{"id":31919,"date":"2016-06-13T11:45:28","date_gmt":"2016-06-13T16:45:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-ignacio-de-laconi\/"},"modified":"2016-06-13T11:45:28","modified_gmt":"2016-06-13T16:45:28","slug":"hoy-celebramos-a-san-ignacio-de-laconi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-ignacio-de-laconi\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; San Ignacio de&nbsp;L\u00e1coni"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: evangeliodeldia.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Este humilde lego, que fue un dechado de virtudes, naci&oacute; en L&aacute;coni, Cerde&ntilde;a, el 18 de diciembre de 1701. Era el segundo de nueve hermanos. Crecieron en un hogar falto de recursos materiales, pero de gran riqueza espiritual. En el bautismo le impusieron tres nombres: Francisco, Ignacio y Vicente, prevaleciendo en su familia &eacute;ste &uacute;ltimo.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Del cielo llovieron a trav&eacute;s de &eacute;l tal c&uacute;mulo de gracias que, como han dicho algunos de sus bi&oacute;grafos, se convirtieron tambi&eacute;n en su martirio en vida, y &laquo;estorbo&raquo; tras su muerte para el reconocimiento de su santidad. <strong>Su madre, devot&iacute;sima de san Francisco, le narraba su biograf&iacute;a y milagros, y Vicente se entusiasm&oacute; con &eacute;l, haciendo sus pinitos para imitarle. Una vez m&aacute;s, las ense&ntilde;anzas maternas eran v&iacute;a segura para alentar el camino de una gran vocaci&oacute;n.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Este hijo que la escuchaba embelesado poniendo de manifiesto la sensibilidad y ternura por lo divino no dejaba a nadie indiferente. <strong>Llamaba la atenci&oacute;n no solo de su familia sino tambi&eacute;n del vecindario. Le conoc&iacute;an entra&ntilde;ablemente como &laquo;il santarello&raquo; (el santito). <\/strong>Esta aureola de virtud le acompa&ntilde;ar&iacute;a el resto de su vida. Su padre era labrador y pastor, y &eacute;l sigui&oacute; sus pasos. La oraci&oacute;n y el ayuno que realizaba eran tan intensos que su organismo decay&oacute; y saltaron las alarmas en su entorno porque era de constituci&oacute;n d&eacute;bil y enfermiza.<br \/> &nbsp;<br \/> Al inicio de su juventud baraj&oacute; la opci&oacute;n de la vida religiosa, pero estaba indeciso y dej&oacute; aparcada la idea. <strong>Sin embargo, a los 17 a&ntilde;os se le present&oacute; una grave enfermedad, que casi le cuesta la vida, y prometi&oacute; a Dios que si sanaba ingresar&iacute;a en la Orden capuchina. <\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> Recobr&oacute; la salud, y durante dos a&ntilde;os releg&oacute; al olvido su promesa. Hasta que un d&iacute;a se encabrit&oacute; su caballo, y alz&oacute; la voz desencajado pidiendo a Dios socorro, al tiempo que renovaba el compromiso que le hizo, que esta vez fue definitivo. Ten&iacute;a 20 a&ntilde;os y un aspecto tan deteriorado que el provincial no quiso admitirle pensando que no soportar&iacute;a la dureza de la vida conventual. Vicente no se desanim&oacute;.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Por mediaci&oacute;n de sus padres obtuvo la recomendaci&oacute;n del marqu&eacute;s de L&aacute;coni, y en 1721 se integr&oacute; en la comunidad de San Benito, de Cagliari, cumpli&eacute;ndose su anhelo. El noviciado requer&iacute;a temple, ciertamente. Pero &eacute;l ya sab&iacute;a lo que era el ayuno y la penitencia. Ahora bien, tom&oacute; con tanto br&iacute;o las mortificaciones que estuvo a punto de caer desfallecido.<\/p>\n<p align=\"justify\"> No hab&iacute;a medido adecuadamente sus fuerzas y acudi&oacute; a Mar&iacute;a: <strong>&laquo;Madre m&iacute;a, ay&uacute;dame, que ya no puedo m&aacute;s&raquo;. Ella le acogi&oacute; y le inst&oacute; a seguir adelante con renovado &iacute;mpetu: &laquo;Animo, fray Ignacio; acu&eacute;rdate de la pasi&oacute;n dolorosa de mi Hijo divino; y lleva t&uacute; tambi&eacute;n tu cruz con paciencia&raquo;.<\/strong><\/p>\n<p align=\"justify\"> El hecho fue que en sesenta a&ntilde;os de consagraci&oacute;n no volvi&oacute; a experimentar tal fatiga. Emiti&oacute; los votos en 1722 y sigui&oacute; progresando en el amor a base de oraci&oacute;n continua, silencio y vivencia de las virtudes evang&eacute;licas. <strong>En su d&iacute;a a d&iacute;a no hubo hechos extraordinarios, pero se distingui&oacute; por su heroicidad en la perfecci&oacute;n buscando la uni&oacute;n con Dios. <\/strong>Viv&iacute;a maravillosamente la pobreza. Tan desasido estaba de todo que hasta le delataba el penoso estado del h&aacute;bito y de sus maltrechas sandalias que le provocaban sangrantes heridas en los talones.<br \/> &nbsp;<br \/> Pas&oacute; por varios conventos y al final fue trasladado al de Buoncammino, en Cagliari. Hab&iacute;a sido antes cocinero, y en este &uacute;ltimo destino comenz&oacute; trabajando en el telar, hasta que los superiores le encomendaron la labor de limosnero, recolector de alimentos y proveedor de las necesidades materiales de la comunidad. <strong>La gente le estimaba porque ve&iacute;an en &eacute;l al verdadero disc&iacute;pulo de Cristo.<\/strong> Se mezclaba con los que estaban en las tabernas y plazas del puerto movido por el af&aacute;n de socorrer a los pobres, y ayudar a tantos pecadores que se convirtieron con su ejemplo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: evangeliodeldia.org Este humilde lego, que fue un dechado de virtudes, naci&oacute; en L&aacute;coni, Cerde&ntilde;a, el 18 de diciembre de 1701. Era el segundo de nueve hermanos. Crecieron en un hogar falto de recursos materiales, pero de gran riqueza espiritual. En el bautismo le impusieron tres nombres: Francisco, Ignacio y Vicente, prevaleciendo en su familia &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-ignacio-de-laconi\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHoy celebramos a &#8230; San Ignacio de&nbsp;L\u00e1coni\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-31919","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31919","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31919"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31919\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31919"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31919"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31919"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}