, que nos trajo la jubilosa definici&oacute;n del dogma, se hace un minucioso estudio hist&oacute;rico-teol&oacute;gico del mismo. Siglo tras siglo y paso por paso se va siguiendo con amoroso deleite el camino recorrido por la piadosa creencia hasta llegar, &iexcl;por fin!, a la suprema exaltaci&oacute;n de la definici&oacute;n ex cathedra.<br \/> &nbsp;<br \/> En efecto, ya desde los primeros siglos cristianos palpita esta verdad en el seno de la Iglesia. Es una verdad perenne como todas las contenidas en el sagrado arcano de la Revelaci&oacute;n. Pero en el correr de los tiempos aquella suave palpitaci&oacute;n primera fue acentu&aacute;ndose y haci&eacute;ndose cada vez m&aacute;s fuerte, m&aacute;s insistente, m&aacute;s apremiante.<br \/> &nbsp;<br \/> Comienza la enc&iacute;clica recordando un hecho. Nunca dejaron los pastores de la Iglesia de ense&ntilde;ar a los fieles, apoy&aacute;ndose en el santo Evangelio, que la Virgen Sant&iacute;sima vivi&oacute; en la tierra una vida de trabajos, angustias y preocupaciones; que su alma fue traspasada por el fiero cuchillo profetizado por el santo anciano Sime&oacute;n; que, por fin, sali&oacute; de este mundo pagando su tributo a la muerte como su Unig&eacute;nito Hijo&#8230; &iexcl;Ah! Pero eso no impidi&oacute; ni a unos ni a otros creer y profesar abiertamente que su sagrado cuerpo no estuvo sujeto a la corrupci&oacute;n del sepulcro ni fue reducido a cenizas el augusto tabern&aacute;culo del Verbo divino.<br \/> &nbsp;<br \/> Esa misma creencia, presente y viviente en las almas, fue tomando formas tangibles y grandiosas dimensiones a medida que la tierra se fue poblando de templos erigidos a la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a. S&oacute;lo en Espa&ntilde;a son 28 las catedrales consagradas a la Virgen en ese su sagrado misterio. Y si los templos son muchos, infinitamente m&aacute;s son las im&aacute;genes que pregonan a voces el triunfo de la Madre de Dios. A&ntilde;adid ahora las ciudades, di&oacute;cesis y regiones enteras, as&iacute; como Institutos religiosos que se han puesto bajo el amparo y protecci&oacute;n de Mar&iacute;a en esta gloriosa advocaci&oacute;n, y tendr&eacute;is un definitivo argumento de la pujanza de dicha creencia en la masa del pueblo cristiano.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Tambi&eacute;n los artistas, fieles int&eacute;rpretes del pensamiento cristiano a trav&eacute;s de los tiempos, han rivalizado a su vez en la interpretaci&oacute;n pl&aacute;stica del gran misterio asuncionista.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Mercab\u00e1 La vida de la Virgen es toda ella una fulgurante sucesi&oacute;n de divinas maravillas. Primera maravilla: su Inmaculada Concepci&oacute;n. Ultima maravilla: su gloriosa Asunci&oacute;n en cuerpo y alma a los cielos. 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