{"id":32019,"date":"2016-06-13T11:49:19","date_gmt":"2016-06-13T16:49:19","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-eulalia\/"},"modified":"2016-06-13T11:49:19","modified_gmt":"2016-06-13T16:49:19","slug":"hoy-celebramos-a-santa-eulalia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-santa-eulalia\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; Santa&nbsp;Eulalia"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Mercab\u00e1<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Santa Eulalia de Barcelona,&nbsp;Virgen y M&aacute;rtir<br \/> (\u2020 ca. 304)<br \/> &nbsp;<br \/> &nbsp;Eulalia naci&oacute; en la inmediaciones de la ciudad de Barcelona, probablemente hacia los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo tercero. Descend&iacute;a, seg&uacute;n parece, de noble familia; sus padres, con quienes viv&iacute;a en una quinta de su propiedad, m&aacute;s que amarla la mimaban cari&ntilde;os&iacute;simamente, impelidos por la humildad, la sabidur&iacute;a y la prudencia que resplandec&iacute;an en ella de una manera impropia de su tierna edad.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Por encima de todo <strong>brillaba en aquella virtuosa ni&ntilde;a un acendrado amor a Dios<\/strong> Nuestro Se&ntilde;or; <strong>su piedad la llevaba a encerrarse cotidianamente en una peque&ntilde;a celda de su casa con un grupo de amiguitas <\/strong>que hab&iacute;a reunido junto a s&iacute; para pasar buena parte del d&iacute;a en el servicio del Se&ntilde;or, rezando oraciones que alternaban con el canto de himnos.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Habiendo llegado a la pubertad, <strong>hacia los doce o trece a&ntilde;os, lleg&oacute; a los o&iacute;dos de los barceloneses la noticia de que la persecuci&oacute;n contra los cristianos volv&iacute;a a arder<\/strong> de nuevo en todo el Imperio, de manera que quienquiera que se obstinara en negarse a sacrificar a los &iacute;dolos era atormentado con los m&aacute;s diversos y espantosos suplicios.<br \/> &nbsp;<br \/> Los emperadores romanos Diocleciano y Maximiano, que hablan o&iacute;do contar la r&aacute;pida y maravillosa propagaci&oacute;n de la fe cristiana en las lejanas tierras de Espa&ntilde;a, donde hasta entonces hab&iacute;a sido tan rara aquella fe, mandaron al m&aacute;s cruel y feroz de sus jueces, llamado Daciano, para que acabara de una vez con aquella &quot;superstici&oacute;n&quot;.<br \/> &nbsp;<br \/> Al entrar en Barcelona hizo, con todo su s&eacute;quito, p&uacute;blicos y solemnes sacrificios a los dioses, y dio orden de buscar cautelosamente a todos los cristianos para obligarles a hacer otro tanto. Con inusitada rapidez se divulg&oacute; entre los cristianos de Barcelona y su comarca la noticia de que <strong>la ciudad era perturbada por un juez imp&iacute;o<\/strong> e inicuo como hasta entonces no se hab&iacute;a conocido otro.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Oy&eacute;ndolo contar Santa Eulalia se regocijaba en su esp&iacute;ritu y se le o&iacute;a repetir alegremente: &quot;Gracias os doy, mi Se&ntilde;or Jesucristo, gloria sea dada a vuestro nombre porque <strong>veo muy cerca lo que tanto anhel&eacute;<\/strong>, y estoy segura de que con vuestra ayuda podr&eacute; ver cumplida mi voluntad&quot;.<br \/> &nbsp;<br \/> Sus familiares estaban vivamente preocupados por la causa de aquel deseo tan vehemente que Eulalia les ocultaba, ella que precisamente no les escond&iacute;a ning&uacute;n secreto, sino que siempre les explicaba con la prudencia y circunspecci&oacute;n debidas cuanto Dios Nuestro Se&ntilde;or le revelaba.<\/p>\n<p align=\"justify\"> Pero Santa Eulalia segu&iacute;a sin contar a nadie lo que iba meditando en su coraz&oacute;n, ni a sus padres, que tan tiernamente la amaban, ni a ninguna de sus amigas o de sus servidoras que la quer&iacute;an m&aacute;s que a su propia vida; hasta que un d&iacute;a, a la hora de mayor silencio, mientras los suyos dorm&iacute;an, <strong>emprendi&oacute; sigilosamente el camino de Barcelona, al rayar el alba<\/strong>. Llevada de las ansias que la enardec&iacute;an y la hac&iacute;an infatigable, hizo todo el trayecto a pie, a pesar de que la distancia que la separaba de la ciudad fuese tal como para no poder andarla una ni&ntilde;a tan delicada como ella.<br \/> &nbsp;<br \/> Llegado que hubo a las puertas de la ciudad, y as&iacute; que entr&oacute;, oy&oacute; la voz del pregonero que le&iacute;a el edicto, y se fue intr&eacute;pida al foro. All&iacute; vio a Daciano sentado en su tribunal y, penetrando valerosamente por entre la multitud, mezclada con los guardianes, se dirigi&oacute; hacia &eacute;l, y con voz sonora le dijo: <strong>&quot;Juez inicuo, &iquest;de esta manera tan soberbia te atreves a sentarte para juzgar a los cristianos? <\/strong>&iquest;Es que no temes al Dios alt&iacute;simo y verdadero que est&aacute; por encima de todos tus emperadores y de ti mismo, el cual ha ordenado que todos los hombres que &Eacute;l con su poder cre&oacute; a su imagen y semejanza le adoren y sirvan a &Eacute;l solamente? <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Mercab\u00e1 Santa Eulalia de Barcelona,&nbsp;Virgen y M&aacute;rtir (\u2020 ca. 304) &nbsp; &nbsp;Eulalia naci&oacute; en la inmediaciones de la ciudad de Barcelona, probablemente hacia los &uacute;ltimos a&ntilde;os del siglo tercero. 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