{"id":32042,"date":"2016-06-13T11:50:14","date_gmt":"2016-06-13T16:50:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-fructuoso-de-tarragona-y-companeros\/"},"modified":"2016-06-13T11:50:14","modified_gmt":"2016-06-13T16:50:14","slug":"hoy-celebramos-a-san-fructuoso-de-tarragona-y-companeros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/hoy-celebramos-a-san-fructuoso-de-tarragona-y-companeros\/","title":{"rendered":"Hoy celebramos a &#8230; San Fructuoso de Tarragona y&nbsp;compa\u00f1eros"},"content":{"rendered":"<p><b>Por: Santopedia<\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> Es la primera de las grandes figuras que nos ofrece la historia de la Iglesia espa&ntilde;ola. A mediados del siglo III, cuando Basilides y Marcial, los obispos libel&aacute;ticos de la Espa&ntilde;a occidental, escandalizaban a los cristianos con su cobard&iacute;a, Fructuoso avanzaba hacia la hoguera con un gesto lleno de grandeza y dignidad. Noblemente hab&iacute;a gobernado antes la iglesia de Tarragona, la primera ciudad de la Espa&ntilde;a citerior. Pocas se hab&iacute;an mostrado tan adictas a las leyes, a las costumbres y a los dioses del Imperio romano. El culto al C&eacute;sar y a Roma hab&iacute;a nacido dentro de sus muros, y el medio millar de inscripciones que se han encontrado entre las ruinas son una prueba elocuente de una romanizaci&oacute;n ferviente y completa. Un d&iacute;a, cuando los habitantes de Tarragona refirieron a Augusto que en su altar hab&iacute;a nacido una palmera, dicen que respondi&oacute; con iron&iacute;a: &laquo;Eso prueba lo mucho que sub&iacute;s a &eacute;l.&raquo; Pero, sin duda, el dios estaba entonces de mal humor, porque los tarraconenses le dieron muestras constantes de una devoci&oacute;n entusiasta.<br \/> &nbsp;<br \/> No obstante, el Cristianismo se propagaba en la gran ciudad mediterr&aacute;nea. Tal vez fue San Pablo el primero que dej&oacute; all&iacute; la semilla. En 250 el jefe de la peque&ntilde;a cristiandad era un hombre que ten&iacute;a todo el aliento de los grandes pastores. Respetado de los fieles lo mismo que de los paganos, era uno de los m&aacute;s eminentes personajes del municipio. En la peste terrible que entonces asolaba al Imperio dio pruebas de aquella caridad heroica que por aquellos mismos d&iacute;as ejercitaban Cipriano en Cartago, Dionisio en Alejandr&iacute;a y Gregorio Taumaturgo en Neocesarea. Pero la ley es implacable. Gobernaba entonces el Imperio Valeriano. &laquo;Era dulce y bueno\u2014dice una de sus v&iacute;ctimas, el patriarca de Alejandr&iacute;a\u2014; ninguno de sus predecesores, ni siquiera los que hab&iacute;an profesado p&uacute;blica o clandestinamente la fe, tuvo para los hermanos una acogida tan afectuosa y familiar. Su casa, llena de hombres piadosos, parec&iacute;a una iglesia.&raquo; De este hombre excelente, la tiran&iacute;a de la pol&iacute;tica hizo un perseguidor. Dominado por una camarilla de fan&aacute;ticos, lleg&oacute; a imaginarse que frente al Imperio hab&iacute;a un poder tenebroso, poseedor de inmensas riquezas y causante de todas las crisis econ&oacute;micas por que atravesaba el Estado. Ese poder, le dijeron, es la Iglesia de los cristianos.<br \/> &nbsp;<br \/> En 257 aparec&iacute;a un edicto por el cual los jefes de las iglesias se ve&iacute;an obligados a ofrecer sacrificios a las divinidades del Imperio. En los primeros d&iacute;as del a&ntilde;o siguiente, la polic&iacute;a imperial arrestaba a Fructuoso en Tarragona y le encerraba en la c&aacute;rcel con dos de sus di&aacute;conos, Eulogio y Augurio. Toda la &laquo;fraternidad&raquo; de los cristianos pas&oacute; por la prisi&oacute;n, present&aacute;ndole sus donativos y rog&aacute;ndole que les tuviese presentes en su confesi&oacute;n. El obispo segu&iacute;a predicando y catequizando, y, aunque encadenado, tuvo la alegr&iacute;a de bautizar a un convertido. Siete d&iacute;as m&aacute;s tarde, los tres detenidos comparec&iacute;an ante el tribunal.<br \/> &nbsp;<br \/> San Fructuoso, obispo\u2014Introducid al obispo Fructuoso y a sus di&aacute;conos\u2014orden&oacute; el gobernador Emiliano.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014Aqu&iacute; est&aacute;n\u2014respondieron los oficiales. Y comenz&oacute; el interrogatorio.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014&iquest;Conoces las &oacute;rdenes del emperador?\u2014pregunt&oacute; Emiliano.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014No las conozco, pero soy cristiano\u2014respondi&oacute; &eacute;l obispo.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014Pues exigen que adores a los dioses.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014Yo adoro a un solo Dios, que ha hecho el cielo, la tierra, el mar y cuanto hay en ellos.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014&iquest;No sabes que hay dioses?<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014No s&eacute; nada de eso.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014Pues lo aprender&aacute;s.<br \/> &nbsp;<br \/> Fructuoso levant&oacute; los ojos al cielo y rez&oacute; silenciosamente.<br \/> &nbsp;<br \/> \u2014&iquest;Qui&eacute;n\u2014repuso el gobernador\u2014podr&aacute; ser obedecido, temido, honrado, si se reh&uacute;sa el culto a los dioses y la adoraci&oacute;n a los emperadores?<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Santopedia Es la primera de las grandes figuras que nos ofrece la historia de la Iglesia espa&ntilde;ola. A mediados del siglo III, cuando Basilides y Marcial, los obispos libel&aacute;ticos de la Espa&ntilde;a occidental, escandalizaban a los cristianos con su cobard&iacute;a, Fructuoso avanzaba hacia la hoguera con un gesto lleno de grandeza y dignidad. 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