{"id":31949,"date":"2016-06-13T11:46:42","date_gmt":"2016-06-13T16:46:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-benito-jose-labre\/"},"modified":"2016-06-13T11:46:42","modified_gmt":"2016-06-13T16:46:42","slug":"hoy-celebramos-a-san-benito-jose-labre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-benito-jose-labre\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a&#8230; san Benito Jos\u00e9&nbsp;Labre"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: franciscanos.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Ese hombre \u2013suele decirse ante el desvalido\u2013 va dejado de la mano de Dios. Se acierta, s&iacute;, cuando tal se dice y cuando, ingenua y reverenciosamente, se toma la mano de Dios por el pr&oacute;vido cuerno de la abundancia. Pero sucede que los designios de Dios \u2013los modos que tiene Dios de dar la mano\u2013 son infinitos como las arenas de la mar, inn&uacute;meros, como no llegan a serlo, siendo tantas, las mismas arenas de la mar.<br \/> &nbsp;<br \/> Aquel hombre desvalido, Benito Jos&eacute; Labre, no iba dejado, sino guiado por la mano de Dios, conducido por su andadura clemente y amorosa, providencial y tierna.<br \/> &nbsp;<br \/> Benito Jos&eacute; Labre naci&oacute; en Am&egrave;ttes el 26 de marzo de 1748. Reg&iacute;a el orbe cristiano el papa Benedicto XIV, cantado por Voltaire en verso latino, y reinaba en Francia, &laquo;bajo Voltaire&raquo;, Luis XV, el firmante del Pacto de Familia, el gal&aacute;n de la marquesa de Pompadour y el protector de la porcelana de S&egrave;vres.<br \/> &nbsp;<br \/> Si los vagabundos tuvi&eacute;ramos un santo patrono, Benito Jos&eacute; Labre lo ser&iacute;a. Con alas en los pies, Benito Jos&eacute; Labre devoraba las leguas y los caminos en busca de la huella de Dios, que en todas partes se presenta.<br \/> &nbsp;<br \/> Nacido para la miseria del cuerpo, Benito Jos&eacute; Labre sinti&oacute; la llamada siendo a&uacute;n ni&ntilde;o. A los doce a&ntilde;os dorm&iacute;a con la cabeza reclinada sobre un madero y a los diecis&eacute;is, pareci&eacute;ndole corto el sacrificio, descansaba sobre el fr&iacute;o y duro suelo de ladrillo: el &laquo;santo suelo&raquo; d&iacute;cese, con frecuencia, en espa&ntilde;ol.<br \/> &nbsp;<br \/> Dos curas de pueblo parecen disputarse, ante la Historia, la siembra de la semilla cristiana en la huerta feraz del alma de Benito Jos&eacute;: el cura de Conteville, que le inici&oacute; en la pr&aacute;ctica piadosa, y el cura de &Eacute;rin, su padrino, que le abri&oacute; las puertas de la liturgia.<br \/> &nbsp;<br \/> Cuando Benito Jos&eacute; oy&oacute; hablar de la Gran Trapa y sus humildes perfecciones, se estremeci&oacute; como un iluminado. Sus padres prefieren que siga estudiando, y Benito Jos&eacute; cae en una honda sima de dudas. De un lado, su vocaci&oacute;n que le fuerza. Del otro, lo que no acaba de ver claro: la validez, la ley, de su vocaci&oacute;n.<br \/> &nbsp;<br \/> Sobre &Eacute;rin pasa, con su mano de luto, la epidemia, y su padrino, el cura, sucumbe atacado del mal. Benito Jos&eacute; se esfuerza por llevar la caridad a los hogares en los que hizo su nido el dolor y, cuando el mal pasa y se sabe desvalido y solo, se vuelve a Am&egrave;ttes, a la casa paterna. Es el a&ntilde;o 1766, el del mot&iacute;n de Esquilache, y Benito Jos&eacute; es todav&iacute;a un adolescente.<br \/> &nbsp;<br \/> Sus padres le mandan a Conteville, a que contin&uacute;e sus estudios. Al cura \u2013Santiago Jos&eacute; Vincent, que todo se lo da a los pobres\u2013 le llaman el nuevo San Vicente por su inmenso amor al desvalido. El cura de Conteville, viendo a Benito Jos&eacute; tan dispuesto para la vida mon&aacute;stica, habla con los padres del mozo y obtiene de ellos el necesario permiso.<br \/> &nbsp;<br \/> En el mes de abril de 1767, pint&aacute;ndose la primavera en los campos, Benito Jos&eacute;, con el coraz&oacute;n radiante de gozo, llama a la puerta de la cartuja de Val Sainte Aldegonde, tras la que hab&iacute;a de esperarle la desilusi&oacute;n. La cartuja es pobre, demasiado pobre para acoger a un solo monje m&aacute;s, y Benito Jos&eacute; no cabe en ella.<br \/> &nbsp;<br \/> Sigue su peregrinaje y en octubre del mismo a&ntilde;o consigue entrar en otra cartuja, la de Notre-Dame de Pres. Pero su temple hab&iacute;a de ponerse una vez m&aacute;s a prueba. Los cartujos viven en la contemplaci&oacute;n y Benito Jos&eacute; siente las tentaciones constantes del diablo. &laquo;No; en la cartuja \u2013piensa Benito Jos&eacute;\u2013 no quepo&#8230;&raquo; Y vuelve a casa de sus padres.<br \/> &nbsp;<br \/> Benito Jos&eacute; tiene ya veinte a&ntilde;os y consigue que sus padres le permitan hacer otra tentativa, ahora en la Trapa. Emprende el camino y tras sesenta leguas a pie y bajo la lluvia, llega hasta el viejo port&oacute;n de la Gran Trapa.<br \/> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: franciscanos.org Ese hombre \u2013suele decirse ante el desvalido\u2013 va dejado de la mano de Dios. Se acierta, s&iacute;, cuando tal se dice y cuando, ingenua y reverenciosamente, se toma la mano de Dios por el pr&oacute;vido cuerno de la abundancia. 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