{"id":31811,"date":"2016-06-13T11:42:13","date_gmt":"2016-06-13T16:42:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-ignacio-de-loyola\/"},"modified":"2016-06-13T11:42:13","modified_gmt":"2016-06-13T16:42:13","slug":"hoy-celebramos-a-san-ignacio-de-loyola","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-ignacio-de-loyola\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; San Ignacio de&nbsp;Loyola"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: evangeliodeldia.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Memoria de san Ignacio de Loyola, presb&iacute;tero, el cual, nacido en el Pa&iacute;s Vasco, en Espa&ntilde;a, pas&oacute; la primera parte de su vida en la corte como paje hasta que, herido gravemente, se convirti&oacute; a Dios. Complet&oacute; los estudios teol&oacute;gicos en Par&iacute;s y uni&oacute; a &eacute;l a sus primeros compa&ntilde;eros, con los que m&aacute;s tarde fund&oacute; la Orden de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s en Roma, donde ejerci&oacute; un fructuoso ministerio escribiendo varias obras y formando a sus disc&iacute;pulos, todo para mayor gloria de Dios.<br \/> &nbsp;<br \/> San Ignacio naci&oacute; probablemente en 1491, en el castillo de Loyola, en Azpe&iacute;tia, poblaci&oacute;n de Guip&uacute;zcoa, cerca de los Pirineos. Su padre, don Bertr&aacute;n, era se&ntilde;or de O&ntilde;az y de Loyola, jefe de una de las familias m&aacute;s antiguas y nobles de la regi&oacute;n. Y no era menos ilustre el linaje de su madre, do&ntilde;a Marina S&aacute;enz de Licona y Balda. I&ntilde;igo (pues &eacute;se fue el nombre que recibi&oacute; el santo en el bautismo) era el m&aacute;s joven de los ocho hijos y tres hijas de la noble pareja. I&ntilde;igo luch&oacute; contra los franceses en el norte de Castilla. Pero su breve carrera militar termin&oacute; abruptamente el 20 de mayo de 1521, cuando una bala de ca&ntilde;&oacute;n le rompi&oacute; la pierna, durante la lucha en defensa del castillo de Pamplona.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Despu&eacute;s de que I&ntilde;igo fue herido, la guarnici&oacute;n espa&ntilde;ola capitul&oacute;. Los franceses no abusaron de la victoria y enviaron al herido en una litera al castillo de Loyola. Como los huesos de la pierna soldaron mal, los m&eacute;dicos juzgaron necesario quebrarlos nuevamente. I&ntilde;igo soport&oacute; estoicamente la b&aacute;rbara operaci&oacute;n, pero, como consecuencia, tuvo un fuerte ataque de fiebre con ciertas complicaciones, de suerte que los m&eacute;dicos pensaron que el enfermo morir&iacute;a antes del amanecer de la fiesta de San Pedro y San Pablo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Sin embargo, I&ntilde;igo sobrevivi&oacute; y empez&oacute; a mejorar, aunque la convalescencia dur&oacute; varios meses. No obstante la operaci&oacute;n, la rodilla rota presentaba todav&iacute;a una deformidad. I&ntilde;igo insisti&oacute; en que los cirujanos cortasen la protuberancia y, pese a que &eacute;stos le advirtieron que la operaci&oacute;n ser&iacute;a muy dolorosa, no quiso que le atasen ni le sostuviesen y soport&oacute; la despiadada carnicer&iacute;a sin una queja. Para evitar que la pierna derecha se acortase demasiado, permaneci&oacute; varios d&iacute;as con ella estirada mediante unas pesas. Con tales m&eacute;todos, nada tiene de extra&ntilde;o que haya quedado cojo para el resto de su vida.<br \/> &nbsp;<br \/> Con el objeto de distraerse durante la convalescencia, I&ntilde;igo pidi&oacute; algunos libros de caballer&iacute;a, a los que siempre hab&iacute;a sido muy afecto. Pero lo &uacute;nico que se encontr&oacute; en el castillo de Loyola fue una historia de Cristo y un volumen con vidas de santos. I&ntilde;igo los comenz&oacute; a leer para pasar el tiempo, pero poco a poco empez&oacute; a interesarse tanto que pasaba d&iacute;as enteros dedicado a la lectura. Y se dec&iacute;a: &laquo;Si esos hombres estaban hechos del mismo barro que yo, tambi&eacute;n yo puedo hacer lo que ellos hicieron&raquo;.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Inflamado por el fervor, se propon&iacute;a ir en peregrinaci&oacute;n a un santuario de Nuestra Se&ntilde;ora y entrar como hermano lego a un convento de cartujos. Pero tales ideas eran intermitentes, pues su ansiedad de gloria y su amor por una dama, ocupaban todav&iacute;a sus pensamientos. Sin embargo, cuando volv&iacute;a a abrir el libro de las vidas de los santos, comprend&iacute;a la futilidad de la gloria mundana y present&iacute;a que s&oacute;lo Dios pod&iacute;a satisfacer su coraz&oacute;n. Las fluctuaciones duraron alg&uacute;n tiempo. Ello permiti&oacute; a I&ntilde;igo observar una diferencia: en tanto que los pensamientos que proced&iacute;an de Dios le dejaban lleno de consuelo, paz y tranquilidad, los pensamientos mundanos le procuraban cierto deleite, pero no le dejaban sino amargura y vac&iacute;o. Finalmente, resolvi&oacute; imitar a los santos y empez&oacute; por hacer toda la penitencia corporal posible y llorar sus pecados.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: evangeliodeldia.org Memoria de san Ignacio de Loyola, presb&iacute;tero, el cual, nacido en el Pa&iacute;s Vasco, en Espa&ntilde;a, pas&oacute; la primera parte de su vida en la corte como paje hasta que, herido gravemente, se convirti&oacute; a Dios. 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