{"id":31859,"date":"2016-06-13T11:43:37","date_gmt":"2016-06-13T16:43:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-bernardino-realino\/"},"modified":"2016-06-13T11:43:37","modified_gmt":"2016-06-13T16:43:37","slug":"hoy-celebramos-a-san-bernardino-realino","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-bernardino-realino\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a&#8230; san Bernardino&nbsp;Realino"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: evangeliodeldia.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Naci&oacute; en Carpi, M&oacute;dena, Italia, el 1 de diciembre de 1530. Su padre era caballerizo mayor de la corte de los Gonzaga, una responsabilidad que le manten&iacute;a frecuentemente alejado del hogar, por lo cual su educaci&oacute;n pr&aacute;cticamente qued&oacute; en manos de su madre que le transmiti&oacute; su devoci&oacute;n por la Virgen Mar&iacute;a. Curs&oacute; estudios en M&oacute;dena y en Bolonia.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Estudiaba filosof&iacute;a, aunque en realidad su objetivo era la medicina. En 1550 falleci&oacute; su madre y tuvo que acostumbrarse a vivir sin ella; su solo recuerdo suscitaba en su &aacute;nimo una incontenible emoci&oacute;n. Hasta ese momento su vida hab&iacute;a discurrido como la de muchos j&oacute;venes de su edad: compon&iacute;a poes&iacute;as, escrib&iacute;a un diario, sufri&oacute; el t&iacute;pico mal de amores de la adolescencia, y hasta se vio involucrado en alguna que otra reyerta. Le gustaba cultivar las amistades y es posible que no supiera elegirlas siempre adecuadamente.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>En un momento dado, reconoci&oacute; afligido &laquo;haber perdido much&iacute;simo tiempo con algunos de sus compa&ntilde;eros, con los cuales trataba demasiado familiarmente&raquo;.<\/strong> Y por si hubiese dudas al respecto, por la siguiente apreciaci&oacute;n retrospectiva queda claro que su conciencia le reproch&oacute; determinados rasgos de su conducta: &laquo;Habi&eacute;ndome introducido por senda tan resbaladiza, vino el &aacute;ngel del Se&ntilde;or a amonestarme de mis errores, y, retray&eacute;ndome de las puertas del infierno, me coloc&oacute; otra vez en la ruta del cielo&raquo;.<br \/> &nbsp;<br \/> Este &laquo;&aacute;ngel&raquo; al que alud&iacute;a metaf&oacute;ricamente ten&iacute;a un rostro: el de la hermosa Clara, de la que se enamor&oacute; perdidamente en Bolonia despu&eacute;s de regresar a la ciudad tras la muerte de su madre. Era una muchacha estudiosa y cultivaba la vida espiritual.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Su candidez atrajo a Bernardino, que intercambi&oacute; cartas y poemas con ella en un tono respetuoso e inocente. Pero la joven ten&iacute;a cierta influencia en su voluntad y, a instancias suyas, aunque se decantaba por la medicina, abandon&oacute; esta carrera por la de derecho, disciplina en la que se doctor&oacute; en 1556.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Con su t&iacute;tulo bajo el brazo, y qui&eacute;n sabe cuantos proyectos de futuro con su amada Clara, inici&oacute; su andadura profesional. Uno de sus pleitos tuvo lugar en Ferrara. Se produjo una situaci&oacute;n que juzg&oacute; injusta y sald&oacute; el asunto con violencia, hiriendo la frente de su oponente con el estoque. A tenor de ello, le aplicaron la sanci&oacute;n correspondiente y qued&oacute; inhabilitado para volver a ejercer all&iacute;.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Despu&eacute;s, con la protecci&oacute;n del gobernador de Mil&aacute;n, que contaba con los buenos servicios de su padre, se convirti&oacute; en magistrado de Felizzano. Cuando Felipe II fue elegido nuevo gobernador, indirectamente, con la mediaci&oacute;n de otra persona notable, el santo obtuvo la plaza de abogado fiscal en Alessandr&iacute;a, Piamonte. Un tercer gobernador lo nombr&oacute; magistrado de Cassino. Finalmente, el marqu&eacute;s de Pescara lo design&oacute; juez de Castelleone, donde se revel&oacute; como un gran pacificador.<br \/> &nbsp;<br \/> A&uacute;n le quedaba otro destino, el &uacute;ltimo, para hallar el verdadero amor de su vida. <strong>Porque en las postrimer&iacute;as de 1591, cuando todo parec&iacute;a sonre&iacute;rle, la muerte le arrebat&oacute; a la joven Clara; tuvo noticia de ello a trav&eacute;s de unos amigos que se lo comunicaron por carta. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Deshecho por el dolor de tan prematura p&eacute;rdida, no encontr&oacute; m&aacute;s consuelo que el de Dios. Cuando el marqu&eacute;s se traslad&oacute; a N&aacute;poles como gobernador, lo llev&oacute; consigo; fue auditor y lugarteniente general de la ciudad. Con frecuencia vagaba por las calles intentando dar un nuevo sentido a su vida.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>Una tarde se cruz&oacute; con dos alegres religiosos jesuitas, y animado por su gozoso semblante, fue a o&iacute;r misa a la iglesia que ten&iacute;an en la ciudad.<\/strong> Profundamente conmovido por la homil&iacute;a del predicador, P. Carminata, se recluy&oacute; voluntariamente en su habitaci&oacute;n. Durante unos d&iacute;as hizo los ejercicios espirituales y determin&oacute; seguir a Cristo. A&uacute;n no sab&iacute;a la forma. Pesaban sobre &eacute;l emociones comprensibles: la soledad de su padre, la confianza del marqu&eacute;s\u2026; dudaba.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: evangeliodeldia.org Naci&oacute; en Carpi, M&oacute;dena, Italia, el 1 de diciembre de 1530. 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