{"id":32015,"date":"2016-06-13T11:49:11","date_gmt":"2016-06-13T16:49:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-al-beato-jose-allamano\/"},"modified":"2016-06-13T11:49:11","modified_gmt":"2016-06-13T16:49:11","slug":"hoy-celebramos-al-beato-jose-allamano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-al-beato-jose-allamano\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos al &#8230; Beato Jos\u00e9&nbsp;Allamano"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: evangeliodeldia.org<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\">Naci&oacute; en Castelnuovo d\u2019Asti el 21 de enero de 1851. Sus padres eran campesinos y tuvieron cinco hijos. Jos&eacute; fue el cuarto. A los 3 a&ntilde;os perdi&oacute; a su progenitor, y a partir de entonces su madre, su maestra Benedetta Savio, su t&iacute;o san Jos&eacute; Cafasso y san Juan Bosco se ocupar&iacute;an de formarle en las distintas etapas de su vida. Su encuentro con &eacute;ste &uacute;ltimo se produjo en 1862. Jos&eacute; era uno de los moradores del Oratorio de Valdocco y tuvo la gracia de tenerle como confesor. Los cuatro a&ntilde;os que pas&oacute; junto a Don Bosco, como le sucedi&oacute; a otros muchachos, dejaron una profunda huella en su vida. De hecho, el afecto por este gran maestro perdur&oacute; siempre en su coraz&oacute;n. No en vano hab&iacute;a descubierto su vocaci&oacute;n junto a &eacute;l. De Valdocco parti&oacute; a Tur&iacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\"> No hab&iacute;a quien lo detuviese. Por eso, cuando sus hermanos mostraron frontal oposici&oacute;n a su decisi&oacute;n de convertirse en sacerdote, se posicion&oacute; advirtiendo con firmeza: &laquo;El Se&ntilde;or me llama hoy \u2026 no s&eacute; si me llamar&aacute; a&uacute;n dentro de dos o tres a&ntilde;os&raquo;. As&iacute; es. El &laquo;tren de las 5&raquo;, dicho en t&eacute;rminos metaf&oacute;ricos, pasa a esa hora exacta y no a otra, y Jos&eacute; lo tom&oacute;. Son radicales decisiones que cambian la vida, cascada inextinguible de bendiciones.<br \/> &nbsp;<br \/> Su salud era lamentable. En m&aacute;s de una ocasi&oacute;n estuvo a punto de morir. La debilidad que fue compa&ntilde;era de su vida se hizo patente el primer a&ntilde;o de su permanencia en el seminario. Pero como Dios dilata las fuerzas humanas hasta l&iacute;mites insospechados, atraves&oacute; ese itinerario llen&aacute;ndolo con sus virtudes que edificaron al resto de sus compa&ntilde;eros, y fue ordenado en 1873. Pose&iacute;a excelentes cualidades para la formaci&oacute;n. Por eso, y aunque le hubiera agradado especialmente la labor pastoral ejercida en una parroquia, pas&oacute; siete intensos a&ntilde;os dedicados a los seminaristas en calidad de asistente y director espiritual del seminario mayor por expresa designaci&oacute;n del arzobispo, Mons. Gastaldi. Mientras, segu&iacute;a completando sus estudios. Obtuvo la licenciatura en teolog&iacute;a y la acreditaci&oacute;n para impartir clases en la universidad entre los a&ntilde;os 1876 y 1877.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Adem&aacute;s de ense&ntilde;ar derecho can&oacute;nico y civil, se convirti&oacute; en el decano de estas facultades. En 1880 le designaron rector del santuario de la Consolata, patrona de Tur&iacute;n. Inicialmente temi&oacute; a su juventud y la inexperiencia de sus 29 a&ntilde;os. El bondadoso arzobispo, que ya le hab&iacute;a animado cuando le encomend&oacute; el seminario, le escuch&oacute; paternalmente y acogi&oacute; ben&eacute;volo su inquietud: &laquo;Pero monse&ntilde;or, soy muy joven&raquo;, hab&iacute;a dicho Jos&eacute;. Y el prelado nuevamente le alent&oacute;: &laquo;Ver&aacute;s que te amar&aacute;n. Es mejor ser joven, as&iacute;, si cometieras errores, tendr&aacute;s tiempo para corregirlos&raquo;. Inspirado consejo. Ese fue el destino de Jos&eacute; hasta el final.<br \/> &nbsp;<br \/> Tom&oacute; como estrecho colaborador a su amigo y dilecto compa&ntilde;ero, el P. Santiago Camisassa. Y juntos sellaron una bell&iacute;sima historia de amistad que dur&oacute; m&aacute;s de cuatro d&eacute;cadas, compartiendo colegialmente, con caridad y respeto, proyectos diversos que pusieron en marcha. Entre los dos convirtieron el santuario en un templo ricamente restaurado y espiritualmente renovado haciendo de &eacute;l un importante n&uacute;cleo mariano. Jos&eacute; era un gran confesor. Fue rector del santuario de san Ignacio, un lugar en el que hab&iacute;a resonado tambi&eacute;n la voz de su t&iacute;o, san Jos&eacute; Cafasso, que incendi&oacute; su coraz&oacute;n con un amor singular por los seminaristas y sacerdotes. Allamano convirti&oacute; el lugar en un centro de espiritualidad genuino que estaba a rebosar; tal era su influjo sobre las gentes. Se hab&iacute;a propuesto &laquo;hacer bien el bien y sin hacer ruido&raquo;. Ten&iacute;a un esp&iacute;ritu misionero ejemplar acrecentado al tratar con uno de ellos que estaba destinado en Etiop&iacute;a, Guillermo de Massia, y el celo apost&oacute;lico que le caracterizaba lo inculc&oacute; a los sacerdotes. Lo ten&iacute;a claro: &eacute;l no hab&iacute;a podido ir a misiones, pero otros podr&iacute;an hacerlo. Y llev&oacute; a su oraci&oacute;n este anhelo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: evangeliodeldia.org Naci&oacute; en Castelnuovo d\u2019Asti el 21 de enero de 1851. Sus padres eran campesinos y tuvieron cinco hijos. Jos&eacute; fue el cuarto. 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