{"id":31991,"date":"2016-06-13T11:48:13","date_gmt":"2016-06-13T16:48:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santas-perpetua-y-felicidad\/"},"modified":"2016-06-13T11:48:13","modified_gmt":"2016-06-13T16:48:13","slug":"hoy-celebramos-a-santas-perpetua-y-felicidad","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santas-perpetua-y-felicidad\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; Santas Perpetua y&nbsp;Felicidad"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: corazones.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">En el siglo IV se le&iacute;an las actas de estas santas en las iglesias de Africa. El pueblo les profesaba una estima tan grande que San Agust&iacute;n se vio obligado a publicar una protesta para evitar que se las considerara en plano de igualdad con la Sagrada Escritura.<br \/> &nbsp;<br \/><strong>Durante la persecuci&oacute;n del emperador Severo, fueron arrestados en Cartago cinco catec&uacute;menos el a&ntilde;o 205<\/strong>. Eran estos Revocato, Fel&iacute;citas (su compa&ntilde;era de esclavitud, que estaba embarazada desde hac&iacute;a varios meses), Saturnino, Sec&uacute;ndulo y Vibia Perpetua.&nbsp; Esta &uacute;ltima ten&iacute;a 22 a&ntilde;os de edad, era madre de un peque&ntilde;&iacute;n y ten&iacute;a buena posici&oacute;n. A estos cinco se uni&oacute; S&aacute;turo quien les hab&iacute;a instruido en la fe y se neg&oacute; a abandonarles.<br \/> &nbsp;<br \/> Perpetua escribi&oacute; las actas: &quot;Yo estaba todav&iacute;a con mis compa&ntilde;eros. Mi padre, que me quer&iacute;a mucho, trataba de darme razones para debilitar mi fe y apartarme de mi prop&oacute;sito. Yo le respond&iacute;: &quot;Padre, &iquest;no ves ese c&aacute;ntaro o jarro, o como quieras llamarlo?&#8230; &iquest;Acaso puede llamarlo con un nombre que no le designe por lo que es?&quot; &quot;No&quot;, replic&oacute; &eacute;l.<\/p>\n<p align=\"justify\"><strong>&quot;Pues tampoco yo puedo llamarme por un nombre que no signifique lo que soy: cristiana&quot;. <\/strong>Al o&iacute;r la palabra &quot;cristiana&quot;, mi padre se lanz&oacute; sobre m&iacute; y trat&oacute; de arrancarme los ojos, pero s&oacute;lo me golpe&oacute; un poco, pues mis compa&ntilde;eros le detuvieron&#8230; Yo di gracias a Dios por el descanso de no ver a mi padre durante alg&uacute;n tiempo&#8230; En esos d&iacute;as recib&iacute; el bautismo y el Esp&iacute;ritu me movi&oacute; a no pedir m&aacute;s que la gracia de soportar el martirio. Al poco tiempo, nos trasladaron a una prisi&oacute;n donde yo tuve mucho miedo, pues nunca hab&iacute;a vivido en tal oscuridad. &iexcl;Que horrible d&iacute;a! El calor era insoportable, pues la prisi&oacute;n estaba llena. Los soldados nos trataban brutalmente. Para colmo de males, yo ten&iacute;a ya dolores de vientre&#8230;&quot;<br \/> &nbsp;<br \/> Mas tarde, Perpetua tuvo un sue&ntilde;o que le ayud&oacute; a prepararse para el martirio. Su padre regres&oacute; para implorarle que renunciara a su fe para evitar el martirio. Le dec&iacute;a de rodillas y besando sus manos: &quot;&#8230; Piensa en tu madre y en la hermana de tu madre; piensa sobre todo en tu hijo, que no podr&aacute; sobrevivirte. Dep&oacute;n tu orgullo y no nos arruines, pues jam&aacute;s podremos volver a hablar como hombres libres, si te sucede algo&quot;. Ella le respondi&oacute;:<strong> &quot;Las cosas suceder&aacute;n como Dios disponga, pues estamos en Sus manos y no en las nuestras&quot;<\/strong><br \/> &nbsp;<br \/> Condujeron a los reos a la plaza del mercado para juzgarlos ante una multitud. Narra Perpetua: &quot;Todos los que fueron juzgados antes de m&iacute; confesaron la fe. Cuando me lleg&oacute; el turno, mi padre se aproxim&oacute; con mi hijo en brazos y, haci&eacute;ndome bajar de la plataforma, me suplic&oacute;: &acute;Api&aacute;date de tu hijo&acute;. El presidente Hilariano se uni&oacute; a los ruegos de mi padre, dici&eacute;ndome: &acute;Api&aacute;date de las canas de tu padre y de la tierna infancia de tu hijo. Ofrece sacrificios por la prosperidad de los emperadores&acute;. Yo respond&iacute;: &iexcl;No! &acute;&iquest;Eres cristiana?&acute;, me pregunt&oacute; Hilariano. Yo contest&eacute;: &quot;S&iacute;, soy cristiana.&acute; Como mi padre persistiese en apartarme de mi resoluci&oacute;n,<\/p>\n<p align=\"justify\"> Hilariano mand&oacute; que le echasen fuera y los soldados le golpearon con un bast&oacute;n. Eso me doli&oacute; como si me hubiesen golpeado a m&iacute;, pues era horrible ver que maltrataban a mi padre anciano. Entonces el juez nos conden&oacute; a todos a las fieras y volvimos llenos de gozo a la prisi&oacute;n. Como mi hijo estaba acostumbrado al pecho, rogu&eacute; a Pomponio que le trajese a la prisi&oacute;n, pero mi padre se neg&oacute; a dejarle venir. Pero Dios dispuso las cosas de suerte que mi hijo no extra&ntilde;&oacute; el pecho y a mi no me hizo sufrir la leche de mis pechos.&quot;<br \/> &nbsp;<br \/> Seg&uacute;n parece, Sec&uacute;ndulo hab&iacute;a muerto en la prisi&oacute;n antes del juicio. Antes de dictar sentencia, Hilariano hab&iacute;a mandado azotar a Revocato y Saturnino y abofetear a Perpetua y Fel&iacute;citas. Se reserv&oacute; a los m&aacute;rtires para los espect&aacute;culos que se iban a ofrecer a los soldados durante las fiestas de Geta, a quien su padre, Severo, hab&iacute;a nombrado C&eacute;sar cuatro a&ntilde;os antes, en tanto que hab&iacute;a nombrado Augusto a su hijo Caracala.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: corazones.org En el siglo IV se le&iacute;an las actas de estas santas en las iglesias de Africa. El pueblo les profesaba una estima tan grande que San Agust&iacute;n se vio obligado a publicar una protesta para evitar que se las considerara en plano de igualdad con la Sagrada Escritura. &nbsp;Durante la persecuci&oacute;n del emperador &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santas-perpetua-y-felicidad\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abHoy celebramos a &#8230; Santas Perpetua y&nbsp;Felicidad\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-31991","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=31991"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/31991\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=31991"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=31991"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=31991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}