{"id":32038,"date":"2016-06-13T11:50:05","date_gmt":"2016-06-13T16:50:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-la-conversion-de-san-pablo-apostol\/"},"modified":"2016-06-13T11:50:05","modified_gmt":"2016-06-13T16:50:05","slug":"hoy-celebramos-la-conversion-de-san-pablo-apostol","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-la-conversion-de-san-pablo-apostol\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos&#8230; la Conversi\u00f3n de San Pablo&nbsp;ap\u00f3stol"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Santopedia<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Pablo, llamado Saulo en el uso y rigor jud&iacute;o, afirmaba con vehemencia que el Evangelio que predicaba no lo hab&iacute;a aprendido o recibido de los hombres.<br \/> &nbsp;<br \/> Perteneci&oacute; a la casta de los fariseos. Hab&iacute;a nacido en Tarso, ciudad que pertenec&iacute;a al mundo grecorromano; quien nac&iacute;a all&iacute; ten&iacute;a la categor&iacute;a de ciudadano romano y lo era tanto como el centuri&oacute;n, el procurador, el tribuno o magistrado. Necesariamente, por ser jud&iacute;o no le cupo m&aacute;s suerte en la ni&ntilde;ez que andar disimulando su condici&oacute;n entre los dem&aacute;s del pueblo, ocultando su creencia, tenida como superstici&oacute;n por los paganos romanos. Es posible que esto le fuera encendiendo por dentro y le afirmara a&uacute;n m&aacute;s en su fe, cuando iba creciendo en edad y ten&iacute;a que defenderse marchando contra corriente.<br \/> &nbsp;<br \/> Era m&aacute;s bien bajo, de espaldas anchas y cojeaba algo. Fuerte y macizo como un tronco. Un rictus ten&iacute;a que le hac&iacute;a fan&aacute;tico. Conoc&iacute;a los manuscritos viejos escritos con signos que a los griegos y a los romanos les parec&iacute;an garabatos ininteligibles, pero que encerraban toda la sabidur&iacute;a y la raz&oacute;n de ser de un pueblo. Listo como un sabio en las escuelas griegas de Tarso, familiarizado con los poetas y fil&oacute;sofos que hab&iacute;an pasado el tiempo escribiendo en tablillas o pensando. Para los griegos solo era un hebreo, miembro de aquellas familias que viv&iacute;an en un islote social, aislado entre misterios inaccesibles a los de otra raza, uno de los que ten&iacute;an prohibido el acceso a las clases cultas y dirigentes; era de esos que se hac&iacute;an despreciables por su puritanismo, por sus rarezas ante los alimentos, su modo de divertirse, de casarse, de entender la vida, de no asistir a los templos &iexcl;un ambiente nada claro!<br \/> &nbsp;<br \/> A los dieciocho a&ntilde;os se fue a Jerusal&eacute;n para aprender cosas del jud&iacute;o verdadero, las de la Ley patria, la raz&oacute;n de las costumbres; ansiaba profundizar en la historia del pueblo y en su culto. Gamaliel lo inform&oacute; bien por unos cuartos. Aprendi&oacute; las cosas yendo a la ra&iacute;z, no como las dec&iacute;a la gente poco culta del pueblo sencillo y llano. Supo m&aacute;s y mejor del poder del Dios &uacute;nico; aprendi&oacute; a darle honra y alabanza en el mayor de los respetos y malamente soportaba con su pueblo el presente dominio del imponente invasor. Esto le pon&iacute;a furioso. Los profetas daban pistas para un resurgimiento y los salmos cantaban la victoria de Dios sobre otros pueblos y culturas muy importantes que en otro tiempo subyugaron a los jud&iacute;os y ya desaparecieron a pesar de su altivez; igual pasar&iacute;a con los dominadores actuales. El Libertador no podr&iacute;a tardar. Mientras tanto, era preciso mantener la idiosincrasia del pueblo a cualquier costa y no ser como los herodianos, para que la esperanza hiciera posible su supervivencia como naci&oacute;n. No se pod&iacute;a dejar que un &aacute;pice lo apartara de la fidelidad a las costumbres patrias. Eso le hizo celoso.<br \/> &nbsp;<br \/> Y mira por donde, aquella herej&iacute;a estaba estropeando todo lo que necesitaba el pueblo. Locos estaban adorando a un hombre y crucificado. No se pod&iacute;a permitir que entre los suyos se ampliara el c&iacute;rculo de los disidentes. Hab&iacute;a que hacer algo. No pasaban, sino que las noticias dec&iacute;an que estaban por todas partes como si se diera una met&aacute;stasis generalizada de un c&aacute;ncer nacional. Hac&iacute;a a&ntilde;os que ya estuvo, colaborando como pudo, en la lapidaci&oacute;n de uno de aquellos visionarios listos, serviciales, piadosos y caritativos pero que hac&iacute;an mucho da&ntilde;o al alto estamento oficial jud&iacute;o; fue cuando lo apedrearon por blasfemo a las afueras de Jerusal&eacute;n, y lastimosamente &eacute;l s&oacute;lo pudo guardar los mantos de los que lo lapidaron. Hasta le parec&iacute;a recordar a&uacute;n su nombre: Esteban.<br \/> &nbsp;<br \/> Su conversi&oacute;n fue en un d&iacute;a insospechado. Nada propiciaba aquel cambio. Precisamente llevaba cartas de recomendaci&oacute;n de los jud&iacute;os de Jerusal&eacute;n para los de Damasco; quer&iacute;a poner entre rejas a los cristianos que encontrara. Hasta all&iacute; se extend&iacute;a la autoridad de los sumos sacerdotes y principales fariseos; como eran costumbres de religi&oacute;n, los romanos las reconoc&iacute;an sin hacerles ascos. Saulo guiaba una comitiva no guerrera pero s&iacute; muy activa, casi furiosa, impaciente por cumplir bien una misi&oacute;n que supon&iacute;an agradable a Dios y purga necesaria para la estabilidad de los jud&iacute;os y para proteger la pureza de las tradiciones que recibieron los padres. Aquello parec&iacute;a la avanzada de un ej&eacute;rcito en orden de batalla, con el repiqueteo de las herraduras en las pezu&ntilde;as de las monturas sobre el duro suelo de roca ante Damasco donde caracoleaban los caballos. Llevaban ya varios d&iacute;as de caminata; se daban por bien empleados si la gesti&oacute;n terminaba con &eacute;xito. Iba Saulo &quot;respirando amenazas de muerte contra los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or&quot;. En su interior hab&iacute;a buena dosis de sa&ntilde;a.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Santopedia Pablo, llamado Saulo en el uso y rigor jud&iacute;o, afirmaba con vehemencia que el Evangelio que predicaba no lo hab&iacute;a aprendido o recibido de los hombres. &nbsp; Perteneci&oacute; a la casta de los fariseos. 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